Lunes, 17 de agosto de 2026
CRÓNICA

España en el Mundo: "Es un error entregar a los supuestos realistas el monopolio de la inteligencia estratégica"

La cuarta edición del curso España en el Mundo 2026 ha reunido este lunes, 20 de julio, en el Palacio de la Magdalena de Santander a analistas de la talla de Bruno Maçães, Pol Morillas, İlke Toygür, Andrea Rizzi, Comfort Ero, Maha Yahya o Ali Vaez. La primera jornada ha abordado el declive de la primacía occidental, el avance de un orden multipolar, los límites de la coerción y el papel de Europa en la defensa de la diplomacia y el derecho internacional.

Agenda Pública Agenda Pública 21 de julio de 2026
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'Agenda Pública' estará presente en todos las las ponencias de España en el Mundo 2026. | Imagen cedida
'Agenda Pública' estará presente en todos las las ponencias de España en el Mundo 2026. | Imagen cedida
En medio del actual proceso de cambio del orden internacional, la cuarta edición del curso España en el Mundo 2026 abrió este lunes en el Palacio de la Magdalena de Santander con el propósito de aportar luz en un escenario dominado por las incertidumbres.

Atravesado por la idea de que el poder se dispersa a mayor velocidad de la que se construyen las nuevas reglas, el curso, organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación junto con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), reunió en la primera de sus cinco jornadas a analistas de distintas disciplinas. Sus intervenciones dibujaron un mundo en transición: el orden occidental pierde capacidad para organizar el sistema, las potencias regionales amplían su autonomía y la fuerza ocupa parte del espacio abandonado por la diplomacia. Frente a la tentación de recuperar mediante la coerción una estabilidad que ya no existe, los ponentes defendieron reglas compartidas y nuevos marcos de cooperación.

"Cuando las potencias anticipan que su posición futura será peor, pueden asumir mayores riesgos y caer en la tentación de «pegar un golpe sobre la mesa»"
Tras la bienvenida institucional a cargo del rector de la UIMP, Ángel Pelayo González-Torre, y el embajador representante permanente de España ante la OTAN, Federico Torres Muro, se dio paso al análisis. El secretario de Estado de Asuntos Exteriores y Globales, Diego Martínez Belio, situó el punto de partida en una transformación acelerada de la estructura mundial del poder. Según explicó, cuando las potencias anticipan que su posición futura será peor, pueden asumir mayores riesgos y caer en la tentación de "pegar un golpe sobre la mesa". Afganistán, Ucrania o Irán muestran, sin embargo, las dificultades incluso de los actores más poderosos para convertir la fuerza en autoridad política.

Martínez Belio reivindicó además una política exterior que no contraponga intereses y principios. "Es un error entregar a los supuestos realistas el monopolio de la inteligencia estratégica", afirmó, antes de definir la posición española como "100% realista y 100% basada en valores".
 

El secretario de Estado de Asuntos Exteriores y Globales, Diego Martínez Belio, durante su intervención. Foto: Imagen cedida

El estado del mundo y las tendencias geopolíticas

Bruno Maçães, asesor sénior de Flint Global; Pol Morillas, director del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), e Ilke Toygür, directora del Global Policy Center de IE University, abordaron en la primera mesa el deterioro del orden internacional desde dimensiones complementarias. Maçães puso el foco en una redistribución histórica del poder que Occidente todavía no ha asimilado, mientras que Toygür añadió la pérdida de legitimidad de un modelo que no ha cumplido plenamente su promesa de prosperidad compartida. Uniendo los dos diagnósticos, Morillas abrió el debate hacia la cuestión de qué reglas pueden ordenar un sistema con más actores.

Maçães rechazó que el final de la primacía occidental conduzca necesariamente al caos o a una sustitución de Estados Unidos por China. "No tenemos solo orden occidental o caos", advirtió. El futuro, auguró, estará formado por distintos polos y órdenes superpuestos. China, India y Estados Unidos conservarán un papel central, pero ninguna potencia podrá levantar por sí sola una nueva hegemonía equivalente a la anterior.

En este escenario, comenzaron a repensarse los principios básicos que deberían sobrevivir al cambio. "Tenemos que decidir qué es lo que queremos", señaló Toygür, que incluyó entre esos mínimos la integridad territorial o la prohibición de modificar fronteras mediante la fuerza. Al otro lado de la mesa, Maçães defendió que la tolerancia y otros valores universales no pertenecen exclusivamente a Occidente.

"Maçães rechazó que el final de la primacía occidental conduzca necesariamente al caos o a una sustitución de Estados Unidos por China"
En el debate posterior despertó especial interés la preocupación por el auge de la derecha radical. Maçães lo vinculó con una sensación de impotencia y puso al partido de Marine Le Pen como ejemplo: cuando una sociedad cree que su influencia se desvanece, resulta tentador prometer que una mayor dureza —hacia los inmigrantes, por ejemplo— permitirá recuperarla. Extendiendo esta idea, Morillas subrayó la contradicción que emana de esa oferta política al recordar que el sistema internacional avanza hacia una pluralidad difícilmente reversible, por lo que esas fuerzas proponen regresar a un pasado que ya no puede reproducirse.
 

