La opacidad de la política china ha vuelto a convertir a Pekín en una "caja negra" impenetrable en este arranque de 2026. Mientras en redes sociales como X los algoritmos amplifican rumores de colapso, la realidad apunta a una purga sin precedentes tras detectar casos de supuesta corrupción en el ejército y la industria de defensa.
Para España, esto no es solo un tema de noticias internacionales; es un desafío directo a su seguridad económica y su posición en Occidente.
La maquinaria viva contra su propia naturaleza
Dicen que el sistema chino es una entidad única definida por el pragmatismo de la era de Deng Xiaoping. Sin embargo, bajo el mandato de Xi Jinping, ese pragmatismo ha mutado. Xi detectó que el capitalismo genera libertades individuales y focos de poder alternativos que amenazan el monopolio del Partido Comunista (PCCh).
"El PCCh actúa hoy como una «maquinaria de poder viva» que utiliza la meritocracia y el control digital para evitar el destino de las antiguas dinastías"
Su respuesta ha sido recentralizar el poder. El PCCh actúa hoy como una "maquinaria de poder viva" que utiliza la meritocracia y
el control digital para evitar el destino de las antiguas dinastías. Pero esta maquinaria está bajo una presión extrema.
Xi Jinping ha supervisado una de las purgas más extensas del Ejército Popular de Liberación (EPL) desde la era de Mao. Desde mediados de 2023 hasta enero de 2026, el partido-Estado ha apartado o investigado a más de veinte generales del EPL.
Este 24 de enero de 2026, el Ministerio de Defensa confirmó que Zhang Youxia —aliado histórico de Xi y vicepresidente de la Comisión Militar Central (CMC)— y Liu Zhenli, jefe del Estado Mayor Conjunto, estaban siendo investigados por graves violaciones de la disciplina. Observadores señalan que la purga ha afectado a altos mandos de la marina, las fuerzas terrestres y la Fuerza de Cohetes, dejando vacantes tres de los siete puestos de la CMC y paralizando promociones.
Los analistas discrepan sobre las causas: algunos apuntan a corrupción y falta de preparación operativa; otros describen una lucha de poder entre generales "príncipes rojos" como Zhang y una cohorte más joven liderada por He Weidong. A finales de 2025 circularon rumores de que Zhang habría filtrado secretos nucleares a Estados Unidos o de que la CIA se había infiltrado en el EPL, pero las pruebas siguen siendo anecdóticas y tanto fuentes chinas como occidentales subrayan que los funcionarios están siendo sancionados principalmente por corrupción y deslealtad. China ha denunciado públicamente los esfuerzos de inteligencia estadounidenses para reclutar a funcionarios chinos y ha advertido contra la infiltración y el sabotaje extranjeros tras la difusión por la CIA de vídeos de captación en chino.
Lo que en redes parece un "golpe" es la fase más agresiva de un sistema que se muerde la cola para sobrevivir mientras intenta alcanzar el nivel tecnológico de Estados Unidos.
El objetivo de Xi: España como cuña en el bloque atlántico
Aquí es donde la situación se vuelve estratégica para Madrid. En una de mis recientes columnas expliqué que "el objetivo estratégico de Xi Jinping es provocar la ruptura de Europa con Estados Unidos", y
España es una pieza para lograrlo. Pekín percibe a España como un país especialmente receptivo debido a un discurso público donde China aparece como socio comercial pero apenas como elemento de debate estratégico.
"Si Xi logra que España priorice sus intereses bilaterales aunque al mismo tiempo mantenga su estrategia común atlántica, habrá conseguido abrir una grieta en la unidad de Occidente"
En política, Madrid ha optado por un compromiso pragmático dentro del marco europeo: visitas de alto nivel, abstención en aranceles a vehículos eléctricos (VE) chinos, apertura a Huawei en 5G y una narrativa de "autonomía estratégica abierta", respaldada por una opinión pública mayoritariamente favorable a China como socio necesario.
Mientras otros socios europeos debaten sobre el control de infraestructuras críticas o la exclusión de Huawei, España se ha mantenido en los márgenes.
Si Xi logra que España priorice sus intereses bilaterales aunque al mismo tiempo mantenga su estrategia común atlántica, habrá conseguido abrir una grieta en la unidad de Occidente, alimentando la idea de que Europa puede ser un espacio económico autónomo y alejado de Washington.
La dependencia española
España mantiene una exposición comercial y de inversión elevada a China. En 2024 exportó bienes por 7.690 millones de dólares —con el cerdo, los productos farmacéuticos y los minerales como pilares— y es el primer exportador europeo de porcino al mercado chino, mientras que importó 46.600 millones, sobre todo electrónica, maquinaria y vehículos. China es su segundo proveedor y el cuarto socio comercial.
