El ascenso de China ha ido acompañado de una serie de predicciones que recibieron en su momento una aceptación bastante generalizada, pero que luego se vieron invalidadas por la realidad.
El desarrollo económico no ha traído la democracia, y la ausencia de ésta no ha sido un freno para que China se convierta en una potencia en tecnología e innovación.
"El desarrollo económico no ha traído la democracia, y la ausencia de esta no ha sido un freno para que China se convierta en una potencia en tecnología e innovación"
El ascenso de China es uno de los fenómenos más importantes que se ha producido en el mundo en las últimas décadas.
China ha protagonizado la mayor revolución económica de la historia, en el sentido de que no se tiene conocimiento de un proceso por el cual un colectivo tan grande de población haya experimentado un progreso tan intenso en sus condiciones económicas en un periodo de tiempo tan corto.
La transformación de China ha ido acompañada de una serie de predicciones realizadas por analistas y politólogos, sobre las consecuencias e implicaciones de esta revolución. Cerca de medio siglo después de que se iniciara el proceso de reforma que ha transformado a China y su papel en el mundo,
algunas de estas predicciones, de gran relevancia, no se han cumplido. Vamos a revisar a continuación cuatro de estas predicciones.
El desarrollo económico terminará convirtiendo a China en un país democrático
Esta es probablemente la predicción más medular de todas.
Durante décadas, una tendencia bastante extendida fue analizar el sistema político chino basándose en la teoría según la cual existe una correlación entre desarrollo económico y democracia. Esta teoría —basada en la hipótesis de la modernización del sociólogo estadounidense Seymour Lipset— señala que el crecimiento económico, el aumento de la prosperidad, termina creando unas condiciones que favorecen la transición de sistemas autoritarios hacia sistemas democráticos.
La base de esta teoría, de forma simplificada, es que
la modernización y el crecimiento generan un aumento de las clases medias y acomodadas, que reclaman una participación en la gestión de los asuntos de la sociedad. Por el contrario, la mayor complejidad de una economía más avanzada requiere mecanismos democráticos de participación para mantener su eficiencia. Las transiciones de sistemas autoritarios a democráticos que se produjeron en su momento en numerosos países (Grecia, Portugal, España, Corea del Sur, Taiwán, etc.) se explicarían con base en esta correlación entre nivel económico y democracia.
Los sucesos de Tiananmen de 1989 se interpretaron por muchos como una explosión provocada por la contradicción entre el fuerte desarrollo económico que China estaba experimentando y el inmovilismo político. Numerosos analistas pronosticaron entonces el inminente colapso del régimen comunista chino.
"La primera fuente de apoyo social del Partido Comunista se encuentra precisamente en las clases medias y acomodadas, que ven en el Partido la garantía de la estabilidad del país y, por tanto, de su prosperidad económica"
En el caso de China esta teoría ha fallado de forma manifiesta. China ha registrado un impresionante crecimiento económico y un gran aumento del nivel de vida de su población. Cuenta hoy con amplias capas de población con niveles de renta medios y altos. Sin embargo,
el Partido Comunista sigue sólidamente asentado en el poder. Su primera fuente de apoyo social se encuentra precisamente en las clases medias y acomodadas, que ven en el Partido la garantía de la estabilidad del país —y, por tanto, de su prosperidad económica—. No hay fuerzas políticas de oposición que tengan una mínima entidad.
Además, en los últimos años, en la era de Xi Jinping, con una China que se ha convertido en una de las dos grandes potencias económicas del mundo,
se ha entrado en un proceso de involución política, frente a las tendencias liberalizadoras anteriores: refuerzo de la represión de cualquier disidencia, creciente carácter personalista del poder (frente a la anterior tendencia hacia un ejercicio más colectivo del mismo), mayor recorte de libertades, supresión de la autonomía de Hong Kong (y persecución de los activistas políticos de esta ciudad), etc. Se ha reforzado, pues, el carácter autoritario del sistema político.
La entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC) favorecería la inserción internacional de China y su aceptación del orden internacional
China se incorporó a la OMC en 2001. Muchos pronosticaron entonces que su plena incorporación al sistema de relaciones económicas internacionales favorecería su "homologación" política (es decir, su democratización) y económica.
Sobre la homologación política ya he hablado en el punto anterior.
Sobre el orden internacional,
China ha manifestado, en especial en la era de Xi Jinping, su intención de modificarlo. Considera que fue creado en una época muy distinta a la actual, y en él no se reconoce adecuadamente el papel y la importancia de China.
