Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

Madrid "se va" a México: Ayuso y la otra diplomacia

El reciente viaje de Isabel Díaz Ayuso a México resultó en la materialización de la idea que Pasqual Maragall acuñó hace más de dos décadas: "Madrid se va". Tras esa visita, las praxis políticas de la presidenta madrileña han quedado bajo la lupa, precisamente por sugerir que la capital funciona como un actor autónomo de la diplomacia española. El periodista Mauricio Hdez. Cervantes aborda el tema desde una atalaya ajena a las opiniones radicalizadas que, desafortunadamente, construyen el relato de ese accidentado episodio diplomático.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 12 de mayo de 2026
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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante el encuentro  | Luis Barron / Zuma Press / Europa Press
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante el encuentro | Luis Barron / Zuma Press / Europa Press
Tantas son las lecturas, las interpretaciones, que se desprenden tras la reciente visita de Isabel Díaz Ayuso a México. Por supuesto, las posturas más polarizadas responden a la obvia polémica que dicho viaje generó en ambas orillas del Atlántico. Pero, al margen de la radicalidad de las opiniones, que difícilmente admiten un análisis sereno, hay una idea que aparece como una luz imposible de ignorar: "Madrid se va".

"Ayuso se ha presentado como embajadora de una España distinta: la que se proclama como capital global"
A partir de allí, el viaje de la presidenta madrileña a México se puede leer como un gesto calculado: un viaje que no buscaba únicamente estrechar lazos con empresarios potentes y políticos de guion afín, sino que también se puede interpretar como una contraprogramación frente a la agenda exterior del Gobierno español. Mientras que la Moncloa ha diseñado estrategias y puntos de encuentro para reforzar vínculos institucionales con América Latina (véase el caso de la reciente visita de Claudia Sheinbaum a la Cumbre de Barcelona) desde la diplomacia oficial, Ayuso se ha presentado como embajadora de una España distinta: la que se proclama como capital global, la que dice "Madrid es España", la que pretende irradiar su modelo más allá de la piel de toro.


Esta situación diplomática conecta con la vieja hipótesis de Pasqual Maragall, aquella mencionada en el primer párrafo de esta pieza, es decir, la de "Madrid se va". La capital, decía entonces el político barcelonés, se desprendía del país para jugar en otra liga. Y, eso, Ayuso lo encarna con naturalidad: su visita a México no fue un acto político, sino que alcanzó dimensiones de lo performativo. El Madrid de Ayuso se exhibió en México como una ciudad-Estado, como la gran metrópolis española que se relaciona directamente con otras urbes y gobiernos, sin pasar, por supuesto, por el filtro de la diplomacia nacional. El paso de la presidenta autonómica fue la confirmación de que Madrid no solo "se va", sino que ya se ha ido. Para ella, Madrid pasea por América Latina como si fuera un actor autónomo, como si respondiera a una contraprogramación de la agenda exterior del Gobierno español.

Por otra parte, pensemos en la Fundación Disenso. En particular, su proyecto Iberosfera. Ellos, como telón de fondo de la estrategia política global de Vox, llevan años tejiendo redes con partidos conservadores latinoamericanos. Pero he aquí el quid del asunto: Ayuso, aunque no es parte orgánica de esa maquinaria, se beneficia de ella. ¿Cuál es la lógica o, por decirlo de otra manera, el objetivo primordial? Promover (y explotar) la idea de que España puede liderar una internacional conservadora desde Madrid. Y, precisamente, su visita a México se inscribe en esa narrativa: fue un viaje institucional, pero también representó un gesto de alineamiento con sectores, con grupos, que (irónicamente) pregonan el liberalismo económico mientras que defienden (a capa y espada) el tradicionalismo social más hermético en cualquier latitud.

"Isabel Díaz Ayuso —inspirada en la praxis política de la Fundación Disenso— ha salido a «ultramar» a vender el modelo de libertad y prosperidad de una España cada vez más madrileñizada"
Ahora bien, en ese espejo se devela una pregunta inevitable: ¿es Ayuso una presidenta autonómica que actúa como jefa de Estado en paralelo? Su viaje a México sugiere que sí. Es, puesto de esa manera, la constatación de una nueva agenda exterior que busca ser un contrapeso a la diplomacia española tradicional; una que nace desde Madrid y que disputa un relato propio, que nace con autoridad propia, que se mueve con voluntad propia y que solo responde a los intereses de la agenda de la presidenta madrileña actual.


