La agenda económica de Donald Trump es un misterio indescifrable que hace palidecer a la piedra de Roseta. En su primer mandato, el magnate fue algo más consistente con una política liberal salpicada por conatos nacionalistas, y por lo tanto proteccionistas, que de una forma u otra están muy arraigados en la cultura estadounidense (el arancel al azúcar se estableció ya en 1789).
"El pastiche de ideologías o corrientes económicas que trufan las decisiones de Trump, complican etiquetar su filosofía en algo que ya existiera antes"
Pero en este segundo mandato, el pastiche de ideologías o corrientes económicas que trufan sus decisiones, complican etiquetar su filosofía en algo que ya existiera antes, aunque se puede meter en el cajón de sastre del populismo económico.
En los últimos días, el presidente de EE. UU. ha hecho una serie de anuncios intervencionistas que han quedado opacados por la mediática operación de Venezuela. Para dar respuesta al problema de affordability, la subida del coste de la vida que cada vez sienten más los ciudadanos de las economías desarrolladas por la incapacidad de acceder a una vivienda, Trump ha ordenado a las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, comprar doscientos millones de dólares en créditos hipotecarios para ponerlos en el mercado de deuda, sin poner muchas pegas al riesgo.
Fannie y Freddie fueron una de las duplas más famosas de la crisis financiera de 2008, porque habían atesorado miles de millones de créditos con colaterales fallidos, las famosas subprime. El 6 de septiembre de 2008, días antes de la quiebra de Lehman Brothers, EE. UU. tuvo que nacionalizar a las dos agencias hipotecarias por un valor muy similar al que ahora Trump pide inyectar. Las dos entidades siguen bajo tutela estatal, aunque Trump especuló con sacarlas a bolsa de nuevo.
Tras aquel descalabro, los bancos y las entidades hipotecarias elevaron los baremos para la concesión (o compra) de hipotecas, una prudencia de la que Trump las liberó en 2025, volviendo a la desregularización que llevó a la crisis hipotecaria. La banca estadounidense es una de las más beneficiadas de la desregulación de este mandato, y por extensión el mundo de las bitcoins, del cual se lucra la familia del presidente (esto entraría ya en el terreno del crony capitalism, o capitalismo de amiguetes).
Ahora Trump quiere que el trágico dúo de Fannie y Freddie vuelvan a invertir en la titulización (los trocitos de deuda que tienen como activo colateral las hipotecas) para que teóricamente baje el precio de estos créditos y así mejorar el acceso a la vivienda. Pero el precio de los préstamos depende de muchas cuestiones, entre ellas la política monetaria de la Reserva Federal, que Trump también quiere intervenir para que sea más laxa.
"Trump ha anunciado la prohibición de que los fondos de inversión compren viviendas de particulares"
Dentro del paquete para mejorar la accesibilidad, el presidente anunció la prohibición de que los fondos de inversión compren viviendas de particulares, una petición muy recurrente de los partidos de izquierdas que ven en esta actividades uno de los principales resortes de la subida del precio del ladrillo.
Con un mismo objetivo, Trump recurre a dos iniciativas que a priori son opuestas en lo ideológico. Pero que tienen en común su carácter intervencionista en una economía que en algunos sectores es la ley de la selva, y en otros comienza a tener tintes de economía dirigida o planificada.
En clave interna, el presidente quiere mandar señales a su electorado de cara a las elecciones de medio término y a las múltiples citas locales electorales que se darán este 2026.
"Su política pivota sobre cuatro ejes", dice Federico Steinberg que ostenta la cátedra Príncipe de Asturias en Georgetown. "La desregulación y la reducción del Estado; los aranceles como medida de ingresos y de coerción; lo que llama la energy dominance, que es abaratar la energía y apostar por las fuentes fósiles; y la política migratoria bajo la premisa de que subirá los salarios de los nativos", resume el economista.
Pero la realidad se ha ido imponiendo a la mayoría de estas medidas. Con una alta probabilidad, esta semana el Tribunal Supremo tirará por tierra los aranceles, dando al traste a un año de anuncios de la que prometía ser la medida económica estrella de Donald Trump. Aunque es posible que los intente rehacer con otra fórmula legal, muchos piensan que la operación en Venezuela es parte de una cortina de humo para tapar este fracaso interno.
