Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Barcelona como ciudad global: ¿innovación o encanto?

Las ciudades globales se enfrentan a cuatro grandes desafíos. Las ciudades globales más exitosas buscan combinaciones de políticas que permitan enriquecer simultáneamente cada una de estos desafíos. El desafío central de Barcelona es cómo priorizar a sus propios ciudadanos mientras explora nuevos campos de especialización atractivos a nivel global. Encontrar y renovar el modelo de ciudad global que Barcelona puede ejercer en las próximas décadas es, no obstante, el principal reto que enfrenta la ciudad actualmente.

Jacint Jordana Jacint Jordana 2 de septiembre de 2024
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W Barcelona, también conocido como Hotel Vela, Barcelona, España. | Mel Longhurst / Zuma Press / ContactoPhoto
W Barcelona, también conocido como Hotel Vela, Barcelona, España. | Mel Longhurst / Zuma Press / ContactoPhoto
Las ciudades globales se enfrentan a cuatro grandes desafíos. El primero es cómo articular sus relaciones con otras ciudades globales, equilibrando la competencia y la colaboración, teniendo en cuenta su distancia geográfica y su especialización. En segundo lugar, deben enfrentar las tendencias hacia la desigualdad que su propio dinamismo genera, atrayendo muchos recursos pero expulsando a parte de su ciudadanía. El tercer desafío es definir su perfil como ciudad global, determinando su grado y tipo de especialización, y estableciendo las políticas necesarias para alcanzarlo o mantenerlo. Por último, deben dinamizar su capacidad de innovación en sus múltiples dimensiones —social, económica, científica, cultural, entre otras— para seguir generando las capacidades que refuercen su relevancia a nivel global.

"Desde los años ochenta, ha habido un consenso significativo entre los actores políticos y económicos de Barcelona en torno a un eje estratégico: impulsar la construcción de una ciudad global, con énfasis en sectores donde el potencial de atraer recursos y consolidar un perfil innovador era más evidente"


En las últimas décadas, Barcelona se ha consolidado como una ciudad global, partiendo de su encanto como urbe mediterránea y cosmopolita, y ha desarrollado diversas estrategias para enfrentar estos desafíos. A lo largo del tiempo, las prioridades y los esfuerzos en estos ámbitos han variado, según el liderazgo político dominante en cada momento y sus preferencias ideológicas. Sin embargo, desde los años ochenta, ha habido un consenso significativo entre los actores políticos y económicos en torno a un eje estratégico: impulsar la construcción de una ciudad global, con énfasis en sectores donde el potencial de atraer recursos y consolidar un perfil innovador era más evidente. Así, por ejemplo, la dinamización de una oferta turística atractiva, vinculada a una intensa actividad cultural y lúdica, o la promoción de la ciudad a través de grandes eventos, como el Mobile World Congress, constituyen algunos de estos elementos, a los que cabria añadir las múltiples redes profesionales y empresariales con sede en la ciudad, o también la intensa actividad científica orientada a promover el conocimiento global. 

"La ausencia de capitalidad estatal, en contraste con otras grandes ciudades que reciben pleno apoyo de sus respectivos estados, introduce para Barcelona una desigualdad difícil de compensar"


Este objetivo compartido no ha impedido que surgieran conflictos internos, muchos de ellos vinculados a los cuatro desafíos mencionados. A pesar de no ser capital de su Estado, Barcelona ha desarrollado una impresionante capacidad para hacer política internacional, concentrando capitalidad mediterránea y estableciendo redes transnacionales de ciudades, posicionándose en el centro de una densa red de relaciones cooperativas a nivel global. No obstante, sus relaciones con ciudades globales cercanas, como Madrid y París, han sido complejas. La ausencia de capitalidad estatal, en contraste con otras grandes ciudades que reciben pleno apoyo de sus respectivos estados, introduce una desigualdad difícil de compensar. En este contexto, la opción de un Estado propio, que surgió como alternativa a principios de la pasada década, se percibió también como una forma para potenciar a Barcelona como ciudad global, aunque la estrategia generó todo tipo de tensiones, como es bien conocido.

El objetivo de convertir a Barcelona en una ciudad global ha sido ampliamente compartido por una ciudadanía que no veía otras opciones realistas en un mundo altamente globalizado. Por otra parte, la europeización intensa ha ofrecido numerosas oportunidades, limitando en cierta medida el control de los estados nacionales. Sin embargo, no estaba claro cómo se repartirían internamente los beneficios y los costos de esta transformación. Las consecuencias de la ascensión de Barcelona como ciudad global han sido especialmente notorias en el mercado de la vivienda, con elevadas revalorizaciones para los propietarios y alquileres prohibitivos para las nuevas generaciones de residentes. Las políticas redistributivas de los gobiernos municipales de izquierdas en los últimos diez años no han logrado evitar un aumento de la desigualdad en la ciudad, en comparación con el resto del área metropolitana, y persisten diferencias muy significativas de renta entre sus barrios. En cierto modo, la consolidación de Barcelona como ciudad global ha transformado su paisaje urbano, haciendo más visibles algunas desigualdades, mientras otras han sido desplazadas fuera de las áreas centrales.

