Entender el presente a la luz del pasado es relevante: todos los episodios transcurren en unas coordenadas históricas y geográficas. Tiempo y espacio: nada viene de la nada ni se dirige a la nada. Cojamos perspectiva: el 9 de octubre de 1494, un viajero de origen alemán, Jerónimo Münzer, visitó la ciudad de València. Unas semanas antes había estado en Barcelona. En el recuento de su viaje por España, escribió, algo que puede interpretarse proféticamente a la vista de lo sucedido en 2017 y lo que acaba de pasar con el Banc Sabadell este mes de enero de 2025:
"La contratación y comercio principal de toda España estaba hace cincuenta años en Barcelona. Pero después de las sediciones y las guerras intestinas, los mercaderes se refugiaron en València, cabeza hoy del comercio. En la actualidad están edificando allí una casa magnífica, que llaman Lonja, donde se reúnen todos los mercaderes para tratar de sus asuntos. [...] Será mucho más airosa y más bella que la Lonja de Barcelona".
El texto es de un valor excepcional a partir del cual sería temerario construir una tesis, pero nos ayuda, en cambio, a contextualizar un proceso. València y Barcelona, la Comunitat Valenciana y Catalunya, han actuado sincronizadamente durante siglos. Unas veces trabajando conjuntamente, otras compitiendo ferozmente. Pero siempre relacionadas: baste ver la política de sus puertos y cómo se miran de reojo. En el siglo XV, las guerras intestinas catalanas desplazaron a València a los mercaderes que habían amasado sus fortunas allá y con ello la Lonja de la capital del reino valenciano superó a la de la capital catalana.
"El traslado en 2017 de la sede social del Banc Sabadell a Alicante y de CaixaBank a València fue una respuesta política al procés, pero también está dentro de una historia compartida por la pertenencia de ambos territorios el Arco Mediterráneo"
El movimiento, en octubre de 2017, de trasladar la sede social del Banc Sabadell a Alicante y de CaixaBank a València (desde sus sedes en Catalunya) debe entenderse, pues, desde una doble perspectiva: una respuesta política a una situación sobrevenida, como fue el procés, pero también dentro de una historia compartida por la pertenencia de ambos territorios en liza a un conjunto histórico y territorial más amplio, el Arco Mediterráneo. Este último cuenta con una historia y un pasado que permitió a los dirigentes de ambos bancos salir de Catalunya hacia un destino cercano en lo cultural, social, productivo y económico, sin un efecto tan negativo internamente como habría tenido trasladarse a Sevilla, Vigo y, no digamos, a Madrid.
Podemos decir que el Banc Sabadell y CaixaBank tomaron una decisión táctica (léase, el cambio de sede), conscientes del contexto estratégico al que se dirigían: la gran región económica del Arco Mediterráneo, un conjunto de territorios cercanos no solo en términos geográficos, sino también en relación con el país de los valencianos.
"La historia nos dice que esta decisión táctica debería ir acompañada de otra estratégica: quién va a ocupar el espacio social, funcional y financiero que puede dejar el Sabadell en Alicante"
La decisión de 2017 no puede desligarse, por tanto, de un análisis altamente político, aunque empapado de contexto económico, social y de una cierta perspectiva. Nunca fue una decisión suicida ni temeraria, sino bien meditada. La decisión de moverse se tomó con el paracaídas de un movimiento hacia territorios de historia común, lengua compartida, un cierto sabor de complicidad regional y, sobre todo, una estructura económica similar a la que los servicios estadísticos y de análisis financiero de ambos bancos eran capaces de leer, entender y aprobar. El Arco Mediterráneo de la banca y de la estructura financiera se puso en marcha en 2017 al aventurarse, el Sabadell y CaixaBank, en territorios conocidos.
El retorno del Banco de Sabadell a Catalunya en 2025 puede interpretarse, de nuevo, como una decisión táctica que, sin embargo, nos debería hacer pensar en que no puede desligarse de una visión estratégica del contexto actual español. La medida tomada por el Sabadell podría interpretarse tácticamente de muchas maneras: búsqueda de más solidez interna para resistir la OPA hostil del BBVA, una vuelta a los cauces de una Catalunya más normalizada que en 2017 —apaciguada de alguna manera la inflamación de sus "guerras intestinas", que diría Münzer—, un mensaje de buena voluntad, en principio sin contrapartidas, ante un nuevo Gobierno catalán.
Sin embargo, la historia nos dice que esta decisión táctica debería ir acompañada de otra estratégica: quién va a ocupar el espacio social, funcional y financiero que puede dejar el Sabadell en Alicante (e hipotéticamente CaixaBank en València) —quién lo va a ocupar o quién lo quiere ocupar—. En otras palabras, si el Sabadell —y veremos si CaixaBank en un futuro— desea abandonar un cierto protagonismo alcanzado en la economía y la sociedad valenciana durante estos últimos ocho años y recluirse de nuevo en las fronteras catalanas o difuminarse en un escenario genéricamente español.
"El país debería dirigirse hacia la gestión inteligente de conjuntos territoriales plurales de cooperación"
La geografía económica de España es peculiar. Existen economías macroregionales unidas por intereses comunes, lazos históricos, historias de vida, medio humano, sistemas urbanos, perfiles productivos, orientaciones exportadoras e infraestructuras de transporte que se contraponen al pretendido monocultivo funcional y económico de un Gran Madrid unipolar o de una España ageográfica. El país debería dirigirse hacia la gestión inteligente de conjuntos territoriales plurales de cooperación —no exentos de competencia interna—, sustentados en una forma común de ver el mundo de los negocios. Al Arco Mediterráneo de los transportes —igual que hay un Arco Atlántico— le debería corresponder un Arco Mediterráneo de los negocios y, por qué no, de los servicios bancarios. Porque estos deben ser parte del impulso que active el modelo productivo competitivo de futuro de base territorial.
Dos cosas sabemos de buena fuente por la experiencia histórica: los vacíos que unos dejan son siempre ocupados por otros (hoy, la pregunta relevante será por quién). Y la táctica no debe estar reñida con la estrategia. No lo estuvo en el siglo XV y no debería estarlo en el XXI.