Uno de los pilares fundamentales de la vida en sociedad es la confianza en los demás y, especialmente, en las instituciones. La vida en sociedad sería imposible si seguimos el consejo de Trump a su hijo: "no te fíes de nadie". Cada día, de manera inconsciente, actuamos confiando en los demás. Confiamos en que las otras personas seguirán las normas de tráfico y detendrán su vehículo ante un semáforo en rojo; confiamos en que la conductora de autobús se detendrá a recoger pasaje en la parada establecida; confiamos en que los contenidos impartidos por un profesor son veraces y no transmiten bulos; confiamos en que un representante político actuará guiado por el bien común. Es decir, casi cada acción de nuestra vida se incrusta en una maraña de expectativas compartidas. Con mayor o menor intensidad, confiamos en lo que en las ciencias sociales se llama el "otro generalizado" (la expresión es de G. H. Mead).
"Cada uno de nosotros podrá encontrar argumentos sólidos para sostener que la confianza en los otros y las instituciones puede generar felicidad"
La desconfianza es un fenómeno que erosiona la vida en sociedad. Imagine que no confiamos en esa conductora, profesor, etc. Sin el entramado de confianza, la vida no solo sería mucho más difícil e incierta, sino que probablemente seríamos mucho más infelices. En una encuesta de julio de 2025 se pidió a los españoles que se ubiquen en una escala 0-10 de felicidad y también que indiquen si creen que los demás se aprovecharán de ellos o que la gente suele ser honrada (un indicador de confianza generalizada en una escala 0-10).
Existe una suave asociación estadísticamente significativa (0,329, p < 0,001, para los expertos)
entre sentirse feliz y confiar en los demás. Aunque no podemos establecer causalidad, cada uno de nosotros podrá encontrar argumentos sólidos para sostener que la confianza en los otros y las instituciones puede generar felicidad.
La confianza y las instituciones
Por término medio, los españoles nos vemos más felices (media de 6,67) que confiados (media de 4,59). Mientras que el 60% declara ser muy feliz (posiciones 7-10 en la escala), el 9% se ubica en el polo de la infelicidad (posiciones 0-3). Por el contrario, abundan los desconfiados (32%) frente a los que creen que los demás no les engañarían (23%). Los más desconfiados son los ciudadanos que declaran haber votado a Vox (3,79 de media en la escala), mientras que los más confiados son los votantes declarados del PP (4,99) seguidos de los del PSOE (4,85) y los votantes del espacio Sumar (4,71).
En este contexto genérico no puede extrañar que la confianza en algunas instituciones básicas de nuestro país sea más bien baja, aunque hay matices, tal como se apuntó en otra pieza. Se pregunta por
la ubicación personal en una escala de confianza (0-10) de algunas instituciones. La ciudadanía confía más en las fuerzas y cuerpos de seguridad (FFCCS, 6,14 de media), seguidas del Poder Judicial (4,78), la Corona (4,59) y las organizaciones empresariales (4,51). Tiende a confiar menos en los medios de comunicación (4,19), sindicatos (3,85) y dos instituciones clave para el funcionamiento de la democracia: el Congreso de los Diputados (3,83) y los partidos políticos (3,37). Es decir,
no andamos sobrados de confianza institucional.
En la misma línea, hay matices que apuntan a un alineamiento ideológico en la confianza en las instituciones. Si prescindimos de la confianza transversal otorgada a las FFCCS, se observa que los votantes del PP y de Vox, con intensidades ligeramente diferentes, depositan su confianza más en la Corona, empresariado y Poder Judicial. Por el contrario, para los votantes declarados del PSOE y del espacio Sumar/Podemos, hay más pluralidad. Para ambos, sindicatos y Congreso son depositarios de más confianza, pero los del PSOE confían más en el Poder Judicial y los de Sumar/Podemos, en los medios de comunicación.
"Hay matices que apuntan a un alineamiento ideológico en la confianza en las instituciones: PP y Vox y PSOE con Podemos/Sumar tienen registros similares"
Detengámonos un momento a ver quiénes confían menos por término medio. Entre los votantes declarados de PP y de Vox, las instituciones en las que menos confían son los sindicatos y los partidos —y se añade el Congreso entre el electorado de Vox—. Entre los votantes de PSOE se confía menos en el empresariado y los partidos, aunque la media es elevada. De hecho, son los votantes que tienen el depósito de confianza media más lleno. Y en el espacio Sumar/Podemos se desconfía bastante del empresariado y, sobre todo, de la Corona.
La erosión institucional
Probablemente, no podamos hablar de una crisis de legitimidad en sentido habermasiano, pero cuando capas importantes de la población desconfían de instituciones clave en las democracias —y cuando esta desconfianza se encaja también en divisiones ideológicas—, se apuntan problemas para los que la "conllevancia" de Ortega y Gasset puede no ser suficiente.
La instrumentalización (manoseo, colonización, utilización, captura, subordinación) de las instituciones hace un flaco favor a la construcción de confianza en la ciudadanía, ya que puede terminar erosionando su legitimidad. Y me temo que el hooliganismo político en que vivimos y que Mariano Torcal ha estudiado, contribuye a ver y juzgar la realidad con ojos no críticos, sino del afecto político o ideológico, lo que contribuye a la polarización creciente, también
estudiada por Luis Miller. Si es así, y teniendo en cuenta las consecuencias nefastas de la desconfianza en la política democrática, quizá
convenga pensar en cómo se puede intentar desinflamar el escenario político. ¿Ideas?