Martes, 28 de julio de 2026
COMPETENCIA ESTRATÉGICA

China descubre los límites de su poder económico en América Latina

La competencia entre Estados Unidos y China en América Latina existe más allá de las infraestructuras y la inversión. Fernando Herrera, periodista internacional especializado en las relaciones entre Asia, Estados Unidos y América Latina, advierte de que también depende de elecciones, crisis internas y cálculos de seguridad: "la influencia económica, la influencia política y la influencia ideológica son formas distintas de poder".

Fernando Herrera Ramos Fernando Herrera Ramos 4 de junio de 2026
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El presiente chino, Xi Jinping, junto a los presidentes Gabriel Boric (Chile), Lula da Silva (Brasil) y Gustavo Petro (Colombia). | Ding Haitao / Xinhua News / Europa Press
El presiente chino, Xi Jinping, junto a los presidentes Gabriel Boric (Chile), Lula da Silva (Brasil) y Gustavo Petro (Colombia). | Ding Haitao / Xinhua News / Europa Press
Durante más de dos décadas, China ha expandido de manera constante su presencia en América Latina a través del comercio, la inversión, el desarrollo de infraestructura, el financiamiento y la actividad diplomática. A medida que la huella económica de China creció, surgió una suposición común entre diversos analistas políticos: que la influencia económica a la larga se traduciría en influencia política.

La lógica parecía sencilla. Los países que se volvieran cada vez más dependientes de los mercados, el financiamiento y las inversiones chinas tendrían una mayor probabilidad de alinearse políticamente con Pekín, fortaleciendo la capacidad de China para moldear resultados internacionales más allá de su zona de influencia.

Esta suposición ha influido en gran parte de las discusiones sobre el ascenso de China en el mundo en desarrollo. Con frecuencia, la vinculación económica no se veía únicamente como una relación comercial, sino como una vía hacia una influencia política más amplia. Sin embargo, los acontecimientos recientes en América Latina sugieren una realidad más compleja.

"El comercio continúa expandiéndose, las empresas chinas permanecen activas en toda la región y los gobiernos siguen considerando a China un socio económico importante"
A pesar de la notable expansión de las relaciones entre China y América Latina durante las últimas dos décadas, la relación ha evolucionado a través de una interacción dinámica entre oportunidades económicas, cálculos políticos y competencia estratégica. La influencia económica de China sigue siendo considerable y es poco probable que desaparezca. El comercio continúa expandiéndose, las empresas chinas permanecen activas en toda la región y los gobiernos siguen considerando a China un socio económico importante. Sin embargo, la influencia económica, la influencia política y la influencia ideológica son formas distintas de poder que no necesariamente avanzan en paralelo.


Varios países que históricamente han desempeñado un papel importante amplificando la influencia china o desafiando la influencia estadounidense están experimentando transformaciones políticas, económicas o estratégicas significativas. Aunque estos acontecimientos no indican un retroceso de la relación económica china, sí plantean interrogantes importantes sobre si la influencia económica por sí sola es suficiente para generar una influencia política duradera.

Panamá ofrece uno de los ejemplos más claros. Durante años, Panamá fue visto como un importante éxito diplomático para Pekín. La decisión del país de establecer relaciones diplomáticas con China en 2017 fue seguida por una creciente cooperación y participación en la Iniciativa de la Ruta de la Seda. Dada la ubicación estratégica de Panamá y la importancia del Canal de Panamá para el comercio mundial, la relación parecía simbolizar la creciente influencia china en el hemisferio occidental.

Sin embargo, la posterior retirada de Panamá de la iniciativa más ambiciosa del país asiático tras las presiones de Washington demostró la vulnerabilidad de los logros políticos frente a cambios en las condiciones geopolíticas. La presencia comercial china en Panamá sigue siendo significativa, pero el episodio destacó una distinción importante: la relación económica puede sobrevivir incluso cuando el impulso político cambia de dirección.

Para los analistas políticos que evalúan la estrategia de influencia a largo plazo de China, Panamá sirve como recordatorio de que las ganancias políticas suelen ser menos duraderas que las relaciones económicas.

