Martes, 28 de julio de 2026
CARTA DEL DIRECTOR

La democracia española se merece otra política

"Pedro Sánchez puede todavía intentarlo, en la medida en que la crisis no afecte estructuralmente a su organización, sí, pero no en estas condiciones". Según el editor y director de Agenda Pública, Marc López i Plana, "cualquier opción que pase por intentar resistir como si aquí no hubiera pasado nada no es responsable" así como tampoco lo es "una oposición que viva con entusiasmo desde la barrera la lenta degradación del Gobierno". Hay varias formas de resolver esta situación y en 'Agenda Pública' se señaló desde el primer día tras desatarse la última crisis: cuestión de confianza, moción de censura o las dos cosas.

Marc López Plana Marc López Plana 21 de junio de 2025
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Pedro Sánchez durante la primera sesión de control al Gobierno tras el estallido de la crisis Cerdán, el pasado 18 de junio. | Alberto Gardin / Zuma Press / ContactoPhoto
Pedro Sánchez durante la primera sesión de control al Gobierno tras el estallido de la crisis Cerdán, el pasado 18 de junio. | Alberto Gardin / Zuma Press / ContactoPhoto
Si Pedro Sánchez ya no tiene la confianza del Parlamento, el Gobierno no debe agotar la legislatura. No solo porque será agónico para ellos, sino porque la democracia española se merece otra cosa. Hay varias formas de resolver esta situación y en Agenda Pública se señaló desde el primer día tras desatarse la última crisis: cuestión de confianza, moción de censura o las dos cosas

"Si Pedro Sánchez ya no tiene la confianza del Parlamento, el Gobierno no debe agotar la legislatura"
Cualquier opción que pase por intentar resistir como si aquí no hubiera pasado nada, como si el propósito y confianza con los que llegó Sánchez al Gobierno no hubiera saltado por los aires, como si no hubiera propósito alguno en favor de los españoles no es responsable. Una oposición que viva con entusiasmo desde la barrera la lenta degradación del Gobierno y todo lo que le rodea, sin intentar activar los mecanismos que ofrecen las instituciones democráticas y que pueden contribuir a resolver o acelerar la resolución de una crisis, cada vez más estructural, tampoco. Optar por validar esa confianza, sumando apoyos, en medio de esta crisis, a una negociación transaccional presupuestaria en medio de la debilidad gubernamental, sin abordar la necesaria regeneración exigible, menos. 

Sánchez llegó al Gobierno con la promesa de regenerar la vida pública española y no ha logrado ese objetivo. Puede todavía intentarlo, en la medida en que la crisis no afecte estructuralmente a su organización, sí, pero desde luego no en estas condiciones. Hay, de hecho, una cuarta opción de resolución de la crisis si él o su partido, hoy muy debilitado, constata su incapacidad: una dimisión que incluso pasa por dos posibilidades: que el PSOE presente otro candidato que cuente con el apoyo de sus socios o, alternativamente, que Feijóo haga lo propio. 

Asimismo, si el PSOE considera que un Gobierno alternativo al suyo puede ser más dañino para la democracia que la perpetuación en estas circunstancias del actual, como han señalado en los últimos días, también tiene otra opción: evitarlo con sus votos. Entre alargar un periodo de incertidumbre y crisis estructural en un país de la Unión Europea, en pleno periodo de crecimiento económico, en mitad de una crisis geopolítica sin antecedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y los peores escenarios que consideran alternativas peores, hay multitud de opciones que salvaguardarían la credibilidad y supervivencia de un sistema democrático excepcional en nuestra historia y en el mundo.

La degradación de las instituciones y el acelerado aumento al cuestionamiento a la democracia se producen en uno de los momentos geopolíticos más determinantes del último siglo y mientras se acelera la transformación de nuestra economía a más velocidad. Cuanta más cooperación entre quienes han construido la Unión Europea se necesita, menos compromiso con el acuerdo hay en nuestro país. En el momento donde más acuerdos se necesitan entre partidos, o entre el sector público y privado, la desconfianza lo condiciona todo. Ni los políticos son corruptos en su práctica mayoría, ni los empresarios son corruptores. La democracia española merece salvarse a sí misma.

"Cuanta más cooperación entre quienes han construido la Unión Europea se necesita, menos compromiso con el acuerdo hay en nuestro país"
Hoy, hay un cierto desencanto con las democracias, porque ya no se les pide a los políticos resultados electorales, sino resultados en la satisfacción anímica permanente de las personas. Esta dinámica acabará por matar a las democracias. Hay síntomas permanentemente. Elisa de la Nuez, quien impulsó el programa regenerador institucional de Ciudadanos, Carlos Aragonés, que acompañó a José María Aznar como director de Gabinete como presidente del Gobierno o Andrés Ortega Klein, que formó parte del equipo de los presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, Odón Elorza, histórico diputado y militante socialista, o la periodista Lucía Méndez han analizado en los últimos días en Agenda Pública con distintos matices, pero con la misma lucidez, el momento crítico que vive España.

Distintas perspectivas en uno de los momentos más críticos para nuestra democracia. En un momento decisivo. En un periodo que necesita confianza de los ciudadanos hacia las instituciones democráticas y de los representantes democráticos entre ellos. En una etapa que necesita acuerdos. En un momento que necesita compromiso. Y en un tiempo que merece otra dinámica pública. La democracia española merece otra política. 
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación