"Somos una generación que ha aprendido a avanzar sin certezas. A tejer en medio de la complejidad. A sostener la esperanza incluso cuando el contexto empuja al ruido y a la polarización". Así empieza el manifiesto Next Gen que me trajo a Granada el jueves 19 de febrero por la tarde. Dos días de parar, pensar y actuar. Dos días en los que me volví a (re)convencer y a reconectar con la esperanza de poder construir un futuro mejor.
Granada me sorprendió con un frío notable, pero justo al pisar sus calles me di cuenta de que no estaba en un lugar cualquiera. Granada desprende energía a raudales, seguramente reservada solo a aquellos lugares que acumulan toneladas de historia, y en su caso, un pasado de encuentro entre mundos tan distintos que han dejado una huella evidente en sus calles y en su gente. Contemplar la belleza de la Alhambra me convenció de que lo que me traía allí solo podía hacerse en Granada. Qué acierto el de los coorganizadores TALEÑTO ESPAÑA y Agenda Pública. Qué visión la de mis queridos
Pablo González Ruiz de la Torre y
Marc López Plana y sus respectivos equipos.
"No me sorprende ver (muchos ya son amigos a quienes aprecio más allá de sus ideas) cómo los que están en política activa son conscientes de que no todo vale"
El Foro Next Gen reunió a un grupo de líderes millennials y zetas venidos de toda la geografía española. Algunos nos conocemos y otros no. Algunos se dedican a la política, otros a la empresa. Algunos compiten por los votos (y se conocen). Otros se ven por primera vez. Algunos han emprendido de cero. Otros han transformado empresas de corte clásico. Enseguida me doy cuenta de que
el punto de encuentro es asumir que se puede construir bajo la discrepancia. Aunque no sea fácil. Aunque no lo parezca.
La consejera de Agenda Pública, Marta Pascal, en el Foro Next Gen. Foto: Agenda Pública / Álex Cámara
La vivienda, la digitalización humanista, el modelo de pensiones, el pragmatismo, las relaciones humanas, la calidad del debate público, el futuro del mercado laboral, la transición climática o la inteligencia artificial son temas que emergen casi sin querer. Están en sus mentes, en su forma de entender el mundo. No me sorprende ver (muchos ya son amigos a quienes aprecio más allá de sus ideas) cómo los que están en política activa son conscientes de que no todo vale, y se esfuerzan en buscar su propio perfil y camino, dejar su huella y luchar contra la antipolítica. Esto es precisamente lo que se desprende de la conversación que me invitaron a moderar con los alcaldes de Arganda del Rey, Portbou y Sabadell. Una mezcla de juventud y sentido de la responsabilidad aplicada a la búsqueda de soluciones y el bienestar de sus vecinos. Pragmatismo desbordante. Todos militan en partidos de corte clásico, pero saben que sus conciudadanos no esperan de ellos argumentarios de partido. Esperan transformaciones y soluciones. Y lo hacen cada día.
Durante otro debate, alguien advierte que gracias a las redes sociales "el imbécil tiene un nivel de altavoz lamentable", y todos pensamos rápidamente que nos toca identificar "al imbécil", cortarle el "micro" y dejarlo en silencio (y no es imposible hacerlo). Asiento al oír a quien afirma que "discrepar se ha convertido en algo que ha pasado de ser saludable a complicado", pero, al levantar la mirada y observar a mi alrededor, veo que hay capacidad de volver a construir espacios de certezas compartidas que nos permitan retomar la conversación, que nos llevará de forma natural a la discrepancia (no al histrionismo y al ruido) y al final a los acuerdos sólidos.
"La clave es entender que aquellos que han decidido implicarse y responsabilizarse, y que forman parte de los valientes que han asumido el reto de tomar decisiones, lo van a hacer"
Los millennials y los
zetas somos respectivamente una generación preparadísima.
Sabemos desde hace tiempo que no viviremos mejor que la generación de nuestros padres. Algunos derrotistas que andan sueltos nos han llamado generaciones perdidas o los ninis. Sabemos que transformar durante los tiempos de transición no es fácil. Tampoco lo es cuando vamos faltos de confianza ciudadana. Menos lo es cuando sabemos que el engranaje público-administrativo es muchas veces
desesperadamente lento. Pero la clave es entender que aquellos que han decidido implicarse y responsabilizarse, y que forman parte de los valientes que han asumido el reto de tomar decisiones, lo van a hacer.
Preservar lo que sirve y cambiar por completo lo que no. Sin miedo. Con convicción. Con ambición.
Me vuelvo hacia la cálida Barcelona con el alma llena. Aunque la conversación es bajo la regla Chatham House, nuestros perfiles de Instagram y TikTok no engañan a nadie. Risas, reflexión y noche larga. Y la Alhambra de fondo. Hemos pasado casi 48 horas juntos que son un punto de inicio. Una invitación a seguir transformando y pisando fuerte, sin miedo. Pensar, asumir y actuar. Una reivindicación generacional. El espíritu de Granada. Gracias, Next Gen.