Sábado, 1 de agosto de 2026
OTRA PERSPECTIVA

Cómo los sesgos psicológicos alargan guerras y rompen mercados

En un contexto volátil a nivel internacional, la doctora Ángela Sánchez analiza cómo "las decisiones humanas están influidas por sesgos cognitivos sistemáticos" también en escenarios de conflictos armados. Desde "la aversión a la pérdida" a los " sesgos de pertenencia" o "la eficacia de las narrativas emocionales", Sánchez repara en los principales puntos alrededor del "entramado psicológico en el ámbito de los conflictos".

Ángela Sánchez Ángela Sánchez 25 de septiembre de 2025
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La relación entre los mercados y la guerra puede tener a la psicología como nexo común. | Unsplash
La relación entre los mercados y la guerra puede tener a la psicología como nexo común. | Unsplash
Los conflictos armados se presentan a menudo como resultado de decisiones estratégicas frías, guiadas por intereses racionales. Sin embargo, desde la economía conductual, sabemos que las decisiones humanas —incluso en contextos tan críticos— están influidas por sesgos cognitivos sistemáticos. Este artículo explora algunas distorsiones en el juicio que pueden ayudar a explicar por qué las guerras comienzan, se intensifican o se prolongan, y cómo estas dinámicas salpican a los mercados financieros, donde las reacciones psicológicas pueden ser también de gran relevancia.
 

Aversión a la pérdida: mejor seguir luchando que ceder

Uno de los principios más consolidados de la economía conductual es la aversión a la pérdida: las personas reaccionan más intensamente ante la posibilidad de perder algo que ante la posibilidad de ganar algo de igual valor. En los conflictos armados, esta lógica puede llevar a los líderes y a las poblaciones a preferir prolongar la guerra antes que aceptar concesiones que se perciban como "pérdidas" simbólicas, territoriales o identitarias.

Esto se observa cuando los gobiernos rechazan propuestas de paz que implican la cesión de territorio, incluso si mantener la guerra implica un coste humano y económico mucho mayor. La pérdida se experimenta como un daño irreversible y evidente, mientras que los beneficios de la paz se perciben como inciertos o abstractos. 

"Estudios muestran cómo los líderes están menos dispuestos a hacer concesiones y más dispuestos a arriesgarse y perder más con la esperanza de eliminar por completo pequeñas pérdidas"
Un clásico ejemplo es, precisamente, el caso de Israel y Palestina. Ambos han experimentado pérdidas durante décadas y ello aviva una fuerte aversión a perder incluso más, dificultando las negociaciones pacíficas. Esto coincide con estudios que revelan cómo los líderes están menos dispuestos a hacer concesiones y más dispuestos a arriesgar grandes pérdidas con la esperanza de eliminar por completo pequeñas pérdidas.

Sesgo de pertenencia al grupo: identidad y escalada irracional

El sesgo de pertenencia al grupo favorece una visión polarizada del mundo: "nosotros" frente a "ellos". Este sesgo refuerza la deshumanización del enemigo y favorece decisiones impulsadas por la identidad, y no por el cálculo estratégico. En muchos conflictos, los grupos ven la lucha como una cuestión de supervivencia existencial, incluso si los datos objetivos no lo respaldan.

El impacto de este fenómeno es una escalada irracional del conflicto: cuando los líderes políticos actúan como portavoces de emociones colectivas, el coste de retirarse se interpreta como una traición al grupo.

"El experimento con la idea del premio Nobel Amartya Sen evidencia cómo se intensifican los conflictos cuando las personas se agrupan en torno a una identidad real"
Un
experimento científico pone a prueba la idea del Nobel Amartya Sen: que los conflictos se intensifican cuando las personas se identifican con una identidad real (como la raza). En el estudio, grupos de personas compitieron sin saber su composición racial, con etiquetas de colores aleatorias (identidad mínima) o sabiendo la raza de sus miembros (identidad real). Los resultados revelan que solo cuando se activó la identidad racial aumentó el esfuerzo en el conflicto, confirmando que las identidades profundas pueden avivar enfrentamientos.

Falacia del coste hundido: no abandonar, aunque todo indique lo contrario

La falacia del coste hundido describe la tendencia a continuar invirtiendo en una estrategia fracasada solo porque ya se han invertido muchos recursos. En contextos bélicos, esto se traduce en la decisión de seguir enviando tropas, armamento o capital político incluso cuando la victoria es improbable. La lógica emocional subyacente es: "hemos invertido demasiado para retirarnos ahora". El resultado son conflictos que se cronifican, pese a que una evaluación racional indicaría que el coste de continuar supera los beneficios.

