

"Este acuerdo ayuda a empujar el mundo hacia una lógica distinta a la de la ley del más fuerte que hoy se impone:va hacia el comercio regulado, mutuamente beneficioso"La apuesta va más allá de los aranceles y las cuotas. Es la tentativa de empujar el mundo hacia una lógica distinta a la de la ley del más fuerte que hoy se impone: la del comercio regulado, mutuamente beneficioso, previsible, donde no haya ganadores absolutos ni decisiones unilaterales disfrazadas de acuerdos. En un momento en que la tentación de volver a la ley de la selva se expande, Europa y América Latina proponen un orden guiado por normas, instituciones y una noción de interdependencia que no humilla, sino que fortalece.
"En el debate nacional español este papel se percibe poco, eclipsado por la crispación cotidiana, como si el país no fuera consciente de que aquí reside también su capacidad de influencia internacional"No se hubiera llegado hasta aquí, la última milla, sin la posición proactiva de España. Conviene recordarlo sin falsa modestia. Ha sido España la que, una y otra vez, ha empujado dentro de la Unión a favor del acuerdo, la que ha sabido tender puentes y desbloquear resistencias que parecían inamovibles. Sin ese empeño, la negociación seguiría empantanada en el laberinto europeo. Y, sin embargo, en el debate nacional español este papel se percibe poco, eclipsado por la crispación cotidiana, como si el país no fuera consciente de que aquí reside también su capacidad de influencia internacional y una oportunidad económica de primer orden. España no solo ha jugado un papel clave: tiene en sus manos la ocasión de demostrar que su peso no se limita al Mediterráneo, sino que puede moldear la agenda global de Europa.

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