Venezuela presenta un ejemplo similar. Durante años, Caracas fue uno de los socios más importantes de Pekín en la región. El financiamiento, la inversión y el apoyo político chinos contribuyeron a fortalecer los lazos bilaterales, mientras Venezuela se convertía en uno de los críticos más prominentes de la influencia estadounidense en el hemisferio. La relación parecía demostrar cómo la influencia económica y la influencia política podían reforzarse mutuamente.

"Caracas ha demostrado una creciente disposición a relacionarse de manera pragmática con Washington cuando ello sirve a sus intereses"
Hoy, sin embargo, Venezuela enfrenta una realidad muy distinta. Las limitaciones económicas, las sanciones y los desafíos internos han reducido su capacidad para proyectar influencia más allá de sus fronteras. Más importante aún, Caracas ha demostrado una creciente disposición a relacionarse de manera pragmática con Washington cuando ello sirve a sus intereses. Tras la captura del entonces presidente Nicolás Maduro en enero, Venezuela y Estados Unidos acordaron reanudar sus relaciones diplomáticas y fortalecer sus vínculos económicos, especialmente en la industria petrolera y gasífera. Por lo observado hasta ahora, el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta en funciones del país significó que uno de los entornos políticos que históricamente amplificó la influencia china en Sudamérica decidió cambiar de alineamiento y acercarse a su antiguo rival ideológico más importante.


Una dinámica similar puede observarse en Cuba. Durante décadas, La Habana ocupó una posición única dentro del panorama político latinoamericano. Su influencia ideológica a menudo superó sus capacidades económicas, y la isla sirvió como un símbolo importante para movimientos críticos de la influencia estadounidense en toda la región. Durante gran parte de la Guerra Fría y el periodo posterior, Cuba desempeñó un papel desproporcionado en la configuración de narrativas políticas en América Latina.

Hoy, Cuba enfrenta severas presiones económicas, apagones recurrentes, una disminución del nivel de vida y crecientes flujos migratorios. La isla continúa manteniendo estrechos vínculos con China, pero su capacidad para moldear los debates políticos regionales ha disminuido significativamente en comparación con décadas anteriores. Además, Donald Trump la ha incluido nuevamente en su lista negra, llegando incluso a amenazar con tomar medidas contra la nación caribeña una vez que concluya el conflicto con Irán. Una vez más, la relación económica con China permanece intacta mientras el ecosistema político que la rodea se debilita.

Nicaragua representa un caso diferente, pero igualmente importante. Históricamente posicionada como una firme crítica de la influencia estadounidense, Managua ha demostrado en ocasiones una notable flexibilidad estratégica cuando se enfrenta a realidades económicas. El reciente retorno de una planta procesadora de oro a una empresa estadounidense generó preguntas sobre hasta qué punto incluso gobiernos que mantienen una retórica antiestadounidense pueden acomodarse selectivamente a Washington si coincide con sus intereses económicos o políticos.

"Los gobiernos pueden continuar relacionándose económicamente con Pekín mientras recalibran simultáneamente aspectos de su postura estratégica más amplia"
La importancia de estos acontecimientos no radica en que Nicaragua esté abandonando a China. Más bien, demuestran que el alineamiento político suele ser más fluido que las relaciones económicas. Esto puede observarse también en la decisión de Nicaragua de poner fin al programa de exención de visado para ciudadanos cubanos y de liberar a decenas de presos políticos debido a la presión estadounidense. Todo ello demuestra cómo los gobiernos pueden continuar relacionándose económicamente con Pekín mientras recalibran simultáneamente aspectos de su postura estratégica más amplia. Los vínculos económicos pueden permanecer estables incluso cuando evolucionan los cálculos políticos.


Podemos mirar a Hoduras. Cuando el país cambió su reconocimiento diplomático de Taiwán a China en 2023, las expectativas eran altas respecto a la expansión comercial, la llegada de inversiones y una cooperación económica más amplia. Los partidarios de la decisión argumentaban que una relación más estrecha con Pekín abriría importantes oportunidades económicas y profundizaría la cooperación bilateral.

