Para los hombres duros que gobiernan Estados Unidos, China y Rusia,
Europa es blanda y, por tanto, está condenada. El desprecio de los presidentes Donald Trump, Xi Jinping y Vladímir Putin es amplio y profundo.
Al denunciar a las personas por su origen, los lugartenientes de Trump presentan la presencia de migrantes, incluso de segunda generación, como prueba de que
Europa está cometiendo un suicidio civilizatorio. La necesidad de la Unión Europea de buscar consensos entre veintisiete países es utilizada por Estados Unidos, China y Rusia para aplicar el divide y vencerás.
Se avecina un conflicto comercial entre la UE y China, mientras los europeos entran en pánico ante la posibilidad de que las exportaciones chinas dejen sin trabajo a los trabajadores locales. En respuesta, según ha sabido
The Telegram, enviados chinos han instado a Europa a aprender de Estados Unidos. Según su relato, Trump impuso aranceles a China el año pasado, pero recibió un golpe aún más fuerte.
Como resultado, Estados Unidos respeta ahora a China. Se refieren a las amenazas de China, en 2025, de restringir los envíos de minerales esenciales de tierras raras. El mensaje implícito es contundente:
China derrotó a Trump. ¿Quiénes se creen que son los europeos?
China está perdiendo la paciencia con
las exigencias europeas para que sus empresas dejen de abastecer la maquinaria bélica rusa. Los drones ucranianos también están llenos de componentes chinos y China mira hacia otro lado, según han trasladado funcionarios chinos a gobiernos europeos. Y presionan: ¿Hasta dónde quieren llevar los controles de exportación?
"China está perdiendo la paciencia con las exigencias europeas para que sus empresas dejen de abastecer la maquinaria bélica rusa"
Las vulnerabilidades de Europa quedaron a la vista en el Stockholm China Forum, celebrado los días 4 y 5 de junio. El foro, una reunión a puerta cerrada de dirigentes políticos y empresariales, funcionarios y académicos de Estados Unidos, China y Europa —la UE, Reino Unido y algunos otros países occidentales—, está coorganizado por el Ministerio de Exteriores de Suecia y el
think tank German Marshall Fund. Este columnista ha asistido a estos foros desde 2008.
El de este año fue uno de los más sombríos.
Después de que China lograra intimidar a Trump con controles sobre las tierras raras,
Estados Unidos alcanzó una frágil tregua respaldada por amenazas de aranceles y controles a la exportación de chips.
Los mercados de la UE ofrecen cierto margen de presión, pero no puede utilizarse fácilmente, debido a las
dependencias económicas respecto a China y a los vínculos económicos y de seguridad con Estados Unidos.
A medida que se acelera la competición tecnológica entre Estados Unidos y China, Europa se queda cada vez más atrás.
En Estocolmo, los participantes chinos calificaron a los europeos de ser demasiado "cómodos" para competir. Uno de ellos puso un ejemplo real: un ejecutivo europeo de una empresa tecnológica china le dijo a su jefe que una carga de trabajo aplastante estaba poniendo en peligro su matrimonio. "Vaya", respondió el jefe chino.
"Está claro que tiene usted a la esposa equivocada".
Sin embargo, en medio del pesimismo, a este columnista le asaltó una idea contraria. Tal vez, en esta era de incertidumbre radical,
el enfoque europeo, más blando y más consensual en el trabajo y en la política, pueda acabar resultando útil.
"A medida que se acelera la competición tecnológica entre Estados Unidos y China, Europa se queda cada vez más atrás"
Trump, Xi y Putin ven
un mundo moldeado por el poder y por la voluntad de utilizarlo. Los presidentes estadounidense y ruso avalan un orden global en el que la "paz" queda garantizada cuando los países más débiles se someten a los fuertes.
Ambos condenan a Ucrania por defenderse de la invasión no provocada de Rusia. China es más ambigua, pero cuando sus diplomáticos acusan a Occidente de provocar y prolongar la guerra al ignorar los legítimos intereses de seguridad de Rusia, utilizan la misma lógica.
La visión de las relaciones internacionales según la cual
la fuerza da la razón tiene su equivalente en la política interna. Países de todo el mundo están sucumbiendo a la doctrina mayoritarista del
winner-takes-all (el ganador se lo lleva todo). A primera vista, eso se parece a la democracia, ya que el poder se ejerce en nombre de una mayoría legítima y respetuosa con la ley. Pero en estos sistemas,
las minorías y los disidentes tienen pocos o ningún tipo de derechos. Lo que se ofrece a l
a ciudadanía es una seguridad condicional, siempre que permanezca en el lado correcto de la línea divisoria entre mayoría y minoría.
Es cierto que Estados Unidos, una democracia conflictiva pero funcional, es inmensamente más libre que China y Rusia, ambas tiranías de la mayoría. Pero, como Putin y Xi,
Trump entiende la política como un juego en el que el ganador se lo lleva todo. En distintos grados, cada uno actúa como si el Estado estuviera al servicio de los intereses de un único partido gobernante, demonizando a los adversarios como enemigos internos.
Los hombres fuertes presumen de ganarse la legitimidad por ser eficientes y eficaces. La profunda imprevisibilidad del futuro pondrá a prueba esa afirmación. Cuando los gobernantes depositan su confianza en el poder, y no en las leyes y los tratados, apuestan por seguir siendo fuertes.
Trump, Putin y Xi son todos ellos líderes dispuestos a asumir riesgos, aparentemente tentados por aventuras peligrosas desde Oriente Medio hasta las fronteras orientales de Europa, o el estrecho de Taiwán. Nadie puede predecir con seguridad cuál será la fuerza relativa de Estados Unidos, China y
Rusia dentro de cinco o diez años.
"Cuando los gobernantes depositan su confianza en el poder, y no en las leyes y los tratados, apuestan por seguir siendo fuertes"
Gracias a la inteligencia artificial y a otras tecnologías disruptivas,
las líneas divisorias entre ganadores y perdedores económicos están a punto de moverse de forma abrupta. Nadie sabe qué industrias desaparecerán o prosperarán, ni qué tipo de educación hará empleables a las personas. En una era así, ¿quién puede estar seguro de pertenecer a una "buena" mayoría que juega según las reglas y que, por tanto, merece estar a salvo?
Construir coaliciones mientras el mundo se pone patas arriba
Es fácil burlarse de Europa, con
sus sistemas de bienestar insostenibles y sus largas vacaciones. Pero no hubo nada absurdo en su apuesta, después de 1945, por una política consensual y basada en reglas. Los numerosos castillos del continente no fueron construidos hace poco por ministerios de turismo. Dan testimonio de siglos en los que los europeos resolvieron sus disputas a sangre y fuego.
La historia enseñó a los europeos a temer a las mayorías tiránicas. Una y otra vez, a lo largo de los siglos, las líneas se movieron. Sin derechos legales inalienables para los individuos, pertenecer a la religión, la clase social o el grupo equivocados podía significar una ruina repentina, el exilio o algo peor.
Europa tiene problemas. Pero hay escenarios en los que su apuesta por las reglas da resultado. Estados Unidos puede elegir a un presidente que intente servir a todo el país, y no a una sola tribu política. Un Estados Unidos abierto a culturas y opiniones diversas podría aliarse con Europa para contrarrestar las prácticas depredadoras de China y Rusia. Puede que los hombres duros no sean los dueños del futuro. Tal vez la política consensual ayude a evitar que la ciudadanía entre en pánico.
La blandura quizá no signifique todavía la condena de Europa.