Martes, 28 de julio de 2026
AUTONOMÍA ESTRATÉGICA

Así se puede construir una industria desde la economía circular

Ante el reto que supone impulsar la transformación y mejora de la industria de un país, Ecoembes propone adaptar a España a una economía circular para atajar desafíos como la competitividad, la productividad o la autonomía estratégica. En su informe 'La circularidad como proyecto. Una hoja de ruta estratégica para España', exponen la centralidad de este asunto y aportan las claves para "elevar la circularidad como proyecto país".

Agenda Pública Corp Agenda Pública Corp 22 de enero de 2026
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La economía circular se plantea como pilar básico de la transformación industrial española. | Unsplash / Matt Seymour
La economía circular se plantea como pilar básico de la transformación industrial española. | Unsplash / Matt Seymour
España discute estos meses sobre productividad, reindustrialización y autonomía estratégica como si fueran conversaciones separadas, pero en realidad tienen varios ejes comunes. La economía circular es uno de los puntos clave donde esas tres agendas se cruzan: reduce la dependencia de materias primas externas, mejora la eficiencia de la industria y refuerza la capacidad de competir en un entorno de costes energéticos volátiles con cadenas de suministro debilitadas. A pesar de ello, en la práctica, la circularidad tiende a percibirse como un capítulo más del cumplimiento normativo —español y europeo— y no como una parte especialmente relevante del modelo productivo. En España, esta tendencia ha dado lugar a muchas iniciativas para la transformación económica, aunque todavía se está lejos de un sistema que haga de lo circular la opción más sencilla y preferente.

Buscando romper esta dinámica, Ecoembes —la organización sin ánimo de lucro que gestiona el reciclaje de los envases en España— ha lanzado un informe que incluye un plan de actuación. La circularidad como proyecto. Una hoja de ruta estratégica para España plantea una transición hacia la circularidad que exige "cambiar la manera en que se produce, se consume y se comparten los recursos", haciendo énfasis en que reciclar es necesario, pero solo una parte de un gran proceso. Como destacan desde la propia organización a este medio, el objetivo principal de su informe es "elevar la circularidad como proyecto país".

Más que una cuestión medioambiental

La discusión es ambiental, pero con el paso del tiempo se ha acompañado de otras aristas como la economía o la competitividad. Esto se debe a que la circularidad es, sobre todo, una forma de ordenar la economía para extraer más valor con menos materiales. También se usa para reducir riesgos en un mundo cada vez más volátil, como las interrupciones de suministro, el encarecimiento de insumos o la dependencia de importaciones. Eso explica por qué la economía circular empieza a aparecer en debates que hasta hace poco se enmarcaron en otros campos. A este respecto, el secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, sostuvo en un acto organizado por Ecoembes que "todo lo que podamos reciclar o que sea circular nos permite no depender de ciertos procesos en momentos de crisis".

"Todo se propone con el objetivo de relanzar un proceso de industrialización eficiente para España, pero también teniendo en cuenta que «hace falta realmente una autonomía estratégica»"
La circularidad no se trata solo de mejorar la gestión de residuos, sino de evitar que aparezcan: diseñar productos duraderos, reparables y actualizables; alargar su vida útil con mantenimiento, reventa o reacondicionamiento; facilitar la reutilización, y, cuando ya no hay alternativa, recuperar materiales de calidad suficiente para volver a entrar en la cadena productiva. La propia hoja de ruta presente en el informe subraya esa idea: la circularidad funciona cuando cada eslabón del ciclo (ecodiseño, producción, consumo, logística inversa, reutilización y reciclaje) "evoluciona de forma coordinada". Todo se propone con el objetivo de relanzar un proceso de industrialización eficiente para España, pero también teniendo en cuenta que "hace falta realmente una autonomía estratégica" y que el papel de la circularidad en ella es crucial, como señalan desde Ecoembes.

Un buen trabajo con mucho margen de mejora

Los indicadores más visibles muestran avances, aunque también zonas grises. La tasa de reciclaje en España mejoró hasta el 41% en 2023, y aun así se mantiene por debajo del objetivo europeo del 55% que existía para 2025. Si se mira la tasa de reciclaje municipal, plasmada en el gráfico 1, la distancia con Europa se ha reducido pero sigue existiendo. Esa brecha refleja un problema que es estructural y un atasco en políticas que requieren rediseño industrial, inversión y coordinación administrativa. 



No hay que olvidar que este es un reto que implica a todos los niveles administrativos —entes locales, comunidades autónomas y Gobierno central—, así como a los actores políticos y la sociedad civil. Ante una oportunidad de reindustrialización, la colaboración es fundamental. Lo valoró la presidenta de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental, María de la Fuente, en uno de los actos coordinados por Ecoembes: "Estamos en un momento crítico en el que tenemos que pasar de una economía lineal a una economía circular", lo que requiere de la participación "de todos los actores de los ámbitos implicados".

