Europa se encuentra, una vez más en su larga historia, en un momento decisivo. Las incertidumbres y presiones que rodean a la Unión Europea (UE) —desde los conflictos geopolíticos y movimientos migratorios hasta la crisis climática y las tensiones económicas— exigen una respuesta rápida y decidida. Sin embargo, los dos motores históricos de la integración europea,
Francia y Alemania, están atrapados en una parálisis política que les impide liderar esta necesaria reacción.
Ante este bloqueo institucional, pueden surgir nuevos liderazgos capaces de articular una agenda europea ambiciosa.
Italia, Polonia y España, algunos de los pocos gobiernos europeos estables y con creciente peso político, están en una posición única para abanderar este esfuerzo.
Una alianza pragmática entre estos tres países de la periferia (geográfica) europea puede ser la clave para superar la fragmentación actual y avanzar en una agenda que defienda los intereses geopolíticos, económicos, ambientales y democráticos de Europa, poniendo énfasis en la competitividad, cohesión y conectividad.
Reacción frente a las presiones
El escenario internacional no da tregua. La guerra en Ucrania ha desafiado la seguridad europea y expuesto la dependencia energética de la región. Las tensiones con China y Estados Unidos reconfiguran el orden económico global, mientras que el cambio climático sigue escalando como una amenaza existencial.
Frente a estas presiones, Europa necesita una respuesta que combine cohesión interna y capacidad de acción externa.
Francia y Alemania han sido históricamente los motores de la UE, pero
en los últimos años sus diferencias internas y sus visiones divergentes sobre el futuro de Europa han obstaculizado el progreso colectivo. Esto no significa abandonar su liderazgo, sino complementarlo a través de alianzas ad-hoc.
Liderazgo desde la periferia
Italia, la economía más fuerte en el sur de Europa, aporta experiencia en temas de políticas industriales y relaciones con los vecinos mediterráneos. Polonia, situada en el este, juega un papel crucial en la defensa y seguridad frente a las amenazas en la frontera oriental de la UE. España, por su parte, lidera en energías renovables y cuenta con una posición estratégica en las relaciones con América Latina. Estos tres países también son fundamentales para desarrollar conexiones de transporte, energía e innovación que fomenten una Europa cohesionada.
"El cambio climático no solo es una amenaza, sino también una oportunidad para transformar la economía europea hacia un modelo más sostenible y competitivo"
Una prioridad clave de este pacto debería ser la transición ecológica. El cambio climático no solo es una amenaza, sino también una oportunidad para transformar la economía europea hacia un modelo más sostenible y competitivo. Desde la mejora de infraestructuras energéticas para garantizar la interconexión entre países, hasta el impulso de inversiones en tecnologías limpias y economías locales, la acción climática puede convertirse en el eje vertebrador de la prosperidad futura de Europa.
Una Europa conectada y cohesionada
Es crucial que los países
periféricos asuman un papel proactivo en esta transformación.
La mejora de las redes de transporte de personas y mercancías, la creación de corredores energéticos y el fortalecimiento de las inversiones en investigación e innovación son medidas esenciales para garantizar una Europa realmente conectada. Inspirándose en los informes
Letta y
Draghi, este enfoque puede reducir las desigualdades entre regiones y reforzar la cohesión territorial, fortaleciendo a la UE desde su periferia hacia el centro.
El papel de las instituciones europeas
Hasta ahora, la Comisión Europea, bajo el liderazgo de Ursula von der Leyen, ha demostrado un compromiso firme con la transición verde y digital a través del
Pacto Verde Europeo.
Nuevas figuras como Teresa Ribera, impulsora de políticas climáticas ambiciosas, y Antonio Costa, desde el Consejo Europeo, tienen un papel clave en la articulación de esta visión transformadora.
Su capacidad para coordinar esfuerzos entre los Estados miembros será decisiva para convertir estas prioridades en realidades concretas y mitigar los obstáculos que pueden poner algunos partidos en el muy fragmentado Parlamento Europeo.
Cinco prioridades clave
En un escenario marcado por retos urgentes y grandes oportunidades,
Europa debe abordar con determinación una serie de acciones transformadoras para garantizar su seguridad, sostenibilidad y cohesión. Estas iniciativas no deben quedarse en simples ideas, sino en columnas vertebrales de una estrategia que debe revitalizar a la UE desde su periferia hacia su centro. Cada prioridad simboliza la urgencia de combinar esfuerzos nacionales bajo un liderazgo europeo fuerte y visionario.
La seguridad del continente requiere una política de defensa europea más integrada, capaz de responder a las amenazas actuales mediante una colaboración efectiva con los aliados transatlánticos y un enfoque hacia la independencia estratégica.
No necesariamente se necesita gastar más, pero mejor, integrando la defensa de nuestros valores y principios democráticos frente a las presiones externas de desinformación y manipulación.
Europa debe liderar también el camino hacia una economía verde y digital, diseñando planes de reindustrialización que fortalezcan su competitividad en un contexto multipolar cada vez más desafiante. Esta transformación económica verde también debe fomentar la innovación y crear oportunidades económicas en el transporte descarbonizado, la química verde, la agricultura ecológica, las energías renovables y la salud, que forman la base de una economía y sociedad próspera.
"Una alianza pragmática liderada por Italia, Polonia y España podría marcar el inicio de una nueva era de cooperación y acción decidida en la historia europea"
La transición hacia energías limpias debe ser el eje central del desarrollo europeo, asegurando la autosuficiencia energética, fomentando el autoconsumo y la energía descentralizada para cumplir con los objetivos climáticos y estimular la innovación y competitividad frente a actores externos como China, Rusia o Estados Unidos que mantienen una alta dependencia en la energía fósil.
Es esencial invertir en redes de transporte, energía y telecomunicaciones que promuevan la cohesión territorial y garanticen una Europa resiliente y conectada. Estas infraestructuras son fundamentales para reducir las desigualdades entre las regiones y consolidar una verdadera unidad.
La modernización de las instituciones europeas debe permitir una toma de decisiones más ágil y efectiva, superando los bloqueos que impone la unanimidad y fortaleciendo el papel de los ciudadanos y la sociedad civil organizada en la toma de decisiones a través de asambleas temáticas y diálogos estratégicos.
Reinventar los motores europeos
La UE no puede permitirse el lujo de quedarse estancada en un momento en el que su relevancia global está en juego. Una alianza pragmática liderada por Italia, Polonia y España podría marcar el inicio de una nueva era de cooperación y acción decidida en la historia europea. Con un enfoque centrado en la competitividad, cohesión y conectividad, y con el liderazgo decidido de la Comisión Europea y el Consejo Europeo,
Europa puede demostrar que, incluso en la diversidad, puede encontrar la unidad necesaria para proteger sus intereses y liderar en el escenario mundial.