Más de dos años después, el debate sobre la relación se ha intensificado. Las expectativas sobre inversión, comercio y beneficios económicos no siempre han coincidido con los resultados. Las negociaciones del tratado de libre comercio han sufrido retrasos, han aumentado las críticas a los acuerdos y las preocupaciones relacionadas con la infraestructura de telecomunicaciones y Huawei continúan generando debate. Diversos informes indican que el gobierno de Nasry Asfura está evaluando sustituir dichos equipos por productos de Cisco Systems Inc. Al mismo tiempo, Honduras se ha convertido en un escenario cada vez más importante dentro de la competencia estratégica más amplia entre Estados Unidos, China y Taiwán.

Como en Honduras, los gobiernos suelen evaluar sus relaciones con las grandes potencias considerando simultáneamente factores económicos, políticos y de seguridad. La vinculación económica por sí sola no determina necesariamente los resultados políticos. Incluso cuando existen incentivos económicos, los cálculos políticos continúan influenciados por prioridades internas, preocupaciones de seguridad y dinámicas internacionales cambiantes.

"La influencia política depende de gobiernos, instituciones, elecciones y cálculos estratégicos que pueden cambiar rápidamente"
Considerados individualmente, cada uno de estos casos refleja circunstancias domésticas únicas. Considerados en conjunto, sin embargo, sugieren un patrón más amplio. La presencia económica de China sigue siendo considerable, pero varios de los entornos políticos que históricamente amplificaron la influencia regional de Pekín enfrentan actualmente presiones, transformaciones o procesos de recalibración estratégica
Esta distinción es importante porque recuerda una vez más que la influencia económica, la influencia política y la influencia ideológica funcionan de manera diferente.

La influencia económica suele basarse en el comercio, la inversión, el financiamiento, la interdependencia comercial y la asistencia para el desarrollo. La influencia política depende de gobiernos, instituciones, elecciones y cálculos estratégicos que pueden cambiar rápidamente. La influencia ideológica depende de narrativas públicas, movimientos sociales y corrientes políticas más amplias que a menudo evolucionan independientemente de las relaciones económicas.

Esta observación también tiene implicaciones para comprender la competencia entre Estados Unidos y China. Estados Unidos podría no necesitar eliminar la presencia económica china en América Latina para desafiar la influencia regional de Pekín. Del mismo modo, China podría descubrir que mantener relaciones comerciales y de inversión no garantiza necesariamente resultados políticos.

Es importante señalar que esto no implica necesariamente la existencia de una estrategia coordinada. Sigue sin estar claro si los acontecimientos observados en América Latina son producto de una política deliberada de Estados Unidos, de dinámicas políticas locales, de presiones económicas o de una combinación de los tres factores. Lo relevante es que el ecosistema político a través del cual históricamente se ha proyectado la influencia china parece cada vez más fluido.

Para los responsables políticos encargados de la toma de decisiones en sus países, la lección va más allá de América Latina. Los debates sobre la competencia entre grandes potencias suelen centrarse excesivamente en indicadores económicos. Los volúmenes comerciales, las inversiones en infraestructura y los acuerdos de financiamiento son medidas importantes de influencia, pero no son las únicas. La influencia política depende en última instancia de un conjunto más amplio de variables que las relaciones económicas por sí solas no pueden controlar completamente.

China no se está retirando de América Latina. Tampoco América Latina está abandonando a China. La región seguirá siendo un destino importante para el comercio, la inversión y la diplomacia chinas en el futuro cercano.

La pregunta más relevante es si la influencia económica por sí sola puede garantizar una influencia política a largo plazo, particularmente en un entorno internacional cada vez más definido por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.

Los acontecimientos recientes en América Latina sugieren que la respuesta podría ser mucho menos clara de lo que muchos han asumido.
Fernando Herrera Ramos
Fernando Herrera Ramos
Periodista internacional, abogado y analista geopolítico
Periodista internacional, abogado y analista geopolítico especializado en las relaciones entre Asia, Estados Unidos y América Latina. Cuenta con artículos publicados en medios como 'The Diplomat', 'South China Morning Post' o 'Taipei Times'. Actualmente reside en Taiwán
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