"Con una alta probabilidad, la semana que viene el Tribunal Supremo tirará por tierra los aranceles, dando al traste a un año de anuncios de la que prometía ser la medida económica estrella de Donald Trump"
En sus escasos ocho meses de vida, los aranceles han tenido mucho menos impacto de lo esperado (para bien y para mal). En un reciente trabajo académico publicado en Harvard y firmado por la ex economista jefa del FMI, Gita Gopinath, se concluye que los aranceles han sido un coladero. El que ha podido los ha evadido y las múltiples exenciones que ha ido introduciendo el Gobierno ha mermado su capacidad recaudatoria. "Los retrasos en los envíos, las exenciones y las deficiencias en la aplicación han mantenido los tipos reales aplicados en solo la mitad de los tipos legales, lo que ha moderado el impacto de los aranceles", dice el estudio.
Con todo, las tarifas no han sido inocuas y cuando se han aplicado se han trasladado al esfuerzo a los precios, complicando muchos sectores y ralentizando la economía. La misma autora, Gopinath, explica en esta columna del Financial Times que la política comercial al final ha dañado el potencial de crecimiento económico del país a largo plazo. Algo similar a lo que ocurrió con el Brexit, que ha detraído entre un 6 y un 8% de la evolución prevista en la actividad británica. En el corto, ha logrado una de las pocas cifras victoriosas para el gobierno Republicano: reducir el déficit comercial del país.
Pero volviendo a la línea o supuesto plan económico de Trump. Con los aranceles previsiblemente fuera de juego, ¿qué más le queda de sus explosivas medidas?
Los famosos recortes de empleados públicos que iba a pilotar Elon Musk se han quedado muy reducidos, recuerda Alicia Coronil Jonsson, economista jefe de Singular Bank. "Lo que prima es su visión geoeconómica del país", añade, "que está marcada por lo que él considera una estrategia de seguridad nacional: frenar a China, crear suministros alternativos y reforzar la industria nacional… pero al final se quedan en un brindis al sol porque la realidad se impone".
En el corto plazo, las medidas de corte liberal (o libertario) han tenido más éxito que las intervencionistas. El chute fiscal de la bella ley aprobada en el último trimestre y, sobre todo, la inversión desbocada de las tecnológicas han supuesto un contrapeso al efecto inicial de los aranceles y al impuesto oculto que supone la incertidumbre.
Pero las flojas cifras de empleo muestran que su agenda económica no está llegando al bolsillo de los votantes e incluso anticipa un posible aumento del desempleo en 2026, para un país acostumbrado al pleno empleo. Veremos más anuncios para paliar la subida del coste de la vida, pero también podrán extenderse las cortinas de humo, como las andanadas anexionistas sobre Groenlandia.
"El último intento para paliar la anemia del mercado laboral ha sido anunciar una subida del 50% del gasto en Defensa"
El último intento para paliar esta anemia del mercado laboral ha sido anunciar una subida del 50% del gasto en Defensa, hasta los 1,5 billones (trillones americanos) en 2027, bajo la promesa de que crearán empleo y activarán la economía. Lo que debería ser una buena noticia para las empresas de defensa, se enfrenta al mismo tiempo con el anuncio de que el presidente va a prohibir que paguen dividendos o hagan recompras de acciones hasta que aceleren sus proyectos. Quiere que reinviertan todo el dinero en crecer y producir más.
A este batiburrillo se le unen también decisiones pasadas propias del capitalismo de Estado, como la compra de una participación en Intel, o quedarse con parte de los ingresos de la venta de chips de Nvidia. O la muy inusual estrategia de marcar las inversiones de las petroleras, en este caso en Venezuela. En las economías liberales tradicionales, eran las empresas las que presionaban al Gobierno para crear un marco que mejorara su cuenta de resultados. Con Trump es al revés.
De todas estas presiones intervencionistas, la que más preocupa a los analistas es la del bullying que ejerce la Casa Blanca sobre la Reserva Federal. "Las bajadas de tipos de interés se tendrán que justificar muy bien en una negativa evolución del mercado laboral", dice Coronil que ve posible que la entidad adapte los criterios de la política monetaria actual para acomodarlos a un escenario que facilite la bajada de tipos.
Este caos ha llevado a una recuperación de los mercados europeos, donde los inversores ven más seguridad y certidumbre. Pero, pese a todo, dice Coronil, el dólar y la deuda estadounidense resisten porque no existe un activo refugio que pueda competir contra ellos.
Aunque no saben a qué atenerse, los inversores siguen creyendo en la economía estadounidense, que en el pasado ha mostrado una fuerte resiliencia y capacidad de recuperación. La promesa de que la IA compensará los erráticos vaivenes de su presidente sigue cotizando al alza en los mercados.