

"Ayuso se ha presentado como embajadora de una España distinta: la que se proclama como capital global"A partir de allí, el viaje de la presidenta madrileña a México se puede leer como un gesto calculado: un viaje que no buscaba únicamente estrechar lazos con empresarios potentes y políticos de guion afín, sino que también se puede interpretar como una contraprogramación frente a la agenda exterior del Gobierno español. Mientras que la Moncloa ha diseñado estrategias y puntos de encuentro para reforzar vínculos institucionales con América Latina (véase el caso de la reciente visita de Claudia Sheinbaum a la Cumbre de Barcelona) desde la diplomacia oficial, Ayuso se ha presentado como embajadora de una España distinta: la que se proclama como capital global, la que dice "Madrid es España", la que pretende irradiar su modelo más allá de la piel de toro.
"Isabel Díaz Ayuso —inspirada en la praxis política de la Fundación Disenso— ha salido a «ultramar» a vender el modelo de libertad y prosperidad de una España cada vez más madrileñizada"Ahora bien, en ese espejo se devela una pregunta inevitable: ¿es Ayuso una presidenta autonómica que actúa como jefa de Estado en paralelo? Su viaje a México sugiere que sí. Es, puesto de esa manera, la constatación de una nueva agenda exterior que busca ser un contrapeso a la diplomacia española tradicional; una que nace desde Madrid y que disputa un relato propio, que nace con autoridad propia, que se mueve con voluntad propia y que solo responde a los intereses de la agenda de la presidenta madrileña actual.
"Ayuso y Sheinbaum representan dos proyectos que se miran de reojo: uno que apuesta por la apertura del mercado y otro que tiene a la disciplina de partido como un sistema incuestionable"En México, la visita de la presidenta madrileña fue percibida como un contraste vivo frente al sistema político que instauró Andrés Manuel López Obrador y que tiene como heredera a Claudia Sheinbaum. Ayuso desembarcó y, con ella, el discurso del liberalismo económico (uno que es bien conocido en México y que tanta polémica ha generado durante más de treinta años), con la idea de que, si hay una región del mundo que se ha beneficiado de la apertura, de la atracción de capitales y de haberse convertido en una suerte de faro guía de la hispanidad trasatlántica, es Madrid. Como era de esperarse, la presidenta mexicana (así como su clan político incondicional) no vio con buenos ojos ni la visita ni el discurso de Ayuso, aunque después —políticamente correcta— insistiera en que la madrileña era libre y que podía estar en México expresando sus ideas. Porque el de Sheinbaum es un partido-sistema disfrazado de bienestar social, que se presenta como garante de los derechos, pero que no admite disidencias ni discordancias con su también hermético discurso. En pocas palabras, Ayuso y Sheinbaum representan dos proyectos que se miran de reojo: uno que apuesta por la apertura del mercado (con el beneplácito de los gestores políticos de la derecha global) y otro que tiene a la disciplina de partido como un sistema incuestionable.
"La buena intención de Ayuso, la de apostar por el mestizaje y los lazos culturales compartidos entre España y México, resultó ser «un tiro por la culata»"Por último, ese episodio, que terminó prematura e inesperadamente para la mandataria madrileña, se vio ensombrecido por la polémica, debido a una guerra no resuelta entre dos partes que, a la fecha, desafortunadamente siguen concibiéndose como irreconciliables. El punto de quiebre fue cuando Ayuso saltó del terreno económico y comercial hacia el pantanoso territorio de los estudios históricos: su reivindicación de Hernán Cortés y el mestizaje no solo abrió heridas en la conciencia de los sectores populares más desfavorecidos, sino que fue recibido como un ataque a un sistema político instaurado en una narrativa reivindicativa de una versión única (e inescrutable para los actuales gobernantes mexicanos) de la historia. Es decir, estratégicamente, la buena intención de Ayuso, la de apostar por el mestizaje y los lazos culturales compartidos entre España y México, resultó ser "un tiro por la culata" porque la Administración de Sheinbaum vive, precisamente, de no admitir cuestionamientos a los pilares narrativos ni discursivos del sistema que todo lo controla en su país, incluso la reinterpretación y la reescritura del pasado.

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