Martes, 28 de julio de 2026
'PRIORIDADES NACIONALES'

Las urnas de 2027 que pueden cambiar Europa y el mundo

Las urnas, en varios países con elecciones democráticas, y los cambios políticos en curso determinarán en los próximos meses si Europa, y el mundo, se adentran en una multiplicación de "prioridades nacionales", o se regresa a la moderación y la colaboración. Las elecciones en Estados Unidos, Francia, España e Israel marcan un ascenso a los extremos en detrimento de un centro que desaparece, según el politólogo Andrés Ortega.

Andrés Ortega Andrés Ortega 10 de julio de 2026
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Al igual que en 2022, la líder de Fratelli D'Italia y primera ministra, Giorgia Meloni, y la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, aspiran a una victoria electoral en 2027. | Italy Photo Press / Zuma Press / Europa Press
Al igual que en 2022, la líder de Fratelli D'Italia y primera ministra, Giorgia Meloni, y la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, aspiran a una victoria electoral en 2027. | Italy Photo Press / Zuma Press / Europa Press
La decisión de Marine Le Pen de concurrir a las presidenciales francesas el próximo abril tras su condena marca la apertura de un periodo en el que los votos en las urnas de algunas democracias pueden cambiar no solo sus países, sino la marcha de Europa, de Occidente y del mundo. Este se puede llenar de "prioridades nacionales", en detrimento de la integración, la colaboración y una globalización razonable. No será lo mismo un mundo con un Donald Trump desenfrenado, con Le Pen en el Elíseo, Vox en el Gobierno de España y Benjamín Netanyahu campando a sus anchas, que otro en el que gobierne la moderación. Hay que ser precavidos; si bien a estas alturas nada está decidido, todo está abierto. Este otoño puede empezar a marcar un punto de inflexión. ¿En qué sentido?

"No será lo mismo un mundo con un Trump desenfrenado, con Le Pen en el Elíseo, Vox en el Gobierno de España y Netanyahu campando a sus anchas, que otro en el que gobierne la moderación"
En Europa, las presidenciales y legislativas en Francia, las generales en España, Italia y Finlandia, en 2027, pueden hacer bascular el Viejo Continente hacia una Europa fragmentada bajo la presión de los movimientos renacionalizadores de ultraderecha, que, además, contaminan todo el debate político. Fragmentación a la que contribuye Trump. Incluso en Israel, el primer ministro Netanyahu se juega más que su propio futuro. Y, claro, las elecciones de noviembre al Congreso en Estados Unidos pueden marcar la suerte de Trump y del trumpismo.


Algunas cosas cambian incluso sin elecciones. En el Reino Unido, todo indica que Andy Burnham sucederá a Keir Starmer al frente de un gobierno laborista que cuenta con mayoría absoluta y que se vuelve a acercar a Europa, diez años después del Brexit. El próximo primer ministro —el séptimo desde aquel fatídico referéndum— dispone de poco tiempo para no perder más terreno, no ya frente a los conservadores, sino frente a Reform UK de un Nigel Farage indómito pese a las acusaciones de corrupción.

En Alemania no están previstas elecciones generales, pero las regionales este otoño, sobre todo en Sajonia-Anhalt, pueden marcar un primer triunfo de la derecha radical, la AfD. En todo caso, la actual coalición presidida por Merz está intentando recuperar la forma de su industria, aun a costa de Europa, con el apoyo de los sindicatos a sus reformas de calado del Estado industrial y de bienestar. A diferencia de Francia, Alemania dispone de un importante margen de maniobra fiscal para apostar por la industria de defensa como el nuevo maná. Hoy Berlín, más aún con la presión de la derecha radical, está a favor de una Europa con más competencia entre sus Estados miembros que colaboración entre ellos. La UE, se estima, no puede frenar el crecimiento alemán, que es la gran prioridad, la "prioridad nacional" alemana. Los demás lo van entendiendo. Francia tiene la suya, desde luego en materia de innovación. ¿Estamos ante un nuevo "problema alemán" o ante un "problema europeo"?

"Hoy Berlín, más aún con la presión de la derecha radical, está a favor de una Europa con más competencia entre sus Estados miembros que colaboración entre ellos"
En Francia, lo único seguro es que Emmanuel Macron no puede repetir. Hay tres campos: la derecha radical de la Agrupación Nacional (RN) y, fragmentadas, una izquierda y una derecha. Sería una tragedia que en la segunda vuelta de las presidenciales, en el mes de mayo, se enfrentaran la derecha radical y Jean-Luc Mélenchon, desde el extremo de la izquierda. En ese caso, ganaría Marine Le Pen, que por cuarta vez retoma sus ansias presidenciales pese a su condena por malversación. Aunque las posteriores legislativas pueden moderar la situación. Hoy por hoy, sin embargo, diversas encuestas apuntan a una segunda vuelta entre Le Pen —con Bardella como candidato designado a primer ministro— y el ex jefe de Gobierno Édouard Philippe, lo que sería un drama para las izquierdas, como ocurrió con Chirac frente a Jean-Marie Le Pen en 2002. Más valdría que lograra pasar un moderado de la izquierda como Raphaël Glucksmann.


