Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Por qué Andalucía no anticipa una mayoría clara de Feijóo

Las elecciones andaluzas allanan el camino a las elecciones generales e invitan a una lectura más allá del número de escaños: el PP mantiene su fortaleza territorial, pero no demuestra haber ensanchado el bloque conservador respecto a 2023. Al mismo tiempo, el PSOE evita una imagen de derrumbe y confirma que su suelo electoral sigue dependiendo de la movilización.

Agenda Pública Agenda Pública 19 de mayo de 2026
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El presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, celebra su victoria en la noche electoral. | Francisco J. Olmo / Europa Press
El presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, celebra su victoria en la noche electoral. | Francisco J. Olmo / Europa Press
Las elecciones autonómicas en Andalucía ponen fin al ciclo iniciado el pasado diciembre en Extremadura y refuerzan la narrativa de que el bloque conservador mantiene su fortaleza, pero no logra demostrar que exista una nueva mayoría social ampliada respecto a las generales de 2023. Al mismo tiempo, también dejan el mensaje de que el PSOE evita un escenario de derrumbe por el desgaste acumulado del Gobierno de Pedro Sánchez.

La lectura superficial de los resultados —centrada en escaños, hegemonía institucional y liderazgo territorial del PP— puede inducir a pensar que Andalucía consolida una ola irreversible favorable a Alberto Núñez Feijóo y, más ampliamente, una expansión de las derechas. Sin embargo, si se atiende a la evolución del voto, hay una imagen distinta: las autonómicas andaluzas reafirman dinámicas que ya habían aparecido en Extremadura, Aragón o Castilla y León y apuntan a un escenario mucho más competitivo en unas futuras elecciones generales.

Andalucía y el mejor escenario posible para el PP

La diferencia clave es que Andalucía era, probablemente, el territorio más favorable posible para el PP. A diferencia de otros gobiernos autonómicos sometidos a desgaste o dependencia de Vox, Juanma Moreno partía desde una posición de fortaleza excepcional: mayoría absoluta, ausencia de conflictos internos, liderazgo consolidado y una imagen moderada capaz de atraer votantes centristas. Precisamente por eso, el hecho de que el PP no consiga expandir el bloque conservador más allá de los niveles de 2023 resulta significativo y sintomático.

"PP y Vox son capaces de movilizar, incluso en un contexto regional, prácticamente el mismo volumen de electores que ya movilizaron juntos en las elecciones generales de 2023"
La primera gran tendencia que emerge es la nacionalización del voto antisanchista en unas elecciones autonómicas. Andalucía muestra que PP y Vox son capaces de movilizar, incluso en un contexto regional, prácticamente el mismo volumen de electores que ya movilizaron juntos en las elecciones generales de 2023. Ese fenómeno tiene una doble lectura. Por un lado, confirma la enorme capacidad de activación política del espacio conservador cuando la competición gira alrededor de Pedro Sánchez y la polarización nacional. Por otro, evidencia también un límite: el bloque no consigue ampliar sustancialmente su base social.

El PP iguala el techo histórico de voto que alcanzó Javier Arenas en 2008, situándose ligeramente por encima de los 1,7 millones de votos. Por tanto, incluso en un contexto extremadamente favorable —con el PSOE debilitado territorialmente, Ciudadanos desaparecido y Moreno beneficiándose de una valoración personal elevada—, el PP sigue sin demostrar que haya construido una mayoría estructuralmente superior a la que ya tuvo hace casi dos décadas.



Parte del crecimiento popular proviene, de hecho, de un fenómeno más defensivo que expansivo: la absorción definitiva del electorado de Ciudadanos. El ciclo político iniciado en 2015 había fragmentado el espacio de centroderecha; las elecciones andaluzas de 2026 parecen cerrar definitivamente ese proceso. El PP recupera buena parte de esos votantes perdidos, consolidando la reunificación del espacio liberal-conservador. No obstante, eso no equivale necesariamente a una ampliación de la coalición electoral de la derecha.



Sí existen, por otro lado, algunos indicios de crecimiento adicional respecto a las generales de 2023. El PP y Vox juntos aumentan alrededor de 56.000 votos sobre aquel resultado, una cifra que probablemente combina nuevos votantes movilizados y antiguos electores socialistas desmovilizados en anteriores ciclos. A esa cifra, además, podrían sumarse los 105.000 votos de Se Acabó la Fiesta. Con todo, el incremento sigue siendo relativamente modesto para unas elecciones que el propio ecosistema mediático conservador había planteado como un plebiscito anticipado sobre Sánchez.

"Vox mantiene una capacidad relevante de retención electoral, lo que impide a Moreno reproducir el modelo de concentración hegemónica que Ayuso logró parcialmente en Madrid"
Desde este mismo punto de vista, el PP logra resistir la competencia de Vox, pero no neutralizarla completamente. La formación de Santiago Abascal mantiene una capacidad relevante de retención electoral, lo que impide a Moreno reproducir el modelo de concentración hegemónica que Isabel Díaz Ayuso sí logró parcialmente en Madrid —y que habría que ver qué resultados obtendría hoy—. Andalucía confirma así que la reunificación total del voto conservador alrededor del PP sigue lejos de completarse.

La segunda gran conclusión afecta directamente al PSOE. Contra el relato de colapso territorial, los socialistas muestran signos de estabilización. La principal diferencia es que, en vez de hablar de una recuperación plena, es más preciso hablar de "resistencia".



El PSOE rompe, por primera vez desde 2004, la tendencia descendente en unas elecciones autonómicas andaluzas. El simple hecho de recuperar votos respecto a la elección anterior tiene una relevancia simbólica considerable en un territorio que durante décadas fue el corazón electoral del socialismo español y que en los últimos años se había convertido en el principal símbolo de su retroceso.

"El comportamiento del electorado socialista parece depender más de incentivos contextuales que de un desacuerdo irremediable con la formación"
Al mismo tiempo, la evolución del partido de Pedro Sánchez en Andalucía también obliga a contextualizar mejor los resultados del ciclo autonómico de 2026. La desmovilización socialista no responde únicamente a un desgaste nacional homogéneo, sino que se explica, además, a partir de factores territoriales concretos. En Extremadura, el PSOE sufrió el impacto de un liderazgo muy deteriorado. En Aragón, las divisiones internas condicionaron la campaña. En Andalucía, las escasas expectativas de victoria limitaron la capacidad de movilización. El comportamiento del electorado socialista, y en concreto su movilización final, parece depender más de incentivos contextuales que de un desacuerdo irremediable con la formación.

Eso explica por qué medir exclusivamente la evolución en términos de escaños puede conducir a interpretaciones engañosas. Los sistemas electorales autonómicos magnifican pequeñas variaciones y convierten resistencias relativamente sólidas en aparentes derrotas severas. En términos estrictamente electorales, el PSOE andaluz resiste bastante mejor de lo que sugerirá buena parte de la cobertura mediática.

También hay un tercer elemento relevante: la leve recuperación del espacio situado a la izquierda del PSOE. Aunque limitada, refuerza una hipótesis que la política española viene mostrando desde 2015: ese electorado responde sobre todo a dinámicas de competición nacional. Cuando percibe que hay una disputa estatal relevante —ya sea para frenar a la derecha o condicionar un gobierno progresista—, su movilización aumenta considerablemente.

Qué implican las elecciones andaluzas para unas futuras generales

En conjunto, Andalucía deja una fotografía política menos clara de lo que aparenta. El PP conserva hegemonía institucional y liderazgo territorial, pero no demuestra todavía una capacidad inequívoca para construir una mayoría social más amplia que la de 2023. El PSOE sigue lejos de sus grandes resultados históricos, pero la situación actual es similar a otras en las que ha logrado competir por una mayoría en las elecciones generales. A este respecto, las implicaciones que emanan de las urnas andaluzas son varias.

La primera es que el PSOE autonómico no está en debacle. Andalucía confirma una estabilización del suelo electoral socialista más cercana al esquema de 2022-2023 que a un colapso prolongado. La capacidad de resistencia del partido sigue siendo mayor de la que asumen muchos análisis construidos exclusivamente desde la lógica del desgaste gubernamental.

La segunda es que Pedro Sánchez continúa dependiendo de un nivel de movilización extraordinariamente alto para competir. En otras palabras, el presidente necesita volver a activar un volumen de voto similar al que consiguió en 2023, cuando convirtió las generales en una elección existencial para el bloque progresista. Andalucía muestra que ese electorado no desaparece, pero tampoco se moviliza automáticamente en contextos autonómicos donde la expectativa de cambio real es baja.

"La fortaleza del PP y Vox en las autonómicas no puede extrapolarse mecánicamente a unas generales"
La tercera —y quizá más importante— es que la fortaleza del PP y Vox en las autonómicas no puede extrapolarse mecánicamente a unas generales. Precisamente porque la derecha ha nacionalizado estas elecciones regionales, buena parte de su electorado ya está votando en clave estatal. Es decir, el bloque conservador está introduciendo en unas autonómicas a muchos votantes que normalmente solo acudirían a unas generales. El efecto recuerda, en parte, a la estrategia de Isabel Díaz Ayuso en Madrid en 2021, cuando convirtió unas elecciones regionales en una confrontación nacional permanente.

Eso significa que el margen adicional de crecimiento del PP en unas generales podría ser menor de lo que sugieren las victorias autonómicas, porque el bloque conservador ya estaría funcionando cerca de su máxima capacidad de movilización. Por contra, el PSOE conserva todavía una reserva potencial de electores que solo se activa plenamente bajo condiciones de polarización nacional extrema.

Es por eso que Andalucía no anticipa necesariamente una mayoría incontestable para Feijóo. Lo que anticipa, en todo caso, es una España políticamente bloqueada, extremadamente polarizada y en la que las futuras generales volverán a decidirse, sobre todo, por la capacidad de cada bloque para movilizar a sus votantes más intermitentes.
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