El debate sobre el presente y futuro de las relaciones entre España y Marruecos reunió en el Foro La Toja a
un panel de miradas complementarias integrado por el diplomático Bernardino León, el diputado y exsecretario de Estado de Asuntos Exteriores Ildefonso Castro, el periodista especializado en el Magreb Ignacio Cembrero y la vicepresidenta de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Kissy Chandiramani, moderados por la directora de Política Exterior, Belén Becerril. La sesión se centró en dar un paso, con perspectivas diversas, hacia esclarecer qué ocurrió entre el 30 y el 31 de julio en la ciudad, abordar las consecuencias de la entrada de cerca de 80.000 personas en la ciudad autónoma y
entender el papel que debe tener el Gobierno de España en este asunto clave para la política exterior del país.
Como punto de partida, León encuadró la discusión recordando
la naturaleza pragmática de las relaciones internacionales: "La política exterior representa a los Estados y los Estados son monstruos fríos: no hay amigos ni emociones, solo cuentan los intereses vistos de manera fría", resumió. Desde este enfoque,
calificar lo sucedido únicamente como un episodio migratorio resulta insuficiente para medir la magnitud del problema.
"La política exterior representa a los Estados y los Estados son monstruos fríos: no hay amigos ni emociones, solo cuentan los intereses vistos de manera fría"
Para el diplomático, la cuestión de fondo trasciende con mucho un repunte en los flujos de población, tratándose en realidad de "una crisis política muy seria, de confianza, social, humanitaria e incluso de seguridad". En su diagnóstico, "Ceuta ha invadido toda la relación con Marruecos", evidenciando
un deterioro estructural que contrapuso con etapas pasadas articuladas sobre contactos institucionales del máximo nivel o equilibrios regionales en los que la relación con Argelia y el marco euromediterráneo resultaban prioritarios. Aunque en la arena diplomática es habitual sostener discrepancias políticas sin romper la estabilidad,
la coyuntura actual refleja una pérdida preocupante de la confianza mutua entre Madrid y Rabat.
Belén Becerril fue la encargada de moderar la conversación. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
La responsabilidad de Rabat y los desaciertos diplomáticos de Madrid
En la evaluación de las causas desencadenantes de la crisis, Ildefonso Castro e Ignacio Cembrero coincidieron en señalar la implicación directa de las autoridades marroquíes en los acontecimientos, desestimando la hipótesis del mero azar o del descontrol fronterizo espontáneo. Según sostuvo Castro, una de las referencias del Partido Popular en política exterior,
"es imposible mover a 80.000 personas si no hay algún tipo de dirección", lo que demuestra que Marruecos actuó "por acción o por omisión" en la desestabilización de la frontera. Por su parte, Cembrero definió el episodio como una
"operación orquestada y de acción, no de omisión", facilitada por la inacción de lo que calificó como un "gobierno de cartón piedra". En su opinión,
el Ejecutivo central no atendió los avisos previos emitidos por la Delegación del Gobierno y las instituciones ceutíes, que advertían de que la situación iba "muy mal" y requería una intervención inmediata.
"Ildefonso Castro e Ignacio Cembrero coincidieron en señalar la implicación directa de las autoridades marroquíes en los acontecimientos, desestimando la hipótesis del mero azar o del descontrol fronterizo espontáneo"
El deterioro de la relación bilateral responde también a
una concatenación de desaciertos por parte de la diplomacia española. Entre ellos, Castro enumeró la ruptura de la costumbre no escrita de realizar la primera visita oficial de la legislatura a Rabat —interpretada por las autoridades marroquíes como "una falta de respeto"—,
la respuesta tibia ante las pruebas del cierre fronterizo comercial o la controvertida gestión del traslado de Brahim Gali sin notificación previa a Marruecos.
A estos factores se sumó
la percepción de vulnerabilidad proyectada por la política exterior española, en un contexto en el que Rabat percibió a un Ejecutivo condicionado por sus servidumbres políticas internas y progresivamente aislado en el tablero internacional. Ni siquiera la organización compartida del Mundial de fútbol de 2030, concebida por muchos analistas como
un cortafuegos diplomático de largo alcance, sirvió para frenar la escalada: "Todos creíamos que la celebración del mundial daba con una tregua, pero no", lamentó Castro.
