Jueves, 6 de agosto de 2026
EN PROFUNDIDAD

Añadir años a la vida y vida a los años

España es uno de los países más longevos del mundo y lidera la esperanza de vida en la Unión Europea. Pero el éxito demográfico abre una pregunta importante: ¿estamos añadiendo también vida a los años? En este análisis, el sociólogo y primer catedrático Príncipe de Asturias Jesús M. De Miguel pone sobre la mesa el caso español, el impacto de la pandemia, la ventaja femenina y el mito de llegar a los cien años con buena salud.

Jesús M. De Miguel Jesús M. De Miguel 3 de mayo de 2026
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Una niña y su madre pasean por la playa. | Unsplash / Haewon Oh
Una niña y su madre pasean por la playa. | Unsplash / Haewon Oh
España es una historia de éxito: tiene la esperanza de vida más alta de la Unión Europea y figura entre los países más longevos del mundo, junto a Japón y Suiza. Un estudio de la Universidad de Washington, en Seattle, calcula que en 2040 España se convertirá en el país del planeta con la mayor esperanza de vida al nacer, alrededor de 87 años. Madrid completa ese cuadro con la esperanza de vida más elevada del país y, por tanto, de la Unión Europea. La inteligencia artificial —por ejemplo, el programa Perplexity— resume esa posición al señalar que "Madrid lidera la clasificación regional europea con una esperanza de vida de 86,1 años". En el presente artículo se contesta a estas preguntas: ¿cuál es el secreto de España? ¿Por qué nuestro país está en una situación tan afortunada? ¿Cómo va a ser en el futuro?

El objetivo de la política social actual debe ser doble: añadir años a la vida y vida a los años. La vida humana se ha alargado mucho en el mundo. En 1950, la esperanza de vida (EV) era de 46 años. En 2022 sube ya a 72 años. Se calcula que en 2050 la EV mundial al nacer será de unos 77 años. En España, en 1900, la esperanza de vida al nacer era de 34 años. Actualmente supera los 84 años. El mundo mejora, pero este progreso vital se ralentiza. La cuestión es si ese alargamiento va acompañado de una mejora equivalente de la esperanza de vida saludable: los años vividos sin enfermedad grave. La población mayor vive más años, pero también convive con enfermedades crónicas, trasplantes y discapacidades. Cumplir noventa años es cada vez más habitual, sobre todo en el caso de las mujeres. Pero no parece que se vaya a llegar a una esperanza de vida de cien años.

La esperanza de vida se mide al nacer

Ese liderazgo español conviene leerlo con método. Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), España forma parte del pequeño grupo de países que encabezan la longevidad mundial. No se tienen en cuenta en esta clasificación las ciudades-Estado o los microestados como Mónaco, Singapur, Hong Kong o San Marino. En realidad, estos países son ciudades, con un 100% de población urbana, y por eso disfrutan de estadísticas sanitarias altas.

"La ventaja femenina en longevidad es casi universal, pero no equivale automáticamente a más años de salud"
Esa ventaja femenina es sistemática. No ha sido siempre así, pues muchas mujeres morían en el parto y también debido al infanticidio, sobre todo de niñas. Actualmente, en los países avanzados, la preferencia por un hijo varón ha sido superada por el deseo de tener una hija. En Rusia, por ejemplo, las mujeres viven diez años más que los varones. En España son seis años.

El de las mujeres es un fenómeno casi universal. Estas diferencias se deben a una combinación de factores biológicos, hormonales, genéticos y sociales que interactúan y se refuerzan mutuamente. No soy especialista en esos factores, pero las explicaciones habituales agrupan varios elementos: el doble cromosoma X, un sistema inmunológico generalmente más robusto, el papel protector de los estrógenos frente a determinadas enfermedades cardiovasculares antes de la menopausia, hábitos de vida menos dañinos, menor exposición a algunas conductas de riesgo y redes sociales más extensas.

Esa síntesis apunta a que la longevidad femenina combina una genética más protectora, hormonas que retrasan ciertos procesos de envejecimiento, hábitos de vida menos dañinos y factores sociales que amortiguan el riesgo mental y físico. Sin embargo, vivir más no necesariamente significa vivir con mejor salud: las mujeres tienden a acumular más años de vida con enfermedades crónicas y mayor fragilidad en la vejez. Falta aquí un análisis sociológico más profundo y con datos.

