Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Un diálogo sobre la economía circular: "La transformación debe conducir a una mayor competitividad"

La economía circular habla de residuos, pero cada vez más se adentra en el marco de la industria, competitividad y autonomía estratégica. Teresa Parejo Navajas, directora general de Estrategia Industrial y de la Pequeña y Mediana Empresa en el Ministerio de Industria y Turismo, y Begoña de Benito, directora de Relaciones Externas en Ecoembes, conversan con el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana, sobre el papel que puede jugar España en esta transición y los retos pendientes para convertirla en una oportunidad real para las empresas.

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De izquierda a derecha: Teresa Parejo Navajas, Begoña de Benito y Marc López Plana. | Agenda Pública / Tania Sieira
De izquierda a derecha: Teresa Parejo Navajas, Begoña de Benito y Marc López Plana. | Agenda Pública / Tania Sieira
En el debate de la sostenibilidad y la competitividad, la economía circular ocupa un lugar preponderante. En esta conversación, Teresa Parejo Navajas, del Ministerio de Industria y Turismo, y Begoña de Benito, de Ecoembes, proponen entender la economía circular desde el centro de una discusión por el impulso de la industria española.

Desde el Ministerio, Parejo defiende que España cuenta con activos suficientes —energías renovables, sectores industriales consolidados y capacidad de innovación— para aspirar a una posición de liderazgo. Pero advierte que ese salto exige alinear política ambiental y política industrial, activar incentivos, acompañar a las pymes y definir objetivos claros, medibles y realistas.

De Benito, por su parte, subraya que la circularidad implica cambiar la forma de entender los residuos: "No existe el residuo, sino que hablamos de recursos", explica. En su diálogo, se recorren los principales desafíos pendientes: la baja tasa de circularidad en España, la falta de escala, la necesidad de mejores datos, el papel de las grandes empresas como tractoras de sus cadenas de valor y la urgencia de convertir la colaboración público-privada en proyectos concretos.
 

Teresa Parejo Navajas y Begoña de Benito conversan sobre economía circular, competitividad industrial y colaboración público-privada. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira.


¿Cómo alinean, desde Ecoembes y desde el Ministerio de Industria, las políticas y estrategias para fomentar la economía circular?

Teresa Parejo Navajas (T. P. N.): La economía circular, aunque inicialmente era una competencia del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico y se abordaba desde una perspectiva eminentemente ambiental, ha evolucionado de forma clara en los últimos años. Esa visión inicial ha trascendido.

Hoy ya no hablamos únicamente de una política ambiental, sino también de una auténtica política industrial. Y eso es precisamente lo que estamos impulsando desde el Ministerio de Industria.

Creemos que la economía circular representa una gran oportunidad para la industria en España. Es el modelo hacia el que debemos avanzar, no solo porque define los valores y prioridades estratégicas de la Unión Europea, sino porque además encaja con las capacidades y fortalezas de nuestro país.

España tiene un enorme potencial, especialmente por su liderazgo en energías renovables, que constituye una base muy sólida para desarrollar un modelo industrial más circular, resiliente y competitivo. Por tanto, creemos que esta debe ser una línea estratégica prioritaria.

"La economía circular será uno de los elementos clave, no solo desde el punto de vista normativo, sino también mediante incentivos y herramientas"
Teresa Parejo Navajas - Directora General de Estrategia Industrial y de la Pequeña y Mediana Empresa en el Ministerio de Industria y Turismo
Desde el Gobierno —y en concreto desde el Ministerio de Industria y Turismo— estamos trabajando para alinear la política ambiental con la política industrial, aprovechando las oportunidades que ofrece esta transición. En la estrategia industrial que estamos definiendo para los próximos años, la economía circular será uno de los elementos clave, no solo desde el punto de vista normativo, sino también mediante incentivos y herramientas que permitan convertirla en una realidad tangible para las empresas.

