En esta conversación con Alberto Nadal, vicesecretario de Economía del Partido Popular, abordamos los grandes desafíos estructurales de la economía española: desde la pérdida de poder adquisitivo de la clase media hasta el estancamiento de la productividad, la vivienda o el papel de España en una Europa que busca redefinirse ante los nuevos equilibrios globales.
"Una nación que avanza y atrae al mundo siempre ha sido un país de pequeños propietarios", sostiene Nadal, para quien esa base social —independiente y sensata— es la clave de una democracia sólida. A lo largo de la entrevista el economista defiende un marco fiscal más eficiente, una política energética que preserve la energía nuclear y una visión descentralizada del crecimiento que refuerce a las comunidades sin romper la unidad de mercado.
Sobre la financiación autonómica, Nadal reclama "un sistema moderno y justo que garantice los servicios esenciales para todos los ciudadanos rechazando modelos de financiación singular", llama a España a "ser un socio leal y activo" tanto en la coalición europea como en la transatlántica, con especial atención a los vaivenes del presidente Donald Trump.
Alberto Nadal es técnico comercial y economista del Estado. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Usted habla mucho de la España de los pequeños propietarios. ¿A qué se refiere?
No existe ni un solo ejemplo en la historia en el que una nación que avanza, que se siente fuerte, que innova y que atrae al resto del mundo, no haya sido un país de pequeños propietarios. La Grecia clásica, Roma, o la España de los hidalgos son ejemplos claros. Una res publica, formada por ciudadanos que tienen cierta libertad económica, son ciudadanos libres con opiniones independientes. Justo eso es lo que necesitamos para hacer fuerte una democracia.
Por lo tanto, creo que recuperar la España de los pequeños propietarios como un núcleo central del país es esencial. Esa propiedad puede ser de muchas cosas: tu vivienda, un capital humano del que extraer rentas, un pequeño negocio… En definitiva, algo de lo que te sientas orgulloso, que quieres defender y que al mismo tiempo te dé independencia de criterio y te permita hablar en la Asamblea de la
polis.
Hay quien dice que además este país de pequeños propietarios tiende más al consenso que a la polarización, porque todo el mundo tiene algo que perder.
"Cuando una sociedad está en una situación de crisis o de incertidumbre necesitamos que la voz de la sensatez sea lo que domine"
En España la clase media está formada de pequeños propietarios, los cuales logran que el sentido común, la sensatez, el equilibrio se conviertan en objetivos. Esa es la forma de llevar a cabo la resolución de los problemas: a través de la escucha y de convencer a los demás, porque se tiene una respuesta más racional y equilibrada. Por desgracia, esto no está de moda. Lo que abundan son los gritos y las exageraciones, pero cuando una sociedad está en una situación de crisis o de incertidumbre necesitamos que la voz de la sensatez sea lo que domine, porque es alrededor de la cual se va a agrupar ese país de pequeños propietarios.
¿Cómo cree que vive la clase media española en estos momentos? En Agenda Pública, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, habló de la percepción económica y le pregunté por lo mismo: ¿por qué España, el país que más crece económicamente de la UE, no es capaz de trasladar los buenos datos macro a esa clase media y a su día a día?
Los precios desde que Pedro Sánchez llega a la Moncloa han crecido un veintitantos por ciento. La cesta de la compra, entendida como los alimentos no elaborados, alrededor del 37%. Los salarios, en el mejor de los casos —¡en el mejor!— han igualado este crecimiento de los precios, si bien para la mayoría el crecimiento ha ido por debajo.
Eso en sí es una pérdida de poder adquisitivo y significa que en siete años no ha habido una mejora. En cierto modo es un estancamiento. Y este cálculo ni siquiera tiene en cuenta los impuestos. Todos los españoles que tengan una retención del IRPF en su nómina han visto mermado su poder adquisitivo. ¿Por qué? Porque como no ha habido una actualización de los parámetros del impuesto sobre la inflación, ha habido una subida silenciosa del tipo medio para todos los contribuyentes que pagan IRPF.