Primera observación metodológica: la vida real suele ser más prolongada que la esperanza de vida. La EV es el número medio de años que una persona recién nacida —niña o niño— puede esperar vivir, según las tasas de mortalidad por género y edad prevalentes en un país o región en el año de su nacimiento. Las mortalidades tempranas rebajan mucho la EV, sobre todo la tasa de mortalidad infantil, que mide los niños y niñas que mueren antes de cumplir el primer año. Antiguamente, las tasas asociadas a la etapa infantil eran altísimas. En el siglo XVIII, por ejemplo, en Londres, los niños y las niñas que morían antes de los cinco años de edad eran el 75%. En el siglo XIX bajan ya al 32%. Esas cifras, junto con el infanticidio, hacen imposible calcular bien la esperanza de vida histórica. En países menos desarrollados donde la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos (TMI) es alta, la EV es bastante más baja. Por eso a menudo se utiliza también la medida de la EV a los sesenta años, a veces a los 65. Si una persona sobrevive a esa edad, es posible que llegue hasta la ancianidad. En el mundo, las diferencias de EV por países, género y clases sociales son todavía altas.

La observación de las estadísticas mundiales de EV explica muchas cosas (véase la Tabla 1). Se pueden manejar varias estadísticas de EV, que no suelen coincidir exactamente. Las más precisas son las de la OMS, las del Banco Mundial y las del Population Reference Bureau, en Washington D. C. Las Naciones Unidas publican los World Population Prospects. También están los informes del World Population Review. En España, las mejores estadísticas son las del Instituto Nacional de Estadística (INE).



Con estas estadísticas, lo más importante es descubrir "hipótesis contraintuitivas". La esperanza de vida media al nacer en el mundo es actualmente de 73 años, condicionada aún por una mortalidad infantil elevada en bastantes regiones. Europa muestra registros altos de EV, no solo en los países nórdicos, sino también en los centroeuropeos y, todavía más, en la Europa meridional. El sur europeo presenta registros especialmente favorables. En cambio, los países del Este de Europa logran esperanzas de vida relativamente bajas, especialmente Rusia, con solamente 73 años de EV, y grandes déficits en el caso de los varones. Una de las ventajas europeas es que tiene TMI bajas.

Australia, Nueva Zelanda y Canadá exhiben EV altas, similares a las europeas. No ocurre así con Estados Unidos, que solo llega a 78 años de EV. Esa es una tasa similar a la de China, Cuba y Turquía, lo que resulta llamativo. En Latinoamérica, la mortalidad temprana sigue empujando hacia abajo los resultados de algunos países, como Haití.

Hay dos Asias. Los países democráticos —Japón, Corea del Sur y Taiwán— muestran EV muy altas, junto a TMI bajas. China tiene una EV de 78 años, pero sorprende que la TMI sea solamente de cinco por mil. No se incluyen, sin embargo, los miles o millones de abortos que no se contabilizan de forma oficial. Son sobre todo fetos de niñas. Luego hay otros países con tasas muy altas de mortalidad infantil, como Afganistán y, sobre todo, Pakistán.

Igualmente, hay dos Áfricas bastante diferentes. La del petróleo, con mejores indicadores sanitarios. El resto de África mantiene estadísticas de mortalidad infantil altas, incluso muy altas, y, correlativamente, EV bajas. En Nigeria, la diferencia por género es muy pequeña. El contraste africano vuelve a mostrar el peso de la mortalidad temprana en la esperanza de vida de cada país.

"El dinero no lo es todo. Estados Unidos está en el puesto 45.º de la clasificación mundial de EV y se espera que baje hasta el puesto 64.º"
Esta tabla es solo una selección de los doscientos países del mundo, centrada sobre todo en los países ricos, pues son los que tienen estadísticas más fiables. Hay otros factores que explican, por ejemplo, la mala situación de Estados Unidos. Ese contraste ayuda a situar mejor el caso español: la renta importa, pero no basta para explicar la longevidad.

La tabla permite observar también cómo se estrecha la distancia por género en las sociedades avanzadas. Las mujeres siguen siendo más longevas, pero las diferencias disminuyen a medida que se reducen algunas desigualdades y se aproximan ciertos estilos de vida. En la actualidad, dentro de la Unión Europea, esas diferencias son de unos 5,5 años. Es posible que se reduzcan un poco más, aunque no necesariamente van a igualarse con los varones.

Progreso y regresión en España

Se puede realizar un análisis de la situación de España en el siglo XXI (véase la Tabla 2). Los datos más fiables abarcan desde 2000 hasta 2021. En esas dos décadas se produce una mejora gradual de la EV, que en España ya es alta: pasa de 79 a 83 años de vida. Supone un incremento no constante de cerca del 5% en total. Pero en 2020 explota en España la pandemia de COVID, que interrumpe esa tendencia y abre una recuperación que se alarga varios años. Es un fenómeno excepcional en la historia reciente.



Las españolas mantienen una posición mejor que los españoles, pero la diferencia en años va disminuyendo de siete a cinco. Por género, se observa una hipótesis contraintuitiva: las mujeres están en una posición mejor que los varones, pero los varones realizan un progreso más evidente. En las dos décadas del siglo XXI, la EV de las mujeres en España aumenta un 3,4%, pero la de los varones crece casi el doble: un 5,7%. Mi suposición original era que las mujeres progresaban más deprisa, pero la realidad es al revés. ¿Por qué? Precisamente por las tendencias de igualación de los sexos, que suponen que las mujeres trabajan cada vez más fuera del hogar, tienen menos hijos, son más proclives a accidentes y, en general, se parecen cada vez más al modo de vida masculino.

La parte derecha de la misma tabla permite afinar ese diagnóstico. Según los datos de EV a los sesenta años, la población española pasa de una EV de casi 83 años a otra de casi 85. Es decir, en personas mayores, no necesariamente ancianas, el aumento es del 10%. Además, las diferencias por género son más constantes: casi no varían, con un dominio de las mujeres de unos cuatro años. La mejora más clara corresponde a los varones de edad madura, cuya EV pasa de 20 a 23 años adicionales en este siglo XXI. Es pronto para comprobar si el retroceso creado por la pandemia se normaliza —es decir, si se vuelve a la situación anterior a 2020—, pues el fin oficial de la pandemia en España no se anuncia hasta julio de 2023.

Todavía el impacto de la pandemia de COVID

La pandemia de COVID supone un retroceso, una mella muy visible, en la evolución de la EV. La mortalidad añadida en todo el mundo provoca una caída de la EV mundial: en 2020 se observa un descenso de 1,5 años y, entre 2019 y 2021, de 1,8 años. En las Américas y el Sudeste Asiático, los descensos son de tres años. En España, la reducción es de 1,5 años entre 2019 y 2020, consecuencia directa del aumento de la mortalidad, especialmente entre las personas mayores. Ya en 2021 y 2022 hay una recuperación sensible, aunque no en todos los países se vuelve con la misma rapidez a los niveles de 2019.

"Siguen existiendo, o son incluso mayores, las diferencias entre los mejores niveles de asiáticos e hispánicos y los peores, especialmente entre la población negra"
No hay datos suficientes a nivel mundial para valorar esta hipótesis. Más bien la tesis actual es que la esperanza de vida no ha recuperado todavía por completo la senda previa a la pandemia. Hay estudios parciales, como una research letter de Hannes Schwandt y otros autores, publicada en JAMA Journal of the American Medical Association el 9 de julio de 2025, sobre el caso de California, en Estados Unidos. En 2024 hay todavía un déficit de 0,86 años respecto de la situación californiana en 2019. Y siguen existiendo, o son incluso mayores, las diferencias entre los mejores niveles de asiáticos e hispánicos y los peores, especialmente entre la población negra. La epidemia produjo peores resultados entre pobres frente a ricos, y sobre todo entre hispánicos y negros frente a blancos y asiáticos. Tras el paso de la pandemia, estas diferencias extremas convergen de nuevo. Aunque, en el caso de negros y blancos, la brecha es mayor en 2024 que antes de la COVID. Algo tienen que ver, en California, las tasas crecientes de obesidad de la población.

Madrid, por ejemplo, está muy afectada, con una caída de la EV de 3,6 años durante 2020. En España, el primer caso de COVID —un visitante extranjero en Canarias— se detecta a finales de enero de 2020. El estado de alarma oficial se establece en marzo de ese año. La OMS declara la pandemia global en esas mismas fechas. En España, la fase más aguda dura oficialmente hasta junio de 2020, con la "nueva normalidad". El fin de la pandemia se puede datar oficialmente en julio de 2023. Si se toma 2015 como estándar de normalidad más fiable, se observa que todos los indicadores de 2020, tanto para la población total como para mujeres, varones y personas de edad madura, son menores que los de aquella fecha, rompiendo la línea de progreso. La tendencia es visible también en lo que se denomina EV saludable.

