Martes, 28 de julio de 2026
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Europa aguarda en silencio las elecciones en Hungría

Viktor Orbán se enfrenta a unas elecciones clave en las que podría perder el poder. El corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón explica por qué la Unión Europea está evitando a toda costa verse involucrada en la campaña, aunque el posible triunfo de la oposición húngara también puede plantear desafíos. Con todo, "si cambia el Ejecutivo húngaro, muy pocas delegaciones se lamentarán en la capital comunitaria".

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 6 de abril de 2026
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El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, junto a la alta representante, Kaja Kallas. | Unión Europea (Consejo Europeo)
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, junto a la alta representante, Kaja Kallas. | Unión Europea (Consejo Europeo)
El próximo 12 de abril se celebran las que se consideran las elecciones más importantes del año en la Unión Europea: las legislativas húngaras. Por primera vez desde su regreso al poder en 2010, Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán, va claramente por detrás en las encuestas frente al partido opositor Tisza, de Péter Magyar. La Unión Europea —tanto sus instituciones en Bruselas como prácticamente todos los Estados miembros— tiene un escenario preferido, aunque lo maneja con cautela

Incluso en los últimos días, con informaciones que han ido sacando a la luz la relación estrecha y coordinada entre Hungría y Rusia, con la filtración de una conversación entre Péter Szijjártó, ministro de Asuntos Exteriores, y Sergei Lavrov, su homólogo ruso, en la que el jefe de la diplomacia húngara informa al ruso de cómo pretende maniobrar en el seno de la UE junto a Eslovaquia para levantar sanciones contra una persona cercana al Kremlin, el resto de capitales han evitado lanzarse contra Budapest. 

"En Bruselas tienen claro que deben mantener perfil bajo y evitar dar combustible electoral a Orbán, que tradicionalmente estructura sus campañas desde la lucha de la soberanía nacional"
No interferir de ninguna manera en las elecciones húngaras se ha ido haciendo cada vez más difícil en las últimas semanas. Pero en Bruselas tienen claro que deben mantener perfil bajo y evitar dar combustible electoral a Orbán, que tradicionalmente estructura sus campañas como una lucha de la soberanía nacional húngara frente a las interferencias de la Unión Europea. Eso se ha traducido en evitar hacer declaraciones o tomar decisiones, por el momento ni en una dirección ni en otra: el Ejecutivo comunitario no ha desbloqueado fondos europeos que se encuentran congelados a Budapest por los daños provocados al Estado de Derecho ni tampoco ha aprobado el plan húngaro para acceder a fondos de cara a financiar el rearme. 


El Gobierno de Orbán lleva generando problemas en la capital comunitaria desde hace mucho tiempo. La deriva autoritaria de Budapest y el uso de fondos públicos y fondos europeos para beneficio del círculo cercano al primer ministro fueron los primeros pasos que llevaron en 2017 a que el Parlamento Europeo pidiera activar el artículo 7 de los Tratados contra Hungría, un proceso sancionador que no ha llevado a ningún sitio. Desde entonces, la situación solamente ha empeorado. 

En 2021, con la presión de los miembros nórdicos más liberales y de partidos conservadores que se enfrentaban a aliados de Orbán en su propio país, como era el caso de Donald Tusk, el Partido Popular Europeo (PPE) inició los procesos para expulsar definitivamente a Fidesz de la familia democristiana, aunque el partido húngaro salió voluntariamente antes de ser forzado, haciendo más crudo y directo el choque entre Hungría y la Unión Europea. Con el inicio de la guerra de Ucrania en 2022 y el uso cada vez más torticero del derecho a voto por parte del Gobierno húngaro para bloquear decisiones de apoyo a Kiev o para buscar cambios en las sanciones contra Rusia, Budapest ha ido quedando cada vez más aislada y señalada. Si cambia el Ejecutivo húngaro, muy pocas delegaciones se lamentarán en la capital comunitaria. 

"El bloqueo ha generado una enorme tensión, no solamente porque impida hacer llegar un dinero urgente a Kiev, sino porque se ha visto como una violación del principio de cooperación sincera entre líderes europeos"
En las últimas semanas, esa tensión ha estado a la vista de todos. La decisión de Orbán de bloquear el crédito de 90.000 millones de euros acordado en diciembre por el Consejo Europeo para apoyar a Ucrania como medida de presión para que Kiev repare el oleoducto de Druzhba, dañado en enero por un ataque de drones rusos según las autoridades ucranianas, ha sido un Rubicón para muchos líderes europeos. El bloqueo ha generado una enorme tensión, no solamente porque impida hacer llegar un dinero urgente a Kiev, sino porque se ha visto como una violación del principio de cooperación sincera entre líderes europeos. Una demostración de la vulnerabilidad del sistema de decisión europeo, de hasta qué punto, si un Estado miembro empieza a comportarse de forma desleal, vinculando expedientes que nada tienen que ver con prácticas dilatorias o de bloqueo, todo el funcionamiento de la Unión Europea se ve gripado


Fuentes comunitarias explican cómo las intervenciones de otras delegaciones han ido siendo cada vez más agresivas contra la húngara, acusándola de estar violando ese principio de cooperación sincera. Los líderes europeos lo hicieron también durante el Consejo Europeo de marzo, sin que Orbán modificara su decisión de mantener bloqueados los 90.000 millones para Ucrania. António Costa, presidente del Consejo Europeo, tuvo tensos intercambios con Orbán en las semanas previas a la cumbre de marzo.

Esa creciente hostilidad hacia la delegación húngara ha contrastado con una ausencia de crítica pública, precisamente para evitar darle combustible electoral a Fidesz. No es casualidad, es estrategia. Hasta en la cuestión de Druzhba, que fuentes europeas y diplomáticas llegaban a considerar que Budapest ha instrumentalizado con fines electorales, Bruselas ha tratado de ponerse de perfil, presionando a Kiev para que permitiera la entrada de técnicos comunitarios y ofreciendo apoyo financiero comunitario para reparar la infraestructura. 

En Bruselas saben que Budapest está pendiente de cualquier movimiento que le ayude en su mensaje central de campaña: una victoria de Tisza, el partido de la oposición, pone en riesgo la soberanía nacional húngara, y Bruselas quiere ayudar a que Magyar llegue al poder para poder controlarlo. Incluso el Mathias Corvinus Collegium, una universidad vinculada a Fidesz y liderada por el jefe de gabinete de Orbán, ha lanzado a través de su think tank en Bruselas un "Observatorio de Interferencia" para monitorear cómo la UE interfiere en la campaña electoral húngara. 

En todo caso, en la capital comunitaria saben que una victoria de Tisza no resolverá todos los problemas. Magyar señala que quiere devolver a Hungría al corazón de la UE y restablecer lazos. Su partido, aunque forma parte del PPE —como en su momento fue Fidesz—, sigue despertando desconfianza en Bruselas por el pasado de Magyar en el círculo de Fidesz. Además, el efecto de los años de Orbán en el Gobierno no va a desaparecer: con fondos europeos, Orbán ha tejido una red clientelar a su alrededor y ha controlado el entorno mediático; su partido ha capturado el Estado y las principales instituciones, ha atado en corto a la judicatura y ha creado un sistema electoral a su medida.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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