A principios de mes, en Agenda Pública dimos una amplia cobertura sobre los debates acontecidos a raíz de la
convulsa actualidad geopolítica en el Foro La Toja. Mucho fue lo que se abordó y se analizó ahí, pero hubo una cita que, además de darnos un gran titular —
"Si Xi Jinping quiere, acaba la guerra en Ucrania"—, sembró en el periodista que escribe estas líneas la inquietud sobre el papel que juega el gigante asiático en el cada vez más intenso retrato global.
China, sin duda alguna, opera mucho más allá de sus fronteras.
La competencia manufacturera, comercial, de inversión y arancelaria con Estados Unidos es lo que ha ido redefiniendo los balances de poder durante la última década. Estos hechos, ante conflictos como el que se sigue librando en la frontera ruso-ucraniana, o la polarización sobre la idea de democracia que se ha gestado a raíz del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, han recompuesto las rutas diplomático-económicas del mundo. Sin embargo,
¿qué es lo que sucede más allá de Estados Unidos y Europa?
"China no ha entrado en América Latina como conquistador, sino como constructor y prestamista"
En el actual tablero mundial del siglo XXI, China no ha entrado en América Latina como conquistador, lo ha hecho como constructor, prestamista y con la firme idea de la consolidación de su presencia como socio estratégico. En los 19,2 millones de kilómetros cuadrados que componen al subcontinente definido por México, Centroamérica y Sudamérica,
hace tiempo que el capital chino comenzó a sembrar, y es ahora que se dispone a cosechar los frutos. La vasta red de inversiones que ha tejido en la región, por ejemplo, ya dejó en
2024 dividendos por más de 500.000 millones de euros vía el comercio bilateral. Cifras de esa magnitud
colocan al gigante asiático como uno de los principales inversores en la región.
Siguiendo la misma línea, de acuerdo con el último informe del Monitor de la OFDI (inversión extranjera directa, en por sus siglas en inglés) china en América Latina, de la Red ALC-China (una red interuniversitaria creada en el Centro de Estudios China-México, de la Universidad Nacional Autónoma de México), desde el año 2000 hasta 2024, China ha invertido más de 160.000 millones de euros en la región. Y una de las más recientes noticias al respecto fue el anuncio de Xi Jinping de que abrirá una nueva línea de crédito de 9.200 millones para proyectos de desarrollo sostenible.
Con esas cifras, todo indica que los megaproyectos que redefinirán el futuro de las economías latinoamericanas tendrán como brújula a los despachos de Pekín, Shanghái, Guangzhou o Chongqing.
¿Otra puerta comercial para China, o un futuro compartido entre dos gigantes?
Más allá de los números, este panorama nos orilla hacia la reflexión sobre la narrativa que se creará a partir de ahora entre el gran dragón de Asia y el continente mestizo.
Hace poco menos de un mes, el embajador chino en México, Chen Daojiang, publicó un artículo en el diario mexicano El Financiero en el que ahonda en el porvenir de las relaciones entre ambas economías.
El título de la pieza es "China y América Latina: juntos por el futuro compartido".
"El embajador chino en México apuesta por la apertura y el acercamiento comercial frente al desafío del proteccionismo arancelario"
Además de señalar que, de continuar con la cooperación y la inversión en altos niveles, ambas partes se beneficiarán mucho tanto en el desarrollo tecnológico como en la creación de redes comerciales, el embajador aborda un tema de suma importancia geopolítica: la resistencia al proteccionismo. Con esta pieza, Daojiang llama a enfrentar los desafíos del actual escenario internacional como el unilateralismo y el proteccionismo arancelario más extremo, apostando por la apertura y el acercamiento comercial. Eso, desde luego, tendrá como resultado una modernización conjunta de ambos actores, en donde el crecimiento debe de ser, de acuerdo con el autor, sostenible y equitativo.
Por otra parte, la APEC (el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) lleva años destacando el remarcable interés de China como un inversor sin precedentes con el bloque de países latinoamericanos. Durante la cumbre de la APEC de Lima (Perú) en 2024, varias voces remarcaron que, pese a que varios países latinos aún guardan cierta distancia con el foro, China sigue dejando claro que, a día de hoy, busca ser un actor transformador en el desarrollo de las inversiones, la conectividad digital y el comercio.
Una de esas voces fue la de Gerardo Torres Valdés, analista del grupo de medios de comunicación mexicano Milenio. Para él, "
China no solo participa en APEC, la usa como trampolín para consolidar su presencia en América Latina, donde otros actores aún dudan". Otra, ha sido la de la Fundación Andrés Bello, un
think tank independiente con sede en Bogotá (Colombia), que se dedica al análisis y el estudio de las relaciones sino-latinoamericanas.
Para ellos, la consolidación del liderazgo comercial y estratégico de China en la región ya es innegable, y para muestra destacan el caso del mega puerto multimodal de Chancay (Perú).
