Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

¿Qué le pasa al PP con Francia?

Las palabras del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy sobre la selección francesa coinciden con el rechazo del PP al Tratado de Amistad entre España y Francia. Los dos episodios, ocurridos en la misma semana, hacen que broten dudas acerca del lugar que ocupa hoy París en la visión europea del principal partido de la oposición.

Agenda Pública Agenda Pública 14 de julio de 2026
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El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy en 2017. | Chen Yichen / Zuma Press / Europa Press
El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy en 2017. | Chen Yichen / Zuma Press / Europa Press
Las declaraciones de Mariano Rajoy sobre la selección francesa probablemente habrían quedado reducidas a una polémica más del verano político de no ser por el contexto en el que se producen. El expresidente del Gobierno ha asegurado en una tribuna que la selección de fútbol francesa es un equipo "sin franceses". Al cuestionar la identidad nacional de un equipo formado mayoritariamente por jugadores de origen inmigrante, Rajoy ha reabierto un debate que Francia ya cerró hace tiempo, pero que toca aspectos muy sensibles como la ciudadanía o la nación.

Pero lo verdaderamente llamativo no son las palabras de Rajoy, sino el momento en el que se dan. La semana pasada, en el Senado, el Partido Popular (PP) votó en contra del Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia, un acuerdo destinado a institucionalizar la relación entre los dos países mediante cumbres anuales, una mayor coordinación en defensa, energía, infraestructuras, innovación o política europea. En definitiva, es un acuerdo impulsado por los dos países y que prosigue una línea de mayor cooperación europea que Francia ya tiene con Italia, Alemania o Polonia.

Ambos episodios —el rechazo al tratado y las declaraciones de Rajoy— pertenecen a registros distintos, pero dibujan una estrategia (voluntaria o no) que responde a un mismo posicionamiento. En este punto, es necesario preguntarse por qué la relación del Partido Popular con Francia se ha vuelto tan incómoda precisamente cuando París se ha convertido en el socio europeo más importante para España.

"El rechazo al tratado y las declaraciones de Rajoy pertenecen a registros distintos, pero dibujan una estrategia (voluntaria o no) que responde a un mismo posicionamiento"
La historia reciente apuntaba en el sentido contrario al visto en los últimos días. Durante buena parte de las últimas décadas, Francia fue el aliado natural de los gobiernos españoles, tanto socialistas como populares. Capaces de dejar de lado las discrepancias en agricultura, pesca o energía, los países han compartido la convicción del fortalecimiento del eje Madrid-París, que, además, ha reforzado la propia posición de España en Europa.


En este sentido, el nuevo posicionamiento popular rema en dirección opuesta. El voto negativo del PP al tratado sorprendió en medios políticos y diplomáticos franceses. No tanto porque existieran desacuerdos sobre aspectos concretos del texto, sino porque este tipo de acuerdos bilaterales suele situarse fuera de la confrontación partidista. El país galo mantiene instrumentos similares con Alemania e Italia porque considera que determinadas relaciones estratégicas deben sobrevivir a los cambios de gobierno.

A lo largo del proceso se ha ido viendo que París no entendía que un tratado concebido para reforzar la cooperación institucional pudiera convertirse en objeto de una disputa política interna española.

El problema, sin embargo, va más allá del tratado. Lo que ha cambiado es el papel de Francia en Europa.

París viene impulsando una agenda basada en la autonomía estratégica, que penetra en el centro de la política industrial, la defensa europea y la soberanía tecnológica y, a grandes rasgos, profundiza la reducción de las dependencias económicas frente a Estados Unidos y China. Algunas de estas propuestas fueron recibidas inicialmente con escepticismo por numerosos socios europeos. Hoy, tras la pandemia, la guerra en Ucrania y el deterioro del orden internacional, muchas forman parte del consenso comunitario.

España, por su parte, ha sido uno de los países que más se ha aproximado a esa visión. La búsqueda de instrumentos financieros europeos, por ejemplo, sitúa hoy a Madrid y París mucho más cerca de lo que estaban hace una década. Paradójicamente, ese acercamiento entre ambos gobiernos coincide con un progresivo distanciamiento político del principal partido de la oposición española respecto a Francia.

"Paradójicamente, ese acercamiento entre ambos gobiernos coincide con un progresivo distanciamiento político del principal partido de la oposición española respecto a Francia"
Eso sí, esta tendencia no es exclusivamente española. En buena parte de Europa, la relación de las derechas tradicionales con Francia se ha vuelto más compleja. Emmanuel Macron ha terminado convirtiéndose en el principal defensor de una integración europea más ambiciosa en materias tradicionalmente vinculadas a la soberanía nacional: defensa, industria, energía o financiación común.


Respaldar esas iniciativas implica, para muchos partidos conservadores, asumir una mayor cesión de competencias hacia Bruselas. Al mismo tiempo, rechazarlas supone alejarse de una parte creciente del consenso europeo.

