Martes, 28 de julio de 2026
AUTONOMÍA ESTRATÉGICA

Francia y España juntas pueden impulsar la soberanía energética europea

Pedro Fresco, experto en transición energética, defiende que la colaboración franco-española debe ir más allá del sector energético para impulsar la transformación ecológica y reforzar la autonomía estratégica de Europa en un contexto de creciente inestabilidad geopolítica.

Pedro Fresco Pedro Fresco 12 de marzo de 2025
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La mejora de las interconexiones es solo uno de los pasos para una alianza franco-española que haga prosperar a Europa. | Unsplash / Matthew Henry
La mejora de las interconexiones es solo uno de los pasos para una alianza franco-española que haga prosperar a Europa. | Unsplash / Matthew Henry
Se suele pensar que Francia y España son países bastante antagónicos en lo que a política energética se refiere. España es un país con una apuesta clara por las renovables y que tiene planeado eliminar la energía nuclear a medio plazo, mientras Francia mantiene firme su histórica apuesta nuclear a pesar de las obvias dificultades que tendrá para mantener su capacidad nuclear a largo plazo. También han existido problemas históricos para la conexión energética de ambos países, que en España se achacan al poco interés francés y en Francia a la poca razonabilidad de los proyectos.  

"En política energética España y Francia comparten más de lo que parece: ambos son países claramente comprometidos en la acción climática y el concepto de soberanía energética"
A pesar de estos enfoques distintos y de los problemas históricos, en política energética España y Francia comparten más de lo que parece: ambos son países claramente comprometidos en la acción climática y el concepto de soberanía energética. Durante el pico de la crisis de precios de 2022, cuando en España y Portugal se estableció la excepción ibérica, Francia defendió activamente un nuevo sistema de fijación de precios que reflejase los menores costes de producción de las tecnologías inframarginales frente a la posición alemana que era reticente a desnaturalizar la fijación de precio marginal. De forma general, las visiones energéticas del norte y el sur de Europa difieren en algunos puntos, asumiendo los países del norte una visión más ortodoxa respecto al mercado y la necesidad de un alto coste energético como impulsor de la eficiencia, idea que no comparten los países del sur.


En un contexto en el que Europa se siente geopolíticamente desorientada entre dos potencias cada vez más hostiles —Rusia y EE. UU.—, y en el que la independencia energética y la autonomía geopolítica están estrechamente ligadas, Francia y España pueden estar más alineadas que nunca en materia energética. De hecho, ambos países podrían impulsar propuestas desde la perspectiva del sur de Europa que, en este escenario, serían mejor recibidas por los Estados del centro y norte del continente. Sin embargo, esta nueva realidad también exige que nos replanteemos cuestiones que en el pasado no hemos abordado adecuadamente. Cada cambio trae consigo la necesidad de nuevos enfoques.

En mi opinión, Francia y España pueden contribuir al nuevo paradigma de independencia energética de Europa de varias maneras:
 
  • Mejora de las interconexiones energéticas. Es fundamental conectar la península ibérica con Europa y es lógico que esa interconexión se haga por Francia y no por largos cables submarinos hacia Italia o Reino Unido. Los 5.000 MW de interconexión eléctrica que estarán presumiblemente en funcionamiento en 2028 son claramente insuficientes para aprovechar el potencial solar y eólico de la península ibérica. Actualmente, ambos países son exportadores netos de electricidad.

  • Desacoplar el precio eléctrico del coste del gas natural. A pesar de que la UE ha evolucionado en este aspecto y su producción regulatoria comienza a hablar de reducir la volatilidad del precio eléctrico derivada de su fijación al coste del gas o limitar precios muy elevados, no se acaba de romper con el dogma marginalista. España y Francia, con mix eléctricos altamente descarbonizados, deben apoyar modelos de mercado donde el precio final dependa de los costes de generación de todo el mix, no solo de la fuente marginal. Este modelo acabará siendo deseado en toda Europa conforme el resto de los países desarrollen más renovables, pero España y Francia deben avanzarse a ese momento. De hecho, un precio de mercado más estable y menos volátil suavizaría también las reticencias a más conexiones eléctricas entre países.

  • Profundizar en la electrificación mediante un rol más activo del Estado. La electrificación de la economía requiere una orientación de política energética e industrial más contundente de la que hemos tenido hasta ahora. Francia tuvo ese papel histórico en la época del Plan Messmer y, a pesar de lo que solemos creer en España, en la actualidad también destaca en algunas áreas de la transición energética como la venta de bombas de calor. España ha tenido un muy buen desarrollo renovable los últimos años y su política industrial está íntimamente ligada a la competitividad que ofrecen estas energías. Ambos países pueden defender una política en favor de la electrificación más atrevida y con un papel más destacado por parte de los estados y de la inversión pública.

  • Construir un relato en el que la descarbonización se presente como una herramienta clave para la autonomía estratégica de Europa es una apuesta ganadora, especialmente en España y Francia. Ambos países han defendido históricamente la soberanía europea y cuentan con sociedades que recelan instintivamente de las Administraciones republicanas en EE. UU. La figura de Donald Trump, en particular, tiene una imagen muy negativa entre la mayoría de los europeos, salvo entre los votantes de la derecha radical. En este contexto, vincular la transición energética con el fortalecimiento de Europa frente a actores que generan desconfianza no solo tendría una gran acogida en España y Francia, sino que además reforzaría al frente republicano en Francia y a las fuerzas demócratas y progresistas en España, siempre que estas eviten la tentación de pactar con partidos alineados con Trump.

España y Francia tienen virtudes, experiencias y planteamientos estratégicos que pueden aportar mucho a Europa, pero debemos ser realistas y entender que también tenemos defectos y cosas que cambiar. Entre ellas está una burocracia excesiva que no está adaptada a las necesidades de la transición energética o unas poderosas dinámicas internas reacias al cambio por parte de determinados sectores económicos, políticos o sindicales.

"En Europa se impone un escenario inaplazable si quiere sobrenadar en la nueva situación: más unidad y más Europa"
La nueva realidad geopolítica está llena de incertidumbres y peligros. No son tiempos fáciles y muchas cosas pueden salir mal. Pero en Europa se impone un escenario inaplazable si quiere sobrenadar en la nueva situación: más unidad y más Europa. Esto nos va a obligar a hablar mucho más entre nosotros, a ser mucho más osados en nuestras políticas y, también, a dejar en el cajón determinados prejuicios que ya no nos podemos permitir. España y Francia deben convertirse en aliados mucho más estrechos y hacer valer su importancia energética en el continente. 
Pedro Fresco
Pedro Fresco
Especialista en regulación y transición energética. Ex director general de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana (España).
Licenciado en Química por la Universidad de València. Profesor-colaborador en el máster en Energías Renovables de la Universidad Internacional de València (VIU). Autor de 'El futuro de la Energía en 100 preguntas' (2018), 'El Nuevo Orden Verde' (2020) y 'Energy Fakes' (2024). Director general de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector de la Energía (AVAESEN).
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