China ha impulsado así importantes iniciativas, como la
Ruta de la Seda o los
BRICS, aspirando a ejercer un papel de liderazgo del denominado sur global. Ha creado nuevas instituciones financieras, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, que "compiten" con instituciones financieras tradicionales como el Banco Mundial o el Banco Asiático de Desarrollo.
China ha desarrollado una alianza con Rusia, que la separa del
mundo democrático occidental.
En política exterior,
China ha adoptado una política agresiva, que la ha llevado a enfrentamientos con numerosos países. Las diferencias y conflictos con India, Australia, la Unión Europea, los países asiáticos con los que mantiene disputas territoriales en el mar del Sur de China, han aumentado de manera alarmante. Ha intensificado su presión sobre Taiwán. La posibilidad de un conflicto militar con Taiwán es uno de los grandes riesgos geopolíticos a medio plazo.
Sin democracia, el progreso económico se frenará
Muchos analistas han sostenido que, a partir de un cierto nivel económico, los sistemas autoritarios actúan como un freno al desarrollo económico, que necesita para avanzar de un clima de libertades que fomente el emprendimiento, la iniciativa empresarial.
China ha mantenido, e incluso reforzado, su sistema político autoritario, pero ha seguido progresando económicamente.
La economía ha continuado creciendo a lo largo del tiempo (con los problemas y fluctuaciones que tiene cualquier país), dando muestras de una gran capacidad de adaptación.
"China está dando un gran salto adelante en las cadenas globales de valor, dejando de ser 'la gran fábrica del mundo' basada en bajos costes para transformarse en una economía basada en el conocimiento y la tecnología"
Con el cambio de modelo económico en marcha desde hace unos años,
China está dando un gran salto adelante en las cadenas globales de valor, dejando de ser "la gran fábrica del mundo" basada en bajos costes para transformarse en una economía basada en el conocimiento y la tecnología. Ha alcanzado una posición determinante en diversos sectores (energías renovables, vehículos eléctricos, etc.).
El poder político no solo no ha sido un obstáculo para esos cambios, sino que en buena medida ha liderado e impulsado esa transformación.
China es eficiente para copiar y aplicar, pero tiene capacidades limitadas para innovar
Aquí aparece de nuevo el factor político: según esta predicción, la innovación, el progreso tecnológico, necesitan de un marco democrático para desarrollar sus capacidades.
A principios de este año, se produjo la conmoción que supuso la irrupción de
DeepSeek, una herramienta que ponía a China en competencia con Estados Unidos en el desarrollo de la inteligencia artificial, y que probablemente es
la prueba más significativa de que las capacidades de China en innovación van mucho más allá de la simple copia y aplicación.
Vamos a asistir a una
batalla apasionante entre China y Estados Unidos por el liderazgo mundial en inteligencia artificial, en lo que constituye una rivalidad mucho más general en todo lo que se refiere a tecnología.
El progreso de China en innovación ha sido constante. En el
Global Innovation Index que publica WIPO (World Intellectual Property Organization),
China ha pasado en el ranking mundial de innovación del puesto veintinueve en 2015 al puesto once en 2024 (situándose por delante de países como Francia, Japón, Canadá e Israel).
El imparable avance tecnológico de China ha cuestionado también la efectividad de las actuaciones de Estados Unidos dirigidas a frenar ese avance. Para muchos analistas, el objetivo de fondo de las
políticas proteccionistas de Trump no es tanto lograr una corrección del déficit comercial como
frenar el ascenso de China a una posición de liderazgo tecnológico en el mundo, que amenace el liderazgo americano. El dinamismo que ha mostrado China pone de relieve las dificultades para alcanzar ese objetivo.
En resumen,
China ha roto una serie de esquemas que en su momento se aceptaron con bastante generalidad. Como hemos visto, el factor político aparece como un condicionante clave.
¿Qué puede pasar en el futuro? La evolución de la República Popular China desde su fundación en 1949 ha conocido bruscos cambios. Es difícil hacer previsiones.
Un tema clave es qué vendrá tras Xi Jinping. Es posible que en la etapa posterior a Xi vengan otros dirigentes políticos, que podrían impulsar una orientación distinta, abrir una nueva etapa en la evolución de la República Popular (en la que podemos distinguir hasta ahora tres grandes etapas: la maoísta, la de la reforma de Deng Xiaoping y la de Xi Jinping). Estos dirigentes podrían volver a la senda que precedió a Xi, que fue una senda de liberalización, ejercicio más colectivo del poder, política exterior menos asertiva.
Una senda que podría llevar eventualmente hacia una gradual democratización.
El autoritarismo político no tiene por qué ser irreversible. A pesar de las características culturales y sociales de la sociedad china,
Taiwán ha demostrado que la democracia es compatible con estas.