

"La Unión Europea se prepara para una nueva etapa donde el concepto autonomía estratégica no tiene una consecuencia de carácter económico, sino existencial"Alemania está a las puertas de reformar la Constitución para incrementar su gasto en defensa. Un tabú desde el final del régimen nazi en 1945. Polonia, que en 1939 fue invadida en tres ocasiones por Alemania, Eslovaquia y la Unión Soviética, quiere que todo hombre adulto esté capacitado en caso de guerra. Su primer ministro, Donald Tusk, ha afirmado que Polonia debe considerar la adquisición de armas nucleares. Estados Unidos, que, con su presupuesto, permitió al general Charles de Gaulle autoatribuirse la liberación de París, ha iniciado una escalada de animadversión abierta hacia la Unión Europea. Francia y Reino Unido, a través de un liberal y un socialdemócrata, lideran el muro de contención ante quienes quieren enterrar un siglo de su propia tradición histórica mediante la humillación al presidente de un país como Ucrania. Nuestros vecinos rusos, vía Vladimir Putin, se alían con la presidencia estadounidense del partido republicano, vía Donald Trump, contra Europa. China, con quien otrora el presidente Richard Nixon intentó hacer la pinza a la Unión Soviética, y con quien, a su vez, sus herederos ahora hacen la pinza a Europa, avanza decidida, en silencio, y ante nuestro total desconocimiento, y desorientación, en su disputa por el liderazgo global.
"Ante este contexto global, y en una encrucijada histórica, sorprende la frivolidad de buena parte del debate público español, ensimismado en el detalle de una trifulca que no es relevante para la vida de prácticamente nadie"Ante este contexto global, y en una encrucijada histórica, sorprende la frivolidad de buena parte del debate público español, ensimismado en el detalle de una trifulca que es relevante para la vida de prácticamente nadie. Basta dedicar diez minutos de nuestra vida al salseo local informativo para tenerlo todavía más claro. España tiene las condiciones óptimas, desde la lógica de nuestra influencia política, y sobretodo por nuestra pertenencia a la Unión Europea, de tener un papel determinante en el nuevo mundo que está por construir. Muchísima más, pero muchísima más, que la que hemos tenido en todo el siglo XIX o XX. Hoy, el Partido Popular, que preside la Comisión Europea, tiene en sus socios españoles a su segundo grupo más importante, mientras, los socialdemócratas, que presiden el Consejo Europeo y tienen en la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión una de las políticas, y española, con más poder concentrado de la historia de la institución, tiene en sus socios españoles también al segundo grupo más importante.
"Más Estado en Telefónica, son también menos injerencias chinas, estadounidenses u otros países en Europa"Lo mismo ocurre en el ámbito de la seguridad. Indra, el buque insignia de nuestra industria de la defensa, combina un accionariado participado por fondos de inversión, otras empresas españolas, o nuestro propio Estado. Visualizar en ello fórmulas de intervencionismo soviético es, además de falso, ignorar cómo se preparan, y se llevan años preparando, nuestros colegas europeos. Airbus, la empresa europea de referencia en defensa, tiene al Estado francés, alemán o español entre sus principales inversores. Quien sabe si su destino será el mismo. La misma lógica aplica a Hispasat, gracias a quien España dispone de un sistema de comunicaciones por satélite de alta seguridad capaz de satisfacer nuestras necesidades de comunicación en áreas de interés geoestratégico, y donde nuestro Estado tiene un papel clave.
"PSOE y PP tienen una influencia clave en las instituciones comunitarias, y una buena parte de nuestro ecosistema industrial se ha marcado como prioridad mejorar nuestra autonomía estratégica"El ejemplo local más similar en el caso de España es el del grupo industrial de la Fundación "la Caixa", la principal fundación de nuestro país, la segunda europea, presidida por Isidre Fainé, y que a través de su holding Criteria Caixa posee activos por valor de 30.000 millones de euros y es ya el mayor inversor privado de nuestro país. La organización, que inició hace unos meses una nueva etapa con la designación de Ángel Simón como consejero delegado, ha redoblado su apuesta por la inversión en empresas estratégicas para nuestro país en el ámbito energético, de las infraestructuras o las telecomunicaciones y en compañías como Naturgy (16%), Telefónica (10%), CaixaBank (31%), ACS (9%), Colonial (17%), Aigües de Barcelona (15%) o, recientemente, Veolia (5%), la multinacional francesa adjudicataria de buena parte de las infraestructuras de agua de nuestro país.

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