

El nuevo curso político ha arrancado con la intensidad con la que terminó el anterior. España vive en un escenario de polarización asimétrica, con una legislatura que ha superado su ecuador y que, pese a la apariencia de estabilidad institucional, está marcada por la amenaza constante de sobresaltos políticos, judiciales y mediáticos. En este contexto, la pregunta que sobrevuela este inicio de septiembre es clara: ¿podría acabar este curso con una convocatoria anticipada de elecciones generales?
El Partido Popular afronta el inicio de curso con un liderazgo, el de Alberto Núñez Feijóo, que no termina de consolidarse. Solo el 42% de sus votantes muestra su preferencia por él como presidente del Gobierno, según el CIS de julio. Su perfil institucional y moderado, que parecía su gran baza frente a Pedro Sánchez, se diluye cada vez que los líderes territoriales, como Isabel Díaz Ayuso, acaparan protagonismo y marcan la agenda interna.
A ello se suma una estrategia de oposición que oscila entre la crítica constante al Gobierno y la mimetización de Vox en la llamada "batalla cultural". El PP parece atrapado en un bucle: percibe a Vox como amenaza electoral, pero adopta parte de su discurso para intentar frenarlo. El resultado es un partido conservador que no logra proyectar una imagen clara de alternativa y que corre el riesgo de aparecer como rehén de los mismos marcos retóricos de la ultraderecha.
"Después de una etapa sin crecimiento, Vox vuelve a emerger electoralmente de cara a las próximas elecciones"
Ese terreno abonado por la crispación y la desafección política se ha convertido en un caldo de cultivo que Vox está sabiendo explotar. El partido de Santiago Abascal no solo crece como fuerza identitaria, sino también como opción de ruptura frente a PP y PSOE. Tras un periodo de estancamiento, vuelve a situarse en las encuestas con expectativas de crecimiento, especialmente entre los menores de 45 años y sectores hasta hace poco ajenos a la ultraderecha.
El fenómeno no es exclusivo de España: en buena parte de Occidente, los partidos conservadores experimentan tensiones similares frente al ascenso de fuerzas extremistas. En el caso español, Vox se ha consolidado como tercera fuerza política estable y condiciona el marco general del debate político.
El calendario electoral añade incertidumbre. En febrero concluirá la legislatura en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco buscará revalidar el gobierno. Sin embargo, la gestión de los incendios de este verano en León y Zamora ha dañado su reputación, y el fracaso de la coalición con Vox —que rompió todos los gobiernos autonómicos con el PP en julio de 2024— ha dejado al ejecutivo debilitado.
En estas elecciones, Vox intentará mejorar el resultado obtenido en 2022, mientras que candidaturas provinciales, como Unión del Pueblo Leonés, pueden erosionar aún más al PP. El partido intentará plantear la cita en clave nacional, como preludio del "fin del sanchismo", pero corre el riesgo de recibir un resultado agridulce.
A este panorama se podría sumar un hipotético adelanto electoral en Andalucía, cuya legislatura concluye en junio de 2026. Allí, Juan Manuel Moreno Bonilla gobierna sin desgaste, lo que podría tentar al PP a mover ficha. La hoja de ruta pasaría por aprobar los presupuestos andaluces y adelantar unos meses las elecciones, quizás, haciéndolas coincidir con los comicios en Castilla y León.
Parece que la primera posición electoral para Bonilla en Andalucía no está en riesgo. En cambio, no se puede decir lo mismo de su mayoría absoluta. Esa será la gran incógnita a resolver. Puede que el bajo nivel de controversia generado por el gobierno andaluz haga pensar a la mayoría que le votó que valdría la pena seguir apoyándolo. Pero también podría suceder un escenario alternativo: que una parte del voto cercano al PSOE, que le apoyó para evitar su dependencia de Vox ahora ya no tenga tan claro si vale la pena volver a votar al centroderecha, una vez que se ha normalizado la presencia de la ultraderecha, gracias en buena medida al propio PP.
"Perder la mayoría absoluta en Andalucía podría mostrar como caducado el proyecto alternativo a Ayuso dentro del PP"
Si Bonilla no ha logrado consolidar ese grupo de nuevos votantes, su mayoría depende de un hilo. Y sin mayoría absoluta, no solo cambiará el escenario andaluz. Con ello, podría desvanecerse la gran alternativa estratégica a Ayuso dentro del PP hasta ahora. Una que parecía contener a VOX, alejándose de él, y no tratando de absorberlo, como sucede en Madrid.
En cambio, un triunfo en la comunidad más poblada sería un golpe duro para el PSOE, aunque no resolvería el problema de fondo del PP en el conjunto del Estado: su relación con Vox.
En paralelo, el Gobierno afronta el reto de presentar los presupuestos generales del Estado. Su aprobación se antoja complicada: necesita el apoyo de ERC, Junts y Podemos, en un contexto en el que la formación morada busca diferenciarse de Sumar.
Si no logra aprobarlos y se ve obligado a prorrogar las cuentas, quedará retratada una de las características de esta legislatura: la fragmentación parlamentaria. Aun así, Sánchez podría intentar transformar esa debilidad en fortaleza, presentándose como garante de la estabilidad progresista frente al bloqueo conservador.
Pero no serán solo los presupuestos o las elecciones autonómicas los que marquen el ritmo. En abril y mayo está previsto el juicio del caso Kitchen, un escándalo que implica a las altas esferas del Ministerio del Interior durante el Gobierno de Mariano Rajoy.
La operación, destinada a espiar al extesorero del PP Luis Bárcenas para sustraer pruebas sobre la financiación irregular del partido, supone un caso paradigmático de utilización partidista del Estado. Su impacto mediático puede ser devastador, no solo por lo que revela sobre las prácticas del pasado, sino porque afecta directamente a la credibilidad del PP actual.
Un proceso judicial de estas dimensiones puede erosionar aún más el liderazgo de Feijóo, atrapado entre la herencia del PP y la falta de impulso propio para proyectarse hacia el futuro.
En este escenario, no puede descartarse un movimiento de Sánchez: convocar elecciones anticipadas en primavera. Si el desgaste del PP se acentúa con el caso Kitchen y Vox sigue al alza, el presidente podría colocarse nuevamente como el candidato del “orden” frente a la amenaza de la ultraderecha.
"El adelanto electoral podría ser beneficioso para el PSOE si se cumplen unas circunstancias bastante plausibles"
Un adelanto tendría varias ventajas para el PSOE. Permitiría al Gobierno tomar la iniciativa en lugar de verse arrastrado por la oposición o las dificultades parlamentarias. Además, separaría las elecciones generales de las municipales y autonómicas de 2027, evitando que ambas citas se retroalimenten. Evidentemente, no sería una decisión sencilla: un error de cálculo podría dejar al PSOE en una posición frágil. Pero la política española ha demostrado que la audacia puede resultar rentable.
El curso político que comienza tiene todos los ingredientes de un final incierto: un PP atrapado en las lógicas de Vox, una ultraderecha en ascenso, un Gobierno que pelea por los presupuestos y un calendario judicial que amenaza con desestabilizar el escenario. La legislatura ya ha superado su ecuador y crece la tentación de repartir nuevas cartas. Sánchez sabe que un adelanto podría ser su jugada maestra; Feijóo, que cualquier traspié puede convertir su liderazgo en un lastre. El tiempo dirá si este curso concluye con elecciones, pero lo que parece seguro es que la intensidad política no dará tregua en los próximos meses.
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