La semana pasada, el canciller
Friedrich Merz y el ministro de Exteriores Johann Wadephul sentaron las bases para replantear urgentemente el debate sobre la política alemana hacia Israel. Ambos marcaron distancias con las políticas del Gobierno de Netanyahu de forma clara y contundente. Y es que ha llegado el momento:
Alemania debe abandonar la fórmula de Angela Merkel que convirtió la seguridad de Israel en razón de Estado (Staatsräson).
"Ha llegado la hora de abrir un debate con matices que permita fundamentar mejor el apoyo a la seguridad de Israel, la solución de dos Estados y la lucha urgente contra el antisemitismo"
Durante los últimos años, este principio se ha convertido en la excusa perfecta para justificar un apoyo ciego al Gobierno de Netanyahu, repleto de extremistas de derecha. Y esto ocurre pese a que una encuesta reciente revela que el 80% de los alemanes considera injustificadas las acciones de Israel en Gaza tras las terribles masacres perpetradas por Hamás el 7 de octubre de 2023.
Ha llegado la hora de abandonar ese concepto anacrónico de Staatsräson y abrir un debate con matices que permita fundamentar mejor el apoyo a la seguridad de Israel, la solución de dos Estados y la lucha urgente contra el antisemitismo.
Cuando Angela Merkel pronunció aquella fórmula de la
Staatsräson en su discurso ante la Knesset en 2008, el primer ministro israelí era Ehud Olmert, defensor de la solución de dos Estados que llegó a proponer la retirada de más del 90% de Cisjordania al presidente de la Autoridad Palestina, Abbas.
La diferencia con el Gobierno actual de Netanyahu es abismal. En Cisjordania, Netanyahu no para de expandir asentamientos mientras destruye sistemáticamente los medios de vida palestinos. El documental palestino-israelí
No Other Land, premiado en la Berlinale y ganador de un Óscar, muestra con crudeza esta brutalidad. El ministro de defensa israelí, Israel Katz, ni siquiera disimula su desprecio hacia la postura alemana sobre los dos Estados. Cuando el presidente francés Macron afirmó la semana pasada que reconocer un Estado palestino era "no solo un deber moral, sino una necesidad política", Katz respondió desde la Cisjordania ocupada: "Ellos reconocerán un Estado palestino sobre el papel, mientras nosotros construimos el Estado judío-israelí sobre el terreno. Ese papel acabará en el basurero de la historia".
Apenas dos días después de las masacres y secuestros de civiles israelíes por Hamás el 7 de octubre de 2023, el entonces ministro de defensa Yoav Gallant ordenó un "asedio total" de Gaza: "No habrá electricidad, ni comida, ni combustible; todo queda cerrado. Luchamos contra animales humanos y actuamos en consecuencia".
Difícilmente se pueden anunciar crímenes de guerra con mayor claridad. Pese a ello, el canciller Olaf Scholz apenas articuló algunas críticas tibias contra la campaña militar de Netanyahu. Y cada vez que Alemania no se alineaba al cien por cien con Netanyahu, el embajador israelí en Berlín, Ron Prosor, exigía solidaridad absoluta. "Ahora la
Staatsräson se pone a prueba, sin condiciones ni peros", declaró Prosor tras las órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu y Gallant, criticando las "declaraciones ambiguas" del Gobierno alemán.
"Sin condiciones ni peros": así se manipula la Staatsräson para convertirla en apoyo ciego a Netanyahu. Pero voces israelíes, como la del propio Olmert, advierten que no se debe dar ese apoyo incondicional. En un artículo publicado la semana pasada en el diario israelí
Haaretz, Olmert denunció la "matanza de civiles palestinos" en Cisjordania y afirmó sin rodeos que Israel comete crímenes de guerra en Gaza: "Lo que ocurre ahora en Gaza es una guerra de devastación: asesinatos indiscriminados, ilimitados, crueles y criminales de civiles".
"Solo superando la fórmula de la Staatsräson y abriendo un debate más rico en matices podrá Alemania garantizar el futuro de las relaciones germano-israelíes"
Por eso tiene todo el sentido que el canciller Merz —quien desde la oposición había presionado al Gobierno de Scholz para mantener una línea firmemente proisraelí— hablara claro la semana pasada sobre el Gobierno de Netanyahu:
"Cuando se cruzan líneas rojas y se viola el derecho internacional humanitario, Alemania y su canciller tienen la obligación de alzar la voz". El ministro Wadephul fue todavía más directo. Refiriéndose al Gobierno de Netanyahu, afirmó que Alemania no se dejaría "chantajear" con exigencias de "solidaridad forzosa": "Nuestra lucha sin cuartel contra el antisemitismo y nuestro apoyo total al derecho de Israel a existir y defenderse" no pueden "instrumentalizarse" para justificar la conducta militar actual de Israel en Gaza. Probablemente, sea el rechazo más rotundo hasta la fecha a esa interpretación de "sin condiciones ni peros" que el embajador Prosor hace de la
Staatsräson.
Esta ruptura de Merz y Wadephul con la solidaridad ciega hacia Netanyahu no tiene nada que ver con quienes pretenden sacudirse el peso imaginario del pasado alemán. La semana pasada, el periodista Gabor Steingart escribió en un artículo titulado
Alemania era prisionera de la era Hitler que, tras conocer la postura de Merz sobre
Israel, "Alemania muestra ahora seguridad en sí misma en lugar de sumisión".
Este lenguaje recuerda peligrosamente las fantasías sobre el "culto a la culpabilidad" de la extrema derecha alemana. No se trata de eso en absoluto.
Lo que necesitamos es analizar con rigor los intereses alemanes respecto a la seguridad de Israel. Por ejemplo, el tema del suministro de armas. Irán sigue siendo una amenaza existencial para Israel, y Alemania aspira a beneficiarse de las innovaciones tecnológicas israelíes en defensa antimisiles y drones. Pero al mismo tiempo,
Alemania no puede tener interés en suministrar armas que luego se usen para cometer crímenes de guerra en Gaza. Cualquier decisión sobre exportación de armamento debe tener esto muy presente.
La solución de dos Estados es otro asunto que requiere reflexión pausada, pues
tomarla en serio implica apoyar también el derecho a existir de un Estado palestino pacífico. Teniendo en cuenta que el Gobierno de Netanyahu busca el desplazamiento de los palestinos, no su estatalidad, ¿no sería conveniente que Alemania reconociera oficialmente un Estado palestino junto a socios europeos como Francia y España?
"¿No sería conveniente que Alemania reconociera oficialmente un Estado palestino junto a socios europeos como Francia y España?"
También necesitamos más matices en el debate sobre la lucha urgente contra el antisemitismo en Alemania. Es intolerable que cada vez más judíos se sientan inseguros en nuestro país, especialmente tras el repunte del antisemitismo después del 7 de octubre de 2023. Pero
también es un error que el Bundestag y el Gobierno federal (como ocurrió con la resolución sobre antisemitismo del otoño pasado) adopten la definición amplia que promueve el Gobierno de Netanyahu —la llamada definición IHRA— que permite etiquetar como antisemitismo cualquier crítica legítima a Israel. Esto solo resta credibilidad a la lucha contra el antisemitismo real.
Un estudio reciente de la Fundación Bertelsmann revela que el 40% de los alemanes menores de cuarenta años quiere reducir las relaciones con Israel.
Los políticos que valoren esas relaciones deberían tomarlo como una señal de alarma. Solo superando la fórmula de la Staatsräson y abriendo un debate más rico en matices, podrá Alemania garantizar el futuro de las relaciones germano-israelíes.