Sábado, 3 de octubre de 2026
CONVERSACIONES

Svetlana Tijanóvskaya, líder de la oposición bielorrusa: "Rusia no parará hasta que alguien la detenga"

Es considerada la líder electa de Bielorrusia. Svetlana Tijanóvskaya, ponente en el Foro La Toja, conversa con el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana. Conocedora de los métodos de presión del Kremlin, emprende un análisis de herramientas como la presión migratoria. En el plano interno, explica las trabas que el gobierno de Alexander Lukashenko pone a la oposición y alaba la labor de España: "Cuando finalmente la democracia prevalezca en Bielorrusia, España habrá formado parte de esa historia", afirma.

Marc López PlanaAgenda Pública Corp
Marc López Plana, Agenda Pública Corp 3 de octubre de 2026
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Svetlana Tijanóvskaya y Marc López Plana en el Foro La Toja. | Agenda Pública / Yanka Soto
Svetlana Tijanóvskaya y Marc López Plana en el Foro La Toja. | Agenda Pública / Yanka Soto
Europa sigue buscando cómo responder a una Rusia que combina la guerra convencional con drones, desinformación, sabotajes y presión migratoria. Svetlana Tijanóvskaya, activista y política opositora bielorrusa, analiza ese desafío desde un país convertido, bajo Alexander Lukashenko, en una pieza de la estrategia del Kremlin.

Para la líder de la oposición bielorrusa, el problema va mucho más allá del futuro político de su país: "Bielorrusia es una cuestión de seguridad europea". Una Europa que durante años se acostumbró a la paz, sostiene, debe aprender a responder con mayor firmeza cuando Moscú pone a prueba sus límites.

En esta conversación durante el Foro La Toja, Tijanóvskaya aborda la instrumentalización de la migración, las tensiones en la relación transatlántica, el papel de Estados Unidos y el futuro de la guerra en Ucrania. También advierte del riesgo de nuevas provocaciones en el flanco oriental europeo —"no hay que entrar en pánico, pero hay que estar preparados"— y explica por qué una paz que deje intacta la subordinación de Bielorrusia a Rusia no resolvería el problema. Sobre España, destaca su respaldo a las fuerzas democráticas bielorrusas y recuerda que, "cuando Bielorrusia ha necesitado ayuda, España ha estado ahí".
 

Svetlana Tijanóvskaya, durante la conversación con Agenda Pública en el Foro La Toja. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto


Hay algo que Europa todavía parece incapaz de resolver: cómo responder eficazmente a la guerra híbrida rusa. Como bielorrusa, usted conoce extremadamente bien a Rusia y sabe de lo que es capaz. Quizá pueda ayudarnos a entender mejor a ambos países y, sobre todo, cómo debería responder Europa.

Con una Bielorrusia libre, democrática e independiente, Europa sería mucho más fuerte. Como compartimos frontera con Rusia y hemos estado sometidos a la dominación rusa durante tanto tiempo, tenemos una experiencia considerable resistiendo la subyugación rusa y los ataques híbridos.

La situación actual es que Bielorrusia, debido a las políticas de [Alexander] Lukashenko y a su alianza con [Vladímir] Putin, se ha convertido en parte de estos ataques híbridos contra Ucrania y, por supuesto, contra Europa. Mientras Lukashenko siga en el poder, habrá amenazas constantes procedentes de Rusia, a través del territorio bielorruso, hacia las fronteras de la Unión Europea y de la OTAN.

Para mí es muy doloroso ver cómo se utiliza a los migrantes para ejercer presión sobre las fronteras; ver drones sobrevolando Lituania, Polonia y Letonia; ver al régimen perturbando el funcionamiento de los aeropuertos mediante globos utilizados para el contrabando, y ver cómo la propaganda rusa y bielorrusa intenta envenenar la mente de los europeos con narrativas populistas.

También entiendo que, si —o cuando— Ucrania gane esta guerra y Bielorrusia sea libre, para Europa será mucho más fácil hacer frente a estos ataques híbridos.

"Es muy doloroso ver cómo se utiliza a los migrantes para ejercer presión sobre las fronteras; ver drones sobrevolando Lituania, Polonia y Letonia"
Respecto a la cuestión más amplia de cómo proteger Europa, no tengo una respuesta sencilla. Las personas más poderosas del mundo están pensando en ello. Pero, después de haber vivido junto a Rusia durante tanto tiempo, sé una cosa: Rusia no parará hasta que alguien la detenga. Y Rusia solo puede ser detenida por una Europa fuerte, poderosa, decidida y valiente.