Entonces, si tu salario no ha crecido al ritmo de la inflación, y a eso se le añade un incremento de los impuestos, el resultado final es una pérdida de poder adquisitivo. Esa es la percepción que —con toda la razón— tienen los españoles. Cuando el ministro Cuerpo habla de que mejora la renta a los hogares, el dato se explica por lo siguiente: si tienes un hogar en que alguien ha encontrado un empleo — que será un empleo mal pagado y precario—, la renta del hogar aumenta. Pero esa persona que ha encontrado el empleo —normalmente es el hijo de esa familia— lo que querría es formar su propio hogar. Sin embargo, no puede alcanzar su independencia porque el precio de la vivienda es inasequible y las posibilidades de crear un hogar nuevo son bajísimas. Por lo tanto, sí, claro, aumenta la renta, pero aumenta la renta del conjunto del país creando empleos poco productivos. Al final, se aumenta la población y esa población encuentra algún empleo, pero el que ya tenía un empleo no ha visto ninguna mejora en siete años. Incluso, con la presión fiscal, ha visto un empeoramiento.
Alberto Nadal apunta a los salarios y la productividad como asignaturas pendientes de la economía española. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Hablando de productividad, ¿tienen las empresas españolas un problema con esto? ¿De qué manera podríamos mejorar nuestra productividad?
Sí, tenemos un problema de productividad, no tanto a nivel de empresas como a nivel de país. El motivo detrás de esto no es que los españoles no trabajen o no se esfuercen. Los datos están ahí, el número de horas que un trabajador medio español trabaja al año es superior a la media de los países de nuestro entorno. La cuestión es que el valor de esa hora de trabajo es inferior al de los países más avanzados de nuestro entorno. Nuestro objetivo debería ser que las horas trabajadas generen más valor.
¿Y cómo conseguimos incrementar la productividad? Este es el arco de bóveda del crecimiento y del bienestar a largo plazo. Sin crecimiento de la productividad, no hay crecimiento de los salarios. Sin crecimiento de la productividad, no puedes sostener el sistema de pensiones ni existe mejora del poder adquisitivo. España vive mejor que hace 40 años, porque somos más productivos que hace 40 años, pero la productividad lleva estancada desde la llegada de este Gobierno. Por ejemplo, el crecimiento de la productividad en este último trimestre fue negativo.
Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Es necesario adoptar un conjunto de medidas. La primera es asumir que los españoles somos menos productivos que los ciudadanos de Alemania o Canadá. La razón principal es que tenemos a nuestra disposición menos capital físico y tecnológico del que tienen los países de nuestro entorno. Así que es necesario atraer capital físico y tecnológico. Para lograr esto tenemos dos armas: la regulación —que es la mejor—, para que sea más amigable para la inversión y un marco fiscal favorable para poder generar un ciclo de atracción de talento, inversión, ahorro y, finalmente, un aumento de capital físico y tecnológico.
"Es increíble que en España haya crecido el gasto público en 4,5 puntos del PIB y estemos a la cola de Europa de inversión pública"
Hay una parte del capital físico, así como del tecnológico, que es público. Entonces, no deja de ser increíble que en España haya crecido el gasto público en 4,5 puntos del PIB y estemos a la cola de Europa de inversión pública. No hace más que crecer el gasto por encima de lo que crece la economía y a la vez la inversión pública está en mínimos. Luego, lo primero que tenemos que hacer es crear un marco fiscal favorable.
Para crear ese marco fiscal favorable, necesitamos ser eficientes en el gasto. Es preciso generar espacio para que los impuestos atraigan esta inversión y ser competitivos fiscalmente. Esto implica que al contrario de lo que ha hecho el Gobierno de Sánchez sobre incrementar el gasto por encima de la economía, lo que tenemos que hacer es que el gasto crezca, pero por debajo de la economía. Y a partir de ahí crear espacio para bajar impuestos en áreas que nos permitan aumentar la inversión y nos aumenten la productividad. No es, por tanto, un problema exclusivamente de capital físico y tecnológico, también hablamos de la productividad de instituciones, órganos independientes, un sistema judicial ágil, una burocracia mucho más rápida, etc.