Begoña de Benito (B. B.): Desde el punto de vista de Ecoembes, creemos que esa aparente dicotomía entre sostenibilidad y competitividad está completamente superada. Las políticas de economía circular no son únicamente políticas ambientales; son también políticas industriales y de competitividad.

Si nos centramos en el propio concepto de economía circular, el simple hecho de entender que no existe el residuo, sino que hablamos de recursos, supone ya un cambio profundo. Y hablar de recursos es hablar de eficiencia. A su vez, hablar de eficiencia implica hablar de costes, de competitividad y de autonomía estratégica.

Además, la economía circular está íntimamente ligada a la innovación, porque estamos trabajando con materias primas secundarias que requieren tratamientos distintos a los tradicionales. Eso obliga a rediseñar procesos, desarrollar nuevas capacidades y formar a las personas. Por tanto, la relación entre economía circular y competitividad es directa.

Ahora bien, asumir esta relación implica ir más allá del marco regulatorio. La regulación es necesaria porque marca objetivos y aporta claridad, pero por sí sola no basta. Hace falta acompañarla de políticas públicas, incentivos, programas de apoyo, formación —además de formación segmentada— y, por supuesto, una apuesta decidida del sector privado.

¿Cómo se sitúa España en economía circular en comparación con otros países europeos?

B. B.: En materia de economía circular seguimos en una posición relativamente débil. La tasa de circularidad en España se sitúa en torno al 8,5% en 2024. A nivel global, la cifra es similar —6,9% en 2025—, pero la media europea alcanzó el 12,2% en 2024 y existen países que superan ampliamente el 20%.

Países como los nórdicos, Países Bajos o Bélgica presentan niveles de circularidad mucho más elevados. De hecho, Países Bajos registró la tasa más alta, con un 32,7%, seguido de Bélgica, con un 22,7%, e Italia, con un 21,6%.

España no solo se sitúa por debajo de estos países, sino que además el último dato refleja cierto retroceso respecto al anterior, lo que evidencia que todavía queda mucho camino por recorrer.

T. P. N.: Probablemente influye también el contexto global, que ha generado cierta sensación de relajación o incluso de desconfianza, tanto en parte de la ciudadanía como en algunos sectores económicos.

B. B.: Efectivamente, el contexto internacional está teniendo un impacto importante a nivel nacional. A ello se suma el entorno geopolítico y la presión competitiva de países fuera de Europa. Todo ello obliga a combinar la visión de corto, medio y largo plazo.

"Las empresas necesitan ofrecer resultados inmediatos, pero sin perder de vista la estrategia"
Begoña de Benito - Directora de Relaciones Externas en Ecoembes
Las empresas necesitan ofrecer resultados inmediatos, pero sin perder de vista la estrategia. Y eso exige liderazgo, estabilidad y una visión clara de futuro. En cualquier caso, los datos muestran que todavía estamos lejos del nivel de circularidad al que debería aspirar España.
 

Teresa Parejo Navajas considera que la falta de confianza puede venir dada por factores derivados del contexto global. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira.


En un país como España, donde el peso de las pymes es tan relevante, ¿cómo se consigue que se sumen a este proceso de transformación?

T. P. N.: El tejido empresarial español está compuesto en un 98%-99% por pymes y micropymes, y eso supone uno de los grandes retos de competitividad que tiene nuestro país. En el Ministerio somos plenamente conscientes de ello.

Por eso, una de las líneas centrales de nuestra estrategia es ayudar a las pymes a crecer, para que puedan competir no solo a nivel global, sino también en Europa. Nuestro tejido industrial necesita ser más fuerte y resiliente, y eso pasa necesariamente por activar esa capacidad de crecimiento.

No se trata de que todas dejen de ser pymes, pero sí de que exista una masa representativa de empresas de mayor tamaño —mid caps— que puedan competir en mejores condiciones tanto en Europa como a nivel internacional.

Para lograrlo no basta únicamente con ayudas económicas o financieras. También estamos trabajando en políticas de activación de la demanda. Es un reto complejo, sin duda, pero constituye una prioridad estratégica.

