Lunes, 17 de agosto de 2026
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El golfo de la discordia: por qué el envite de Trump podría apuntar a Bruselas

La guerra contra Irán ha resucitado una sospecha inquietante: la verdadera obsesión del movimiento MAGA no es Pekín, sino Bruselas. La periodista económica Belén Carreño disecciona cómo el encarecimiento de la energía fósil actúa como un "torpedo en la línea de flotación" del bloque. ¿Podrá la UE sobrevivir a un petróleo a 150 dólares y una inflación desbocada, o asistimos al fin de la autonomía estratégica frente a un Washington que solo busca subordinados?

Belén Carreño Bravo Belén Carreño Bravo 9 de marzo de 2026
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El presidente estadounidense Donald Trump se reúne con el canciller alemán Friedrich Merz. | Daniel Torok/White House / Zuma Press / ContactoPhoto
El presidente estadounidense Donald Trump se reúne con el canciller alemán Friedrich Merz. | Daniel Torok/White House / Zuma Press / ContactoPhoto
El editor jefe de geopolítica de la revista The Economist, David Rennie, aseguraba en una conferencia que dio hace unos meses en Madrid que la auténtica obsesión de Donald Trump no era China, ni por supuesto Rusia, ni Irán, ni Venezuela. Lo que le quitaba el sueño y de lo que hablaban constantemente los MAGA en los pasillos de Washington era de acabar con la Unión Europea. La conferencia fue muy anterior a la publicación de la controvertida Estrategia de Seguridad Nacional por parte de la Casa Blanca, o de las pretensiones sobre la anexión de Groenlandia.

Si damos por bueno este orden de prelación en los intereses geopolíticos de Trump, primero convertir a la woke Europa y luego frenar la carrera de China, el ataque sobre Irán tiene que obedecer a alguno de estos intereses. O todavía mejor: a los dos. 

El magnate neoyorquino ha puesto de nuevo al bloque delante del espejo, para que unos y otros se enfrenten fratricidamente con su postura hacia la guerra. El coste más alto que puede pagar Europa es el de resquebrajarse, y el republicano arroja leones al circo para intentar conseguir este objetivo una y otra vez. La guinda al espectáculo la puso el canciller Merz en el despacho Oval, dejando que despellejaran a un socio del bloque ante sus ojos.

"El encarecimiento de la energía fósil, es un torpedo en la línea de flotación de la economía europea"
Por ahora, la erosión de la Unión Europea va más lenta de lo que los MAGA sueñan, pero continúan acorralando al bloque con otros dilemas. Otra derivada de esta guerra, el encarecimiento de la energía fósil, es un torpedo en la línea de flotación de la economía europea. Desde el inicio de la guerra de Ucrania, Estados Unidos se ha convertido en la primera fuente de energía sucia de la Unión, y el conflicto de Irán va a empujar a otras regiones, como Asia, a acudir al mismo mercado que los europeos. El resultado: una subida de precios del gas que terminará contagiando a la factura de la electricidad.


El ministro de Qatar aseguraba el viernes en declaraciones al Financial Times que el cerrojazo a su producción y exportación podría "destruir economías en todo el mundo", augurando subidas de precios hasta los 150 dólares el barril. Su opinión contradice la cierta frialdad con la que se habían tomado hasta ahora las casas de análisis el impacto del conflicto. Los analistas de Alpine Macro auguran que la guerra se prolongará entre tres semanas y un máximo de dos meses. Los incentivos de las partes para que el conflicto se prolongue más son inexistentes, aseguran. El propio Trump ha dicho que sería cosa de unas cuatro semanas.

Un repunte de los precios del gas durante cuatro semanas y en plena primavera, cuando las renovables actúan a pleno rendimiento, no debería producir un descalabro como el que augura el catarí. Pero, ojo, que el ministro sabe cómo están las instalaciones sobre el terreno y si realmente los daños en la mayor planta de GNL del mundo pueden tener a este proveedor fuera de juego.

"Si la guerra entra en una espiral y se enquista, se podrían ver inflaciones en la zona del euro por encima del 5% o 6%"
Si como dicen Trump y los analistas, la guerra dura alrededor de un mes, el impacto esperado en la inflación se desviaría tres décimas por encima de la previsión inicial hasta el nivel del 3%. Si la guerra entra en una espiral y se enquista, se podrían ver inflaciones en la zona del euro por encima del 5% o 6%. Con crecimientos anémicos como los que registran la mayor parte de los países europeos, esto se llevaría por delante la actividad económica.