A nivel europeo, pasar del modelo lineal al circular se ha convertido en una condición para sostener competitividad y autonomía estratégica. Sin embargo, la propia Unión sigue avanzando a un ritmo contenido. La tasa de circularidad (la proporción de materiales reciclados que se reintroducen en la economía frente al total de materiales usados) es un indicador cada vez más utilizado por la Comisión Europea. En 2024, la media en la UE fue del 12,2%. En el caso español, los datos incluidos en el gráfico 2 sitúan la tasa de uso de material circular en España en el 7,4%, casi cinco puntos por debajo de la media comunitaria. Por contra, las cifras de Países Bajos (32,7%), Bélgica (22,7%) o Italia (21,6%) muestran que el margen de mejora es amplísimo.



El punto crítico no es solo el qué (objetivos, indicadores, reglamentos) sino el cómo (capacidad de implementación). Ecoembes, que aglutina a "más de 24.000 empresas", incluye una encuesta a varias de ellas en su informe con el propósito de "tener una visión más estratégica" de distintos sectores, detallan a Agenda Pública. Entre las compañías encuestadas, más del 70% afirma que el grado de implementación de la economía circular en su sector es medio o bajo. Al pedirles que identifiquen los principales obstáculos, hablan de los costes de implementación y dificultad para medir indicadores (55,6%), barreras regulatorias (44,4%) y, en un segundo escalón, se menciona también la falta de concienciación en la ciudadanía (33,3%).

"Entre las compañías encuestadas, más del 70% afirma que el grado de implementación de la economía circular en su sector es medio o bajo"
Las propias empresas son conscientes del margen de mejora: casi la mitad (45%) admite poseer un conocimiento interno "bajo o muy bajo" sobre economía circular. A la vez, aparece una ventana de oportunidad: el 88,9% afirma "colaborar con otras organizaciones en iniciativas de economía circular". Hay predisposición a cooperar, pero falta una arquitectura que convierta esa cooperación en un proyecto común.


La colaboración se refleja en el avance de España en algunos ámbitos. De nuevo en perspectiva Europea, el mapa 1 muestra que España es de los pocos países que cumplen con objetivos clave marcados desde Bruselas, como el de la tasa de reciclaje de residuos para el año 2030. A pesar de que aún queda margen de actuación para el resto de países —y de mejora para España—, el primer paso, del compromiso, se está dando.

¿Por dónde y cómo empezar el cambio?

A partir de este diagnóstico y a consecuencia del "nuevo contexto dibujado por la Brújula para la Competitividad de la Comisión Europea y el informe Draghi", el informe expone una hoja de ruta que se ordena en cuatro pasos estratégicos: reconocer el proceso circular en su totalidad (del ecodiseño a la reincorporación de materiales), reforzar el papel de todos los actores del modelo (sector público, empresas, ciudadanía y educación), traducir compromisos en políticas públicas operativas (regulación clara, incentivos y estándares) y colocar la pedagogía y la innovación en el centro para sostener el cambio cultural y tecnológico.

"La primera recomendación que plantean los agentes implicados se centra en la gobernanza: se propone la creación de una Agencia Estatal de Economía Circular"
Las soluciones no pasan por un "gran plan" único, sino más bien por buscar integrar todas las piezas que ya existen en un modelo que sea mejor. Tras el diálogo entre empresas, sociedad civil, sindicatos, parlamentarios y otros actores promovido por Ecoembes, se propone la creación de una Agencia Estatal de Economía Circular, un organismo con autoridad transversal para coordinar políticas, eliminar obstáculos burocráticos y alinear a ministerios, comunidades autónomas y municipios, evitando solapamientos y vacíos normativos.


A la creación de la agencia se suma la propuesta de un "sistema fiscal incentivador". Recogiendo el sentir de los distintos agentes, se plantean bonificaciones, deducciones y subvenciones para quienes adopten procesos circulares, combinadas con mecanismos que internalicen costes de los modelos lineales, tratando de incrementar los incentivos para que las empresas adopten esta visión.

A raíz de la puesta en común entre los actores implicados, también se identifica un cuello de botella de demanda y se sugiere activar el mercado desde dos palancas complementarias: estimular un mercado secundario sólido con campañas y etiquetado transparente, y utilizar la contratación pública como motor, con criterios verdes "obligatorios y ambiciosos" en licitaciones para generar volumen y acelerar la adopción en proveedores.

Para evitar que la transición quede reservada a grandes empresas, el decálogo prioriza programas de consultoría especializada para pymes, con apoyo técnico y financiero para ecodiseño, eficiencia de recursos y adopción tecnológica.


Finalmente, no se ignora que la circularidad necesita datos y reglas comunes. Por ello, a propuesta de los agentes se recomienda la creación de centros de innovación sectoriales para conectar I+D con necesidades industriales y, sobre todo, plataformas públicas de información que mejoren transparencia y trazabilidad, junto con una armonización metodológica de métricas para medir avances con datos comparables y alineados con marcos europeos.

La propuesta matiza que la circularidad avanza cuando es más fácil planificar, medir y financiar en este marco de economía circular, entendiendo que España puede posicionarse como un referente en sostenibilidad e innovación. Abordándolo de esta manera, el país aspira a implementar la circularidad dentro de un proyecto serio de política industrial y aspira a entender que, como precisa Ecoembes, "la circularidad es el único camino en el contexto actual".

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