En definitiva, uno de los ejes clave de nuestra estrategia es cómo ayudar al tejido industrial —y especialmente a las pymes— a ser más competitivo y resiliente. Y sabemos que, en gran medida, eso pasa por ganar tamaño y capacidad de transformación.

B. B.: Nosotros trabajamos con unas 24.000 empresas clientes y, aproximadamente, el 90% son pymes. Por tanto, conocemos muy bien sus dificultades y necesidades.

Además, realizamos encuestas periódicas para entender cómo nos perciben, qué problemas encuentran y qué tipo de apoyo necesitan. A partir de ahí identificamos tres grandes necesidades.

La primera es la información. Muchas pymes no tienen capacidad para conocer toda la normativa que les afecta, a diferencia de las grandes compañías, que sí cuentan con departamentos especializados o mayores recursos. En ese sentido, nosotros actuamos como proveedores de información y acompañamiento.

La segunda necesidad es la interpretación. Una vez conocen la normativa, necesitan entender qué impacto tiene realmente en su negocio, en sus procesos y en su forma de trabajar.

Y la tercera es la implementación. Necesitan herramientas concretas, servicios y soluciones que les permitan recorrer ese camino de transformación.

"Muchas de estas pymes forman parte de sus cadenas de valor, y las grandes compañías tienen cada vez más claro el rumbo que quieren seguir en materia de sostenibilidad y circularidad"
Begoña de Benito
Estas son, en esencia, las tres líneas sobre las que trabajamos con las pymes. Y además existe un efecto tractor muy importante por parte de las grandes empresas: muchas de estas pymes forman parte de sus cadenas de valor, y las grandes compañías tienen cada vez más claro el rumbo que quieren seguir en materia de sostenibilidad y circularidad.

T. P. N.: Exactamente. Desde el Ministerio también trabajamos en esa lógica: apoyar a las grandes empresas para que, a través de ellas, se impulse toda la cadena de valor. Porque la competitividad de las grandes compañías depende también de la competitividad de sus proveedores.

¿Detectan que a mayor información hay más interés por parte de las empresas en incorporarse a la economía circular? ¿Es la información el elemento clave o hay otros factores, como el apoyo público o el papel de las grandes empresas dentro de la cadena de valor?

B. B.: No me atrevería a decir que exista un único elemento determinante. No es solo la información ni únicamente el papel de las grandes empresas. Es un conjunto de factores que deben actuar de manera coordinada.

Pero sí hay una realidad muy clara: estamos hablando de transformar un modelo productivo, y eso requiere inversión. Por tanto, el acceso a instrumentos económicos —subvenciones, fondos públicos, incentivos fiscales u otros mecanismos de apoyo— es fundamental.

Las empresas afrontan una transformación que deben convertir en negocio, y eso no es sencillo. Además, la innovación es un elemento clave. Y en este ámbito la digitalización aporta capacidades, eficiencia y tiempo disponible para abordar esos cambios. En definitiva, hablamos de una combinación de factores: formación, inversión, innovación, colaboración público-privada y acompañamiento institucional.

T. P. N.: Todo esto, además, avanza a gran velocidad. Ya no se trata únicamente de digitalizar a las pymes —algo en lo que desde el ámbito público se han impulsado numerosos programas de apoyo—, sino de afrontar ahora el salto hacia la inteligencia artificial. Y ese proceso está ocurriendo muy deprisa, lo que añade aún más complejidad.

Por eso, aunque hablamos de un conjunto amplio de medidas, algunas son especialmente relevantes. Una de ellas es el acceso a financiación, que puede incluir también apoyo en consultoría para ayudar a las empresas a entender hacia dónde deben avanzar en función de la regulación y de los cambios del mercado.

También es fundamental la innovación, porque esta transformación pasa necesariamente por innovar. Y la innovación es compleja: requiere capacidades, conocimiento y mecanismos para proteger las ideas que surgen.