Es decir, menos normas.
Menos normas y mejor cumplidas. Las normas son necesarias, pero solo aquellas que sirvan para evitar conflictos en la sociedad o regular aspectos especialmente sensibles, también para el medio ambiente o para el crecimiento futuro. Dicho esto, entre Bruselas, Madrid y las comunidades autónomas estamos enterrando a los españoles en normas que serían incapaces de leer al completo aunque le dedicasen toda su vida.
Luego no podemos olvidarnos de tener una política energética razonable. También eso es productividad. España es un importador de energía, como todos los países europeos. En la actualidad, estamos sustituyendo esa importación por tecnologías cada vez más avanzadas en renovables y en almacenamiento, pero hay que hacerlo al ritmo adecuado, con el menor coste posible y sin suprimir activos del sistema que son útiles para producir energía barata y descarbonizada. Es decir, sin suprimir la nuclear, pero también apoyando las inversiones en redes necesarias para evitar el tapón que tenemos en el acceso a redes.
El economista considera que hay que equilibrar la regulación que se implementa desde los diferentes entes legislativos. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Sobre la energía nuclear existe un debate muy amplio que hemos tratado en Agenda Pública. ¿Cuál es su opinión al respecto?
El mix energético ideal en un proceso de total descarbonización debe incluir una base nuclear que nos dé calidad al sistema, seguridad de suministro y precios bajos. La nuclear evita necesidades de almacenamiento, porque nos da una seguridad de producción veinticuatro horas al día, ejerciendo como base del sistema. Luego tendríamos el núcleo, que sería la renovable, eólica y fotovoltaica. La contraparte es que estas energías sí necesitan almacenamiento para poder suministrarse. También requieren de calidad en el suministro para evitar problemas de control de tensión. Y por último, para las puntas de demanda en las que necesita responder de manera inmediata, tendríamos la hidráulica. Esto es en un mundo ideal en que ya hemos completado todo el proceso de transformación de nuestro
mix energético y en el que poseemos un sistema de almacenamiento amplio, desarrollado y a precio competitivo. Mientras, necesitamos garantizar el suministro con ciclos combinados que nos aseguren la producción de electricidad en cualquier momento, pero que cuentan con un depósito de gas al lado a modo de "garantía".
"La nuclear evita necesidades de almacenamiento, porque nos da una seguridad de producción veinticuatro horas al día, ejerciendo como base del sistema"
Otro aspecto clave en mi opinión son las interconexiones. Necesitamos que existan interconexiones adecuadas con el resto de Europa, porque es preciso evitar que, cuando nos sobre energía —porque nuestra generación renovable es muy alta— tengamos que apagar nuestras centrales. Como no tenemos interconexión con Francia, desconectamos nuestros centros y esto deriva en un desperdicio importante.
En resumen, este sería el marco ideal hacia el que nos tendríamos que ir moviendo. Mientras tanto, nos va acompañando el ciclo combinado con la producción con gas, que es necesaria para dar seguridad al sistema. En este contexto, abandonar la nuclear significa pedir un sobreesfuerzo al almacenamiento que hoy en día no somos capaces de poder realizar.
¿De qué manera debe España centrar sus esfuerzos para conectar a la red todos sus proyectos?
