Martes, 28 de julio de 2026
FORO NEXT GEN

La voz de la generación nacida en democracia: una conversación entre el Europarlamento y el Congreso

Felipe González fue secretario general del PSOE con 32 años. Y José María Aznar presidente de Castilla y León con 34. Fue una generación que lideró España durante tres décadas. Sin embargo, la generación nacida en democracia se sigue abriendo paso con dificultades en las instituciones. El diputado nacional Eduardo Carazo (PP) y la eurodiputada Alicia Homs (PSOE) reflexionan sobre ello en esta conversación.

Agenda Pública Agenda Pública 10 de abril de 2026
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El diputado en el Congreso Eduardo Carazo (izquierda) y la eurodiputada Alicia Homs (derecha) en Granada. | Agenda Pública / Álex Cámara
El diputado en el Congreso Eduardo Carazo (izquierda) y la eurodiputada Alicia Homs (derecha) en Granada. | Agenda Pública / Álex Cámara
La edad media del Congreso de los Diputados roza los cincuenta años. En el Parlamento Europeo, la cifra se mueve en parámetros parecidos. Las razones son conocidas y no remiten solo al mérito individual: pesan la lógica interna de los partidos, la percepción pública de la experiencia y una cultura política que sigue asociando la autoridad con trayectorias largas. Por eso la llegada a esas instituciones de la nueva generación política plantea una pregunta: hasta qué punto las instituciones reflejan de verdad la composición y las preocupaciones de la sociedad a la que representan.

Esa es la idea de partida que recorre la conversación entre Eduardo Carazo y Alicia Homs en el Foro Next Gen, el encuentro impulsado por Agenda Pública y TALEÑTO ESPAÑA. Ambos comparten un rasgo llamativo, aunque cada vez menos excepcional: haber accedido en fases todavía iniciales de su trayectoria a espacios de alta responsabilidad y visibilidad institucional. A partir de esa experiencia, reflexionan sobre qué problemas han visto al abrirse paso en las cámaras legislativas de Madrid y de Bruselas.

"Es muy importante que en el Congreso estén representadas todas esas sensibilidades generacionales, porque, si esa representación desaparece, se produce una desconexión que acaba en la antipolítica"
Eduardo Carazo - Diputado en el Congreso (PP)
Para Carazo, cualquier parlamento debe ser "representativo de la sociedad". Su argumento habla, por un lado, de problemas asociados al inicio de la vida laboral, como salarios más bajos o mayores dificultades de inserción. Pero también introduce una segunda dimensión: hay cuestiones que condicionan durante décadas las trayectorias de buena parte de la sociedad, desde la transformación tecnológica hasta el impacto de la inteligencia artificial. No son debates pasajeros —ni exclusivos de una etapa vital concreta—. Se trata de asuntos que definen el futuro del país.


Desde esa perspectiva, la cuestión pasa a tratarse como un asunto de calidad democrática. Carazo lo formula con claridad cuando advierte que, si determinadas sensibilidades desaparecen de las cámaras, se produce una desconexión que puede terminar alimentando la antipolítica. No habla de una fractura inmediata, sino de un desajuste progresivo entre quienes toman decisiones y quienes viven ciertos problemas con más intensidad. El ejemplo más evidente es la vivienda, pero no el único. En la conversación aparecen otros temas muy concretos: la inserción laboral, los cambios tecnológicos o la salud.
 

Eduardo Carazo es miembro del Partido Popular y llegó a ser diputado con veintinueve años. Foto: Agenda Pública / Álex Cámara


La eurodiputada Alicia Homs desarrolla una idea muy similar. A su juicio, el Parlamento Europeo necesita "la visión de todas las generaciones" si pretende responder a los problemas de toda la población. Su planteamiento tiene además una traducción muy concreta en la agenda comunitaria. Pone como ejemplo la remuneración de los becarios, un asunto que, en su opinión, no habría ocupado el mismo espacio sin la presencia de perfiles que conocen de primera mano esa realidad. Desde esta perspectiva, se revela un punto clave del funcionamiento institucional: hay debates que ganan centralidad cuando quienes los conocen de primera mano están presentes en la mesa donde se decide.

"Si quieres solventar los problemas de toda la población, necesitas a toda la población representada"
Alicia Homs - Eurodiputada (S&D)
La representación, en ese sentido, no consiste en arrogarse la voz de un colectivo cerrado. Más bien, se trata de evitar que ciertos asuntos se queden sistemáticamente fuera del foco. Ahora bien, la conversación resulta más útil cuando abandona cualquier tentación épica. Ni Carazo ni Homs presentan su recorrido como una historia de excepcionalidad. Al contrario, ambos describen barreras bastante reconocibles.