"Es una de las principales demandas de las empresas: necesitan formar a sus trabajadores, especialmente en entornos industriales, pero también a sus equipos directivos"
Teresa Parejo Navajas
Todo ello implica formación. No solo formación regulatoria, sino también formación técnica y estratégica. Es una de las principales demandas de las empresas: necesitan formar a sus trabajadores, especialmente en entornos industriales, pero también a sus equipos directivos. En un contexto de cambio acelerado, los directivos deben contar con herramientas suficientes para orientar las estrategias empresariales con criterio y visión de largo plazo.

B. B.: Estoy de acuerdo. Las empresas necesitan herramientas, pero también apoyo institucional para detectar oportunidades y entender el contexto en el que operan.

Por ejemplo, el auge actual de la industria de la defensa está generando un entorno nuevo y complejo, pero también puede convertirse en una vía de desarrollo para muchas pymes.

La economía circular y la transformación que implica pueden generar grandes oportunidades de negocio. Sin embargo, muchas pequeñas empresas ni siquiera son conscientes de que su actividad podría encajar en estos sectores emergentes y aportar valor.

Es un ámbito que interesa tanto a las empresas como a la Administración, porque contribuye a cumplir objetivos estratégicos y a generar nuevo tejido industrial y productivo.

El problema es que, en muchos casos, las empresas no saben exactamente qué pueden hacer ni cómo acceder a esas oportunidades. Y ahí es donde resulta fundamental acompañarlas e identificar conjuntamente vías de desarrollo.
 

La conversación se desplaza hacia las pymes, sus necesidades de información, financiación y acompañamiento para incorporarse a la economía circular. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira.


Dado que esta conversación gira en torno a la colaboración público-privada, sería útil aportar ejemplos concretos o casos de éxito que permitan entender cómo funciona en la práctica esta colaboración en ámbitos como la economía circular.

T. P. N.: Lo principal —aunque pueda parecer obvio— es precisamente la colaboración público-privada. Y dentro de ella, el elemento esencial es el diálogo.

Es necesario establecer un diálogo real entre el sector público y el privado para comprender las necesidades actuales de las empresas, pero también para que el sector privado entienda las limitaciones y los tiempos de la Administración. Ese entendimiento mutuo es clave, también a la hora de diseñar la regulación: el objetivo debe ser acompañar a las empresas hacia una mayor competitividad, no asfixiarlas.

Ahora bien, del diálogo hay que pasar a la acción. Y ahí el sector público debe definir proyectos concretos, con buena gobernanza, objetivos claros y una regulación que marque el rumbo.

En el ámbito de la economía circular, desde el Ministerio de Industria estamos empezando a trabajar precisamente en esta línea. Es un enfoque relativamente nuevo para nosotros, porque tradicionalmente la economía circular se abordaba desde la política ambiental y ahora queremos integrarla plenamente en la política industrial.

Hemos comenzado a trabajar de manera intensa con el Ministerio para la Transición Ecológica, inicialmente partiendo de algunos sectores concretos e incluso identificando proyectos piloto.

Sin embargo, en ese proceso de diálogo con los distintos sectores industriales hemos comprobado que existen industrias que podrían avanzar más rápidamente y donde quizá sea más sencillo obtener resultados a corto plazo. Por ello, hemos decidido redefinir parcialmente el enfoque de la estrategia para concretar mejor qué proyectos pueden impulsar la economía circular de forma transversal.

"Hemos decidido redefinir parcialmente el enfoque de la estrategia para concretar mejor qué proyectos pueden impulsar la economía circular"
Teresa Parejo Navajas
Todo ello se está articulando mediante planes específicos —como el plan de automoción, el de bienes de equipo o el de industria básica— y a través de la identificación de nichos de oportunidad donde desarrollar proyectos concretos. En cualquier caso, seguimos todavía en una fase de definición y construcción.

B. B.: Ecoembes es, en sí mismo, un buen ejemplo de colaboración público-privada. La gestión de residuos es competencia de las administraciones públicas, concretamente de los entes locales. Pero la financiación de ese servicio corresponde a los productores, es decir, a la industria, que crea Ecoembes precisamente para articular ese modelo.

