Martes, 28 de julio de 2026
ECONOMÍA

Siete años de estancamiento exponen la falta de estrategia de Alemania

Peter Bofinger, profesor de Economía en la Universidad de Würzburg, explica que la confianza inversora alemana ha repuntado tras el paquete de 34 reformas de Friedrich Merz, pero el crecimiento previsto para 2026 sigue en torno al 0,5%. El miembro de la comisión que diseñó la reforma de las pensiones explica por qué las rebajas fiscales y los cambios laborales no son suficientes sin incorporar una estrategia capaz de reactivar la inversión y la innovación.

Peter Bofinger Peter Bofinger 22 de julio de 2026
Añadir AgendaPública en Google
El canciller alemán, Friedrich Merz, en una conferencia de prensa. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / Europa Press
El canciller alemán, Friedrich Merz, en una conferencia de prensa. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / Europa Press
La economía alemana encadena ya siete años de estancamiento. El panorama es todavía peor cuando se desglosan los componentes del producto interior bruto (PIB): la inversión no deja de caer y el consumo público es el único componente que aporta una contribución positiva significativa. Muchos confiaban en que la flexibilización del freno de la deuda en marzo de 2025 —que había impedido de facto financiar la inversión pública mediante deuda— marcaría un antes y un después. Sin embargo, las previsiones para 2026 apuntan a un crecimiento muy modesto, de apenas el 0,5%.



Este mal comportamiento responde a varias causas. La sucesión de perturbaciones globales —la COVID-19, la guerra de Ucrania, la guerra arancelaria de Trump y, este año, la guerra en Irán— ha golpeado con especial dureza a una economía tan dependiente de la industria y las exportaciones como la alemana. Al mismo tiempo, el sector automovilístico se enfrenta al llamado segundo choque chino (China shock), incapaz de competir con las tecnologías desarrolladas por China en ámbitos como las baterías eléctricas y la digitalización.

Durante las últimas semanas, el Gobierno alemán —una coalición entre los socialdemócratas y la alianza conservadora CDU/CSU— ha tratado de cambiar el rumbo. Para ello, ha anunciado reformas de calado del sistema de protección social y un paquete de medidas para estimular la economía: el Programa para la Reactivación y el Empleo.

"Queremos volver a encarrilar Alemania y ahora está claro que podemos hacerlo", declaró el canciller Friedrich Merz el 2 de julio, durante la presentación de un "programa para el crecimiento y el empleo" compuesto por 34 medidas.

Una reforma de las pensiones con la vista puesta en la década de 2040

Buena parte del optimismo del canciller se debía a las recomendaciones de una Comisión de Pensiones (Alterssicherungskommission), creada por el Gobierno en diciembre de 2025 y en la que participé. Sus trece miembros aprobaron por unanimidad un paquete de 33 propuestas. La de mayor calado consiste en destinar obligatoriamente el 2% de los salarios a un fondo público de pensiones, siguiendo el modelo sueco. Entre las demás recomendaciones se encuentran elevar gradualmente la edad legal de jubilación, desde los 67 años previstos para 2031 hasta los 67 años y seis meses en 2041, y recortar la ventaja que permite jubilarse dos años antes a quienes han cotizado durante 45 años.

"La propuesta de mayor calado consiste en destinar obligatoriamente el 2% de los salarios a un fondo público de pensiones, siguiendo el modelo sueco"
Aunque el sistema de pensiones constituye un pilar central de la economía social de mercado, los efectos de las recomendaciones se notarían sobre todo durante las décadas de 2030 y 2040, cuando los pensionistas puedan beneficiarse de la rentabilidad del capital acumulado. A corto plazo, sin embargo, las aportaciones obligatorias necesarias para constituir ese fondo frenarán una actividad económica ya lastrada por el aumento de las cotizaciones sociales, especialmente en 2028.

El Instituto de Política Macroeconómica (IMK) calcula que, durante los cinco años posteriores al incremento de las cotizaciones, el PIB será un punto porcentual menor y se perderán alrededor de 250.000 puestos de trabajo. Además, este ahorro no servirá para financiar a las empresas alemanas: los recursos acumulados mediante estas aportaciones obligatorias se invertirán en gran medida en el extranjero en busca de una mayor rentabilidad.

Un programa que se queda corto en inversión

Pero ¿bastará el Programa para la Reactivación y el Empleo para lograr el esperado cambio de rumbo? La medida con un efecto más inmediato podría ser la rebaja del impuesto sobre la renta, dirigida principalmente a las familias con hijos. Al mismo tiempo, como gesto limitado en favor de una mayor justicia social, el tipo marginal máximo se ha elevado del 45% al 47%.

