Lunes, 17 de agosto de 2026
GEOPOLÍTICA

Tres ideas para que la UE actúe frente a la administración depredadora de EE. UU.

La directora del Global Policy Center de la IE Ilke Toygür sostiene que, mientras Trump siga en el cargo, EE. UU. no es un aliado fiable, sino una potencia depredadora. En respuesta, la UE debería iniciar un diálogo con China, trabajar en acuerdos financieros y comerciales verdes y centrarse en su seguridad, sin dejar de lado las cuestiones de control de armas.

Ilke Toygür Ilke Toygür 10 de marzo de 2025
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La larga noche de las relaciones transatlánticas ha comenzado. | Unsplash / NASA
La larga noche de las relaciones transatlánticas ha comenzado. | Unsplash / NASA
Con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, las discusiones sobre el futuro de la arquitectura de seguridad europea y el comercio internacional se han intensificado en Europa. Académicos y políticos por igual han empezado a expresar sus puntos de vista sobre el modo de poner a Europa a prueba de Trump, sin quemar los puentes entre aliados históricos. Muchos pensaron que si podíamos sobrevivir estos cuatro años —como lo hicimos la última vez— podríamos estar bien. 

"El segundo mandato de Donald Trump nos ha introducido en lo que solo puede describirse como una Administración depredadora"
Sin embargo, ignoraron las señales de socavamiento constante del proyecto europeo, hasta que simplemente no pudieron más. El vicepresidente de EE. UU., J. D. Vance, lo dejó meridianamente claro en la Conferencia de Seguridad de Múnich: existe un importante choque ideológico entre la Unión Europea y su Administración —para ellos los intereses europeos son insignificantes—. Incluso cuando se trata de Ucrania y la futura arquitectura de seguridad en Europa. Esto se demostró cuando el presidente electo de Ucrania —que ha liderado su país durante tres años de guerra— fue arrinconado en la Casa Blanca. Ha quedado patente que la nueva Administración estadounidense prefiere una Rusia vencedora, aunque se excuse en el pretexto de poner fin al conflicto. Según las últimas noticias, incluso detuvo el intercambio de inteligencia con Ucrania. 


El segundo mandato de Donald Trump nos ha introducido en lo que solo puede describirse como una Administración depredadora. Sus posiciones maximalistas, amplificadas por la influencia de oligarcas tecnológicos como Elon Musk, marcan claramente una nueva era en la política exterior estadounidense. Para Europa, esta presidencia exige una recalibración fundamental de su enfoque hacia Estados Unidos y sus asociaciones globales. 

El discurso de America First ya ha sido correspondido con demostraciones decisivas de poder. Los movimientos iniciales de Trump —en Groenlandia, Panamá y Colombia— señalan una estrategia de conmoción y pavor destinada a forzar concesiones. Aunque su política de brinkmanship [política del borde del abismo] no es nueva, su intensidad destaca su continua disposición a trastornar las normas establecidas.

La lección principal para Europa es clara: Trump no valora a los aliados o alianzas tradicionales. Su Administración actúa puramente según los intereses percibidos de EE. UU. y el propio Trump, podría argumentarse, a veces actúa únicamente en su propio interés y el de su círculo íntimo. Europa ya no puede confiar en la retórica del aliado histórico. No es para nada realista. 

"Europa debe prepararse para una nueva era en las relaciones transatlánticas y trabajar por relaciones sólidas con socios globales para contrarrestar el unilateralismo de Trump"
Europa debe prepararse para una nueva era en las relaciones transatlánticas y trabajar por relaciones sólidas con socios globales para contrarrestar el unilateralismo de Trump. Para ello, debería abrir inmediatamente conversaciones con actores internacionales, comenzando por China. Cuanto más fuerte sea la UE en el ámbito internacional, más fuerte será en las negociaciones con la Casa Blanca. Esta ya no es una alianza tradicional donde EE. UU. apoya el proyecto europeo, esto es una competencia de poder —incluso contra EE. UU.—. 


Un enfoque matizado hacia China
 

Uno de los aspectos más impredecibles de la presidencia de Trump es su enfoque hacia China. Su discurso de inauguración insinuó un posible deshielo en las tensiones. Sin embargo, se muestra adverso al riesgo cuando se trata de defender a Taiwán. Esto contrasta con las posiciones institucionales tradicionalmente duras, lo que podría llevar a una lucha interna y una política hacia China más inconsistente para EE. UU. La alta rotación dentro de la Administración Trump añade otra capa de incertidumbre. 

"Europa puede buscar cooperación basada en temas específicos —sobre comercio, clima y tecnología— y podría crear una relación pragmática con China"
Este flujo abre una puerta para una recalibración UE-China. Europa puede buscar cooperación basada en asuntos específicos —com el comercio, el clima o la tecnología— y podría crear una relación pragmática con China. En Davos, la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dejó claro que hay espacio para el diálogo sino-europeo si China muestra disposición para abordar los desequilibrios comerciales y adoptar un enfoque de beneficio mutuo.

