No es sencillo saber cómo se construye la memoria colectiva de un país. Desde luego, no la construyen únicamente los libros de historia, las leyes o los debates académicos; la conforman, sobre todo, las memorias individuales de quienes fueron testigos de esas épocas, su manera de interpretar el pasado y el relato que transmiten a las generaciones posteriores. En Europa, esa memoria colectiva está marcada de forma decisiva por la alternancia entre regímenes autoritarios y sistemas democráticos. Se han escrito miles de páginas sobre lo que esos cambios de régimen han supuesto para el devenir de los países. Sin embargo, quizá se ha prestado menos atención a cómo, en el plano individual, las personas que vivieron esos periodos evalúan el desarrollo de sus propias vidas. La realidad de esas memorias es, a veces, compleja, incómoda y llena de grises; el Homo sovieticus de
Svetlana Aleksiévich lo muestra muy bien. A pesar de ello,
los recuerdos de esas generaciones son importantes para comprender la complicada historia europea del siglo XX y la diversidad de los discursos actuales dentro de la UE. También requiere atención porque
la memoria puede manipularse y (mal)utilizarse con objetivos estratégicos por los actores políticos, como muestran algunas investigaciones (
aquí y
aquí).
En un artículo reciente,
analizamos cómo evalúan hoy su felicidad pasada los europeos que vivieron en países sometidos durante décadas a regímenes autoritarios. Concretamente, nos centramos en España y Portugal y en doce países excomunistas de Europa Central y Oriental.
El estudio está basado en datos de la encuesta retrospectiva SHARELIFE (2008-09 y 2017), un módulo de la Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE), que recoge historias de vida detalladas de europeos mayores de cincuenta años. Todos ellos respondieron además a la pregunta clave del estudio:
¿Vivió usted algún periodo especialmente más feliz? Cuándo empezó y cuándo terminó. Con esa información,
reconstruimos cómo fueron sus circunstancias personales en cada año del intervalo 1945-2017 y ubicamos temporalmente su periodo más feliz.
"A la hora de explicar decisiones presentes, el bienestar recordado suele tener más peso que el realmente experimentado, ya que fija una referencia para comparar y juzgar"
Seguramente, quien lea este artículo pensará, con buen criterio, que la felicidad recordada está distorsionada por sesgos de memoria y cognitivos. Es cierto, distorsionamos el pasado en formas muy diversas: no recordamos todo, ponderamos más los momentos pico o finales de una experiencia, tendemos a olvidar los peores momentos y revisamos el pasado bajo la lente de nuestra situación actual. Como decía García Márquez en sus memorias tituladas Vivir para contarlo (de las que hemos tomado prestado parte del título de nuestro artículo): "
la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".
Puede ser, por tanto, que las personas entrevistadas no estén identificando los años en los que realmente su bienestar fue mayor, pero son los que hoy recuerdan como más felices. Esta información es relevante porque, a la hora de explicar decisiones presentes,
el bienestar recordado suele tener más peso que el realmente experimentado, ya que fija una referencia para comparar y juzgar. Además, permite, por primera vez, acceder a la felicidad recordada de los europeos en los años posteriores a la posguerra, un periodo que no cubren las encuestas longitudinales existentes.
La evolución de la felicidad en diferentes contextos políticos
¿Cómo evolucionó, en cada país, la probabilidad de vivir el periodo más feliz a lo largo de los años de autocracia y democracia, según el recuerdo de las personas entrevistadas? Para responder a esta pregunta, debemos, por supuesto, tener en cuenta que las etapas que la gente recuerda con más cariño suelen ser las de juventud, coinciden con los primeros amores, la independencia económica, el nacimiento de hijos o el inicio de una carrera profesional. Si esos años transcurrieron bajo un régimen autoritario, la memoria tenderá a asociarlos con él. Por tanto, es importante "descontar" el efecto de esas circunstancias vitales.
Una vez que lo hacemos, en España y Portugal no se aprecia diferencias significativas en la probabilidad de alcanzar la máxima felicidad antes y después de la democratización, lo cual refleja la transición gradual seguida por ambos países. El contraste fuerte aparece en Europa central y del este, donde las trayectorias son heterogéneas y están mucho más "interrumpidas" por shocks históricos. Los recuerdos vinculados a la posguerra (1945-1955) son, en general, coherentes con la crudeza de un periodo en el que Europa bordeó el abismo, como bien describe Tony Judt. Sin embargo, la probabilidad de incluir los años posteriores vividos bajo dictaduras dentro del periodo más feliz es, como mínimo, tan elevada como los años de democracia. En general, sugieren un recuerdo relativamente favorable sobre las décadas de 1970 y 1980, incluso en países, como Polonia, en los que esos fueron años de elevada conflictividad social, o en Rumanía, bajo el brutal régimen de Ceauşescu.
"Resulta especialmente intrigante que la caída en la felicidad persista incluso tras la entrada en la UE, pese a la mejora en las condiciones materiales"
La transición democrática y la reconfiguración territorial de algunos países (Checoslovaquia o Yugoslavia) aparecen asociadas a pérdidas de bienestar recordado, en algunos casos bruscas, como en los territorios de la antigua RDA y en la mayoría con caídas que se profundizan en años posteriores como en Hungría o Bulgaria. El resultado es coherente con la desilusión postransición mostrada en evaluaciones de bienestar subjetivo contemporáneo para esos periodos. Está asociado a un periodo traumático de incertidumbre económica, desempleo, aumento de desigualdad y ruptura de redes de seguridad conocidas en ese momento. Sin embargo, resulta especialmente intrigante que la caída en la felicidad persista incluso tras la entrada en la UE, pese a la mejora en las condiciones materiales. En principio, los periodos más favorables son los de mayor desarrollo económico y social (en términos de PIB per cápita y mortalidad infantil, por ejemplo). Las mejoras experimentadas en esos indicadores se recuerdan como más "gratificantes" (en términos de bienestar recordado) bajo regímenes autoritarios que en democracia. Pensemos, por ejemplo, los "milagros económicos" en la península ibérica en la década de 1960 o la expansión industrial en la Europa del Este entre 1950 y 1970, periodos recordados como la "Edad Dorada del capitalismo".