La paradoja está en que ahora pasa por el sistema menos electricidad que hace diez años. Luego, nuestra infraestructura debería ser capaz de soportar la potencia que en estos momentos se está generando y consumiendo. Lo que ocurre es que han cambiado centros de generación y están apareciendo nuevos agentes de demanda. En vez de haber hecho una planificación en redes, tanto de transporte como de distribución, lo que tenemos es un retraso importante en la construcción física de puntos de enlace. A la vez, existe un problema jurídico respecto a las reservas en los nudos de red de aquellos proyectos, especialmente de generación renovable, que están en transición. No se sabe cuántos de ellos van a ser al final construidos y cuáles no, pero están creando una reserva y el Gobierno cree que no las puede eliminar por motivos jurídicos. Ante esto, lo que han hecho es dilatar y dilatar la decisión sobre cómo resolver el problema.
Así que necesitamos dos cosas: más puntos de acceso para proyectos físicos y resolver el problema jurídico para dejar claro cuáles de las reservas que existen en los nudos de red se van a realmente convertir en proyectos y cuáles no, y los que no se vayan a convertir en proyectos, liberarlos.
Nosotros somos partidarios de que la iniciativa privada pueda también ayudar a la resolución del problema junto a los operadores tradicionales. Porque lo que no puede ocurrir —y de hecho está pasando— es que se anuncien subastas para la demanda que nunca llegan a existir o que se rechacen los proyectos de centros de datos constantemente porque aumentan la demanda energética.
Nadal plantea como beneficiosa la instalación de centros de datos en España. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Volviendo a la economía, ¿cómo construimos la economía de un país como España que tiene dos polos muy fuertes como son Madrid y Barcelona?
La península ibérica es la verdadera isla de Europa. Los Pirineos son una cadena montañosa potente y nuestras conexiones en Europa son el Bidasoa y la Junquera. A partir de ahí, nuestra conexión es determinante, porque a través de ella se producen los intercambios comerciales, de ideas y tecnológicos. Por otro lado, ayuda a explicar por qué las zonas industrializadas de España, las de mayor renta, son las que tienen mayor conexión con esos ejes europeos.
El reto es mantener la conexión con Europa y el crecimiento de Madrid y Barcelona, pero ser capaces de generar metrópolis alternativas y ciudades de tamaño medio-grande como Valencia, Zaragoza, Sevilla o Málaga. Hoy lo estamos logrando, porque estas ciudades abordan desarrollos tecnológicos impensables hace una década.
"Cuando pensabas en España hace treinta o cuarenta años, había dos ciudades modernas de verdad y ahora tenemos muchas más"
Cuando pensabas en España hace treinta o cuarenta años, había dos ciudades modernas de verdad y ahora tenemos muchas más. Esto es un síntoma positivo, porque se demuestra que el proceso de modernización del país va a ir aumentando. Ahora, además de las infraestructuras necesarias para hacer continuar la mejora, necesitamos favorecer todo nuestro sistema de intercambio tecnológico y digital, que es donde realmente nos jugamos el futuro.
Zaragoza, por poner un ejemplo, se está convirtiendo en un centro logístico y de desarrollo tecnológico muy importante. La razón es sencilla: su posición es estratégica, situándose justo entre los grandes núcleos económicos del país. Yo siempre digo que los romanos sabían dónde poner los puentes, y Zaragoza es un puente sobre el Ebro por algo.
Esa misma posición geográfica está haciendo que irradie un crecimiento relevante y del que se benefician País Vasco, Madrid, Valencia o Catalunya. Pero seguimos bajando y todo el arco mediterráneo también va creciendo y eso se va extendiendo hacia el valle del Guadalquivir. En contraposición tenemos dos ejes que es necesario integrar porque se están quedando más atrás por esa falta de conexión con Europa. Hay que hacer un esfuerzo en la cornisa cantábrica y "la raya" de Portugal.
Sobre los ejes de productividad que he mencionado anteriormente, en el mundo moderno, digital, con un poquito de apoyo en infraestructura física, junto con la digitalización del conjunto del país de adquisición de nuevas tecnologías, nada impide que a través de los polos tradicionales se irradie ese crecimiento y esa productividad al resto del territorio. Y esa es la forma que nosotros vemos que podemos conseguir el crecimiento para toda España.
