España es
un ejemplo para el mundo en un aspecto que no siempre se valora en su justa medida: nuestro modelo urbano. Recientemente, se ha publicado un artículo titulado "
Triumph of the Spanish city" que enumera, a través de un recorrido histórico, las grandes ventajas de nuestras ciudades, como
la caminabilidad, la vitalidad o la vida en la calle —gracias, en parte, a la tardía generalización del vehículo privado debido a nuestro retraso económico a mediados del siglo XX—. El urbanista Charles Montgomery, autor de
Happy City, dijo en una entrevista que
Barcelona era el sueño de cualquier urbanista.
El secreto de este triunfo —al menos en parte—
se llama densidad. ¿Qué es la densidad en términos urbanos? El número de personas (o viviendas) que residen en una determinada superficie. Parece una cuestión sencilla, pero es
de los elementos con más capacidad de condicionar cómo funciona una ciudad, su economía, tejido social y, relacionado con todo lo anterior, su movilidad.
Imagínese que tiene una panadería o cualquier otro pequeño comercio al que las personas suelen desplazarse andando para adquirir su producto. En un modelo de baja densidad, es probable que en
un radio de diez minutos a pie no cuente con los suficientes hogares como clientes potenciales para que salga rentable el negocio. Pero si en ese mismo radio el número de hogares se multiplica por tres, probablemente pasará a ser viable, lo que le permitirá
mantener el comercio frente a esas grandes superficies a las que se llega en vehículo privado y donde se aprovecha para comprar productos de todo tipo.
"Tener en un radio de diez minutos una variedad de comercios y equipamientos permite hacer una gran proporción de desplazamientos a pie"
Desde una perspectiva complementaria, la del hogar, tener en un radio de diez minutos
una variedad de comercios y equipamientos, que no serían posibles sin la densidad, permite hacer una gran proporción de desplazamientos a pie, al poder satisfacer las necesidades cotidianas en el entorno más cercano.
Densidad y movilidad de proximidad están estrechamente relacionadas.
En estrecha relación con lo anterior,
toda sociedad tiene un sistema de movilidad con el que se retroalimenta de manera permanente. Las grandes transformaciones económicas y políticas tienden a ir acompañadas de cambios en la forma en la que nos desplazamos, como el papel clave que jugó el ferrocarril en la Revolución Industrial al permitir conectar las fábricas y las minas,
contribuir al éxodo del campo a la ciudad y ayudar a estandarizar los horarios a nivel internacional.
Pero el sistema de movilidad también tiene efectos cotidianos, como
la forma en la que nos relacionamos con las personas que nos rodean. Cuando la mayor parte de la movilidad era a pie, principalmente se interactuaba con las personas del entorno más cercano, por lo que el número de vínculos era reducido, aunque muy intensos. Ello contribuía al comunitarismo, pero también al control social, especialmente contra aquellas personas que no se adaptaban a las normas hegemónicas.
La generalización del vehículo privado durante el siglo XX, además de ensanchar las ciudades, nos permitió estar en múltiples lugares y con múltiples personas en un mismo día, incrementando el número de vínculos potenciales, pero posiblemente debilitando buena parte de ellos.
El aumento de la libertad de desplazamiento, junto con profundas transformaciones económicas, culturales y familiares, coincidió con el incremento del individualismo y el desarraigo que tanta insatisfacción social produce hoy en día.
"Si el siglo XX fue el siglo del coche y la velocidad, el siglo XXI puede ser el siglo de la proximidad"
En parte, es probablemente esta insatisfacción la que está haciendo regresar
el péndulo de la movilidad. Si el siglo XX fue el siglo del coche y la velocidad, el siglo XXI puede ser el siglo de la proximidad, en el que se reconstruyan
los lazos comunitarios y el sentido de pertenencia respecto a nuestro territorio cotidiano. Las ciudades densas serán importantes aliadas para ello, y sobre ello las nuestras tienen mucho que decir.