Rusia está mejor preparada para la guerra híbrida porque Europa se acostumbró a vivir en paz. Las instituciones europeas fueron construidas para tiempos de paz. Europa no estaba preparada para la escalada o la provocación porque, durante muchos años, su política hacia Putin se basó en el apaciguamiento y en un enfoque orientado a los negocios.

Sin embargo, finalmente descubrimos que Rusia no es un vecino ni un socio en el que se pueda confiar. De hecho, no es un socio en absoluto.

Por tanto, Europa se enfrenta a nuevos desafíos. Pero creo que todo empieza por los ciudadanos y sus gobiernos. La sociedad bielorrusa es diferente: sabemos quién es nuestro enemigo y sabemos contra qué estamos luchando. No necesitamos convencer a los bielorrusos de que Rusia representa una amenaza.

"Rusia está mejor preparada para la guerra híbrida porque Europa se acostumbró a vivir en paz. Las instituciones europeas fueron construidas para tiempos de paz"
Una de las tácticas de Rusia consiste en abrumar a los ciudadanos con información, crear tal avalancha informativa que la gente ya no pueda distinguir lo verdadero de lo falso. Al final, las personas se alejan completamente de la política. Y ese es precisamente el objetivo de Rusia y del régimen bielorruso.

Por eso es importante encontrar nuevas formas de implicar a la gente en la política y proporcionarle información fiable. Todos tienen aquí una responsabilidad: las empresas, los medios de comunicación, las compañías de inteligencia artificial, los gobiernos y las ONG. Tenemos que encontrar la manera de volver a acercar a la gente a la política y conseguir que se interese por lo que está ocurriendo en el mundo.

Usted conoce muy bien cómo el Gobierno de Bielorrusia ha utilizado la migración como instrumento de presión contra Polonia. Recientemente, en España, hemos vivido algo que plantea algunas de esas mismas cuestiones. ¿Ve similitudes entre la instrumentalización de la migración en la frontera oriental de Europa y lo que puede ocurrir en su frontera sur?

La inmigración ya supone por sí misma un gran desafío para las sociedades. Pero cuando la migración se organiza o se instrumentaliza, se convierte en un problema doble. En nuestras fronteras sabemos cómo funciona el sistema. Se traslada a personas en avión y se las lleva hasta la frontera, donde se intenta empujarlas para que la crucen.

Lo que estos regímenes quieren conseguir es desviar la atención de los gobiernos y las sociedades de cuestiones fundamentales —la paz y la guerra, la democracia y la dictadura— y dirigirla hacia la migración. También obligan a los gobiernos a desviar recursos hacia la gestión de la crisis migratoria.

En nuestra región, por ejemplo, la guerra en Ucrania continúa. Los recursos destinados a hacer frente a una crisis migratoria creada artificialmente son recursos y atención política que no pueden dedicarse a otras cuestiones, incluido el apoyo a Ucrania. Eso es parte del objetivo.

"Lo que estos regímenes quieren conseguir es desviar la atención de los gobiernos y las sociedades de cuestiones fundamentales y dirigirla hacia la migración"
Al mismo tiempo, estos regímenes están explotando a seres humanos y vidas humanas. Por tanto, el problema siempre tiene una dimensión moral. Las sociedades democráticas debaten interminablemente cómo ayudar a las personas y, al mismo tiempo, impedir la instrumentalización de la migración. En las fronteras con Bielorrusia, por ejemplo, se han construido muros.

Para los regímenes autoritarios, sin embargo, las vidas humanas significan muy poco. Están dispuestos a utilizar a las personas como instrumento para presionar y chantajear a los países democráticos. No sé si existe una manera sencilla de resistirse a esto. Por un lado, a veces hay que negociar con los países responsables para evitar estas situaciones. Por otro, los dictadores no necesariamente quieren negociar. Quieren humillarte. Quieren que acudas a ellos a pedirles algo y que, en última instancia, comprometas tus principios.

Esto forma parte de la confrontación entre democracia y dictadura. Cualquier indecisión será percibida como una muestra de debilidad por los regímenes autoritarios, y eso los envalentonará. Ya podemos ver que esto no tiene que ver únicamente con los migrantes. Hay muchas formas distintas de ataque híbrido. Constantemente están poniendo a prueba hasta dónde se les permitirá llegar. Si no hay respuesta, dan otro paso.

