Existe una
confusión frecuente en el debate sobre descarbonización industrial que conviene despejar desde el principio:
electrificar es necesario, pero no es siempre suficiente. Para el acero y el cemento (los llamados sectores difíciles de descarbonizar), l
a transición no consiste en sustituir gas por electricidad y seguir produciendo igual. En el cemento, más de la mitad de las emisiones provienen de la calcinación del clínker, una reacción química que libera CO₂ con independencia de la fuente de energía utilizada. En el acero de ruta integrada, el carbón no es solo combustible: es el agente reductor que transforma el mineral en metal.
Descarbonizar estos sectores exige rediseñar procesos completos, desplegar hidrógeno verde a escala y, en el cemento, capturar el CO₂ que ninguna fuente renovable puede evitar.
Todo eso requiere infraestructuras que en España aún no existen.
El coste de seguir aplazando ese trabajo
se está volviendo imposible de ignorar. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo cifró esta semana con una frase que merece leerse despacio: la UE ha gastado
22.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles en apenas 44 días de conflicto en Oriente Medio, "sin una sola molécula de energía adicional". Solo la
perturbación del estrecho de Ormuz —por el que transita alrededor del 20% del petróleo y el gas mundiales—
ha empujado el precio del Brent por encima de los 100 dólares por barril y ha encarecido el gas un 70% en pocas semanas. El cemento y el acero, sectores que dependen de esos combustibles para generar calor de proceso a temperaturas que hoy ninguna fuente renovable puede alcanzar, están absorbiendo ese golpe directamente en sus costes de producción. No es la primera vez: ya ocurrió con Ucrania en 2022. Cada crisis fósil repite el mismo diagnóstico, que desde ECODES venimos señalando: la competitividad industrial europea no se construye reduciendo la ambición climática, sino
reduciendo la vulnerabilidad energética estructural.
La descarbonización, por tanto, es una estrategia de supervivencia económica para nuestra industria.
"Descarbonizarse tampoco es gratis ni inmediato, y el principal obstáculo es más financiero que tecnológico"
El problema es que descarbonizarse tampoco es gratis ni inmediato, y el principal obstáculo es más financiero que tecnológico. Varias organizaciones y entidades venimos defendiendo que
el Clean Industrial Deal es una oportunidad real para que la industria europea sea competitiva y sostenible, pero solo si se acompaña de los instrumentos adecuados. La electrificación de procesos industriales, como hornos de arco eléctrico o electrolizadores para producir hidrógeno, requiere inversiones cuya viabilidad depende de
tener garantizado el precio de la electricidad durante años. Los contratos a largo plazo con productores de renovables (los PPA) son el instrumento natural para dar esa certidumbre. En España se están firmando a plazos de hasta quince años, aunque lo habitual sigue siendo menos:
los productores renovables son reacios a comprometer un precio durante dos décadas sin respaldo público que cubra la incertidumbre de sus propios costes futuros. Sin ese respaldo,
el plazo se acorta y la certidumbre que necesita la industria se reduce con él.
El otro instrumento que falta, y que varios países europeos ya están desplegando, son
los contratos por diferencia para la industria (los CCfD). Su lógica es sencilla: el gobierno fija un precio de referencia para el producto bajo en carbono, acero o cemento, y si el mercado no llega a ese nivel, el Estado cubre la diferencia; si lo supera, la empresa devuelve el exceso.
Elimina el riesgo de precio para el inversor sin convertirse en una subvención permanente. Alemania y el Reino Unido ya los están usando para proyectos de acero verde. En España aparecen mencionados en documentos estratégicos, pero
ninguno está operativo. La combinación de un PPA largo para la electricidad y un CCfD para el producto final podría cubrir los dos flancos del riesgo financiero que hoy paraliza la inversión. La pregunta es si el paquete de medidas que prepara la Comisión Europea, cuya publicación se espera para el 19 de mayo, incluirá marcos que faciliten ambos instrumentos a escala o si seguirá dejando esa decisión a la voluntad de cada Estado.
"Las plantas que dependen del gas no tienen control sobre lo que pagan por él, ni sobre cuándo pueden conseguirlo. Las que funcionan con electricidad renovable propia o contratada, sí"
A eso se suma
el acceso a la red eléctrica. La electrificación industrial requiere potencia firme en nodos donde hoy
las colas superan los cinco años en muchas zonas. El reciente real decreto-ley anticrisis español (RDL 7/2026)
ha dado pasos útiles, como una tasa que penaliza reservar capacidad sin usarla y una vía preferente para proyectos estratégicos,
pero su alcance real depende también de lo que ocurra en el plano europeo. La Directiva de Energías Renovables, ya transpuesta, establece zonas de aceleración renovable con tramitación simplificada. El
Industrial Decarbonisation Accelerator Act, aún en negociación, prevé crear zonas de aceleración industrial equivalentes para sectores como el acero y el cemento.
Que ambas figuras avancen de forma descoordinada sería un error evitable: aunque la IAA no esté aprobada, España puede empezar a trabajar ya para que, cuando lo esté, las zonas industriales y renovables se designen conjuntamente.
Zonas industriales sin renovables cercanas no simplifican la descarbonización; la vacían de contenido y retrasan aún más la transición.
Von der Leyen añadió que "incluso si las hostilidades cesan inmediatamente, las disrupciones energéticas en el Golfo persistirán por algún tiempo". Es una advertencia que debería leerse también como una oportunidad. Las plantas que dependen del gas no tienen control sobre lo que pagan por él, ni sobre cuándo pueden conseguirlo.
Las que funcionan con electricidad renovable propia o contratada, sí. Descarbonizarse no es solo cumplir con una obligación climática: es ganar autonomía frente a mercados que no controlamos,
estabilizar costes de producción a largo plazo y construir una ventaja competitiva real en un mercado europeo que, vía CBAM, va a penalizar progresivamente a quienes no lo hayan hecho. Los proyectos que ya saben cómo hacerlo están ahí.
Lo que hace falta ahora es la certidumbre de precio, la coordinación territorial y la financiación que les permita escalar.