Esperanza de vida saludable

Modernamente, la OMS define la esperanza de vida "saludable", es decir, los años de vida que se alcanzan todavía en un estado de salud generalizada o ausencia de enfermedad grave. Esta healthy life expectancy, conocida por el acrónimo HALE, mide la vida que se puede llegar a vivir sin sufrir enfermedades obvias. En la Tabla 3 se puede observar la evolución para España durante este siglo XXI. Lógicamente, los años totales de vida saludable son menores, pero las pautas son similares a las estadísticas de la EV general.



Hay un progreso más pequeño en el siglo, solamente del 3,2%. El impacto de la pandemia de COVID es visible, con una vuelta a la normalidad ya en 2021 respecto de la media de 2015, tanto en mujeres como en varones. La mujer tiene una EV saludable mayor que el varón, pero esa situación favorable es cada vez menor. El varón parte de niveles más bajos, pero progresa más deprisa. La situación a los sesenta años es muy similar, aunque con un progreso mayor para los varones. Las diferencias por género evolucionan de forma más estable. El avance masculino vuelve a resultar sorprendente.

En la Tabla 4 se resumen mejor las diferencias entre la esperanza de vida al nacer y la esperanza de vida saludable, también al nacer. Cuando se requiere una vida saludable, la EV desciende una década: entre 10,2 y 11,6 años de vida sin salud completa.



Esa es la paradoja central: el país gana en "añadir años a la vida", pero no en la misma medida en "añadir vida a los años". La política social, al menos para el caso de España, debería concentrarse menos en conseguir más años y más en que esos años tengan una mejor calidad de vida. Los datos sugieren dónde hay que concentrar los recursos para mejorar la situación de la población. Es una tarea para el nuevo Instituto de Salud Pública.

El mito de llegar a los cien años

Un ideal castizo es llegar "a ser más viejo que Matusalén". Este personaje bíblico es una persona de la que se asegura que vivió 969 años, en el Génesis 5, 21-27, y tuvo trescientas mujeres. Aunque se suele citar con cierto sarcasmo. También Noé —precisamente su nieto— vivió 950 años según la Biblia. Las personas centenarias concentran una cierta fascinación. La conclusión en Wikipedia es que "se supone que el ser humano, en óptimas condiciones, pueda vivir cien años o un poco más. Sin embargo, a pesar del avance en la salud y calidad de vida en el último siglo, las costumbres humanas como el consumo de drogas, alcohol, azúcar, comida basura, sedentarismo, estrés, enfermedades de todo tipo, exposición a elementos tóxicos, entre otros, disminuyen los años de vida de los seres humanos". No queda claro lo que significa en esta conclusión la expresión "en óptimas condiciones".

Puede verse el reportaje de Jesús Ruiz Mantilla en El País Semanal, de agosto de 2025, titulado "Secretos de centenarios". Incluye la descripción de nueve personas centenarias en España y vuelve sobre la posición excepcional del país en longevidad. Pero, según las estadísticas oficiales del INE, hay solamente 16.902 personas centenarias en España. De un total ya cercano a 50 millones de población en el país, es una cantidad pequeña; más bien son una excepción. No representan una tendencia de progreso clara. Además, hay personas extranjeras que deciden elegir España para pasar sus últimos años de vida. Hay una relativa concentración de centenarios en Galicia, en Castilla la Vieja y, sobre todo, en zonas rurales. Las biografías incluidas no remiten a la modernidad ni a la vida urbana, sino más bien a formas de vida tradicionales y rurales. Una centenaria reconoce que "rezo todos los días" y que hasta hace poco acudía a misa cada día. Otra persona reconoce que bebe vino. Otra, que además fuma. Un centenario es adicto diariamente a su tazón de café con leche, sus migas de pan y cuatro cucharadas soperas de azúcar: cuatro, sic. Otro reconoce que fue contrabandista. De otra, de 102 años, su marido se fue —a Brasil y Uruguay— cuando su hija tenía siete años y nunca volvió. El estudio de personas muy mayores en España está todavía por hacer.

"La longevidad en estado de enfermedad o de gran dependencia no es necesariamente una conquista social"
Cumplir esa edad tiene la fuerza simbólica de los números redondos. Hay un cierto deseo de llegar a ser centenario: apagar las velas y comer la tarta de chocolate. Pero la contabilidad decimal es una norma social establecida y no tiene mucho que ver con la biología. En cualquier caso, suele haber más centenarias que centenarios. La persona más anciana del mundo fue una mujer francesa que llegó supuestamente a los 122 años: Jeanne Calment (1875-1997). Yo no sé si eso es cierto. El 98% de las personas que afirman tener 115 años o más no pueden demostrarlo. Según Guinness World Records 2025, la persona más longeva actualmente viva atribuye su edad, 117 años, a "mantenerse alejada de gente tóxica", sic. Las noticias sobre las personas más mayores suelen ser falsas.

