Martes, 28 de julio de 2026
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El termómetro de las bolsas mide fiebre o euforia

Wall Street alcanza niveles estratosféricos impulsada por la fiebre de la inteligencia artificial. ¿Vivimos una nueva burbuja puntocom o un mero reajuste? La periodista económica Belén Carreño analiza esta exuberancia irracional, donde el miedo a perder oportunidades domina a los inversores. Mientras Elon Musk se corona primer trillonario, los mercados ignoran el riesgo político y su fuerte disonancia con la economía real. Una inminente corrección técnica podría poner todo a prueba.

Belén Carreño Bravo Belén Carreño Bravo 22 de junio de 2026
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Paneles informativos en el Palacio de la Bolsa de Madrid. | Eduardo Parra / Europa Press
Paneles informativos en el Palacio de la Bolsa de Madrid. | Eduardo Parra / Europa Press
Cuando el director de Agenda Pública, Marc López, me pidió a principios de la semana pasada que escribiera sobre la bolsa española en máximos, le advertí: "Para el próximo lunes se puede haber descalabrado". Al cierre de este artículo no ha sido así, pero podría serlo en cualquier momento de la semana que viene, o dentro de seis meses. Las acciones de bolsa están caras, en el caso de Estados Unidos, muy caras, pero cuando el mercado se mueve en los parámetros de la emoción en lugar de en el precio, la incertidumbre es total. ¿En qué momento los inversores que han apostado por el boom de la IA perderán su confianza y empezarán, como se dice en la jerga, a deshacer posiciones y recoger beneficios? Es algo tan imprevisible de responder como lo era anticipar los actuales niveles que se registran en Wall Street.

"La bolsa estadounidense está en unos niveles estratosféricos medidos por casi todos los parámetros tradicionales"
Lo cierto es que la bolsa estadounidense está en unos niveles estratosféricos medidos por casi todos los parámetros tradicionales y, en comparación, se podría decir que el índice selectivo español, el Ibex 35, está barato. Si miramos el PER —el índice que nos dice cuántos años de beneficios se necesitan para recuperar la inversión—, el Schiller —que lleva este plazo de recuperación a la media de los últimos diez años— o el Buffet —que compara la marcha de la bolsa de un país con su economía real—, están en sus máximos históricos o cerca de ellos. Ya han superado las señales de alerta de precios injustificados de la crisis de 1929 y están a punto de superar los de la crisis de las puntocom en 2001.


La crisis de las puntocom es el espejo en el que los expertos miran la situación actual con la que tiene varios paralelismos: sector tecnológico, promesa de cambio, expectativas infladas y muchos gurús. Pero los expertos discrepan con si la historia tendrá el mismo desenlace. David Cano, socio de AFI, apunta a una diferencia básica: las tecnológicas están dando beneficios ingentes y en el año 2000 las empresas emergentes daban pérdidas. "Por definición, si hay beneficios no hay burbuja", dice Cano, que compara la situación actual con la explosión del ferrocarril en el siglo XIX. Cuando en la década de los cuarenta de hace dos siglos se popularizó el tren, hubo familias burguesas y nobles que lo invirtieron todo en su desarrollo. El tren acabó siendo crítico para cualquier economía, cumplió las expectativas de transformación, y su despliegue marcó un antes y un después en las economías que lo adoptaron —y marcó el declive de China, que fue reticente a su uso, recuerda Cano—. Pero aunque las promesas de riqueza que anticipó el tren fueran ciertas, no evitó que muchas familias quebraran porque pagaron precios que ni esa abundancia real que luego vino justificaban la inversión.

Uno de los gobernadores más carismáticos de la Reserva Federal, Alan Greenspan, calificó este trastorno bursátil como "exuberancia irracional". Los inversores se dejan llevar por un sentimiento que Miguel Ángel Rodríguez, analista de Willybit, califica de FOMO —Fear of Missing Out—. "Muchos no supieron anticipar los beneficios de Nvidia (la fabricante de chips). Así que ahora nadie quiere volver a perderse la próxima Nvidia", concluye diciendo que la corrección está próxima.

"Lo que se comienza a debatir es si el retorno puede superar en un plazo medio todo el dinero colocado en el sector"
En las últimas semanas, las acciones de las tecnológicas han comenzado a moderarse, coincidiendo con las dudas crecientes sobre la rentabilidad de los servicios de IA. El nivel de apoyo es tan alto que, como en el caso del ferrocarril, la incertidumbre no es si va a ser transformadora o no. Lo que se comienza a debatir es si el retorno puede superar en un plazo medio todo el dinero colocado en el sector, que, como en el caso del ferrocarril, lleva aparejado el despliegue de una costosa infraestructura. Pese a la inquietud, Elon Musk ha puesto en el mercado al gigante SpaceX, que todavía da pérdidas, y ha causado un furor que ha multiplicado exponencialmente su fortuna.


