

Juanma Moreno gana las elecciones andaluzas y pierde la mayoría absoluta. Ese es el titular de una convocatoria que cierra el ciclo electoral autonómico diseñado por el PP. Los populares caen a 53 escaños, cinco menos que en 2022, y quedan a dos del umbral que les permitía gobernar en solitario. Vox sube a quince, una mejora discreta (un escaño más) que sugiere el agotamiento de su fase expansiva. María Jesús Montero firma el peor resultado del PSOE en la historia democrática de Andalucía con veintiocho escaños, pero esquiva los escenarios más catastrofistas que dibujaban algunas encuestas. Y Adelante Andalucía, la candidatura encabezada por José Antonio García, multiplica por cuatro su representación hasta los ocho escaños, sobrepasando a Por Andalucía, que se queda en cinco. Todo ello con una participación del 63,50%, más de siete puntos por encima de la de 2022, una movilización que no se ha traducido en el escenario que la mayoría de los pronósticos dibujaba. Cinco claves para descodificar la jornada.
El PP pasa de 58 a 53 escaños. La pérdida no es marginal. Son cinco diputados y, sobre todo, el fin del gobierno monocolor garantizado. Moreno Bonilla arrancará una legislatura condicionada en la que tendrá que elegir entre gobernar en minoría con apoyo parlamentario de Vox o abrir las puertas de la Junta de Andalucía a la derecha radical en forma de coalición. La encrucijada es histórica y excede el marco andaluz. El modelo de "andalucismo de gestión" que el PP exhibía queda formalmente desactivado en la comunidad más poblada de España. Hasta esta noche, Moreno Bonilla era el único barón del PP capaz de exhibir una legitimidad propia frente a Vox y frente a Madrid, de quien se diferenciaba bajo la bandera de la moderación.
"El referente territorial al que el partido miraba como prueba de viabilidad sin la derecha radical aparece esta noche dependiente de ella"Es un mal resultado para Moreno Bonilla, que evidencia un desgaste significativo, y también para Alberto Núñez Feijóo, porque cierra un ciclo electoral autonómico sin la épica que el PP esperaba. El referente territorial al que el partido miraba como prueba de viabilidad sin la derecha radical aparece esta noche dependiente de ella o atrapado en una legislatura precaria. La disyuntiva a la que se enfrentaban los populares era si el modelo de Moreno Bonilla podía reproducirse o si más bien fue una anomalía. Cinco escaños menos sugieren que la anomalía empieza a regresar a la media. En cuanto a Vox, el partido de Santiago Abascal ya no es la muleta de los barones débiles: lo es también del más fuerte.
"El socialismo andaluz ya solo es capaz de ganar batallas a la baja, de gestionar derrotas en lugar de competir por mayorías"Sigma Dos lo situaba entre veintiséis y veintinueve diputados, y Montero ha aterrizado dentro de esa horquilla, lo cual sirve para evitar los peores presagios. La contradicción aparente define con precisión la situación del socialismo andaluz: capaz ya solo de ganar batallas a la baja, de gestionar derrotas en lugar de competir por mayorías.
"Vox apenas ha crecido en votos, pero ha multiplicado su capacidad de influencia"No obstante, el dato cualitativo más relevante de la noche para Vox no está en sus escaños, sino en su posición. En 2022, los catorce diputados de Vox eran irrelevantes para la formación de gobierno: Moreno Bonilla gobernaba con mayoría absoluta y podía permitirse el lujo de mantener al partido de Abascal a distancia. En 2026, con quince diputados, Vox pasa a ser la llave de la legislatura. Mismo grupo parlamentario, posición política radicalmente distinta. Vox apenas ha crecido en votos, pero ha multiplicado su capacidad de influencia. En definitiva, esa es la noticia: ha pasado de ser comparsa a ser árbitro sin necesidad de haber ganado un solo punto adicional.
"Existe una izquierda alternativa con anclaje territorial propio, ajena a las dinámicas de la burbuja madrileña"La lectura tiene dos niveles principales. El primero, andaluz: Adelante Andalucía ha capitalizado el voto progresista descontento con el PSOE y con la subordinación de Sumar, y también ha sido capaz de captar electorado poco propenso a participar en unos comicios. El segundo, estructural: existe una izquierda alternativa con anclaje territorial propio, ajena a las dinámicas de la burbuja madrileña y capaz de crecer cuando las marcas estatales se desinflan.
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