¿Cómo acomodamos el sistema autonómico para que permita, precisamente, la generación de polos autonómicos que generen una España fuerte?
El sistema de las autonomías en España tiene algún defecto, pero también grandísimas virtudes. Permite que las decisiones administrativas que afectan al territorio se tomen mucho más cerca del ciudadano y con una responsabilidad directa. Asimismo, también permite una cierta competencia entre administraciones, de manera que las mejores prácticas en una comunidad autónoma se puedan imitar por otras. Eso es muy positivo.
Hay muchos países en el mundo con esquemas territoriales altamente descentralizados, muy, muy exitosos: Canadá, Australia, Estados Unidos, Alemania. En nuestro caso, la aspiración es hacer del Estado autonómico un modelo enormemente exitoso.
Para ello necesitamos, primero, que la regulación que establezcamos en las comunidades autónomas ayude al crecimiento de la productividad, es decir, que no cree barreras innecesarias o rompa la unidad de mercado. En segundo lugar, necesitamos coordinación en competencias que son autonómicas y deben ser autonómicas para que más seamos eficaces. Debe existir una coordinación que surja del propio proceso autonómico, como decía anteriormente, imitando aquellas prácticas que son mejores por parte de las comunidades autónomas más exitosas.
Nadal celebró que a los polos de Madrid y Barcelona se estén uniendo otras ciudades y áreas metropolitanas. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Laboratorios. Hay un juez del Tribunal Supremo de EE. UU. que hizo una referencia a que los estados [federales] son laboratorios para exportar buenas prácticas.
Exacto, luego tenemos que establecer un sistema de financiación autonómico moderno y justo que garantice que todos los españoles tengan acceso a unos servicios mínimos esenciales con la aportación adecuada por parte de cada ciudadano. Es fundamental hacer esto al mismo tiempo que generamos un sistema autonómico con incentivos al crecimiento económico y a la productividad.
Con ello podemos hacer un modelo como el que tenemos, pero un poquito más eficiente: en el que el exceso de regulación desaparezca, donde las comunidades se miren unas a otras para dar los mejores servicios posibles a los ciudadanos, que tengan mayor responsabilidad fiscal y cierto margen de maniobra para poder innovar. Todo ello mientras se trabaja para ser un motor de crecimiento y desarrollo para el país. Las propuestas de algunos de volver a centralizar decisiones políticas sobre cosas que afectan muy de cerca a los ciudadanos no tienen ningún sentido y están alejadas del crecimiento y el bienestar.
Eso sí, partimos de la base de que todas las comunidades autónomas son leales al sistema y piensan en que forman parte de un conjunto único: España.
¿De qué manera se resuelven las demandas por una financiación especial o singular?
El sistema de financiación y de haciendas públicas en España es único, con la excepción constitucional de las forales. A veces, cuando se dice "con la excepción del País Vasco y Navarra", no: con la excepción de Navarra, Bizkaia, Gipuzkoa y Álava. Son las Diputaciones Forales las que lo son. No es el Gobierno vasco.
"La caja común no se puede romper. Lo que sí se puede discutir es cuáles son las variables objetivas que tenemos que meter dentro de la ecuación"
El resto pertenecemos a un sistema en el que el sujeto pasivo de los impuestos somos los ciudadanos españoles que pagamos nuestros impuestos y de ahí va a la caja común, que luego se reparte en función de las necesidades de las comunidades autónomas para, en teoría, garantizar esos servicios públicos esenciales. Esto no se puede romper. Lo que sí se puede discutir es cuáles son las variables objetivas que tenemos que meter dentro de la ecuación para que realmente todos los ciudadanos de todo el país tengan acceso a esos servicios públicos. Y aquí podemos tener debates técnicos enormemente interesantes. Con todo, no existe ningún país del mundo en el que, siendo altamente descentralizado, el esquema se dé en unas partes del territorio y en otras no. O que la agencia pública federal de recaudación de impuestos esté en unas partes del territorio y en otras no.