En total, la reducción fiscal prevista para 2026 asciende a 10.000 millones de euros, alrededor del 0,25% del PIB. Además, buena parte de la rebaja se limita a corregir el efecto de la inflación. Las reducciones previstas para 2027 y 2028, tomadas en conjunto, ni siquiera compensarán el aumento encubierto de la carga fiscal provocado por la inflación, la llamada "progresividad en frío".

Una de las medidas más polémicas es el plan para eliminar las bajas médicas tramitadas por teléfono. Los trabajadores enfermos deberán presentar desde el primer día un certificado médico de incapacidad laboral. La medida será difícil de aplicar en la práctica, ya que en Alemania resulta complicado conseguir una cita médica a tiempo.

"Las reducciones previstas para 2027 y 2028, tomadas en conjunto, ni siquiera compensarán el aumento encubierto de la carga fiscal provocado por la inflación"
Puede discutirse si la tasa de bajas por enfermedad es excesivamente alta, pero esta medida difícilmente impulsará la economía. Más bien aumentará precisamente las cargas burocráticas que se consideran uno de los principales obstáculos para el crecimiento y que el propio programa promete reducir: "Estamos reduciendo la carga burocrática sobre la ciudadanía y las empresas, reforzando la competitividad y garantizando un enfoque socialmente equilibrado".

Otra receta de crecimiento típicamente neoclásica consiste en eliminar la protección frente al despido de quienes ganan más de 170.000 euros al año. Como el número de trabajadores afectados es relativamente reducido —alrededor de 300.000 personas—, el impacto de la medida también será limitado. Además, cabe preguntarse si mejorará el funcionamiento de las empresas cuando los directivos deban temer un despido inmediato cada vez que discrepen de sus superiores.

Como muestra el gráfico, el principal lastre de la economía alemana es la caída de la inversión empresarial. La situación resulta todavía más preocupante porque, para competir a escala global, Alemania necesita una transformación tecnológica profunda y nuevos modelos de negocio.

El programa reconoce expresamente esta necesidad: "Promoveremos de manera constante los sectores de futuro", entre ellos la automoción, las industrias química y farmacéutica, las tecnologías limpias, la economía circular, la ingeniería mecánica, la fabricación de celdas de baterías y semiconductores y todo el ámbito de la inteligencia artificial.

"Para competir a escala global, Alemania necesita una transformación tecnológica profunda y nuevos modelos de negocio"
Pero esas promesas no vienen acompañadas de compromisos presupuestarios concretos. En el presupuesto de 2027 del Fondo Especial para Infraestructuras y Neutralidad Climática (Sondervermögen), la partida destinada a investigación y desarrollo asciende a apenas 1.700 millones de euros. Eso no impide que el Ministerio de Finanzas la presente como un aumento del 60% respecto de los todavía más insuficientes 1.100 millones asignados en 2026.

En conjunto, no se ve cómo las reformas y el Programa para la Reactivación y el Empleo pueden lograr un verdadero cambio de rumbo en la economía alemana y, sobre todo, impulsar la transformación tecnológica que el país necesita con urgencia. La falta de incentivos claros a la inversión es síntoma de un problema más amplio: Alemania carece de una estrategia integral de innovación y transformación.

Por desgracia, la ortodoxia económica alemana no parece considerar que esta ausencia de estrategia sea un problema importante. Clemens Fuest, presidente del Instituto ifo, por ejemplo, centró su valoración del programa en reprochar que no se redujeran ni la carga fiscal sobre las empresas ni las subvenciones públicas.

El aumento del gasto público en defensa e infraestructuras podría generar cierto crecimiento durante los próximos años. Sin embargo, la economía alemana sigue avanzando sin una visión clara de su futuro. Los economistas más orientados al mercado continúan pensando que ese es el camino correcto. Pero ¿no bastan ya estos siete años de magros resultados para demostrar que, en las aguas turbulentas de la economía mundial, los barcos no encuentran el rumbo por sí solos?

Este artículo fue publicado originalmente en Social Europe bajo el título 'Germany’s Seventh Year of Stagnation Exposes a Missing Strategy'.
Peter Bofinger
Peter Bofinger
Profesor de Economía en la Universidad de Würzburg
Se doctoró en la Universidad del Sarre. Anteriormente fue economista en el Bundesbank, profesor visitante en el Banco de la Reserva Federal de San Luis y en el FMI, y catedrático en las universidades de Kaiserslautern y Konstanz. Fue también miembro del Consejo Alemán de Expertos Económicos de 2004 a 2019.
Participación