Hungría entra en una nueva fase política tras unas elecciones que, una vez realizadas, invitan a reflexionar sobre el estado real de su democracia. El país ha sido uno de los grandes
laboratorios europeos de degradación institucional: una combinación de reformas legales, concentración de poder, control del espacio mediático y confusión entre partido y Estado que ha ido vaciando de contenido la competencia democrática sin necesidad de suprimir formalmente las urnas. Todo ello lo conoce muy bien Pablo Hispán, miembro de PACE (la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa) que ha formado parte de la misión de observación, que asegura que, desde el año 2010, Viktor Orbán
"lleva a cabo una operación ideológica y política para anular cualquier posibilidad de alternativa".
El diputado español del Partido Popular pasó la jornada electoral en tierras magiares, donde
"se han producido más de quince cambios en el sistema electoral en los últimos quince años, siempre para ajustarse a las necesidades de Fidesz". Conocedor del sistema que Orbán y Fidesz han tejido, afirma que
"el nuevo Gobierno tendrá que hacer cambios imprescindibles", pero se muestra confiado en este proceso. Más allá de Hungría, Hispán pone en valor la labor del Consejo de Europa y exhorta a seguir revisando y atajando las amenazas al Estado de derecho en todo el continente.
Pablo Hispán en la rueda de prensa posterior a las elecciones húngaras Foto: Consejo de Europa
En el informe de las elecciones húngaras, elaborado, entre otros por el Consejo de Europa, se explica que estas fueron libres, pero no necesariamente justas. ¿Cómo se explica esa diferencia y en qué terreno de juego se celebraron?
Lo primero es decir que el informe es de la OSCE, de la ODIHR, que es una institución vinculada a la OSCE, y también del Consejo de Europa. Somos las tres instituciones las que suscribimos el mismo documento, y eso es muy importante porque, además, somos instituciones de naturaleza diferente.
Unas elecciones no son solamente lo que pasa el día de las elecciones, desde que se abren los colegios hasta que se cuentan los votos. Para que unas elecciones sean democráticas, necesitan un marco legal que permita una competición pluralista, un ámbito de medios de comunicación que sea plural y una campaña electoral equilibrada, de modo que tanto el Gobierno como la oposición dispongan de una situación proporcional.
Y eso es Todo lo que no se ha dado en las elecciones húngaras. El día de las elecciones fue perfecto, en el sentido de que se abrieron los colegios cuando se tenían que haber abierto y se cerraron cuando se tenían que haber cerrado, y las papeletas que se contaron fueron las que se habían puesto en las urnas. Pero todo lo que rodeó a las elecciones en Hungría no fue propio de una democracia competitiva. En este sentido, lo vivido no se ajusta a los estándares que se promueven desde el Consejo de Europa, desde la Comisión de Venecia y desde otras instituciones internacionales.
"El Gobierno y el partido del Gobierno partieron de una situación de absoluta ventaja y absoluta desproporción respecto a la oposición"
¿Por qué motivo? Porque el Gobierno y Fidesz, el partido de Orbán, se mezclaban. El Gobierno hizo un uso masivo de medios públicos que, además, como existe una situación de desregulación, era legal. Es decir, es legal, pero no es democrático que el Gobierno pueda estar haciendo campaña electoral con el dinero de los húngaros, enviando informes y cartas a sus domicilios o empapelando Hungría con carteles de Zelenski, Von der Leyen o del propio Orbán, pagados con dinero público.
Los medios de comunicación y, en especial, las televisiones, están en su mayoría controlados por Orbán —o por sus socios y aliados—. No había límites de financiación de campaña para el partido del Gobierno, Fidesz. Y luego está la ley electoral, que permitía el voto por correo a minorías húngaras que se encuentran en países vecinos, especialmente Rumanía, en circunstancias diferentes a las de la mayoría de los húngaros que viven en el exterior y que tienen que votar en urna, en las embajadas pertinentes.