"La consolidación de Barcelona como ciudad global ha transformado su paisaje urbano, haciendo más visibles algunas desigualdades, mientras otras han sido desplazadas fuera de las áreas centrales"


No todas las ciudades globales son iguales. Algunas se especializan en ciertos ámbitos, mientras que otras, si su tamaño lo permite, proyectan una amplia variedad de temáticas en su dimensión global. Muchos factores influyen en la configuración de los ejes centrales de una ciudad global, ya sean políticos, culturales o económicos, entre otros. La tendencia a la especialización es, de hecho, una estrategia efectiva para el éxito en un mundo globalizado. Muchos coinciden en que, desde hace algunas décadas, el eje central de Barcelona en su conversión en ciudad global ha sido su capacidad de atracción, su encanto como ciudad. Esto no se limita al turismo, sino a un enfoque más amplio que incluye atraer actividad económica, ofrecer servicios de salud, y contenidos educativos, configurando a la ciudad como un punto de encuentro atractivo para diversas actividades. Sin embargo, Barcelona sigue enfrentando el desafío de cómo gestionar sus múltiples atractivos para evitar efectos negativos, como lo demuestran las recientes tensiones en torno a la saturación turística.

"La innovación surge más fácilmente en condiciones propicias, y la combinación de factores que permiten el florecimiento de un tejido social y económico innovador es siempre compleja, e incluye elementos imprevisibles, lo que invita a la experimentación y a asumir riesgos"


El cuarto desafío para las ciudades globales es su capacidad de innovación, posiblemente el más crucial, ya que implica generar capacidades difíciles de articular pero que producen un elevado valor añadido para la ciudad y su posicionamiento global. Las ciudades globales pueden convertirse en grandes laboratorios de innovación, capaces de atraer talento motivado por sus espacios de creatividad, tanto en el ámbito artístico y científico, como en el empresarial o administrativo. La innovación surge más fácilmente en condiciones propicias, y la combinación de factores que permiten el florecimiento de un tejido social y económico innovador es siempre compleja, e incluye elementos imprevisibles, lo que invita a la experimentación y a asumir riesgos. Las políticas públicas locales juegan un papel fundamental en la formación de entornos innovadores, y en Barcelona, esta sensibilidad ha estado presente desde hace tiempo. No obstante, las políticas de innovación requieren constante atención, flexibilidad y una orientación transversal, lo que pone a prueba las capacidades administrativas y de gestión de la ciudad.

"Otro desafío central es cómo priorizar a sus propios ciudadanos mientras explora nuevos campos de especialización atractivos a nivel global"


Los cuatro desafíos mencionados están interrelacionados, y cualquier impulso en una dirección puede generar efectos contraproducentes en las otras. Sin embargo, también es posible encontrar círculos virtuosos entre estas dimensiones. De hecho, esto es lo que ensayan las ciudades globales más exitosas: encontrar combinaciones de políticas que permitan enriquecer simultáneamente cada una de estas dimensiones. Barcelona está en este camino, aunque no sin experimentar tensiones de todo tipo. Uno de sus retos más destacados es cómo mantener su encanto tradicional mientras se convierte en un polo de innovación en múltiples ámbitos. Otro desafío central es cómo priorizar a sus propios ciudadanos mientras explora nuevos campos de especialización atractivos a nivel global. Encontrar y renovar el modelo de ciudad global que Barcelona puede ejercer en las próximas décadas es, no obstante, el principal reto que enfrenta la ciudad actualmente, teniendo en cuenta su atractivo actual y su experiencia reciente, pero también su potencial innovador y sus capacidades creativas.
Jacint Jordana
Jacint Jordana
Catedrático del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra (UPF, España) y presidente del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (Ibei)
Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona (España). Ha sido profesor visitante en la Copenhagen Business School, la Australian National University, Wissenschaft Zentrum Berlin y la Universidad de California (San Diego), entre otros. También es investigador asociado del Centro de Estudios Europeos, SciencesPo (París, Francia). Su área de investigación principal se centra en el análisis de las políticas públicas comparadas, con especial atención en las políticas de regulación y sus instituciones especializadas. Por otra parte, trabaja sobre temas de acción colectiva, descentralización y procesos de difusión, sobre los que ha publicado varios trabajos en revistas académicas especializados. Es autor del libro Barcelona, Madrid y el Estado (Catarata, 2019).
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