Miércoles, 29 de julio de 2026
MOMENTO ESPAÑA

La democracia también se defiende conversando

Los datos del CIS muestran que en España existe un amplio deseo de participar en la vida política, pero ese impulso rara vez se traduce en iniciativas concretas. "No será por falta de ganas", plantea el catedrático de Ciencia Política Xavier Coller, que señala barreras de información, tiempo, interés y confianza. En una sociedad donde la ciudadanía percibe "a la política, a los políticos y a los partidos más como un problema que como una solución", abrir espacios de deliberación puede ser algo más que un gesto institucional.

Xavier Coller Xavier Coller 17 de mayo de 2026
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El autor está a favor de más participación ciudadana y horizontal. | Unsplash / Dwayne Joe
El autor está a favor de más participación ciudadana y horizontal. | Unsplash / Dwayne Joe
Más allá de los problemas concretos que asolan el mundo (guerras, genocidios, pobreza, crisis climática, etc.), existe cierta preocupación por el declive de las democracias como forma de gobierno de una sociedad. Recordemos que la democracia es una forma pacífica de canalizar institucionalmente los conflictos naturales en cualquier sociedad. En lugar de liarnos a mamporros para imponer nuestros intereses o puntos de vista, escuchamos a los otros, argumentamos, debatimos, conversamos públicamente para convencer, delegamos en terceros para decidir, acordamos, tomamos decisiones con reglas variadas; es decir, participamos sin excluir en un entorno de libertades civiles y políticas, tolerancia mutua, instituciones eficientes, etc. Ese es el fundamento básico de la democracia. Como tal, está considerada como el menos malo de los regímenes políticos conocidos en comparación con algunas alternativas que Juan J. Linz puso sobre la mesa: regímenes autoritarios, totalitarios, sultanísticos o sus derivaciones.

En los últimos años, las clasificaciones internacionales muestran un deterioro progresivo de las democracias, con cierto estancamiento. Estudios académicos muestran algunos fenómenos asociados a este deterioro: polarización, desafección, desigualdad, mentalidad autoritaria, desinformación, populismos, corrupción, miedo al otro, precarización, transformación del ecosistema mediático, impotencia política, instrumentalización de las instituciones, intolerancia o liderazgos deslegitimados son solo algunos ejemplos.

"La implicación de la ciudadanía en los asuntos que le afectan fortalece la democracia y la sociedad cuando hay una sociedad civil vibrante"
Aunque no aparezca en la lista de los problemas evidentes en la sociedad, el desgaste progresivo de las democracias no solo es un hecho, sino un problema de primera magnitud que preocupa a algunas instituciones que apuestan por la participación ciudadana como antídoto. La reciente Declaración de Vitoria-Gasteiz (septiembre de 2025) es una más que empuja en la dirección de fortalecer la democracia fomentando la participación de la ciudadanía en asuntos públicos. Los Principios de Reikiavik para la democracia (derivados de la Declaración de Reikiavik del Consejo de Europa en mayo de 2023) resaltan también la necesidad de enfrentar la erosión de las democracias propiciando la participación de la ciudadanía en las decisiones públicas. Ante el declive de las democracias, se propone volver a lo que ya señaló Tocqueville: la implicación de la ciudadanía en los asuntos que le afectan fortalece la democracia y la sociedad cuando hay una sociedad civil vibrante.


En España hay iniciativas variadas para canalizar institucionalmente esta participación: los presupuestos participativos puede que sean los más conocidos en el ámbito local, pero también los sucesivos planes de Gobierno Abierto y algunas consultas ciudadanas (locales y autonómicas) con más o menos éxito en sus planteamientos. Una de ellas está teniendo lugar estos días en Donostia como plataforma de participación ciudadana en asuntos de urbanismo y medio ambiente. Muchas de esas iniciativas tienen relación con la emergencia climática, como ha señalado Cristina Monge, pero otras son sobre salud o se convierten en foros ciudadanos de naturaleza variada o en consejos municipales sectoriales.

"Se trata de que tengamos una democracia con conversaciones públicas en las que la ciudadanía tenga oportunidades de ser escuchada y participar en las decisiones"
Todas estas iniciativas (y otras más institucionalizadas, como las comparecencias parlamentarias) apuntan en la dirección de lo que Robert Fishman denomina "profundización" de la democracia: más allá de cumplir con ciertos requisitos formales (libertades, elecciones regulares, competencia por el voto, etc.), se trata de que tengamos una democracia con conversaciones públicas en las que la ciudadanía tenga oportunidades de ser escuchada y participar en las decisiones, eliminando los obstáculos que le impiden hacerlo. No será por falta de ganas.