La dependencia se acentúa en cadenas críticas: más del 80% de ciertos principios activos farmacéuticos, componentes electrónicos (LED) y materias primas estratégicas (magnesio y tierras raras) proceden de China. En inversión, el stock chino en España ronda los 1.186 millones de euros (2022), con proyectos greenfield anunciados por 4.200 millones en 2024 en baterías, VE, hidrógeno y computación cuántica, aunque con retrasos relevantes.
"Proteger los intereses españoles ahora es estar pendientes de la evolución de la política interna china, ya que puede afectar a proyectos estratégicos en España"
Madrid, pues, no es un espectador; nuestra economía está conectada al sistema circulatorio chino por vías vitales. El país aspira a ser el hub europeo del motor eléctrico con la llegada de marcas como Chery a Barcelona o los proyectos de baterías de celdas en Sagunto. Sin embargo, estas empresas son extensiones del Estado chino. Proteger los intereses españoles ahora es estar pendientes de la evolución de la política interna china, ya que puede afectar a proyectos estratégicos en España.
La gestión de terminales en Valencia y Algeciras por parte de la estatal COSCO vincula nuestra soberanía logística a la estabilidad del PCCh.
Probabilidades de quiebre
He hecho el ejercicio de preguntar en un mercado de predicción con IA sobre la probabilidad de un golpe de Estado interno en China antes de que termine 2026 y el resultado es que la probabilidad es de un 2%, pero lo que está en juego es tan trascendental que incluso las probabilidades mínimas merecen una consideración seria. A pesar de que las purgas militares y las turbulencias de las élites han creado una fricción visible, el sofisticado aparato de control del PCCh y la consolidación de poder de Xi durante una década han construido barreras virtualmente insuperables para una rebelión interna coordinada.
El argumento más convincente contra un golpe radica en la arquitectura del control estatal chino. El despliegue de inteligencia artificial para la censura y la vigilancia masiva ha creado un entorno donde la coordinación secreta esencial para cualquier complot se vuelve extraordinariamente difícil. China combina sistemas de monitorización de opinión pública (con minería de datos y análisis de sentimiento) con herramientas de supervisión anticorrupción que usan big data e IA para detectar anomalías y mapear relaciones o posibles redes de colusión entre funcionarios.
Sin embargo, descartar el riesgo de golpe por completo ignoraría corrientes subterráneas preocupantes. Las presiones económicas están creando desafíos de legitimidad a medio plazo. El desempleo juvenil se ha mantenido persistentemente alto, ocasionando un grupo demográfico potencialmente volátil. Además, la matemática demográfica es aleccionadora: con una población que envejece rápidamente, la presión fiscal sobre los presupuestos gubernamentales para pensiones y salud podría erosionar la legitimidad por desempeño que históricamente ha aislado al Partido de desafíos serios.
"Ser el eslabón débil de la cadena europea no solo daña nuestra reputación con los aliados, sino que nos deja aislados si Pekín decide retirar su apoyo"
Quizás lo más significativo sea que la intensificación del Gobierno personalista de Xi crea lo que los politólogos llaman la trampa del golpe: un escenario donde eliminar al líder se convierte en la única opción viable para las élites que se encuentran con menos estrategias de salida. Los modelos de previsión convergen en probabilidades de entre el 0,5% y el 3% para que ocurra un golpe antes de finales de 2026. Esto refleja una evaluación sobria de que, en un sistema tan complejo y opaco, incluso los escenarios altamente improbables merecen peso cuando lo que está en juego es la segunda economía del mundo.
El cierre ideológico y la respuesta de la UE
España debe dejar de mirar a China como un simple bazar de oportunidades. Existe una presión creciente por una respuesta coordinada de la UE, y España no puede permitirse ser vista como el caballo de Troya de China en Europa. Ser el eslabón débil de la cadena europea no solo daña nuestra reputación con los aliados, sino que nos deja aislados si Pekín decide retirar su apoyo. Cuanto más se cierre China ideológicamente para sofocar su descontento interno, más probable es que su política exterior se vuelva errática y nacionalista.
En este escenario, el pragmatismo español debe evolucionar. El cansancio de un joven en Shanghái o la purga de un general en Pekín tienen el poder de afectar el empleo en Martorell. La "última dinastía" está en tensión, y España debe decidir si quiere seguir siendo vista como China friendly por desconocimiento o si gestionará su relación de forma informada y estratégica para no quedar atrapada en la fractura entre bloques.