Es interesante tener en cuenta la visión histórica, como en el artículo de Nuño Domínguez publicado en El País el 27 de mayo de 2025: "La bióloga Ana María Cuervo y el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga reflexionan sobre el envejecimiento: hemos pasado de vivir 45 años a 85, no lo estamos haciendo mal". La bióloga Ana María Cuervo codirige el Instituto Einstein para la Investigación del Envejecimiento de Nueva York. El otro entrevistado es el biólogo y paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, de Atapuerca, quien señala que los humanos antes vivían como los chimpancés: unos 45 años. En dos millones de años hemos pasado a vivir 85. En otros dos millones podríamos pasar a vivir 125. Pero Arsuaga reconoce que la esperanza de vida al nacer ya está descendiendo en algunos países avanzados, como Alemania y Estados Unidos. "Hoy en día los que pasan hambre son los ricos, porque se cuidan". También aconseja: "El cerebro o lo usas o lo pierdes". El problema actual es que "hay un estrés continuo que no manejamos bien".

También se señala un estudio de la Sociedad Española de Médicos que busca peculiaridades genéticas de personas que superan los cien años. Según publicó Pablo Linde en El País el 22 de junio de 2025, con el artículo "2.000 centenarios para hallar la clave de la longevidad extrema", quieren encontrar a unos 2.000 centenarios para estudiar la herencia, así como los estilos de vida. Son fundamentalmente mujeres, más del 80%, que no han fumado nunca. El estudio mira "con especial recelo al tabaco, que es la mayor causa evitable de enfermedad y muerte". Según el INE, la mayor concentración de centenarios se encuentra en la mitad norte, la España burguesa, pero sobre todo en zonas rurales, en la Galicia interior —especialmente en Ourense—, así como en provincias cercanas a Portugal: Salamanca y Zamora. La mínima presencia se observa en el sur, en la España jornalera. Curiosamente, Madrid y Barcelona tienen pocas personas centenarias. Otros estudios señalan que la longevidad está asociada a "dieta mayoritariamente vegetal, actividad física moderada y constante, fuertes lazos sociales". Se sugiere que la longevidad extrema puede ser una cuestión de azar o una excepción. Mientras tanto, se investiga en muestras de cerebros de personas centenarias ya fallecidas.

Según la ONU, en 2024 hay en el mundo unos 588.000 centenarios. Japón es el país con más personas de esa edad, unas 95.000. En España, el volumen es muy inferior y está muy feminizado. La media nacional es de 35 centenarios por cada 100.000 habitantes. Se calcula que en 2050 podrían llegar a 100.000. La mayoría están ahora en Castilla y León y Galicia. Las provincias con una mayor tasa son Soria, Zamora, Salamanca y Palencia, debido al envejecimiento demográfico extremo. En el mundo, las llamadas "zonas azules" son áreas geográficas donde la población tiene una longevidad alta, como Cerdeña, en Italia; Icaria, en Grecia; y Okinawa, en Japón.

"La longevidad extrema sigue siendo una excepción, aunque algunas proyecciones la presenten como una tendencia masiva"
Se habla insistentemente del ideal de alcanzar una "edad avanzada" sin detallar claramente qué significa esa expresión. El fenómeno sigue siendo minoritario, con una cierta concentración en el noroeste de la península y mucha menos presencia en el sur, especialmente en Andalucía. La máxima EV documentada parece estar alrededor de los 117 años de edad, en una mujer. Pero algunos cálculos optimistas consideran que en 2050 habrá ya en el país medio millón de centenarios. Yo dudo de estas predicciones.

Las razones que se aducen sobre España suelen ser estereotipadas. Entre ellas aparecen la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, aceite de oliva y pescado; el sistema sanitario público de calidad; la baja mortalidad por enfermedades cardiovasculares; y factores sociales como la menor incidencia de conflictos bélicos y determinados problemas de salud mental. También se mencionan la genética, los estilos de vida, la práctica deportiva, la ausencia de guerras, la estructura familiar tradicional y las diferencias regionales. Según esa síntesis, las comunidades con mayor renta, como Madrid y Navarra, tienen una esperanza de vida más alta, lo que confirmaría que el nivel socioeconómico también influye.

