Sábado, 1 de agosto de 2026
'FAKE NEWS'

La prensa y el "ciclo de la desinformación"

"La prensa tiene hoy la ardiente obligación de reforzar los diques de vigilancia", aseguran los académicos Vincent Champain y Richard Robert. Los autores, a través de ejemplos como el del bulo de la plaga de chinches en París, alertan de la existencia de "una brecha en las líneas de defensa de la democracia" y apuntan a los retos que enfrentan los medios de comunicación ante las noticias falsas.

Vincent ChampainRichard Robert
Vincent Champain, Richard Robert 22 de octubre de 2025
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Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad con la sociedad en cuanto a las noticias falsas. | Unsplash / Elimende Inagella
Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad con la sociedad en cuanto a las noticias falsas. | Unsplash / Elimende Inagella
El reclutamiento de la prensa generalista es el santo grial de la desinformación en línea. Sin duda, no es fácil que una noticia falsa sea reproducida como información válida por medios de comunicación reconocidos, ya que los periodistas tienen precisamente la misión de separar lo verdadero de lo falso. No obstante, los actores de la desinformación son conscientes de esto y explotan ciertos sesgos de la profesión. Esta brecha en las líneas de defensa de la democracia puede repararse si se comprende cómo se ha creado.

La captación de los medios de comunicación ofrece dos ventajas a los propagadores de este tipo de noticias y teorías conspirativas: una apertura a un público amplio que ya no es el de sus seguidores en las plataformas, y una legitimación. Ese efecto también funciona con los algoritmos de moderación de las redes sociales: estos enlaces pueden recibir más interacciones y a menudo desplazan noticias con contenido contrastado.

"El concepto de 'ciclo de desinformación' explica una cadena de valor alrededor de las falsas narrativas donde los medios tienen un papel importante con o sin su conocimiento"
Los investigadores académicos han desarrollado el concepto de "ciclo de desinformación" para describir un modelo de difusión que también se asemeja a una cadena de valor. Los medios de comunicación generalistas son insertados en esa cadena de valor, la mayoría de las veces sin su conocimiento, pero no siempre. A veces unos medios partidistas se integran a sabiendas en un dispositivo de propaganda negativa. El caso "Hillary's Health" (la salud de Hillary Clinton), durante las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, es un excelente ejemplo para entenderlo.

El ciclo de la desinformación

Este caso comienza con la difusión de acusaciones infundadas sobre la mala salud de la candidata demócrata por parte de blogueros de la alt-right (la derecha alternativa), basándose en vídeos sacados de contexto. Más tarde, estas acusaciones son amplificadas por personalidades influyentes, en este caso el youtuber británico Paul Joseph Watson, logrando así llegar a un público más amplio. El siguiente paso ocurre cuando unos grandes medios conservadores (Drudge Report, Fox News) mencionan este debate, invitando a la especulación sin respaldar abiertamente las teorías. Las redes sociales desempeñan un papel fundamental en la amplificación de la desinformación, con etiquetas y burlas que se difunden rápidamente. Así, una cuestión inexistente pasa a ocupar el primer plano.

Pero eso no es todo: las acciones y el silencio de la candidata también se integran en el ciclo de la desinformación. La salida inesperada —y sin explicación inmediata— de Hillary Clinton de una ceremonia se interpreta como una prueba de la existencia del problema. Las continuas especulaciones de los medios de comunicación convencionales y las "preguntas sin respuesta" refuerzan las dudas del público.

Además de este caso, que raya en la colusión, se pueden citar otros en los que los medios de comunicación se han dejado enrolar sin saberlo en el ciclo de la desinformación. Nos vienen a la mente dos ejemplos franceses. El primero es el episodio del pánico por las chinches.

"Primero hay una noticia real, después las redes sociales exageran o mienten y luego se crean sitios webs falsos para difundir el relato"
Al principio, hay una información cierta: en julio de 2023, un informe de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, el Medio Ambiente y el Trabajo reveló que, entre 2017 y 2022, el 11% de los hogares franceses habían sufrido infestaciones de chinches. En septiembre de 2023, se extendieron rumores en las redes sociales: internautas parisinos afirmaban haberlas visto en cines o en el metro. Se llevaron a cabo investigaciones, pero no se detectó ningún caso. "En la SNCF [la Renfe francesa], se han registrado 37 casos en los trenes en los últimos días, todos verificados y ninguno de ellos confirmado", declaró el ministro de Transportes a principios de octubre. El operador de transporte público de París, la RATP,
llegó a la misma conclusión. En ese momento, no se detecta ninguna campaña: nos encontramos ante unas bromas de mal gusto o un rumor incontrolado. Pero, como escribe Felicia Sideris en una investigación publicada un año después, "ahí es donde se pone en marcha la maquinaria rusa. Primero son los sitios web que imitan los de periódicos reales y difunden información falsa sobre las chinches. Un artículo en un sitio falso de La Montagne afirma erróneamente que la propagación del parásito está relacionada con las sanciones occidentales contra Rusia, ya que algunos productos insecticidas ya no pueden exportarse a Francia. Otro, imitando esta vez al diario Libération, plantea la teoría de que los refugiados ucranianos serían los responsables de la plaga".