Mire, por ejemplo, los drones que cayeron recientemente en territorio lituano. No hubo una reacción especialmente contundente por parte de Occidente. Nadie resultó herido y no ocurrió nada catastrófico. Pero el mensaje que puede recibir Rusia es: podemos dar un paso más.

¿Qué ocurre después? ¿Se destruye un edificio? ¿Y después? ¿Mueren personas por ataques de drones? ¿En qué momento habrá una reacción suficientemente contundente para que Rusia entienda que esto es inaceptable?

Estas operaciones también son intentos de dividir a gobiernos, parlamentos, partidos políticos y sociedades. Podemos ver cómo crecen las fuerzas populistas en Europa. Pero los populistas a menudo ofrecen cerrar una cuestión en lugar de resolver el problema subyacente. Esa no es una salida.
 

La opositora bielorrusa conversa con Marc López Plana sobre la relación transatlántica y el futuro de Bielorrusia. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto


¿Cómo afecta el enfoque de Washington a su estrategia en Bielorrusia y, en un sentido más amplio, a Ucrania y Europa del Este?

En primer lugar, desde la perspectiva bielorrusa, estamos agradecidos a Estados Unidos por sus esfuerzos para lograr la liberación de presos políticos. Esa vía humanitaria continúa.

"Estas operaciones también son intentos de dividir a gobiernos, parlamentos, partidos políticos y sociedades"
Alrededor de quinientas personas ya han sido liberadas de las prisiones bielorrusas. Por supuesto, Lukashenko sigue deteniendo a nuevas personas, así que puede parecer una puerta giratoria. Sin embargo, quinientas personas han sido liberadas, quinientas vidas han sido salvadas por el momento, y animamos a Estados Unidos a continuar con estos esfuerzos.

En cuanto a Ucrania, necesitamos que gane esta guerra y agradecemos los intentos estadounidenses de iniciar negociaciones. Vemos a representantes de Estados Unidos viajando a Rusia y Ucrania para intentar organizar un proceso.

Pero lo que nos importa es que cualquier paz sea duradera y justa, no simplemente una breve pausa que permita a Rusia reagruparse y volver a atacar. Quiero creer que, en última instancia, los estadounidenses quieren lo mismo.

Por supuesto, todos vemos las turbulencias en la relación transatlántica. Las reacciones a esas turbulencias son diversas. Algunas personas creen que son terribles para la comunidad transatlántica —y en muchos sentidos lo son—. Otras sostienen que han obligado a Europa a reconocer que debe fortalecerse por sí misma.

Ya podemos ver movimientos en esa dirección: Europa está pensando mucho más seriamente en su propia defensa y en cómo protegerse si, por ejemplo, Estados Unidos reduce su compromiso con la seguridad europea.

En ese sentido, estas turbulencias han reforzado la determinación de Europa de actuar desde una posición de mayor fortaleza. Sin embargo, creo que el mundo sería mucho más seguro si la unidad transatlántica se preservara y reforzara. Lo especialmente importante es que los cambios en la posición de Estados Unidos no dividan a la Unión Europea.

Tomemos Bielorrusia como ejemplo. La interlocución de Estados Unidos con el régimen bielorruso para conseguir la liberación de presos políticos ha provocado un debate en Europa: quizá Europa también debería empezar a hablar con Lukashenko. Eso es peligroso.

Animamos a nuestros socios europeos a mantenerse firmes, fieles a sus principios y decididos respecto a Bielorrusia. No debería haber apaciguamiento ni legitimación del régimen.

"Lo especialmente importante es que los cambios en la posición de Estados Unidos no dividan a la Unión Europea"
Las sanciones estadounidenses pueden utilizarse como instrumento de presión para liberar a presos políticos. Pero Europa tiene un papel diferente: Bielorrusia es su vecina. Una Bielorrusia libre, independiente y democrática también responde a los intereses de seguridad de Europa. Nuestra fórmula es que las sanciones estadounidenses pueden ayudar a liberar personas, y las sanciones europeas deberían ayudar a liberar el país.

Hablemos de España y de su apoyo al movimiento democrático en Bielorrusia.

Puede resultar sorprendente para la gente, pero España ha demostrado ser uno de los mayores apoyos de Bielorrusia y de sus fuerzas democráticas.

Geográficamente, están lejos. Bielorrusia podría no parecer una prioridad evidente para España. Pero la solidaridad mostrada por el Gobierno español, el Parlamento y, espero, la sociedad española ha sido considerable.

En primer lugar, España se ha alineado de manera constante con la política de la Unión Europea hacia Bielorrusia, incluidas las sanciones y la presión política sobre el régimen.

Nuestra estrategia tiene dos dimensiones: presionar al régimen al mismo tiempo que ayudamos a la sociedad bielorrusa a hacerse más fuerte. No estamos pidiendo a nadie que luche en nuestro lugar. Pedimos ayuda para poder hacernos nosotros mismos más fuertes y resilientes.

Pero España también ha adoptado algunas medidas que, en ciertos aspectos, no tienen precedentes. Muchas personas que se vieron obligadas a huir de Bielorrusia debido a la represión continúan sufriendo represión transnacional. Una de las herramientas que utiliza el régimen consiste en privar a los bielorrusos que viven en el extranjero de documentación válida. No podemos renovar nuestros pasaportes.

En España, gracias al ministro de Asuntos Exteriores, Albares, se introdujeron instrucciones específicas que permiten a los ciudadanos bielorrusos utilizar documentos caducados para renovar sus permisos de residencia. Es una medida extremadamente importante.

"España se ha alineado de manera constante con la política de la Unión Europea hacia Bielorrusia, incluidas las sanciones y la presión política sobre el régimen"
También está la cuestión de los presos políticos. Miles continúan encarcelados. Algunos han sido liberados gracias a los esfuerzos diplomáticos estadounidenses, pero muchos de quienes son liberados son expulsados inmediatamente de Bielorrusia. Las fuerzas democráticas tenemos entonces la responsabilidad de ayudarles a comenzar una nueva vida porque muchos lo han perdido todo.

Creamos el Fondo Humanitario Internacional, al que España ha contribuido en dos ocasiones. Ese dinero salva vidas de verdad. Financia rehabilitación física y psicológica, alojamiento y reubicación. También hemos abierto la Misión de la Bielorrusia Democrática en Madrid para representar a los bielorrusos en España y ofrecer un punto de referencia organizado para la diáspora. Eso también fue posible gracias al apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores español.

El presidente Sánchez ha mostrado un gran apoyo a Bielorrusia y se ha pronunciado públicamente sobre la cuestión. Me he reunido con él en varias ocasiones. También estamos intentando pensar en el futuro de Bielorrusia.

Después de la dictadura franquista, la sociedad española tuvo que atravesar su propio proceso de transición democrática y reconciliación. Bielorrusia acabará teniendo que afrontar cuestiones similares, y queremos aprender de la experiencia española sobre cómo puede gestionarse un proceso de este tipo. Por tanto, nuestra cooperación se desarrolla en muchos niveles: expertos, defensores de los derechos humanos e instituciones políticas.

Entiendo perfectamente que los ciudadanos españoles no puedan pensar todos los días en Bielorrusia. Tienen muchos problemas propios y existen muchas crisis en todo el mundo. Pero cuando Bielorrusia ha necesitado ayuda, España ha estado ahí.

No lo olvidaremos. Y cuando finalmente la democracia prevalezca en Bielorrusia, España habrá formado parte de esa historia.
 

Tijanóvskaya aborda el apoyo de España al movimiento democrático bielorruso y los próximos pasos de la oposición. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto


Permítame preguntarle por sus próximos pasos. ¿Cómo están trabajando actualmente —y cómo tienen previsto trabajar durante los próximos años— para lograr la democracia en Bielorrusia?

Bielorrusia es, hasta cierto punto, rehén de acontecimientos geopolíticos más amplios, sobre todo de la guerra entre Rusia y Ucrania.

El régimen bielorruso participa en el conflicto porque permite a Rusia desplegar misiles, armas nucleares e infraestructura militar desde su territorio. Nadie sabe si en algún momento podrían producirse provocaciones o una escalada en la frontera con la Unión Europea.

La sociedad bielorrusa y el movimiento democrático se oponen firmemente al régimen de Lukashenko. Estamos con Ucrania y queremos un futuro europeo para Bielorrusia.

Nuestra tarea actual es preservar la unidad y continuar desarrollando las instituciones y los instrumentos necesarios para resistir al régimen tanto dentro como fuera del país. Estoy orgullosa de lo que hemos conseguido.