Estudios sobre Irak y Afganistán comprobaron que el impacto de este sesgo es más fuerte cuando se ha activado previamente la idea de "no desperdiciar", incluso en contextos no políticos.

El poder de las narrativas sobre la racionalidad

Uno de los elementos más potentes es la eficacia de las narrativas emocionales frente a los argumentos racionales. En contextos de conflicto, las historias simplificadas, moralmente cargadas o heroicas tienden a tener mucho más impacto que el análisis de costes y beneficios.

Las narrativas justifican la escalada, dan sentido al sacrificio, y convierten a las decisiones irracionales en inevitables. Además, son contagiosas, tanto dentro de los países en guerra como entre la opinión pública internacional.

Mercados financieros: miedo, confianza y similitudes

Las guerras no solo afectan a los territorios involucrados. En los mercados financieros, las reacciones suelen estar guiadas por mecanismos cognitivos similares. Por ejemplo, merece la pena mencionar el sesgo de disponibilidad, muy ligado al sesgo de aversión a la pérdida mencionada anteriormente. Cuando estalla un conflicto y las pantallas se llenan de imágenes impactantes, muchos inversores venden en pánico. No porque los datos económicos lo justifiquen, sino porque su percepción del riesgo se ve alterada por lo reciente y lo visual. Es el sesgo de disponibilidad: el cerebro da más peso a lo que acaba de ver que a la información evidenciada.

"Tenemos un sesgo, o un atajo mental, a través del cual evaluamos un evento presente a través de otro parecido que ya ha ocurrido en lugar de usar datos y análisis estadísticos"
También el sesgo de representatividad puede influir en este contexto. Este es, en realidad, un atajo mental por el cual las personas evalúan la probabilidad de que ocurra un evento en base a lo similar que es a otro evento ya conocido, en lugar de usar datos y análisis estadísticos. En situaciones de guerra, puede que se sobreestimen o subestimen las consecuencias económicas, que se tomen decisiones erróneas de inversión y que se refleje una volatilidad injustificada, entre otros. Ejemplos típicos actuales podrían ser "Esto será como la guerra de Irak y el efecto en el petróleo será tal"; "Ya hemos visto guerras en esta zona, y no escalan".
  

Esto último liga con el frecuente exceso de confianza en mercados financieros: los inversores pueden subestimar el riesgo de que un conflicto local escale a nivel regional o global y esto conlleva una toma de decisiones de inversión excesivamente optimistas. Las consecuencias de este exceso fueron llamativas, por ejemplo, en la conocida crisis de 2008, con un exceso de optimismo sobre el sector inmobiliario en este caso.

"Los sesgos cognitivos, lejos de ser errores aislados, moldean percepciones, justifican la violencia y dificultan la paz: estas mismas distorsiones acaban en los mercados"
Estos son solo ejemplos del entramado psicológico en el ámbito de los conflictos.
Su análisis permite comprender por qué tantas decisiones parecen contradecir el interés racional de las partes. Los sesgos cognitivos, lejos de ser errores aislados, moldean percepciones, justifican la violencia y dificultan la paz. Además, estas mismas distorsiones se trasladan a los mercados, generando respuestas que pueden agravar las consecuencias económicas de los conflictos.

Por su importancia e impacto, integrar esta perspectiva es una herramienta necesaria para diseñar mejores políticas de prevención, intervención y comunicación en tiempos de guerra.
Ángela Sánchez
Ángela Sánchez
Profesora e investigadora en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid
Doctorada en Economía y Empresa, Ángela obtuvo su licenciatura en Economía (Universidad de Granada) y sus cursos de doctorado y MsC en Behavioural Economics and Finance en University of Exeter Business School (UK). También obtuvo previamente un Máster en Auditoría y Contabilidad (Universidad CEU San Pablo). Su investigación científica se centra en la economía del comportamiento con publicaciones en revistas como 'Journal of Economics Behaviour and Organization' y 'European Economic Review'. En particular, su investigación experimental se relaciona con las diferencias de género, discriminación y negociación dentro del mercado laboral, incentivos caritativos empresariales, hábitos alimenticios y programas de acciones afirmativas empresariales.
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