Para dar visibilidad a estos artículos falsos, los actores de la desinformación se apoyan en una red estructurada y coordinada, que a su vez se respalda en decenas de canales de Telegram y blogs para difundir los artículos de estos sitios falsos y amplificar la resonancia social del pánico por las chinches. Los elementos de propaganda rusa se insertan en las historias difundidas por estos sitios web falsos. La operación de desestabilización tiene como objetivo sembrar el pánico. También buscó desanimar a los turistas a visitar Francia. En 2024, cuando el tema ya había desaparecido por completo de los medios de comunicación franceses y de las conversaciones, la agencia Tass señala que "la invasión de chinches en París el año pasado" sigue formando parte de los problemas a los que se enfrentan los organizadores antes del inicio de los Juegos Olímpicos de verano.

En este asunto, los medios de comunicación franceses quedaron atrapados: al difundir rumores sin fundamento, se vieron envueltos, sin saberlo, en el ciclo de la desinformación, y los primeros artículos, veraces, contribuyeron a dar apariencia de veracidad a los artículos falsos de propaganda publicados en sitios web que plagiaban a los periódicos.

"El problema con el caso de las estrellas este radica en que no solo moviliza a la extrema derecha hostil hacia los musulmanes, sino también a personas de sensibilidad moderada"
El caso de las estrellas de David pintadas en las calles de París en octubre de 2023 ofrece otro modelo de reclutamiento de los medios de comunicación. Unas semanas después del atentado perpetrado por Hamás el 7 de octubre, y cuando acababa de comenzar la ofensiva israelí en Gaza, se pintaron con plantillas más de 250 estrellas de David en París y en municipios de los suburbios, algunas de ellas frente a las viviendas de personas de confesión judía. La realidad indiscutible de las pintadas, su gran impacto visual —en un azul monocromático que evoca la bandera de Israel—, sirven de punto de apoyo para el desarrollo de un discurso indignado, primero en Internet y luego en la prensa. Este relato es el de una radicalización del antisemitismo y de una unión entre su versión musulmana —avivada por la crisis en Israel y en la Franja de Gaza— y los métodos de la extrema derecha en la época del nazismo. En este relato, una Francia devastada por las tensiones interreligiosas habría vuelto a los momentos más oscuros de su historia. El poder de este planteamiento radica en que no solo moviliza a la extrema derecha hostil hacia los musulmanes, sino también a personas de sensibilidad moderada, horrorizadas por este espectáculo. 


La prefectura de policía de París comprendió rápidamente que se trataba de una "operación atípica en comparación con otros actos antisemitas". Como relataría posteriormente la prensa, un testigo fortuito de la primera operación permitió a la policía detener a dos individuos de nacionalidad moldava, mientras que un tercero, encargado de tomar fotos, logró huir. Tres días más tarde se llevó a cabo una segunda operación, grabada por cámaras de videovigilancia, y los investigadores de la fiscalía de París sospechan que existen estrechos vínculos entre el primer y el segundo equipo de grafiteros, sobre todo porque la composición de los equipos y el modus operandi son los mismos.

La rapidez de la policía y la suerte de la primera detención permiten, en menos de tres semanas, hacerse una idea muy precisa de la naturaleza de esta operación, teledirigida desde Rusia. Pero, mientras tanto, las imágenes —sencillas, eficaces y terribles por su poder evocador— han circulado por las redes y han sido reproducidas en numerosos artículos de prensa y reportajes televisivos.

Las vulnerabilidades de la prensa frente a la desinformación

¿Podía la prensa escapar de la trampa que se le había tendido? Es difícil de imaginar. No difundir estas imágenes habría sido una decisión editorial equivalente a la censura. Pero existe una zona gris entre la censura y la vigilancia, y es fundamental que la prensa refuerce sus puntos débiles. En este sentido, se pueden identificar al menos dos vulnerabilidades.