El BCE estima que una subida del 14% en el precio del petróleo y del 20% en los precios del gas elevaría la inflación de la zona del euro en 0,5 puntos porcentuales y podría reducir el crecimiento del PIB en 0,1 puntos porcentuales. Las cifras son mucho más modestas que en el shock energético de la guerra de Ucrania por varias razones: la economía se ha acomodado a un nivel de precios de la energía más alto. Cuando empezó el conflicto en Ucrania, el nivel del precio del gas estaba alrededor de 20 euros el MW por hora, y en pocos días rebasó los 300 euros. Eso es un shock.


La economía se ha adaptado; ha buscado fuentes diversificadas del origen de la energía y cada vez es menos intensiva a la hora de quemar combustibles fósiles. Marta Victoria, investigadora de la Universidad Técnica de Dinamarca, explica que hace apenas unos años el 75% de los días el gas marcaba el precio de la electricidad y ahora, con los pantanos llenos y la solar y eólica en modo primavera, apenas marca el precio en un 15% de los días. "La disrupción de la energía del Golfo no llega en un momento tan acuciante. Tenemos por delante la primavera y los meses de verano. Pero si el conflicto se prolonga cuando tengamos que hacer el reabastecimiento de invierno la situación se complicará", dice Victoria.


En términos de seguridad energética, este nuevo conflicto va a intensificar las políticas renovables de muchos países no bendecidos con crudo o gas. Lo contrario de lo que quiere Trump, pero en el entretiempo, la dependencia hacia EE. UU. será extrema.


"Algún tipo de restricción sobre venta de GNL a España pondría al país en un auténtico apuro"
En este sentido, frente a Alemania e Italia que están mucho más expuestas al gas, España habría sido inicialmente uno de los países con menos impacto económico por esta guerra. Sin embargo, la trifulca entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo estadounidense ha abierto la caja de los truenos con la mención de un embargo comercial. La medida tendría un casi imposible encaje legal, pero Trump no se guía precisamente por las normas. Algún tipo de restricción sobre la venta de GNL a España pondría al país en un auténtico apuro, pero España funciona como lanzadera para muchos otros países que importan este suministro, así que la prohibición sería pegarse un tiro para el negocio americano.


La otra opción, encarecer con aranceles determinados productos como el vino o el aceite de oliva, es mucho más plausible. Donald Trump ya puso en 2018 un arancel a la aceituna de mesa que la OMC declaró ilegal en 2021 y que básicamente sigue operando. Depende del sector que elija, el golpe puede ser más o menos mayor pero el Gobierno cuenta con tener la capacidad para hacer un paquete de ayudas que al menos compense parcialmente el desaguisado.


Pero de vuelta al conflicto con Irán, además de la energía, otro impacto económico será el desvío de los cargueros, no solo de los que transportaban energía por Ormuz, sino los que llevaban suministros a través del Canal de Suez. Fuentes del mundo de la logística recuerdan que la mayor parte de las empresas ya llevaban meses optando por rutas más largas, pero más seguras, por el Cabo de Buena Esperanza. Así que en muchos casos el coste extra de esos quince días añadidos de travesía ya estaba incorporado.


Pero la Cámara de Comercio de España ve posibles tensiones en los sectores exportadores como la agroalimentación y la maquinaria. Las importadoras de componentes asiáticos, especialmente en el sector del automóvil y la electrónica, enfrentan riesgos de desabastecimiento que pueden interrumpir líneas de producción.


Cerrar el Golfo durante un mes tendría un impacto manejable para las economías. Si Trump y los analistas aciertan, no se tendría por qué inducir un
shock. Si los iraníes destruyen más infraestructura en Qatar, la cosa sí se complicaría, aunque la guerra acabara rápidamente. El impacto es ahora mismo imposible de cuantificar, como es imprevisible si Trump va a materializar sus amenazas contra España. Subimos, por lo tanto, un peldaño más en el nivel de incertidumbre y, ante la duda, la volatilidad es cara, lo que hará que los precios vuelvan a ser un dolor de cabeza para muchos ciudadanos.
Belén Carreño Bravo
Belén Carreño Bravo
Periodista económica
Es autora de la 'newsletter' semanal 'Inteligencia Económica' en 'El País', analista en televisión, conferenciante y docente. Durante casi siete años fue corresponsal sénior de la agencia Reuters en España. Antes formó parte del equipo fundador de 'elDiario.es', donde ejerció como redactora jefa de Economía.
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