Martes, 28 de julio de 2026
AGENDA PÚBLICA UE

Un rayo de esperanza en Oriente Medio

Tras el acuerdo de paz, el cese de los bombardeos en Gaza y la vuelta de los rehenes a Israel, el eurodiputado del PP Adrián Vázquez Lázara celebra el "resurgir de la esperanza de alcanzar algún día una paz justa y duradera cimentada en la convivencia de dos estados". También señala que el conflicto "exige un grado de análisis mucho mayor del que hemos podido observar en mucha gente durante estos dos años".

Adrián Vázquez Lázara Adrián Vázquez Lázara 13 de octubre de 2025
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Ciudadanos israelíes esperando la liberación de rehenes en Tel Aviv. | Nir Alon / Zuma Press / ContactoPhoto
Ciudadanos israelíes esperando la liberación de rehenes en Tel Aviv. | Nir Alon / Zuma Press / ContactoPhoto
Reza una frase anónima que la diplomacia es el arte de escribir tragedias con sonrisas. Esta semana, después de dos años marcados por el dolor y la devastación —iniciados con los atentados del 7 de octubre de 2023 y prolongados por los incesantes bombardeos y la ocupación israelí de Gaza—, llegan por fin imágenes de esperanza desde Oriente Medio. La aceptación, por parte de Hamás —el grupo terrorista que controla la Franja de Gaza—, del plan de paz impulsado por Estados Unidos, que implica la claudicación del Gobierno de Netanyahu ante la presión internacional, abre una rendija de optimismo en una región demasiado habituada a la tragedia.
 
Como profesional que ha dedicado su vida a las relaciones internacionales, y como firme creyente en el multilateralismo como la mejor herramienta para preservar la paz en cualquier rincón del mundo, he visitado Gaza y el Estado de Israel en varias ocasiones y me he reunido numerosas veces más con representantes públicos de Oriente Medio, expertos en geopolítica y responsables políticos occidentales con un profundo conocimiento de lo que ha ocurrido —y sigue ocurriendo— en la región.
 
Sin embargo, esta es la primera vez que escribo sobre los terribles acontecimientos que hemos presenciado los últimos dos años. No me malinterpreten: valoro profundamente el esfuerzo de quienes, en medio de un drama como este, han intentado explicar el conflicto con la mayor objetividad posible, e incluso de quienes han expresado sus opiniones con pasión y convicción. Pero el intento mezquino de convertir el sufrimiento de palestinos e israelíes en un arma de polarización —como si se tratara de una guerra cultural más dentro de nuestras propias fronteras, mientras otros padecen la verdadera guerra a miles de kilómetros— me resulta sencillamente repugnante. Tanto los de un lado, como los del otro.
 
Por ello, ahora que, por fin, la presión de la comunidad internacional parece haber logrado el cese de los bombardeos, la apertura de la Franja a la reconstrucción y la entrada de ayuda humanitaria, así como el regreso de los rehenes a sus hogares y el resurgir de la esperanza de alcanzar algún día una paz justa y duradera cimentada en la convivencia de dos estados, considero oportuno, con serenidad y sin ánimo de confrontar, dejar por escrito algunas reflexiones. Confiando en que puedan resultar útiles a quienes deseen formarse una opinión sobre un asunto que, para convertirse algún día en historia, requiere antes que todos hagamos el esfuerzo de comprenderlo en toda su complejidad.
 
"Los atentados del 7 de octubre buscaban buscaban destruir el instrumento diplomático que ha traído mayor esperanza a Oriente Medio en la última década: los Acuerdos de Abraham"
En primer lugar, es imprescindible condenar y lamentar los atentados terroristas del 7 de octubre. No solo porque representan un acto inhumano de violencia contra la población israelí, sino también porque su intención y ejecución buscaban destruir el instrumento diplomático que ha traído mayor esperanza a Oriente Medio en la última década: los Acuerdos de Abraham. Nadie puede llevarse a engaño, aquel horror fue un intento claro de hacer estallar la paz que conlleva Abraham.
 
Estos tratados, firmados entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos, lograron algo que parecía imposible: normalizar relaciones diplomáticas, económicas y culturales entre Israel y varios países árabes, rompiendo décadas de aislamiento político entre ellos. Su éxito despertó el interés de otros actores regionales: Omán, Mauritania, Comoras, Somalia, Yibuti, Indonesia, Pakistán y, el gran elefante en la habitación, Arabia Saudí.
 
En esta historia, los principales perdedores eran Irán, que necesita la inestabilidad regional para fortalecer su rivalidad con Arabia Saudí y usar a Occidente como chivo expiatorio, y Catar, que se beneficia de mantener una posición ambigua. El interés de estos dos actores parece ser la única explicación racional de cómo Hamás, con sus lazos reconocidos con Teherán y Catar, logró en un solo día lo que no había conseguido en años: burlar las defensas de uno de los ejércitos más preparados del mundo y atacar Israel con tal virulencia. El ataque no fue planeado como reacción última a años de ocupación israelí, sino como operación militar planeada que buscaba un resultado específico.