El periodista Andrea Rizzi (izquierda) y la presidenta y CEO del International Crisis Group, Comfort Ero (derecha). Foto: Imagen cedida

La construcción de paz en un mundo fragmentado

Para hablar de la difícil tarea de la cooperación internacional y los procesos de paz, el corresponsal de Asuntos Globales de El País, Andrea Rizzi, mantuvo una conversación con la presidenta y directora ejecutiva del International Crisis Group, Comfort Ero. El periodista abrió la segunda mesa con un diagnóstico: las instituciones internacionales se debilitan y, a su vez, "las interconexiones se usan como arma, el gasto militar crece y la democracia se contrae". Ero, que cuenta con gran conocimiento de las dinámicas en países en conflicto,situó esa fragmentación en el contexto de una acumulación de fracturas que atraviesa la crisis de 2008, las primaveras árabes, Siria y el abandono de conflictos como Sudán o Myanmar.

El espacio dejado por los actores tradicionales está siendo ocupado por potencias regionales. Turquía en Siria, China en Myanmar o Arabia Saudí, Egipto y Pakistán en Oriente Medio intervienen porque están en juego su seguridad y sus intereses. Ero precisó que esos países nunca se presentaron como sustitutos de Estados Unidos: están "diversificando, no para sustituir", ante unas garantías que consideran menos fiables. Su actuación puede facilitar acuerdos, pero también prolongar los conflictos.

Rizzi introdujo la cuestión tecnológica, especialmente relevante en el contexto del sur global. En este punto, Ero destacó su utilidad en casos reales para movilizar a la población, cartografiar crisis o prestar servicios sanitarios, pero alertó de que también amplía la vigilancia, la manipulación y las ventajas militares asimétricas mediante drones y armas autónomas.

"El espacio dejado por los actores tradicionales está siendo ocupado por potencias regionales, pero esos países nunca se presentaron como sustitutos de Estados Unidos"
Ante ese escenario, la académica defendió un equilibrio entre disuasión y diplomacia. Europa necesita reforzar su seguridad y asumir una mayor autonomía, pero la acumulación de armamento puede alimentar errores de cálculo y rivalidades. "No es una disyuntiva", respondió al ser preguntada por si se tenía que elegir entre una u otra herramienta. La lección común de Ucrania, Irán, Myanmar o Sudán es que "hay que volver a la diplomacia". La fuerza tiene límites y ningún conflicto termina sin una salida política.

Oriente Medio y el nuevo equilibrio regional

La tercera y última mesa del día se centró en Oriente Medio. Alberto Ucelay, director general de Política Exterior y de Seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores, contextualizó el debate advirtiendo de que la región atraviesa su peor etapa de violencia en décadas. Ali Vaez, director del Proyecto Irán del International Crisis Group, tomó la palabra para examinar los resultados de la presión militar y económica sobre Teherán: una escalada costosa que no ha logrado los objetivos proclamados y ha creado problemas nuevos. "La coerción no funciona", resumió.

Maha Yahya, directora del Malcolm H. Kerr Carnegie Middle East Center, abordó los focos de Gaza, Cisjordania, el Líbano y Siria dentro de una misma lógica territorial e hizo especial énfasis en rechazar que la expansión israelí pueda describirse mediante el lenguaje de las "zonas de amortiguación" ("buffer zones"). "No se construye una zona de amortiguación en el territorio de otro país", replicó: se trata de territorios palestinos, libaneses y sirios ocupados. Es decir, analizar cada escenario por separado impide observar una dinámica más amplia que alimenta la resistencia armada y agrava la inseguridad regional.

Yahya también cuestionó que la estabilización de Gaza pueda reducirse a la gestión de alimentos, educación o sanidad. La ayuda humanitaria es imprescindible, explicó, pero no puede sustituir la representación palestina, la soberanía y una perspectiva estatal. "No es una cuestión tecnocrática; es una cuestión política", abundó.

Varias preguntas del público abordaron el papel que Europa puede —o debe— desempeñar en la región. Vaez explicó que Irán dejó de verla como un "actor autónomo" después de comprobar que los países europeos no eran capaces de operar al margen de Estados Unidos. "Los europeos son irrelevantes porque no tienen soberanía económica", sintetizó al exponer la conclusión alcanzada por Teherán. El deterioro posterior impide recuperar sin más el papel desempeñado durante la negociación del acuerdo nuclear.

"Irán dejó de ver a Europa como un «actor autónomo» después de comprobar que los países europeos no eran capaces de operar al margen de Estados Unidos"
Aun así, Vaez distinguió entre el desgaste del E3 —Alemania, Francia y el Reino Unido— y el margen que todavía podrían conservar España, Italia u otros países mediante canales bilaterales o formatos reducidos. Su aportación más útil no consistiría tanto en mediar entre Washington y Teherán como en compartir la experiencia europea de construcción gradual de instituciones comunes.

La conversación apuntó así hacia una arquitectura regional basada en la soberanía, la integridad territorial, el respeto de los acuerdos y garantías para los actores más débiles. Tendría que incorporar finalmente tanto a Irán como a Israel, aunque la proyección regional de Irán y la expansión territorial israelí dificulten hoy ese horizonte.

Europa no puede restaurar el orden anterior ni actuar como árbitro omnipotente. Sí puede, en cambio, defender el derecho internacional, mantener abiertos los canales diplomáticos y ayudar a levantar marcos regionales más inclusivos. El desafío es complejo, porque no consiste en recuperar por la fuerza una primacía difícilmente recuperable, sino en evitar que el vacío acabe por empujar del todo hacia lo que Vaez llamó "guerra permanente".
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