Es necesario aquí un inciso sobre cómo esta locura colectiva hacia SpaceX ha convertido a Musk en el primer billonario (trillonario en EE. UU.) del mundo. Musk tiene ya más dinero que los cinco multimillonarios más ricos juntos. La diferencia es tan abismal que en este análisis del WSJ explican que la fortuna del siguiente en la lista, Jeff Bezos, está más cerca de la de un indigente que de la de Elon Musk. Es difícil de entender, de creer y de poner en perspectiva.

"Los mercados nunca son racionales, tienen expectativas y sobre ellas compran y venden activos y buscan precios", explica José Carlos Díez, profesor de Economía de la Universidad de Alcalá. "La gente compra y gasta el dinero en función de expectativas que pueden ser o no reales, a veces están eufóricos y otras deprimidos", concluye Díez. El problema es que el paso de una emoción a la otra no se hace de forma ordenada y provoca una estampida, lo que en ocasiones desencadena los crash bursátiles. Díez recuerda cómo en 1996 las valoraciones de Wall Street ya hablaban de sobreprecio en las tecnológicas y no hubo una corrección hasta cinco años después. Coincide con Cano en que los ingentes ingresos rompen el paralelismo con la debacle puntocom, pero afina en el punto de fricción. "El sector está muy inmaduro, aún no se sabe quiénes son los ganadores y se invierte en todos".

Este economista cita las teorías psicológicas de los nobel Daniel Kahneman y Vernon Smith sobre cómo las emociones y la aversión al riesgo marcan la toma de decisiones de inversión. Siguiendo esta teoría, Díez dice que la aversión al riesgo está en mínimos, y de ahí que se compre sin mirar el precio.

"El riesgo en Estados Unidos  está muy concentrado en alrededor de diez compañías"
En lo que coinciden los expertos es que el riesgo en EE. UU. está muy concentrado en alrededor de diez compañías. Cabe recordar que el descalabro bursátil de 2001 no llevó a una crisis, sino a un reajuste que en la economía real se quedó en un catarro (mientras que el crash de 1929 llevó a una tremenda recesión).


También coinciden en que la bolsa española y las europeas están baratas, en comparación con EEUU. Al igual que pasó con la economía real, los mercados europeos se recuperaron mucho peor de la recesión de 2008 y las plazas del continente están muy rezagadas de los precios al otro lado del Atlántico. La baja exposición tecnológica de Europa ha aumentado esta brecha entre las dos bolsas.

Pero en prácticamente el 100% de los casos, cuando Wall Street ha estornudado, Europa ha cogido casi una neumonía, aunque el origen de las ventas no tenga ninguna relación. El pánico salta de una orilla a otra en cuestión de minutos y el motivo es irrelevante. La mitad del dinero invertido en bolsa en el mundo está en Wall Street.

Solucionada la gran pregunta de si la bolsa está cara, la siguiente cuestión es, ¿son los mercados un buen reflejo de la realidad económica? La teoría también nos dice que no mucho, aunque sí pueden funcionar como indicadores adelantados de tendencias. David Cano recuerda que el número de empresas que cotizan en bolsa es una fracción respecto al número de compañías que operan en el mundo. (En España cotizan unas 500 y el universo total es de 3,3 millones de empresas dadas de alta según el INE). "Si la bolsa sube no beneficia a todo el mundo, beneficia a los que están invertidos en bolsa. De la misma manera, extrapolamos la marcha de las empresas cotizadas cuando no son representativas del conjunto de la economía".

"Puede haber un ajuste, pero no una burbuja", dice Díez, que recoge el sentir de los expertos consultados. El pronóstico es que la bolsa corrija alrededor de un 10% su precio en el corto plazo, sin esperar un batacazo.

"La pregunta todavía sin respuesta es si esta disonancia entre la calle y el mercado puede pasar factura"
El nivel de incertidumbre política alimentado por la toma de decisiones errática del presidente de la primera economía del mundo, Donald Trump, es algo que los inversores no parecen haber incorporado en los precios. O lo valoran como muy bajo. Tampoco perciben como riesgo la incomodidad de las clases medias ante la pérdida de poder adquisitivo o la crisis de la vivienda. La pregunta todavía sin respuesta es si esta disonancia entre la calle y el mercado, que se justifica en que las bolsas ponen precio al futuro, no al presente, puede pasar factura.
Belén Carreño Bravo
Belén Carreño Bravo
Periodista económica
Es autora de la 'newsletter' semanal 'Inteligencia Económica' en 'El País', analista en televisión, conferenciante y docente. Durante casi siete años fue corresponsal sénior de la agencia Reuters en España. Antes formó parte del equipo fundador de 'elDiario.es', donde ejerció como redactora jefa de Economía.
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