Homs explica que en el Parlamento Europeo ha tenido que lidiar con una doble dificultad, derivada de ser mujer y de haber accedido a la institución con veinticinco años. Lo resume diciendo que sintió el "síndrome de la impostora". Como explica, entrar a la Eurocámara, donde se pasa a compartir espacio con personas que antes han sido ministros o primeros ministros, no solo impone; también obliga a corregir una asimetría inicial de estatus. Frente a esta impresión inicial, asegura que llega un momento en que logró entender que todos los escaños valen lo mismo y que la conversación debe producirse "de tú a tú".

Carazo recuerda una experiencia parecida en su paso por la Junta de Castilla y León. Cuando fue nombrado director general de Juventud con veinticinco años, muchos de los funcionarios con los que trabajaba le sacaban varias décadas. Ahí aparece un prejuicio bastante habitual en la administración y en la política: la sospecha de que alguien con menos recorrido tiene poco que enseñar a quien acumula años de oficio. Su lectura reconoce que esa barrera existe, pero añade que se rompe trabajando y acreditando solvencia. En vez de convertir la edad en un marco explicativo total, la devuelve a una proporción más sobria: puede condicionar la mirada ajena, pero no determina por sí sola la capacidad política.
 

Alicia Homs es eurodiputada del PSOE en el grupo socialdemócrata desde los veinticinco años. Foto: Agenda Pública / Álex Cámara

Qué problemas llegan a las instituciones y cómo se gana legitimidad

Ese matiz es importante porque corrige uno de los riesgos más visibles del debate público reciente: la tendencia a colectivizar cualquier experiencia hasta convertirla en una identidad cerrada. Carazo insiste en que no hay que caer ni en el victimismo ni en el catastrofismo. Su argumento no niega las dificultades actuales; lo que cuestiona es la tentación de convertir cualquier experiencia compartida en un bloque homogéneo y perjudicado en todos los frentes. "Cada generación tiene sus problemas", viene a decir, y compararlos de forma mecánica con los de quienes vivieron otras etapas muy difíciles solo empobrece el análisis.

"La representación no consiste en hablar en nombre de una etiqueta, sino en evitar que ciertos asuntos se queden sistemáticamente fuera del foco"
Por lo tanto, el diálogo entre Homs y Caraza evita deslizarse hacia una competición de agravios. Lo que aparece, en cambio, es una forma más precisa de entender cómo se ensancha la representación institucional. No se trata de afirmar que quienes llegan antes tengan automáticamente mejores respuestas, ni de sugerir que la política se divide entre generaciones enfrentadas. Se trata de asumir que una democracia representativa necesita voces distintas para no estrechar su campo de visión. Este debate forma parte del día a día de la política, como explican otros participantes del Foro Next Gen.


En ese punto, Homs introduce además otro elemento relevante. Después de los debates del foro, sale con una convicción reforzada sobre el papel estratégico de la Unión Europea y sobre la necesidad de que las fuerzas proeuropeas sigan actuando como tales. No es una observación lateral. Al situar la conversación en ese marco, desplaza el foco desde la biografía personal hacia el tipo de proyecto político que hace falta defender.

Carazo llega a una conclusión complementaria, aunque expresada en otro registro: la necesidad de "poner el foco en lo importante". A su juicio, el ruido político diario empuja a vivir la actualidad como una sucesión de capítulos, con espectáculo, escándalos permanentes y poco espacio para las cuestiones de fondo. De ahí que su balance del encuentro pase por una idea sencilla: reorientar la atención hacia los problemas que afectan de verdad a la ciudadanía.

Su conclusión es importante porque no se centra en el dato biográfico ni en la tentación de presentar a sus protagonistas como una excepción llamativa, sino en el diagnóstico compartido de que la política pierde calidad cuando confunde representación con etiqueta y debate con ruido. Desde posiciones ideológicas distintas, ambos coinciden en algo bastante elemental y, por eso mismo, poco frecuente: las instituciones funcionan mejor cuando integran experiencias diversas y cuando esa diversidad se traduce en prioridades reconocibles. Vivienda, inserción laboral, cambios tecnológicos, etc. La apertura institucional merece atención pública cuando sirve para ensanchar la agenda y mejorar esa capacidad de respuesta de la política.
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