Todo ello hacía que el ambiente no fuera el de unas elecciones competitivas y que el Gobierno y el partido del Gobierno partieran de una situación de absoluta ventaja y absoluta desproporción respecto a la oposición.
Ya lo ha mencionado, y también se hace referencia a ello en el informe: en Hungría se desdibuja la frontera entre el Estado y el partido. Los dieciséis años de Orbán deben servir para algo: ¿Qué señales permiten detectar antes ese declive democrático?
Cuando vuelve Orbán al poder en 2010, lleva a cabo una operación ideológica y política para anular cualquier posibilidad de alternativa. Lo primero, un cambio constitucional. Una constitución que no representa a todos los húngaros, sino que es una constitución de partido. Luego, con unas salvaguardas que obligan a que cualquier cambio tenga que ser aprobado por dos tercios. Y no solo para cambios constitucionales, sino también para nombramientos de cargos.
Además, hay un sistema electoral que sobrerrepresenta al partido que gana las elecciones. Y se han producido más de quince cambios en el sistema electoral en los últimos quince años, siempre para ajustarse a las necesidades de Fidesz y del partido de Orbán.
"Se hacen cambios de leyes para, en todo momento, favorecer al partido gobernante y mantener una situación que va en contra de una democracia pluralista y competitiva"
Por un lado, el sistema legal lleva a sobrerrepresentar y a que el partido del Gobierno sea el único que controle todos los elementos de poder. Y, por otro lado, no hay ningún tipo de límite para utilizar recursos del Estado en favor de un partido político. Es un Gobierno de abogados, de juristas, en el sentido de que se hacen cambios de leyes para, en todo momento, favorecer al partido gobernante y mantener una situación que va en contra de una democracia pluralista y competitiva.
Por eso, desde el Consejo de Europa, se sigue muy de cerca. Hungría está en una situación de seguimiento, de
monitoring, por esas violaciones permanentes de los estándares democráticos de un país del Consejo de Europa.
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El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, en un acto de campaña de su partido, Fidesz. | Daniel Alfoldi / Zuma Press / ContactoPhoto
En el caso concreto de Hungría, ¿ha habido injerencia rusa en estas elecciones?
Ha habido serias acusaciones por parte de la oposición respecto a si miembros de los servicios secretos rusos estaban asesorando y apoyando a Orbán. Hay una narrativa prorrusa descarada por parte de Orbán y de su partido.
Desde ataques brutales a Zelenski hasta ataques a la Unión Europea y a Bruselas. Además, en el vídeo de campaña de Orbán aparecen tres dirigentes políticos internacionales para criticarles, porque es una campaña absolutamente en negativo: Zelenski, Von der Leyen y Manfred Weber, el presidente del Partido Popular Europeo, el grupo en el que está integrado Tisza.
Es decir, ha habido una narrativa prorrusa totalmente evidente por parte de Orbán y de su partido.
Tisza ha conseguido esa supermayoría de dos tercios que permite abordar reformas. ¿Cómo debería empezar una reversión democrática en Hungría?
Son absolutamente necesarios, por un lado, cambios legislativos y, por otro, cambios en los modos de ejercer el poder. Son las dos cuestiones.
En primer lugar, respeto al pluralismo en los medios de comunicación, a la independencia de los medios tanto en la propiedad como en las líneas informativas. En segundo lugar, una serie de cambios legales que den voz a la oposición. Lo que no sería aceptable es que a un monopolio del poder lo sustituyera otro monopolio del poder, aunque fuera en sentido contrario.
El resultado ha sido excepcional porque la situación es absolutamente excepcional. La oposición no se ha presentado a las elecciones, en su inmensa mayoría. Ha habido un partido de izquierdas que sí, pero el resto ha preferido, igual que ya pasó hace cuatro años, no presentarse y que se agrupase todo el voto en torno al candidato con más probabilidades.