En 2020 tuvimos un enorme levantamiento democrático. Fue brutalmente reprimido. Putin apoyó a Lukashenko y, actualmente, Putin y Lukashenko son aliados extremadamente estrechos. Ya no es realista imaginar que simplemente puedan separarse.

Durante seis años, Bielorrusia ha sufrido una enorme represión. En muchos aspectos, la gente vive en condiciones que recuerdan al periodo estalinista. Actualmente, más de 900 personas están encarceladas por motivos políticos y al menos medio millón de personas se han visto obligadas a abandonar el país debido a la represión. Y, aun así, hemos conseguido construir instituciones alternativas de poder en el exilio.

Los medios de comunicación independientes que fueron destruidos dentro de Bielorrusia han restablecido sus operaciones desde el extranjero. Alrededor del 70% de su audiencia sigue estando dentro de Bielorrusia. Eso nos dice algo importante: la gente sigue interesada. A pesar del miedo y la represión, las personas que están dentro del país continúan proporcionando información y datos a las instituciones democráticas.

También hemos establecido relaciones formales con la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y otros países. Nos hemos convertido en parte de estructuras políticas internacionales.

Hoy existen, políticamente hablando, dos Bielorrusias: un régimen al servicio de los intereses rusos y una sociedad bielorrusa que quiere un futuro europeo y convertirse en un socio fiable para Europa, en lugar de ser una fuente permanente de inseguridad.

A pesar de contar con un espacio y unos recursos muy limitados, hemos conseguido mantener a Bielorrusia en la agenda internacional. Seguimos recordando al mundo nuestra lucha y la situación de los presos políticos.

Y, después de la invasión rusa de Ucrania, también hemos demostrado algo más: Bielorrusia ya no es simplemente una cuestión de derechos humanos o humanitaria. Bielorrusia es una cuestión de seguridad europea.

"Bielorrusia ya no es simplemente una cuestión de derechos humanos o humanitaria. Bielorrusia es una cuestión de seguridad europea"
Una Bielorrusia libre y democrática responde a los intereses de seguridad nacional y colectiva de Europa. Solo con una Bielorrusia libre podrá llegar a ser más segura la frontera oriental de Europa.

Por eso, la victoria de Ucrania es esencial. Si la guerra simplemente se congela o si se permite que Ucrania pierda, el 'statu quo' en Bielorrusia también podría quedar congelado durante décadas. Rusia seguiría subyugando y absorbiendo gradualmente nuestro país.

Así que mi pregunta a Europa es si está preparada para ser lo suficientemente valiente y decidida como para defender su propio interés en una Bielorrusia libre y democrática.

Necesitamos algo más que expresiones de solidaridad y condenas. Necesitamos apoyo práctico y técnico, apoyo político y asistencia para los bielorrusos que viven en el extranjero. Necesitamos los recursos y la energía necesarios para continuar esta lucha. Apoyar a la Bielorrusia democrática no es caridad. Es una inversión en la seguridad europea.

En estos momentos, comprensiblemente, gran parte de la atención se centra en un posible acuerdo de paz ruso-ucraniano. Pero Bielorrusia suele tratarse como una cuestión separada de la que se podrá ocupar más adelante. Nuestro mensaje es: no pueden aplazar la cuestión de Bielorrusia hasta el día después de un acuerdo en Ucrania.

Si la cuestión bielorrusa no se aborda junto a la ucraniana, puede que simplemente estén posponiendo la siguiente escalada. Rusia no se olvidará de Bielorrusia. La subyugación rusa de Ucrania y Bielorrusia forma parte del mismo problema estratégico.
 

Tijanóvskaya y López Plana conversan sobre la seguridad europea y el riesgo de una escalada rusa. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto


¿Cree que Putin podría lanzar un ataque militar contra alguno de los Estados bálticos en un futuro previsible? Algunos expertos consideran que ese podría ser el siguiente paso. ¿Hasta qué punto debería Europa prepararse para esa posibilidad?

Como digo siempre: no hay que entrar en pánico, pero hay que estar preparados. Mucho depende de si Europa demuestra unidad. Mire los drones sobre Lituania; no hubo una respuesta importante, y Rusia puede interpretarlo como una luz verde para ir más lejos.

Viví en Lituania durante cinco años antes de trasladarme a Varsovia. Cuando comenzó la guerra, la gente ya hablaba de si Lituania u otros países de la región podrían acabar siendo atacados. El primer problema era la preparación militar, y desde entonces la situación ha mejorado considerablemente.