Entonces, claro, todos los sistemas de financiación autonómica tienen que tener en cuenta peculiaridades de los territorios. No es lo mismo ser una isla que no serlo; no es lo mismo ser un territorio despoblado que no serlo. Hay características propias. Todo eso son variables objetivas que hay que tener en cuenta para ver cuánto influyen en el coste de la vida y de los servicios públicos. Y eso tiene un legítimo derecho a ser discutido.
Desde el Partido Popular apuestan por una financiación que "respete las singularidades" de los territorios Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Hablemos de Europa ¿Cómo hacemos para ir más a fondo en las recomendaciones de Letta y Draghi? ¿Cuál es la forma adecuada para lograr ser más competitivos a nivel global?
Con todos sus defectos, el primer socio comercial de España, o los primeros socios comerciales de España, son los países de nuestro entorno europeo. Y dos tercios de nuestra exportación va a la Unión Europea. Pero lo mismo es aplicable a Francia, a Alemania, a Italia.
Si lo comparamos con otras partes del mundo, los intercambios que tenemos entre los europeos pesan mucho más de lo que cabría esperar por nuestra proximidad y nuestro peso en el comercio internacional. Luego, la Unión Europea existe y ha creado un mercado mucho más integrado que en cualquier otra parte del mundo. Si ves los intercambios que se producen entre los países asiáticos, entre los países africanos o entre los países latinoamericanos, ves que no tienen nada que ver con los intercambios que realizamos en la Unión Europea.
Que no hayamos sido capaces de construir al 100% un mercado interior no quiere decir que no hayamos avanzado. Nuestros intercambios son mucho más intensos de lo que cabría esperar simplemente por nuestra proximidad geográfica.
No creo que nadie quiera volver al mundo en el que había que sacar un pasaporte para cruzar la frontera con Francia, en el que tu carné de conducir no vale para conducir en Alemania cuando estás de vacaciones, o en el que no tienes un permiso de trabajo automáticamente si te vas a Italia. La Unión Europea ha dado grandes beneficios al conjunto de los ciudadanos.
"El proceso de integración europea se ha detenido en parte a partir de la ampliación hacia el Este porque ha sido necesario enfatizar la adaptación de los nuevos"
Otra cosa es que ha incurrido en excesos regulatorios y, en algunas ocasiones, ha creado más problemas que soluciones. El proceso de integración europea se ha detenido en parte a partir de la ampliación hacia el Este, porque la integración de esa ampliación ha tenido prioridad sobre la profundización del proceso europeo. El último proyecto de integración potente fue el euro, y hace ya muchos años. Quizá es complejo seguir avanzando en esta vía siendo ya veintisiete.
Creo que Draghi tiene razón cuando explica que tenemos que ir a los procedimientos de cooperación reforzada como alternativa a ponernos de acuerdo por unanimidad.
¿Significa eso una Europa de dos velocidades?
No, de muchas velocidades. En función del tema, podríamos conseguir integraciones mayores. Schengen o el euro son un ejemplo: no todos los países han participado en el euro o forman parte de Schengen. Ni siquiera todos los países de Schengen forman parte de la Unión Europea: Suiza es parte de Schengen y no es parte de la UE.
Si tenemos un núcleo de países europeos que queremos profundizar, ¿por qué no hacerlo? Hay algunos sectores de la economía que seguimos viendo como estratégicos nacionales y, en la práctica, estamos impidiendo intercambios reales. Hay una cierta integración del mercado mayorista financiero, pero, cuando te das una vuelta por cualquier Estado miembro de la Unión, ¿cuántas sucursales bancarias de bancos de otros países de la Unión ves?
Estas son cosas que tenemos que superar, pero debemos hacerlo todos a la vez. La realidad nos ha mostrado que ningún esfuerzo de integración europea, ni ninguna apertura de mercado y de intercambios, ha resultado negativa ni para la economía europea en su conjunto ni para cada uno de sus Estados miembros. Sí, ha cambiado algunos centros de decisión, pero eso es otra guerra.