"Es necesario que Hungría vuelva a ser una democracia pluralista, con diferentes partidos políticos y diferentes opciones"
Sin embargo, esta es una situación excepcional. Es necesario que Hungría vuelva a ser una democracia pluralista, con diferentes partidos políticos y diferentes opciones. Y para ello es imprescindible una serie de reformas.
En la rueda de prensa que dimos tras la noche electoral, desde el Consejo de Europa, lo dijimos muy claro: lo que esperamos es no tener que volver a Hungría en estas circunstancias. El Consejo de Europa estuvo monitorizando las elecciones porque el país está en esta situación especial respecto al Estado de derecho. Si sale de esa situación especial, no iríamos en esas circunstancias. Eso es lo que esperamos, pero, al mismo tiempo, somos absolutamente exigentes.
El nuevo Gobierno tendrá que hacer cambios imprescindibles. Evidentemente, no estamos esperando que salgan en los cien primeros días, pero sí un calendario claro, que además las propias instituciones de la Unión Europea también se lo van a exigir.
Hispán (segundo por la izquierda) atento a las verificaciones a pie de urna. Foto: Consejo de Europa
¿Qué papel pueden jugar las instituciones europeas en ese proceso de normalización?
Hungría tiene bloqueada una parte importante de su presupuesto, varios miles de millones de euros. Para conseguir desbloquear esos fondos, el camino a Bruselas pasa por Estrasburgo. Estoy seguro de que, en el caso de Hungría, para conseguir esa normalización de las relaciones con Bruselas, necesita también que en Estrasburgo vayamos viendo que se dan pasos para que Hungría vuelva a ser una democracia pluralista.
Ese mecanismo de retener fondos parece un instrumento de último recurso. ¿No harían falta herramientas preventivas para evitar que un país llegue tan lejos en su degradación institucional?
Cada vez, tanto el Consejo de Europa, a través de la Comisión de Venecia, como la Unión Europea, van teniendo mecanismos de alerta e indicadores sobre ese tipo de problemas de degradación institucional en las diferentes naciones.
Además, ahora la Unión Europea, copiando a semejanza de lo que hacemos en el Consejo de Europa, hace un informe anual sobre el Estado de derecho en los países de la Unión Europea, que también es un sistema de alertas y de consideraciones sobre las situaciones concretas en cada país.
"Ese bloqueo de fondos es una situación de último recurso, pero sí se observa en muchísimas naciones un deterioro del Estado de derecho"
Efectivamente, ese bloqueo de fondos es una situación de último recurso, pero sí se observa en muchísimas naciones
un deterioro del Estado de derecho, de la separación de poderes y de la independencia judicial, también en nuestro país. Eso no es ningún secreto. Y eso es lo que hace que en el Consejo de Europa se reaccione o que la Unión Europea, a través de sus informes sobre el Estado de derecho, sea muy exigente con las diferentes naciones.
Más allá de Hungría, ¿qué otros países preocupan hoy especialmente en el Consejo de Europa?
Hay situaciones muy preocupantes, aunque muy diferentes. Hay dos países, por ejemplo, que no participan en la Asamblea Parlamentaria y que son miembros del Consejo de Europa: Azerbaiyán y Georgia. Sin lugar a dudas, ahora mismo la mayor alerta democrática e institucional está especialmente en Georgia.
Luego hay otros países con circunstancias muy serias. Hemos visto cómo se ha encarcelado a dirigentes políticos, como el alcalde de Estambul. Luego hubo un gravísimo caso de injerencia
en las elecciones rumanas, que obligó a repetir las elecciones. En el pasado, Polonia sufrió un clima de depresión parecido al de Hungría, y se ve también en otros países, como Eslovaquia.
Es decir, hay serias amenazas en numerosas naciones a esas cuestiones referidas al Estado de derecho, a la independencia judicial y a los elementos clave que hacen que una democracia sea pluralista.