Se habla incluso de "vacaciones generosas" y de una cultura favorable a "disfrutar de la vida". Otras investigadoras recalcan la diversidad e incluso el orgullo. Pero un factor esencial es la familia española: controladora, pero también ayudadora y cuidadora. Es lo que en sociología se denomina "familismo". En este sentido, cabe destacar que la familia es un factor sociológico muy importante en España.

Un futuro imposible

La esperanza de vida en el mundo se está ralentizando. El aumento, o mejora, es cada vez más lento, e incluso es posible que se pare. The New York Times se preguntaba el 7 de octubre de 2024 si la EV humana ha llegado ya casi a su límite. Se observa recientemente una ralentización del ritmo de incremento de la EV: "Lo que vivimos ahora es lo máximo que vamos a vivir". Se sugiere que el límite de la EV puede ser de noventa años para la mujer y de 84 años para el varón. No necesariamente se va a llegar a los cien años, pues la tasa de mortalidad infantil es ya muy baja. A nivel mundial hay una cierta posibilidad de avance, pues la TMI mundial es todavía de 27 por mil, mientras que en España es de tres por mil. Quizá conviene dejar de obsesionarse con añadir más años a la vida y concentrarse en añadir más vida a los años que se conquistan. El reto sigue siendo ralentizar —o incluso detener— el proceso de envejecimiento. La EV es un excelente indicador de desarrollo, y viceversa.

No existen datos fiables suficientes para definir si la esperanza de vida mundial va a seguir incrementándose, ni hasta cuándo. Las proyecciones disponibles mantienen la expectativa de aumento durante las próximas décadas, aunque con un ritmo cada vez menor y con un debate abierto sobre posibles límites biológicos. Las estimaciones de organizaciones como el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) y Naciones Unidas prevén que la esperanza de vida mundial crecerá de 73,6 años en 2022 a alrededor de 78 años en 2050. Diversos estudios apuntan a que las desigualdades entre países y entre mujeres y varones se están reduciendo, lo que también contribuye al aumento global de este indicador. Las mejoras en salud pública, medicina, estilos de vida y nutrición siguen impulsando la longevidad, sobre todo en regiones que anteriormente estaban rezagadas.

"Los grandes incrementos de esperanza de vida observados en el siglo XX ya no se replican con la misma intensidad en el siglo XXI"
A la vez, las investigaciones recientes apuntan a una desaceleración clara. Los avances del siglo pasado ya no se repiten con la misma intensidad en el XXI, lo que sugiere que podríamos acercarnos a un techo biológico para la especie humana. El impacto de la pandemia de COVID provocó incluso retrocesos temporales, con reducciones de hasta 1,8 años en la esperanza de vida global entre 2019 y 2021. Algunos expertos advierten que el foco debería pasar, más que a prolongar la vida sin límite, a garantizar más años de vida saludable, pues los avances médicos ofrecen mejoras cada vez menores en longevidad.

En síntesis, la esperanza de vida mundial probablemente seguirá creciendo, pero cada vez más lentamente y, a largo plazo, podría estabilizarse. Factores como pandemias, enfermedades crónicas y límites biológicos jugarán un papel cada vez más relevante en esa estabilización. El debate científico se centra ahora en cuánto podremos seguir aumentando esa expectativa y si existe un límite natural para la longevidad humana. No hay consenso definitivo sobre cuándo —o si— se estancará el crecimiento, pero la evidencia actual apoya la idea de que el aumento será más gradual y posiblemente tenderá a la estabilización durante este siglo XXI.

La agenda política debe plantearse seriamente que el objetivo debe ser vivir más años con una "buena calidad de vida". España es un ejemplo. Pero no llegamos a averiguar la razón, o razones, pues seguramente son varias, de que la esperanza de vida sea tan alta en España. En cualquier caso, es muy posible que nunca se llegue a una esperanza de vida de cien años. El mito sigue.

Agradecimientos. Muchas gracias al sociólogo Juan Díez Nicolás por facilitarme documentación sobre el tema. Es útil consultar también World Health Organization, Spain: Health at a Glance, publicado por la OMS en diciembre de 2024. Muchas gracias por las facilidades académicas en la Universidad del País Vasco, en el campus de San Sebastián, y especialmente al profesor de Antropología Pío Pérez Aldasoro. También a la biblioteca Santamaría de la UPV donostiarra.
Jesús M. De Miguel
Jesús M. De Miguel
Doctor en Sociología y Ciencias Políticas
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y en Sociología por la Yale University. Ha ocupado la Cátedra de Estudios Españoles Príncipe de Asturias en la Georgetown University, Washington D. C.
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