"La unión de los países del continente es la única respuesta eficaz para crear escala suficiente y decir algo en ese nuevo mundo tecnológico"
No podemos competir en un mundo dominado por el conflicto comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China sin que los europeos nos demos cuenta de que la unión de los países del continente es la única respuesta eficaz para crear escala suficiente y decir algo en ese nuevo mundo tecnológico. Europa está perdiendo la batalla tecnológica del siglo XXI. Europa, que fue el origen de tantas tecnologías desde la Revolución Industrial, está perdiendo esa batalla tecnológica del presente porque cada Estado nos estamos mirando al ombligo sin ver cuál es la gran partida que está en juego.
El vicesecretario de Economía popular habla de una Europa "de muchas velocidades". Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Puede desarrollar cuál es su política de vivienda?
El Banco de España nos dice que necesitamos más de 700.000 viviendas en España, y necesitaríamos unas 200.000 anuales de forma adicional para que el stock se equilibre, pero existe un déficit de 70.000 en la construcción anual. No se construye más vivienda porque no hay suelo urbanizable y disponible. El problema está en el adjetivo "urbanizable", que es una decisión administrativa, porque suelo hay. No hay más que darse una vuelta por cualquier ciudad española y ver las calvas alrededor de la zona construida. Barcelona lo tiene más complicado porque está rodeada, pero en su área metropolitana también hay calvas. En Madrid, las que quieras; en Zaragoza, en Málaga, en Valencia… En cuanto te vas un poco del centro, empiezan a ver bloques y, al lado, terrenos llanos.
¿Por qué no se construye entonces? Primero, porque no están los permisos, no están las disposiciones administrativas necesarias para que eso se construya. Y, después, porque tras la crisis inmobiliaria se ha creado una restricción artificial de oferta.
En esta línea, lo que necesitamos es más suelo y más crédito promotor. O empezamos a construir alrededor de 250.000 o 300.000 viviendas al año o no vamos a reducir el problema de la vivienda, simplemente por números.
"No se están poniendo viviendas adicionales en el mercado del alquiler porque el intervencionismo está impidiendo que los propietarios confíen en la estabilidad del mercado"
A esto se añade que, mientras se pueden ir construyendo viviendas y liberalizando suelo —y las comunidades autónomas del PP están intentando hacer un esfuerzo en esta línea—, hay que movilizar las existentes. Y las viviendas existentes, en distinto grado, son las que podrían ponerse en el mercado de venta o en alquiler. A pesar de ello, en el mercado de alquiler no se están poniendo porque el intervencionismo en precios y el intervencionismo en la Ley de Arrendamientos Urbanos están impidiendo a los propietarios tener confianza en un mercado inmobiliario estable.
Tú necesitas una Ley de Arrendamientos Urbanos que equilibre los derechos del inquilino, porque el objetivo tampoco es eliminar toda su protección. Es necesaria cierta seguridad de que el contrato va a tener una duración en particular. Si al año me pueden echar sin ninguna contemplación, y tengo un coste de mudanza y de búsqueda de otro sitio (que eso lo sabe el propietario), entonces podría abusar de su posición para expulsarme. Al mismo tiempo, el propietario debe tener garantizado que le cuidan el inmueble y que la renta se paga puntualmente. Yo creo que este es un equilibrio razonable y en el que todo el mundo podría estar de acuerdo.
Sobre eso necesitamos que se construyan las leyes de alquiler; que no sea posible la ocupación; que no sea posible dejar de pagar; y que no sea posible hacer daños a la vivienda sin ninguna consecuencia. Es así como se moviliza la vivienda vacía..
También es fundamental movilizar aquellos edificios que quieren cambiar de uso. En cualquier ciudad española se tarda demasiado tiempo si un propietario de un bloque de oficinas decide cambiarlas a vivienda: los tiempos que necesita para poder hacerlo son excesivamente grandes.