"El hecho de que Twitter se haya convertido en una fuente primaria de información hace que los actores de desinformación se centren aquí"
La primera es una tendencia de fondo que durante al menos una década ha consistido en convertir Twitter (ahora X) en una fuente primaria de información. Numerosas personalidades y agencias oficiales lo utilizan para difundir lo que antes habría sido una rueda de prensa, un comunicado o una declaración en un reportaje. Twitter se ha convertido así en un canal privilegiado para los
insiders del mundo de la información. Y este estatus es el que han sabido aprovechar los actores de la desinformación. Varios sesgos cognitivos, entre ellos el famoso sesgo de anclaje, incitan incluso a un usuario avisado o metódico a sobrevalorar la primera mención de un hecho.

Al tener Twitter muchos menos usuarios que TikTok o Facebook, es más fácil escenificar en él un movimiento de opinión o una controversia. La presencia en la plataforma de periodistas en busca de noticias y tendencias emergentes permite acercarse a ellos y, potencialmente, alterar sus representaciones. "Cambiar la conversación": esta vieja ley de la comunicación política ha experimentado una nueva y fulgurante carrera en Twitter. No afirmamos aquí que la prensa se haya convertido en un complaciente altavoz de estas tácticas. Pero cualquiera que haya frecuentado esta red social en los últimos años sabe hasta qué punto los trolls acaparan la atención y con qué fuerza pueden fijar nuestras percepciones ciertos anuncios.

Ningún usuario escapa a la emoción y la indignación que son el núcleo mismo del modelo económico de las redes sociales. En este mundo enfadado, no es fácil razonar con frialdad o tomar distancia. El caso de las chinches pone de manifiesto una vulnerabilidad, en un contexto en el que unos medios de comunicación debilitados se ven superados por las redes sociales y tratan de competir con ellas. No hay soluciones milagrosas, pero se debe reafirmar la imperiosa necesidad del método y la deontología: distancia, doble o triple verificación, búsqueda de fuentes secundarias, mención del carácter dudoso de lo que se informa. 

La segunda vulnerabilidad es más fácil de delimitar. En un artículo científico sobre la Internet Research Agency (IRA), la agencia de desinformación fundada por Evgueni Prigojine en San Petersburgo, Josephine Lukito y sus coautores señalan la vulnerabilidad de una forma de periodismo en boga, que pone de relieve la vox populi a través de tuits considerados representativos. Sin embargo, como muestran precisamente los investigadores, varios grandes periódicos estadounidenses citaron sin saberlo tuits de la IRA, tomándolos por procedentes de los Estados Unidos. El artículo muestra que los tuits producidos por empleados de la IRA se citaban (1) por su opinión, (2) como procedentes de usuarios habituales de Twitter, y (3) junto con otros tuits supuestamente representativos de la opinión pública. En este caso, se trata claramente de una falta grave. Pero esta falta de rigor, ¿no viene dada por las posibilidades técnicas de la prensa online de insertar un tuit en un artículo, combinando así la fuerza del testimonio y una ilustración que dinamiza la página? Las vox pop —opiniones de personas grabadas hablando informalmente en lugares públicos— tienen sus defensores y es una tradición de la prensa anglosajona. Pero es posible salir a la calle a buscar la opinión y no encontrar la del ciudadano de a pie.

La prensa, cuando sus titulares son plagiados por falsificadores, es la primera víctima de los propagandistas contemporáneos. Se encuentra atrapada en un dilema continuo entre la rapidez y la verificación, y este dilema compromete su propia existencia. Es imposible esperar tres semanas al resultado de una investigación si los periódicos quieren seguir en la carrera. Pero por su propio bien, y por el de la democracia, la prensa tiene hoy la ardiente obligación de reforzar los diques de la vigilancia, evitar las facilidades, armarse contra los sesgos y, sobre todo, sacar la cabeza de las redes.
Vincent Champain
Vincent Champain
Presidente del Observatoire du Long Terme
Richard Robert
Richard Robert
Director editorial de 'Telos'
Editor de 'Telos' y autor, Richard Robert enseña en Sciences Po. Dirigió la 'Paris Innovation Review' de 2012 a 2018. Sus libros más recientes son "Le Social et le Politique" (dirigido junto a Guy Groux y Martial Foucault), CNRS Éditions, 2020, y "La Valse européenne" (con Élie Cohen), Fayard, publicado en marzo de 2021.
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