Kissy Chandiramani (izquierda) e Ignacio Cembrero (derecha). Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
La vivencia territorial: seguridad, legalidad y el sentimiento de invasión
La perspectiva autonómica aportó
una lectura pegada a la realidad social ceutí a través de la intervención de la vicepresidenta de la Ciudad Autónoma, Kissy Chandiramani. Sin obviar el drama humanitario de quienes migran buscando mejorar sus condiciones de vida, Chandiramani reivindicó el derecho de la población local a recuperar la normalidad en sus calles y en su vida cotidiana: "los ceutíes también tienen derecho, quieren recuperar su espacio".
"Sin obviar el drama humanitario de quienes migran buscando mejorar sus condiciones de vida, Chandiramani reivindicó el derecho de la población local a recuperar la normalidad en sus calles y en su vida cotidiana"
Durante su exposición, que levantó los aplausos de la sala, la representante institucional apeló a
despojarse de complejos terminológicos a la hora de valorar el impacto de la crisis en el territorio: "Los españoles tenemos complejos porque parece que suena mal decir que lo que pasó fue una invasión".
"Yo, como ceutí, me siento invadida y siento que mi ciudad está invadida", continuó. Frente a esta situación, rechazó la resignación ante lo que algunos pretenden definir como una nueva normalidad y
reclamó el retorno ordenado de adultos y menores caso por caso, aplicando la legislación vigente, el marco del Plan de Emergencia (PEMA) y el estricto cumplimiento de la ley.
En el ámbito de la defensa y la soberanía fronteriza, Chandiramani fue especialmente tajante al cuestionar
la excesiva dependencia estratégica respecto del país vecino: "La seguridad de Ceuta debe depender de Madrid y de Bruselas y no de Rabat". Tras denunciar que "no se ha puesto ni un ladrillo para blindar la frontera" y recordar que
el prometido plan de seguridad nacional de 2021 sigue sin ejecutarse, la vicepresidenta abogó por una relación de vecindad sin subordinaciones: "Eres mi vecino, quiero llevarme bien contigo, pero no nos vamos a pisar".
Bernardino León (izquierda) e Ildefonso Castro (derecha). Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
Hacia un nuevo modelo: política de Estado, marco europeo y firmeza estratégica
A la hora de diseñar alternativas de futuro,
el panel coincidió en la imposibilidad de mantener el esquema de relación previo sin introducir cambios sustanciales. Bernardino León advirtió de que "sería un error seguir como si no hubiera pasado nada", recalcando que Marruecos debe ofrecer explicaciones claras sobre la gestión al sur de la frontera para poder edificar un nuevo modelo caracterizado por un diálogo intenso y dotado de previsibilidad. Para lograrlo, resulta imprescindible
recuperar el consenso de Estado sobre el norte de África y asumir que "la política exterior tiene que ir con luces largas".
"Marruecos debe ofrecer explicaciones claras sobre la gestión al sur de la frontera para poder edificar un nuevo modelo caracterizado por un diálogo intenso y dotado de previsibilidad"
Por su parte, Castro defendió
devolver el debate internacional al ámbito parlamentario y dotarlo de mayor transparencia: "La política exterior tiene que volver al Congreso". Ello requiere adaptar la normativa nacional al marco comunitario y respaldar activamente el Pacto sobre Migración y Asilo. La dimensión comunitaria se erige así en la principal palanca de la diplomacia española, siendo indispensable
un despliegue permanente de Frontex en Ceuta, Melilla, Canarias y el eje mediterráneo, bajo la premisa de que "con Europa somos más fuertes en cualquier aspecto".
Finalmente, Cembrero sostuvo que
España dispone de un margen de maniobra y de elementos de disuasión superiores a los ejercitados en los últimos años: "España tiene muchos más medios de presión sobre Marruecos de los que Marruecos tiene sobre España". De acuerdo con su análisis, recuperar la capacidad de negociación exige firmeza diplomática y abandonar inercias defensivas: "hay que enseñar los dientes".
La reconstrucción de la confianza con Rabat no puede fundarse sobre concesiones unilaterales ni sobre la indefinición, sino sobre el respeto mutuo, la seguridad nacional y la garantía innegociable de la integridad territorial.