Una vez que tenemos clara nuestra política de oferta y de incremento de vivienda, hay que prestar especial atención a los grupos sociales que están en desventaja para poder comprar vivienda, bien porque la renta es demasiado baja o bien porque están al comienzo de su vida laboral. Esos son los jóvenes y las familias que no tienen renta suficiente para ello. Si los ciudadanos —especialmente los jóvenes españoles— quieren comprar vivienda, hay que hacer lo posible para que se conviertan en pequeños propietarios.
Marc López Plana preguntó a Alberto Nadal por su apuesta en política de vivienda. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Qué actitud debe mantener Europa con respecto a Donald Trump?
Una parte del fenómeno Trump es la sensación del pueblo americano de estar exhausto por haber volcado recursos y vidas en el mantenimiento de la paz mundial sin ninguna recompensa. Este punto de vista es exagerado, porque Estados Unidos sí ha obtenido rendimientos importantes de esa Pax Americana. Sin ir más lejos, ellos poseen el dólar: la moneda más fuerte del mundo.
Cuando se paga —en ocasiones en sangre— el esfuerzo de mantener la paz mundial, hay un cierto retraimiento de la población norteamericana. Y, ante una oferta de volver a nuestras fronteras y que el resto del mundo se apañe, tiene un cierto éxito electoral, como hemos visto. Esto, en el fondo, es una llamada de atención a los europeos, que hemos vivido bajo el paraguas americano desde hace ochenta años suponiendo que esto iba a durar siempre. Durante este período hemos terminado por dejar de lado la seguridad.
Lo primero que tiene que ocurrir —y está ya ocurriendo— es que los europeos asumamos más responsabilidad en nuestra propia seguridad. Y eso, necesariamente, va a tener consecuencias sobre nuestro papel político en el mundo. No sabemos ni hasta dónde ni cómo, pero, paradójicamente, sí nos puede crear una relación de mayor igualdad con Estados Unidos, lo cual no es necesariamente malo. Esperemos —si queremos ser positivos—, una renegociación del vínculo trasatlántico en condiciones de mayor igualdad de la que teníamos en el pasado. Hay que recordar que ese vínculo trasatlántico es esencial para el mantenimiento de la prosperidad y de la paz mundial.
"Es evidente que nos encontramos con un mundo diferente en el que no solamente se cambian las reglas, sino que se utilizan como parte de la negociación política"
Con respecto al comercio, es evidente que nos encontramos con un mundo diferente en el que no solamente se cambian las reglas, sino que se utilizan como parte de la negociación política. Este escenario nos lleva a crear los incentivos adecuados para que los americanos nos sigan viendo como uno de sus socios fundamentales, pero también empuja para profundizar la Unión Europea y que nuestra posición negociadora sea lo más equilibrada posible.
De ahí que sea absolutamente esencial que España haga dos cosas. Una: ser un socio leal de la coalición, tanto la europea como la transatlántica. Y, dentro de la coalición europea, ser líder y participar activamente en el proceso de negociación. Si lo que hace el Gobierno —por cuestiones ideológicas y de mantenimiento de su falsa "mayoría de investidura"— es desmarcarse claramente tanto de los socios europeos como del trasatlántico, la única consecuencia es que queda fuera de las mesas de negociación. Dado su tamaño y su importancia, España no tiene un peso despreciable, pero debes jugar inteligentemente tus cartas.
¿Y es compatible incrementar el gasto en defensa sin tocar el Estado de bienestar?
El gasto en defensa es ineludible en el mundo en el que vivimos y por las circunstancias a las que acabo de referirme, y el Estado de bienestar es la seña de identidad europea. Los europeos hemos flexibilizado el Pacto de Estabilidad para intentar hacer compatibles ambas cosas.
Quince Estados miembros han pedido la cláusula de escape. España no. Europa te está abriendo la puerta para poder hacerlo compatible y este país la está cerrando por motivos ideológicos.
Muchas gracias.