"El megapuerto de Chancay es un hito logístico y geopolítico entre Asia y Sudamérica"
¿Y cuál es la relevancia de ese proyecto? Sencillamente, se trata de un hito logístico y geopolítico entre Asia y Sudamérica, que fue financiado —en gran parte— por Cosco Shipping Ports, una empresa estatal china. Se calcula que la inversión fue de 1.300 millones de euros, y fue proyectado para transformar el comercio a nivel transpacífico. Pero más allá de Perú, la Fundación Andrés Bello también ha destacado que, por ejemplo, la planta refinadora de zinc en Oruro (Bolivia) o la fábrica de autos eléctricos BYD (Build Your Dreams) en Brasil, son hechos innegables de que la presencia del gigante asiático en Sudamérica ya es una realidad. Otras megainversiones son los proyectos de litio —ya conocido como el nuevo "oro blanco"— de las empresas chinas en Argentina y en Bolivia. Un ejemplo de ellas es el de Tres Quebradas (3Q), a cargo de Zijin Mining Group, en Catamarca.
Renderización de la propuesta del megapuerto en Chancay, Perú. Foto: Ministerio de Comercio Exterior de Perú
La otra cara de la moneda: el riesgo de una dependencia excesiva
¿Estamos hablando de una nueva ruta de la seda, o de otro fenómeno de sobreexplotación de un gigante económico en un continente que rebosa en recursos?
La pregunta es incómoda, pero abre el plano a la reflexión sobre si, en realidad, América Latina se está ya beneficiando tanto como se cree de las inversiones chinas in situ. Lo cierto es que el dragón de oriente no ha llegado a la región con galeones ni cañones, sino con memorandos y promesas de modernización.
"The Economist advierte sobre una creciente dependencia de América Latina hacia el gigante asiático en sectores estratégicos como la energía o la minería"
No hace falta leer el texto, pues con solo ver la viñeta que ilustra la pieza, uno puede hacerse a la idea del contenido: una clásica trampa para ratones, pero de color rojo y con cinco estrellas amarillas en una esquina. El diario The Economist publicó hace poco más de un año un artículo bastante crítico sobre este fenómeno. "Aunque Estados Unidos sigue siendo el mayor socio comercial de la región en su conjunto, China es ahora el mayor de Sudamérica, junto con Brasil, Chile y Perú, entre otros.
La presencia del gigante asiático no es solo económica. Sus embajadores conocen bien América Latina y hablan bien español y portugués. Su personal diplomático se ha ido ampliando. Estados Unidos, por el contrario, suele dejar vacantes puestos de embajador debido al bloqueo político en Washington.
A los funcionarios locales, periodistas y académicos se les ofrecen viajes gratuitos a China. Durante la pandemia,
China envió vacunas a América Latina mucho más rápido que Estados Unidos o Europa", sostiene el rotativo británico en su arranque. Y, en resumen, advierte sobre una creciente dependencia de América Latina hacia el gigante asiático
en sectores estratégicos como la energía, las comunicaciones, y, por supuesto, la minería.
Por otro lado, Diego Abente Brun, director del programa de Estudios Latinoamericanos de la Elliott School of International Affairs de la George Washington University sostiene lo siguiente: "El capital chino es un capital paciente: no espera un retorno inmediato, está dispuesto a absorber costos, a diferir beneficios; está mirando con una perspectiva de muy largo plazo". Además, añade: "esto que se ve en la política económica china se ve en la política exterior, es una diferencia con Estados Unidos muy importante a tener en cuenta".
Claro está que una transformación geopolítica y, evidentemente, económica no podría dejar de generar polémica. Muchas de las megainversiones chinas han generado controversia por los daños medioambientales causados, así como el desplazamiento de algunas comunidades en los países receptores. La misma Fundación Andrés Bello, ha alertado sobre los efectos de distintos proyectos en territorios indígenas, además de la fragilidad de algunos ecosistemas y de la conflictividad social. En pocas palabras, ha cuestionado la falta de transparencia y consulta previa en algunos de estos emprendimientos.
"Existen artículos que intentan mostrar cómo la relación comercial con China ha impactado negativamente en las estructuras productivas latinoamericanas"
Otra de las voces que ha cuestionado este fenómeno, poniendo los reflectores en la asimetría en los acuerdos comerciales entre ambas partes es la economista Lesbia Pérez-Santillán, del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, de la Universidad Autónoma Metropolitana (México). Ella ha publicado artículos mostrando cómo la relación comercial con China ha impactado negativamente en las estructuras productivas latinoamericanas. Grosso modo, denuncia el fomento de la "reprimarización" y la limitación del desarrollo industrial de los países receptores del capital chino.
Finalmente, más allá de los retos y las oportunidades que represente la presencia china en Latinoamérica, su influencia ya es palpable: en términos diplomáticos, en puertos, empresas, fábricas y desarrollo tecnológico, y un megapuerto que redefinirá el comercio transoceánico. Pero en cada contrato hay un espejo, y en cada puerto una pregunta: ¿estamos ante una oportunidad de negocios irrenunciable, o se trata de otra historia más de explotación de una megapotencia en un continente al que le sobran los recursos?".
La diplomacia china habla de desarrollo y beneficio mutuo, pero los críticos advierten sobre la dependencia, opacidad y desequilibrio que puede ensombrecer este idilio geopolítico. ¿
Cómo será el resto de esta relación que está recomponiendo buena parte del mapa global? La respuesta la dará el tiempo —y los dividendos de los millones invertidos, y las relaciones diplomáticas, y la sostenibilidad de los recursos—.