En España, los deseos de una mayor participación en la vida política están extendidos. La encuesta 3490 del CIS (diciembre de 2024) pregunta si se estaría dispuesto a "participar de manera presencial [y 'online'] en reuniones ciudadanas para tomar decisiones sobre cuestiones políticas que le puedan afectar". La tabla 1 muestra las respuestas como proclividad a la participación.



Existe una voluntad de participar en los asuntos públicos, pero no solo de manera pasiva, recibiendo información (71%), sino también participando presencialmente en conversaciones públicas (71%) y, sobre todo, codecidiendo en reuniones ciudadanas (83%). Hay una diferencia ligera entre la participación presencial y la 'online', lo que muestra una cierta preferencia por la relación social cara a cara. Este deseo es un buen síntoma, puesto que desde hace tiempo las ciencias sociales saben que la interacción entre personas genera confianza, construye comunidad, integra, mejora la vida social: se generan lazos solidarios.

"Según los datos del CIS, la mayor parte de las personas quiere participar, pero al final no lo hace. ¿Por qué?"
Son deseos de participación. El contraste con la realidad viene cuando se pregunta en la misma encuesta si en el último año se ha participado en alguna iniciativa. Solo el 22% lo ha hecho; de estas personas, más de la mitad (53%) participaron presencialmente. Es decir, la mayor parte de las personas quiere participar, pero al final no lo hace. ¿Por qué? Aunque puede que nos enfrentemos a algún tipo de sesgo de deseabilidad social en la respuesta, de ese 77% que no ha participado nunca en nada, dos tercios (67%) indican que si hubieran conocido alguna iniciativa sí que habrían participado.


Parece que una primera barrera para la participación es la falta de información o la escasa voluntad de informarse de los canales participativos y las iniciativas que se proponen. Pero hay más. Cuando se pregunta a quienes ni han participado ni quieren participar aunque tengan la información (un 21% de la muestra), la razón más frecuente es la falta de interés, pero también la falta de tiempo y la percepción de falta de preparación. Estas barreras han hecho reflexionar a algunos responsables políticos acerca de cómo aproximar la política a la ciudadanía, peinando las calles en busca de problemas para construir soluciones y compromisos.

Asimismo, hay un asunto más. Cuando se pregunta acerca del tipo de acciones en las que se ha participado, las opciones más frecuentes son aquellas que tienen que ver con donar o recaudar dinero para una causa, consumir o boicotear productos por motivos ideológicos, colaborar con asociaciones, convencer a alguien dialogando o firmar peticiones. Se trata de un tipo de participación meritoria y necesaria, generalmente individualizada, probablemente desvinculada del territorio y, con alguna excepción, ajena a interacciones sociales significativas.

"Quizá convenga reflexionar acerca del encaje de la profundización de la democracia con unas fórmulas de participación individualizadas y aisladas"
Cierto, son los tiempos que corren en una sociedad que se transforma a la carrera. Sabemos desde Durkheim que cuando hay transformaciones las recetas viejas no suelen servir para situaciones nuevas, generando escenarios anómicos. Por ello, quizá, convenga reflexionar acerca del encaje de la profundización de la democracia con unas fórmulas de participación individualizadas y aisladas en un contexto en el que existe el deseo extendido de participar en la política, también, en iniciativas cara a cara.


No es un asunto baladí. En España, el apoyo frágil a la democracia está extendido, aunque de manera desigual. Es uno de los primeros pasos para la erosión. Más allá de depositar el voto, el fomento de la participación puede ser uno de los antídotos al declive de las democracias. Sabemos los costes y los impedimentos, pero también sabemos que la ciudadanía percibe a la política, a los políticos y a los partidos más como un problema que como una solución. Y ante esto, y mientras se produce una mejora de esta percepción, quizás convenga tener más conversaciones públicas acerca de cómo se puede facilitar la implicación de la ciudadanía en la solución de los problemas que le afectan.
Xavier Coller
Xavier Coller
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, España). Es PhD por la Yale University (EE. UU.) y doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha enseñado en varias universidades en España y Estados Unidos y ha sido 'visiting fellow' en las de Warwick, Berkeley, Harvard, Princeton, Université de Montpellier-1 y Luiss. Es el séptimo catedrático Príncipe de Asturias (Georgetown University) y corresponsal en España de la 'Comparative Candidates Survey'.
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