"No hay que entrar en pánico, pero hay que estar preparados. Mucho depende de si Europa demuestra unidad"
Pero hay otra cuestión: la sociedad. Recuerdo a gente preguntando si, en caso de ataque, nuestros socios vendrían realmente a ayudarnos y defendernos. Había incertidumbre al respecto, y esa sensación es extremadamente peligrosa porque significa que los ciudadanos no confían plenamente en la fortaleza de la alianza a la que pertenecen. Quizá esa incertidumbre no exista únicamente en la sociedad, sino también en el ámbito político.

Si Rusia percibe debilidad o desunión, puede decidir poner a prueba a Europa. Los expertos suelen mencionar, por ejemplo, el corredor de Suwałki, pero también tenemos que entender que la guerra actual tiene muchos frentes diferentes y ya no consiste únicamente en una invasión terrestre. Los soldados rusos no tienen necesariamente que cruzar una frontera: hay drones, operaciones cibernéticas, sabotajes y otras formas de ataque.

En Bielorrusia se está construyendo nueva infraestructura militar que no sería necesaria si el país no se estuviera preparando para un posible conflicto. Hay antenas capaces de redirigir drones y de incrementar la actividad de inteligencia a lo largo de las fronteras con la Unión Europea. ¿Significa esto que son posibles las provocaciones o una escalada? Sí. ¿Significa que podemos estar seguros de que ocurrirán? Por supuesto que no.

Rusia está destinando enormes recursos a la guerra en lugar de mejorar la vida de la población. ¿Hay algún límite a lo que la sociedad rusa está dispuesta a tolerar?

Rusia nunca ha invertido lo suficiente en su población. Incluso antes de la guerra existía una enorme brecha entre la riqueza acumulada por las empresas, los oligarcas y el círculo de Putin y los recursos dedicados a los ciudadanos corrientes.

Además, hay otro problema: las actitudes imperialistas siguen profundamente arraigadas en sectores significativos de la sociedad rusa. Muchas personas creen que la guerra contra Ucrania está justificada. La propaganda también las está preparando ahora para considerar a Europa un enemigo y contemplar la posibilidad de una confrontación mucho más amplia.

La narrativa es: somos un gran país; ¿cómo se atreven a desafiarnos? Las personas influidas por estas ideas imperialistas pueden apoyar la confrontación. Cambiar esa mentalidad podría llevar décadas, quizá generaciones. Pero, para que ese proceso pueda siquiera comenzar, primero Rusia debe ser derrotada en su intento de subyugar a sus vecinos.
 

Tijanóvskaya responde sobre el efecto de las sanciones y la economía de guerra en Bielorrusia y Rusia. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto


Ha mencionado a los oligarcas. ¿Podrían la presión económica y las sanciones acabar modificando su posición hacia Putin? Están perdiendo acceso a mercados y activos. ¿Podría eso traducirse en presión política?

Me resulta difícil juzgar directamente a Rusia porque los contextos ruso y bielorruso son diferentes. Puedo hablar con más seguridad sobre Bielorrusia. Por supuesto, los empresarios no están contentos cuando no pueden comerciar con normalidad. Pero las dictaduras construyen sistemas diseñados para proteger al dictador.

Incluso los empresarios poderosos pueden mantenerse bajo control mediante el miedo. Los servicios de seguridad actúan en nombre del régimen; los tribunales funcionan verticalmente; y, en cualquier momento, un empresario puede ser detenido y encarcelado. Lo hemos visto en Bielorrusia.

"Los empresarios no están contentos cuando no pueden comerciar con normalidad. Pero las dictaduras construyen sistemas diseñados para proteger al dictador"
Al mismo tiempo, algunos empresarios vinculados al régimen pueden seguir ganando dinero junto al dictador. La guerra también puede cerrar algunas oportunidades económicas y crear otras.

En Bielorrusia, por ejemplo, la guerra ha creado importantes oportunidades económicas para determinadas partes del sistema de Lukashenko porque las empresas bielorrusas están produciendo equipamiento y suministros militares para la maquinaria de guerra rusa.

Así que, mientras algunos oligarcas o empresas pueden perder dinero debido a las sanciones, otros pueden beneficiarse de la economía de guerra. Algo parecido puede estar ocurriendo en Rusia, aunque no puedo juzgar la situación rusa con la misma seguridad.

Muchas gracias.
En alianza con
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Agenda Pública Corp
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