En Italia, la primera ministra Meloni tiene que afrontar sus elecciones en 2027, con un nuevo rival por su derecha, es decir, en el extremo: el exgeneral Roberto Vannacci, que poco después del lanzamiento de su partido Futuro Nazionale ha superado en las encuestas a la Lega de Matteo Salvini. De nuevo, puede haber sorpresas.

Desde fuera se mira también a las próximas elecciones en España, que se verán afectadas y afectarán a este panorama.

Los equilibrios en el Consejo Europeo se verán perturbados, más aún cuando las relaciones entre París y Berlín van mal. Aunque se haya moderado, Le Pen propone una drástica reducción de la contribución francesa al presupuesto de la UE. ¿Se puede seguir construyendo Europa sobre la base de la multiplicidad de prioridades nacionales? ¿Quién o quiénes recogerán la bandera antieuropea del húngaro Viktor Orbán? ¿Será el esloveno Janez Janša, por cuarta vez primer ministro y apoyo de Israel, o contará con otros, que a su vez —otro impacto de estos procesos— pueden ser más prorrusos, pues la derecha radical generalmente lo es? En Kiev miran con preocupación lo que pueda ocurrir.

"¿Se puede seguir construyendo Europa sobre la base de la multiplicidad de prioridades nacionales?"
En Estados Unidos, ante el fiasco de la guerra de Irán y sus consecuencias, pero con un mensaje demócrata confuso, parece que en las elecciones a medio mandato de noviembre los demócratas ganarán la Cámara de Representantes. Sin embargo, las encuestas y las apuestas en Polymarket indican que los republicanos pueden conservar una mayoría en el Senado —que solo se renueva en un tercio—. Si los republicanos no pierden el control de ambas cámaras, será difícil poner en marcha un desmantelamiento del trumpismo, al estilo del que se está siguiendo en Hungría tras la derrota de Orbán.


El que se cree emperador se ve sin ataduras. Trump, que ha demostrado en las primarias controlar el Partido Republicano, intentará no convertirse en un pato cojo, seguir gobernando por decreto, aunque a veces, solo a veces, tenga a "su" Tribunal Supremo en contra. Ha intervenido incluso en el Mundial de fútbol para que su amigo Infantino de la FIFA retirara la sanción contra Balogun, el mejor jugador de la selección estadounidense, lo que no impidió que perdiera frente a Bélgica. El juego ya ha empezado a ser sucio, y aunque Trump ha sufrido algunos reveses en sus planes, le queda el arma de desplegar el martes 3 de noviembre fuerzas del ICE en las cercanías de las mesas electorales para espantar a mucho latino, como pide Steve Bannon. Sobre todo si las dinámicas cambian. Bastantes votantes republicanos se han quedado en casa en las primarias. Es una abstención que se puede volver en contra del trumpismo, que ahora enarbola la bandera anticomunista contra el Partido Demócrata, donde han ascendido algunos "socialistas" en distritos más escorados a la izquierda.

Lo que ocurra en Israel —con elecciones, como muy tarde, el 27 de octubre— repercutirá no solo en Oriente Próximo, sino en los votantes estadounidenses que han visto cómo su presidente se ha dejado llevar por el primer ministro israelí. Algunos aspirantes demócratas critican ya abiertamente a Netanyahu. Previsiblemente, el Likud llegará en primer lugar, pero la cuestión, en una Knéset muy fraccionada, es quién logrará gobernar y con qué objetivos de seguridad, en un país cuya sociedad ha cambiado profundamente en los últimos lustros.

Está por ver si estamos ante una ola derechista o si se la contiene. Estos meses electorales no son meramente una suma de elecciones nacionales, sino un conjunto de comicios, también los españoles, que pueden influir unos en otros y, sea como sea, tendrán como resultado una Europa y un mundo cuya configuración política cambiará. Ya ha cambiado en América Latina, de la mano, sobre todo, de la inseguridad ciudadana. Las grandes excepciones son México y, con presidenciales en octubre próximo, Brasil. En la Argentina de Milei habrá elecciones en octubre de 2027.

"Estos meses electorales no son meramente una suma de elecciones nacionales, sino un conjunto de comicios que pueden influir unos en otros"
Hay unos rasgos comunes en todos estos procesos: la polarización de la política y de las sociedades. Van a ser, en todos los lugares señalados, elecciones a cara de perro. El centro ha desaparecido con el vaciamiento de las clases medias. La defensa de la empatía hacia el prójimo se está viendo enterrada. La inmigración y su rechazo están presentes en todos los debates políticos —incluso en Sudáfrica—. Hay un muy clausewitziano "ascenso a los extremos", teorizado hace años por el filósofo y antropólogo francés René Girard, fallecido en 2015 y uno de los referentes de los trumpistas. Con el peligro, siempre, de que rebase las urnas. Lo vimos en Washington con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.
Andrés Ortega
Andrés Ortega
Analista, escritor y periodista
Escritor galardonado con el Premio Jovellanos de Ensayo (2025) por 'Soledad sin solitud', y autor de la novela de anticipación 'Sé agua' (2025). Es experto en diversos campos y cuenta con experiencias como corresponsal internacional, editorialista y columnista, asesor gubernamental e investigador del Real Instituto Elcano.
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