En pocas palabras, Isabel Díaz Ayuso —inspirada en la praxis política de la Fundación Disenso— ha salido a "ultramar" a vender el modelo de libertad y prosperidad de una España cada vez más madrileñizada. No obstante, tras este episodio que arrancó con tintes de gloria y de hermandad transatlántica, pero que terminó (prematuramente) maculado por la respuesta del partido-sistema mexicano que gobierna México (que no admite cuestionamientos ni disidencias), Ayuso fue la protagonista de dos diplomacias que —lo mismo que la concepción sobre la Conquista y la Colonia siguen sin encontrar un punto de encuentro para la construcción de una vía común: Madrid se va, y en su partida arrastró consigo una parte de la política exterior de España.

Sheinbaum y Ayuso: dos proyectos enfrentados en un mismo episodio diplomático

En el tablero geopolítico global, hay pocos ejemplos de proyectos tan dispares como el de Ayuso y el de Sheinbaum.

"Ayuso y Sheinbaum representan dos proyectos que se miran de reojo: uno que apuesta por la apertura del mercado y otro que tiene a la disciplina de partido como un sistema incuestionable"
En México, la visita de la presidenta madrileña fue percibida como un contraste vivo frente al sistema político que instauró Andrés Manuel López Obrador y que tiene como heredera a Claudia Sheinbaum. Ayuso desembarcó y, con ella, el discurso del liberalismo económico (uno que es bien conocido en México y que tanta polémica ha generado durante más de treinta años), con la idea de que, si hay una región del mundo que se ha beneficiado de la apertura, de la atracción de capitales y de haberse convertido en una suerte de faro guía de la hispanidad trasatlántica, es Madrid. Como era de esperarse, la presidenta mexicana (así como su clan político incondicional) no vio con buenos ojos ni la visita ni el discurso de Ayuso, aunque después —políticamente correcta— insistiera en que la madrileña era libre y que podía estar en México expresando sus ideas. Porque el de Sheinbaum es un partido-sistema disfrazado de bienestar social, que se presenta como garante de los derechos, pero que no admite disidencias ni discordancias con su también hermético discurso. En pocas palabras, Ayuso y Sheinbaum representan dos proyectos que se miran de reojo: uno que apuesta por la apertura del mercado (con el beneplácito de los gestores políticos de la derecha global) y otro que tiene a la disciplina de partido como un sistema incuestionable.


Seguimos. La popular habló en México, ante sectores afines a sus intereses y al guion institucional del Partido Popular, sobre inversión y competitividad, sobre cómo la capital española se ha convertido en un polo económico gracias a políticas fiscales que atraen empresas y talento. El problema fue que olvidó que ese discurso fue dicho en una tierra que, como lo hemos sostenido antes, no admite disidencias, no cede en argumento alguno: la narrativa de Sheinbaum es la de un Estado inquebrantable, gestor absoluto de los recursos y que todo lo controla desde los márgenes del despacho del palacio gubernamental. De tal manera, la visita de Ayuso fue leída como una provocación elegante: más que un desafío directo, se trató de la exhibición de un modelo alternativo. Solo que fue precisamente el fracaso de ese modelo (el neoliberal) el que llevó a Andrés Manuel López Obrador a crear el sistema que gobierna actualmente a México, sin apenas oposición.

"La buena intención de Ayuso, la de apostar por el mestizaje y los lazos culturales compartidos entre España y México, resultó ser «un tiro por la culata»"
Por último, ese episodio, que terminó prematura e inesperadamente para la mandataria madrileña, se vio ensombrecido por la polémica, debido a una guerra no resuelta entre dos partes que, a la fecha, desafortunadamente siguen concibiéndose como irreconciliables. El punto de quiebre fue cuando Ayuso saltó del terreno económico y comercial hacia el pantanoso territorio de los estudios históricos: su reivindicación de Hernán Cortés y el mestizaje no solo abrió heridas en la conciencia de los sectores populares más desfavorecidos, sino que fue recibido como un ataque a un sistema político instaurado en una narrativa reivindicativa de una versión única (e inescrutable para los actuales gobernantes mexicanos) de la historia. Es decir, estratégicamente, la buena intención de Ayuso, la de apostar por el mestizaje y los lazos culturales compartidos entre España y México, resultó ser "un tiro por la culata" porque la Administración de Sheinbaum vive, precisamente, de no admitir cuestionamientos a los pilares narrativos ni discursivos del sistema que todo lo controla en su país, incluso la reinterpretación y la reescritura del pasado.


Así, Ayuso aterrizó en la capital mexicana con la bandera de aquella máxima de Maragall, la de "Madrid se va", y regresó a España, quizá, con el mal sabor de boca de los ataques y provocaciones que sufrió a partir de que, como se mencionó antes, saltó del terreno de las inversiones al de la reivindicación histórica. Un comunicado de la Comunidad de Madrid asumiendo un "boicot", y un comunicado oficial de México insistiendo en que la visita de Ayuso fue una provocación, son los elementos que construyen ya el relato de un episodio diplomático que, en términos generales, aparece como un evento más accidentado que fructífero.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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