La primera victoria electoral de Emmanuel Macron en 2017 se interpretó en Bruselas como el dique de salvación para la Unión Europea frente al éxito del Brexit en Reino Unido solo unos meses antes. Pero el fin de ciclo del presidente francés, agravado por la caída este lunes
de su tercer primer ministro en poco más de un año, augura un período de turbulencias sin apenas precedentes en
una Unión Europea que, por primera vez en muchísimo tiempo, se verá obligada a funcionar, o más bien renquear, con sus dos principales motores —Francia y Alemania— en un estado calamitoso tanto política como económicamente.
El fin de ciclo del presidente francés, agravado por la caída este lunes de su tercer primer ministro en poco más de un año, augura un período de turbulencias sin apenas precedentes en una Unión Europea"
La economía alemana está acusando el triple impacto de los cambios geopolíticos procedentes de EE. UU., que castiga su superávit comercial con aranceles, de Rusia, que supuso el fin de energía barata tras la invasión de Ucrania, y de China, cuyo mercado se está cerrando tanto a las exportaciones alemanas como a la salida de materiales imprescindibles para la industria germana.
El gobierno de coalición presidido por el canciller Friedrich Merz capea con dificultades la nueva coyuntura económica y su margen para liderar Europa se reduce por momentos, sobre todo, si no cuenta con el imprescindible apoyo de Francia.
A Macron, en teoría, le quedan todavía dos años de legislatura y ya ha demostrado con anterioridad que puede ejercer un potente liderazgo europeo incluso cuando tiene la retaguardia nacional hecha trizas. Pero l
a caída del Gobierno presidido por François Bayrou, provocada por el rechazo de la Asamblea Nacional a sus planes de recortes presupuestarios, deja al presidente francés sin apenas capital político y convertido en un pato cojo que solo penosamente puede arrastrarse hasta el final de mandato y sin fuerza para tirar de una Unión Europea golpeada por numerosos flancos.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que en su primer mandato aprovechó con éxito la potencia de un eje franco-alemán liderado por Macron y la canciller Angela Merkel, lleva meses varada, incapaz de adoptar ninguna iniciativa política de altura. La renovación de su mandato en 2024 coincidió el ascenso de las fuerzas euroescépticas y ultraderechistas en el Parlamento Europeo, lo que ha mermado los apoyos con los que contaba. Y
las elecciones anticipadas en Alemania y el cambio de gobierno dejaron a Von der Leyen a la espera de un impulso político que no ha acabado de llegar y que con Macron en caída libre probablemente ya nunca llegará.
"La posibilidad de que Francia, la segunda potencia de la Unión, se vea sumida en una grave crisis económica y de deuda similar a la de Grecia, y que acabe con un gobierno abiertamente hostil a Bruselas, ya no se ve en la capital comunitaria como un escenario remoto o inverosímil"
La posibilidad de que Francia, la segunda potencia de la Unión, se vea sumida en una grave crisis económica y de deuda similar a la de Grecia, y que acabe con un gobierno abiertamente hostil a Bruselas presidido o tutelado por Marine Le Pen, ya no se ve en la capital comunitaria como un escenario remoto o inverosímil. La única duda que queda ya en Bruselas es calibrar el potencial devastador de un gobierno euroescéptico en París, con las apuestas señalando en diversas direcciones.
La formación de Le Pen podría optar, si llega al poder, por una fórmula a lo Giorgia Meloni, con restricción de derechos o libertades a nivel nacional pero sin apenas consecuencias, al menos a corto plazo, para el funcionamiento del club europeo ni de la OTAN.
Más temible se ve la opción húngara, con un país del tamaño de Francia dispuesto a obstaculizar o sabotear la acción de la UE como viene haciendo desde hace años el gobierno de Viktor Orbán desde Budapest.
Y cabe también la posibilidad de que Francia caiga en un desquicie populista como el protagonizado en EE. UU. por Trump o en Argentina por Javier Milei, una deriva que también ha sufrido con altibajos el Reino Unido hasta que terminó fuera de la UE y ahora con un extremista como Nigel Farage pugnando por llegar a Downing Street.
Sea cual sea el desenlace francés, e incluso si Macron logra sacar otro conejo de la chistera,
la previsible parálisis del eje franco-alemán por un tiempo indefinido deja a Europa a merced de unos vientos que ya soplan claramente en su contra.
"La única duda que queda ya en Bruselas es calibrar el potencial devastador de un gobierno euroescéptico en París, con las apuestas señalando en diversas direcciones"
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca por segunda vez
ha cambiado por completo el tablero geoestratégico y ha dejado a la UE en un peligroso callejón sin salida del que no sabe cómo salir.
Europa se encuentra tan desarbolada que ya se conforma con el mal menor, como dejó claro Von der Leyen en la primera derrota frente a EE. UU. en la guerra comercial lanzada por Trump.
Bruselas ha aceptado sin rechistar los aranceles del 15% decididos arbitrariamente por el estadounidense y su principal argumento para defender el acuerdo es que otros países han soportado un trato aún peor. La humillación ante Trump también abarca el terreno humanitario, con una Comisión en silencio ante las atrocidades cometidas por el Gobierno israelí en Palestina con el beneplácito de Washington.
La Unión tampoco es capaz de plantar cara al presidente ruso, Vladímir Putin. Los aliados europeos más arrojados solo están dispuestos a desplegar tropas en defensa de Ucrania si EE. UU. les garantiza que les protegerá de un posible ataque ruso. Y ante el presidente chino, Xi Jinping, Bruselas es incapaz de articular una posición propia y firme, atenazada por el temor de las represalias de Trump si se acerca a Pekín y asustada ante el creciente poderío del gigante asiático.
"Europa ha encajado mal el desprecio de Trump, la insolencia de Putin y el ninguneo por parte de Xi"
Europa ha encajado mal el desprecio de Trump, la insolencia de Putin y el ninguneo por parte de Xi. Los intentos de sacar músculo, como el séquito de líderes europeos arropando al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ante Trump, han terminado en imágenes humillantes para el Viejo continente.
Trump, Xi y Putin parecen forjar un orden internacional que sustituya al surgido tras la II Guerra Mundial y en el que Europa vuelva a ser poco más que un campo de batalla comercial, diplomática o, en el peor de los casos, bélico. Un abismo hacia el que Europa se acerca un poco más por culpa de la debacle de Macron en Francia.