El derecho a defenderse y el derecho internacional

En segundo lugar, es evidente que Israel tiene derecho a defenderse y a combatir el terrorismo, pero ningún estado puede situarse por encima del derecho internacional. Israel es una democracia occidental (aunque los últimos meses haya dado claras señales de tener un crisis democrática de mucho calado) y precisamente por ello debemos condenar sin titubeos los bombardeos desproporcionados, los bloqueos que impiden la llegada de ayuda humanitaria, el incumplimiento de las resoluciones de la ONU que prohíben los asentamientos ilegales en Cisjordania, y la retórica deshumanizadora de algunos de sus ministros, reconociéndolo por lo que es: violaciones reiteradas y sistemáticas del derecho internacional.
 
"Se pueden comprender razones históricas de Israel, su hartazgo frente al terrorismo y su papel como centinela frente a potencias enemigas como Irán, pero no se pueden justificar sus acciones ilegales"
Se pueden comprender sus razones históricas, su hartazgo frente al terrorismo y su papel como centinela frente a potencias enemigas como Irán, pero no se pueden justificar sus acciones ilegales ni mirar hacia otro lado cuando se sobrepasan los límites. A cualquier persona con sentido común —y en Israel y Palestina hay muchas, como en cualquier lugar— le duele por igual la muerte de civiles en ambos bandos. Por eso, con mayor motivo, quienes observamos este horror desde la distancia, tenemos la obligación moral de expresar nuestro pesar por todas las víctimas con la misma contundencia. En la condolencia por la barbarie no puede haber bandos.

El papel de Trump y Estados Unidos

En tercer lugar, es importante tratar de descifrar el impacto de estos dos años en el nuevo orden internacional. Trump se presentó a las elecciones prometiendo retirar a EE. UU. del mundo y asegurando que América no estaba para resolver los problemas que no fueran exclusivos de los americanos. No solo eso, sino que llegó a afirmar, de la forma más frívola y horrenda posible, que su posición en Gaza era construir un resort vacacional. Declaraciones injustificables no solo para un presidente de Estados Unidos, sino para cualquier persona decente.
 
"Trump es lo suficientemente impredecible como para que Europa se tome su propia seguridad en serio, y, a la vez, parece que EE. UU. no está dispuesto a abandonar su rol de potencia hegemónica"
Sin embargo, al final, Estados Unidos estuvo a la altura de sus responsabilidades interviniendo para frenar la escalada regional cuando Israel bombardeó objetivos iraníes e Irán respondió contra Tel Aviv, obligando a Netanyahu a contener sus excesos (incluso forzándolo a pedir perdón a Catar desde el despacho oval) y facilitando finalmente junto a los países árabes del entorno la negociación de un acuerdo de paz histórico que abre la puerta a la esperanza. Que el presidente Trump lo haya hecho únicamente persiguiendo conseguir un reconocido premio internacional no quita, en ningún caso, el mérito del resultado conseguido. Por ello, considero abominable escuchar críticas al acuerdo provenientes de quienes, tras su firma y la aceptación de Hamás, se sienten privados del "juguete político" con el que han cosechado réditos electorales en los últimos meses. A ellos les dirijo mi más profunda repulsa.
 
Y sí, el impacto de todo esto en la política internacional es incierto, pero deja dos lecciones que parecen contradictorias: Trump es lo suficientemente impredecible como para que Europa se tome su propia seguridad en serio, y, a la vez, parece que EE. UU. no está dispuesto a abandonar tan fácil su rol de potencia hegemónica y de liderazgo de Occidente. Vivimos tiempos confusos, por eso no entiendo la contundencia con la que se expresan algunos.

La táctica de Pedro Sánchez

Finalmente, merece una mención aparte el tratamiento de este asunto por parte del Gobierno de España, mi país. Aunque me disguste profundamente y jamás lo justificaría, puedo entender la necesidad táctica de Pedro Sánchez de utilizar cualquier suceso como arma de polarización para desviar la atención de los casos de corrupción que le rodean. Sin embargo, mi impresión es que su actitud ha llegado a niveles insostenibles.
 
El envío cosmético de un buque de la Armada para "proteger" la performance de la flotilla para que finalmente se diera la vuelta, el llamamiento a boicotear La Vuelta a la vez que expones a tus propios policías a contener a los manifestantes, y el trilerismo con conceptos jurídicos por parte de quién defendía hace menos de un año como ciertas definiciones debían quedar en manos de los tribunales, pasará a la historia como un ejemplo bochornoso del nivel de degradación que este Gobierno en retirada ha impregnado en la política española.
 
En conclusión, la complejidad de un asunto tan grave, con tanta importancia para la vida de innumerables personas y con profundas repercusiones en el devenir del mundo, exige un grado de análisis mucho mayor del que hemos podido observar en mucha gente durante estos dos años. Sin embargo, buscando un rayo de optimismo —y aunque aún ignoremos cuánto tiempo durará la paz en Gaza—, es momento de celebrar que, después de tanto dolor y tragedia, este acuerdo de paz ofrece, por fin, un motivo para sonreír.
Adrián Vázquez Lázara
Adrián Vázquez Lázara
Eurodiputado del PP
Es vicepresidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo. También es miembro de la Delegación de Relaciones con Estados Unidos y expresidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos. Graduado en Relaciones Internacionales por la Lindenwood University y profesor asociado en ESADE.
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