Así que la pelota también está en el campo de China. El punto de partida sería una clara señalización de que China no apoyará los esfuerzos bélicos de Rusia en Ucrania y está genuinamente abierta a relaciones comerciales más justas. Esto puede sonar como un pensamiento ilusorio —y podría serlo—. Pero esto no cambia el hecho de que la UE necesita una política distintiva hacia China. De lo contrario, corre el riesgo de quedarse fuera mientras las grandes potencias cierran acuerdos.


La transición a la energía verde anclada en acuerdos comerciales es el camino a seguir con el sur global
 

La segunda retirada de Trump del Acuerdo de París crea una oportunidad para que la UE se posicione como la vanguardia global, construyendo coaliciones y acuerdos comerciales respetuosos con el clima. Mitigar el cambio climático y la transición a energía verde es un tema existencial en los países del sur global, y es el camino para construir sus economías para el futuro. Europa debería poner una transición verde mutuamente beneficiosa en el centro de sus conversaciones. Esto no será fácil, ya que existe un riesgo de ventaja comparativa para las empresas en otros lugares, por lo que los esfuerzos en el extranjero deberían corresponderse con esfuerzos en casa.

"Europa debería poner una transición verde mutuamente beneficiosa en el centro de sus conversaciones"
La inclinación de Trump por el proteccionismo, incluidos aranceles y restricciones comerciales, sin duda pondrá a prueba la resiliencia de Europa. La UE debe redoblar su diversificación de asociaciones comerciales en Asia, África y América Latina. Los acuerdos comerciales que la UE comenzó a concluir —incluidos los con Mercosur, México y Malasia— son ejemplos de posibles escenarios de beneficio mutuo. Esto demostrará ser un amortiguador significativo contra las restricciones comerciales de EE. UU. Sin embargo, también necesitará nuevos mecanismos de financiación en una era donde EE. UU. se está retirando de la ayuda internacional. Financiar la seguridad europea o financiar el desarrollo en los países del sur global corre el riesgo de convertirse en la nueva división norte-sur. La Unión Europea debería ser muy consciente de eso. 


No dejar caer la pelota en cuestiones de seguridad y control de armas
 

Aunque es poco probable que el presidente Trump se retire por completo de la OTAN, su Administración la socavará continuamente y pronto comenzará a reducir la presencia militar de EE. UU. en Europa. Europa debe prepararse para esto invirtiendo en sus propias capacidades de defensa y reduciendo la dependencia de EE. UU. Esto ya se ha convertido en la sabiduría común en Bruselas y las capitales de la UE con el reciente anuncio del plan ReArm Europe, pero el camino hacia gastar más, mejor y juntos —el único camino que conducirá a campeones europeos e integración de defensa en Europa— no está tan claro. El componente tecnológico no debe dejarse fuera de la conversación, ya que la dependencia tecnológica de lo militar será el próximo problema en caso de un desacoplamiento aún más marcado de EE. UU. 

"La ambivalencia de Trump hacia las armas nucleares y el control de armamentos plantea graves riesgos"
La ambivalencia de Trump hacia las armas nucleares y el control de armamentos plantea graves riesgos. Sin el liderazgo de EE. UU. como paraguas nuclear global, las potencias medianas pueden sentirse obligadas y capaces de desarrollar sus propios arsenales, estableciendo un peligroso precedente. A través de un diálogo sostenido con Washington y trabajando con otras potencias globales, la UE debe preservar que los marcos multilaterales permanezcan intactos, incluso si EE. UU. toma un papel secundario. Europa también debería trabajar en asociaciones de seguridad mutuamente beneficiosas en Europa y más allá. Las recientes conversaciones con India ilustran cómo la UE podría añadir un componente de seguridad y defensa a sus compromisos en el escenario mundial.


El camino a seguir
 

La UE debe navegar esta era con una comprensión clara de las prioridades y limitaciones de Trump. El pensamiento ilusorio no nos llevará a ninguna parte. El presidente Trump habla el lenguaje del poder. Los europeos solo pueden salvaguardar las relaciones transatlánticas (para el día después, si ese día llega alguna vez) si son fuertes.

Si Europa es débil en el escenario mundial, se volverá aún más irrelevante para EE. UU. Cuanto más fuerte sea en el ámbito internacional, más fuerte será en sus negociaciones con la Casa Blanca. EE. UU. se está retirando de Europa y de sus compromisos internacionales, todo al mismo tiempo. Para Europa, hay una oportunidad de expandir su huella en el mundo de manera mutuamente beneficiosa. Para ello, el replanteamiento de la seguridad europea y la recalibración de su presencia en el mundo deberían acompañarse mutuamente.
Ilke Toygür
Ilke Toygür
Directora del Global Policy Center de la IE University
Directora del Global Policy Center y profesora de práctica de política europea en la School of Politics, Economics, and Global Affairs de la IE University. Además, es investigadora senior asociada en el programa de Europa, Rusia y Eurasia del CSIS en Washington D. C. y miembro electo de la junta directiva de la Trans European Policy Studies Association (TEPSA) en Bruselas. Sus principales áreas de especialización incluyen la integración europea, las elecciones y la democracia en Europa occidental, la geopolítica de Europa y las relaciones transatlánticas. Sus investigaciones y artículos han aparecido en Carnegie Europe, el German Marshall Fund of the United States, la Brookings Institution, el Financial Times, Foreign Affairs, Foreign Policy, Der Spiegel y El País, entre otros.
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