Entre esta dinámica y los tropiezos más recientes, el PP se sitúa en una posición tensionada desde varios frentes.

En el plano doméstico, la competencia con Vox ha desplazado parte del debate político hacia cuestiones identitarias y culturales donde Francia aparece frecuentemente como escenario de los conflictos sobre inmigración, multiculturalismo o seguridad. En ese marco, las referencias a Francia evocan algunos de los debates que alimentan a la nueva derecha populista en todo el continente.

Las palabras de Rajoy sobre la selección francesa deben leerse también desde esa perspectiva. La discusión sobre quién representa realmente a Francia no nació con el fútbol ni con este Mundial de fútbol. Al contrario, lleva décadas ocupando un lugar central en la política francesa, aunque a día de hoy podría afirmarse que existe una postura mayoritaria al respecto, pues desde la izquierda comunista hasta la derecha lepenista han criticado las palabras del expresidente.

También está el frente europeo. El Partido Popular Europeo (PPE) necesita entenderse tanto con gobiernos conservadores como con los aliados liberales de Macron para construir mayorías en Bruselas. La cooperación entre populares y macronistas constituye uno de los pilares de la actual gobernabilidad europea. Sin embargo, el PPE pacta de forma recurrente con los grupos de la derecha radical en el Parlamento Europeo. Ello provoca que se produzca un efecto contagio de las posturas de la derecha radical en el seno del PPE, del que, además, dependen o pueden depender los populares en algunos países europeos.

"La cooperación entre populares y macronistas constituye uno de los pilares de la actual gobernabilidad europea"
Por último, está la visión estratégica. Como explicaba Carlos Aragonés este sábado en Agenda Pública, en el pasado la política exterior del PP estuvo marcada por un fuerte vínculo atlántico y por una relación privilegiada con Estados Unidos. Ese eje continúa siendo esencial para cualquier gobierno español, pero el contexto internacional ha cambiado profundamente. El segundo mandato de Donald Trump, las dudas sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea y la creciente rivalidad con China han reforzado precisamente las tesis que Francia lleva años defendiendo: una Europa más capaz de garantizar su propia seguridad, desarrollar su industria y proteger sus intereses económicos.


Es por ello que el mundo se parece hoy mucho más al diagnóstico francés de hace una década. Aunque eso no significa que París tenga siempre razón. España y Francia siguen manteniendo diferencias relevantes en interconexiones, agricultura, pesca, energía nuclear, competencia industrial o infraestructuras. Y, desde el lado español, esto no implica que el Gobierno de Pedro Sánchez haya gestionado sin errores la relación bilateral.

Sin embargo, hay grandes diferencias entre discrepar con Francia y convertirla en adversario político.

¿Aliado europeo o adversario político?

Mientras el PP endurece su discurso hacia el Gobierno francés, buena parte de las amenazas al proyecto europeo proceden hoy de actores políticos franceses situados precisamente en el extremo opuesto a Macron. El ascenso del Reagrupamiento Nacional continúa generando inquietud en Bruselas porque, aunque haya moderado parte de su discurso, mantiene profundas reservas hacia algunos de los pilares de la integración europea.

En ese contexto, el tratado hispano-francés pretendía enviar una señal distinta: que dos de los principales países del sur de Europa estaban dispuestos a reforzar su coordinación en un momento de creciente incertidumbre internacional.

"El segundo mandato de Donald Trump y la creciente rivalidad con China han reforzado precisamente las tesis que Francia lleva años defendiendo"
Dicho mensaje quedó parcialmente desdibujado por el rechazo del principal partido de la oposición. Las declaraciones de Rajoy no explican por sí solas esa evolución, pero ayudan a comprender un cambio de clima político. Lo que hace unos años habría sido interpretado simplemente como una provocación futbolística adquiere hoy una dimensión distinta porque conecta con un debate más amplio sobre identidad, inmigración y Europa que atraviesa a todas las democracias occidentales.


El verdadero interrogante, por tanto, no es qué piensa Mariano Rajoy sobre la selección francesa. La cuestión relevante es qué lugar ocupa hoy Francia en la visión europea del PP.

Porque Francia es uno de los países que más ha contribuido a redefinir el debate europeo sobre defensa, soberanía económica y autonomía estratégica. Junto con Alemania, Francia constituye el principal laboratorio de las respuestas europeas a un mundo cada vez más fragmentado.

España parece haber asumido que necesita una relación cada vez más estrecha con París para aumentar su influencia en la Unión. Pero ¿comparte el principal partido de la oposición esa misma lectura? ¿O la política interna española está empujando al PP a mirar a Francia como un problema en lugar de como un aliado?

Responder a esa pregunta será probablemente mucho más importante para el futuro de España en Europa que cualquier discusión sobre la alineación de la selección francesa.
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