En nuestro artículo también comparamos la trayectoria de la probabilidad de estar viviendo el periodo más feliz de la vida de aquellas personas que sufrieron una dictadura con la de personas que vivieron democracias consolidadas durante todo el periodo de análisis (Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suecia). En la figura 1, se muestran los resultados principales. En cada gráfico, valores próximos a cero implican una evolución similar a democracias estables; valores distintos de cero sugieren legados propios (instituciones, memorias colectivas, expectativas) que diferencian a quienes vivieron bajo regímenes no democráticos, favorablemente, si la brecha es positiva, o desfavorablemente, si es negativa.
Figura 1
Análisis de eventos sobre la probabilidad de vivir el periodo más feliz de la vida antes y después de la democratización.
Nota: Estos gráficos muestran las estimaciones de los coeficientes del event study, es decir, los efectos asociados a variables ficticias de cada año. Las líneas verticales discontinuas marcan el año anterior a la transición democrática en cada país (el periodo de referencia); las líneas verticales continuas marcan el año de consolidación de la democracia (entre paréntesis). Intervalos de confianza (IC) al 90% basados en errores estándar bootstrap. Más detalles en Living to tell the tale: Europeans’ subjective well-being over autocratic and democratic times. European Journal of Political Economy, vol. 90.
En Portugal, antes de la democratización, la evolución en términos de bienestar recordado se parece bastante a la de las democracias consolidadas. En España, en cambio, durante los años más duros de la dictadura aparece una distancia negativa clara respecto a ese patrón europeo, que se va cerrando con el tiempo. Tras la transición, España se mueve durante un tiempo en paralelo al resto, pero la brecha reaparece mucho más tarde, a partir de la crisis de 2008 y desvinculada del proceso de transición democrática. De hecho, hemos visto que la experiencia de la Gran Recesión y las políticas económicas aplicadas han reconfigurado la mirada sobre el pasado: quienes responden tras la crisis (en 2017) son más proclives a "desplazar" sus años más felices hacia etapas anteriores de la democracia o incluso hacia la dictadura que los que responden en 2008-09.
"El salto simultáneo a democracia y capitalismo alteró expectativas y recuerdos de bienestar de un modo difícil de compensar solo con mejoras materiales"
En Europa central y del este, las estimaciones no ofrecen un "relato único" del comunismo en comparación con Occidente. En algunos países, la probabilidad de alcanzar el pico de felicidad creció más o menos al mismo ritmo que en la Europa democrática; en otros, incluso la evolución se muestra relativamente mejor (antigua RDA, Polonia, Eslovenia y Letonia), algo que encaja con la idea de "nostalgia" por la seguridad material o la protección social de entonces. También hay países con recuerdos claramente peores (Bulgaria, Hungría y Chequia), ligados a trayectorias históricas más duras. Pero donde emerge una regularidad más nítida es tras la democratización: en general, el bienestar recordado cae en términos relativos frente a Europa occidental y esa distancia tiende a persistir e incluso ampliarse en el tiempo. Hacia 2010, los mayores "déficits acumulados" se concentran en Hungría, Rumanía y los residentes en territorios de la antigua RDA, con brechas también significativas en Polonia o Eslovenia. Esa asimetría frente a lo que sucede en las democratizaciones previas de España y Portugal sugiere que el salto simultáneo a democracia y capitalismo alteró expectativas y recuerdos de bienestar de un modo difícil de compensar solo con mejoras materiales.
En definitiva, nuestro artículo invita a mirar con más cuidado la relación entre historia política y bienestar. La memoria de "la etapa más feliz" no es un registro objetivo del pasado: está filtrada por sesgos, por la situación presente y por la forma en que reinterpretamos lo vivido. Precisamente por eso es valiosa. Nos permite ver cómo las generaciones que atravesaron dictaduras, transiciones y crisis "archivan" emocionalmente esos cambios. Esa huella no se queda en lo íntimo, también puede tener efectos políticos. Los episodios más intensos, como el periodo más feliz, se convierten en referencia para comparar el presente. Además, como las memorias colectivas pueden simplificarse, se vuelven un terreno fértil para relatos estratégicos: cuando aumenta el desencanto con la democracia o la sensación de pérdida, es más fácil que discursos interesados reactiven nostalgias o agranden agravios para legitimar alternativas autoritarias.
Begoña Álvarez
Profesora en la Universidad de Vigo
Es doctora en Economía e imparte clases en el departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo. Entre 2009 y 2011 trabajó como vocal asesora en la Oficina Económica del Presidente del Gobierno en el área de salud y política social.
Fernando Ramos-Palencia
Profesor de Historia Económica en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y Doctor por la Universidad de Valladolid (2001). Antes de incorporarse a la Universidad Pablo de Olavide en 2006, ha trabajado en las universidades de Burgos (1993-94), Valladolid (1995-98), Carlos III de Madrid (1999-2002; 2005) y Harvard University como Fulbright Visiting Scholar (2003-04).