Este sistema se basa en convenios que van mucho más allá de las condiciones económicas. Si se limitaran únicamente a la financiación, serían documentos relativamente simples, pero en realidad incorporan numerosos aspectos operativos y de gestión.

Tienen varios objetivos. El primero es cumplir la normativa. Y el segundo, hacerlo de forma eficiente, teniendo en cuenta que el coste acaba repercutiendo sobre toda la cadena de valor.

Por eso, estos convenios se traducen en planes de acción concretos que permiten implementar el modelo en la práctica. En algunos casos implica mejorar infraestructuras; en otros, desarrollar ordenanzas municipales, revisar plantas de selección, impulsar campañas de comunicación o trabajar en ecodiseño con las empresas.

Todo ello configura un ejemplo muy claro de colaboración público-privada, articulado a través de comités, grupos de trabajo, comisiones de seguimiento con administraciones autonómicas y espacios de diálogo en los que también participan nuestros clientes.

Es importante que este modelo se entienda bien, porque a veces no está claro si Ecoembes es una entidad pública o privada. Y comprender que funciona precisamente sobre la base de la colaboración entre ambos ámbitos es fundamental.
 

Parejo y De Benito aterrizan la colaboración público-privada en proyectos concretos, desde los planes industriales hasta el modelo de gestión de residuos. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira.


¿Cómo se mide el resultado de todo esto? ¿Cómo se determina si una política pública o un plan —como el Plan Auto— ha tenido éxito?

T. P. N.: Es una cuestión compleja, porque la medición está evolucionando continuamente. En ámbitos como la descarbonización existen métricas más desarrolladas, aunque también presentan complejidades. Pero cuando hablamos de impacto social o de transformación económica, la medición resulta mucho más difícil.

En ocasiones se utilizan indicadores que no reflejan realmente el resultado final que se persigue. La Unión Europea ha avanzado mucho en estándares, especialmente en materia de reporting empresarial, y eso puede servir también como referencia para la política pública.

Desde el sector público debemos analizar aspectos como la resiliencia, la capacidad de transformación o los costes asociados, para orientar mejor las decisiones. Y, en cualquier caso, es fundamental mantener el diálogo con el sector privado para definir indicadores útiles, comparables y realistas.

B. B.: Sin un punto de partida claro, es muy difícil saber dónde estamos. Y fijar objetivos sin esa referencia resulta prácticamente imposible.

Lo primero es definir qué queremos medir y disponer de un dato inicial fiable. Ese diagnóstico, además, debe ser compartido por todos los actores implicados, porque solo así se pueden establecer objetivos comunes y evaluar realmente la evolución.

A partir de ahí, el siguiente paso es definir una metodología de seguimiento, garantizar una buena trazabilidad de los datos —de los KPI y de los indicadores— y asegurar que todo el sistema sea transparente.

"Si se exige al sector privado una transformación profunda del modelo productivo, también debe existir la capacidad de evaluar si realmente se está avanzando"
Begoña de Benito
Esa información debe ser pública, visible y auditable, de modo que no pueda alterarse de forma arbitraria. En definitiva, los principios fundamentales son tres: saber qué medir, conocer el punto de partida y garantizar la trazabilidad y la transparencia durante todo el proceso de seguimiento. Y esto es especialmente importante porque, si se exige al sector privado una transformación profunda del modelo productivo, también debe existir la capacidad de evaluar si realmente se está avanzando en la dirección adecuada.

T. P. N.: En este sentido, la regulación europea está siendo bastante clara, y eso es fundamental.

Es muy importante que existan objetivos definidos: si hablamos de descarbonización, debemos concretar qué significa exactamente, qué niveles de reducción de emisiones se exigen a cada industria y en qué plazos. Y si hablamos de economía circular, también debemos concretar qué implica para cada sector.

Ahora bien, esos objetivos deben definirse dentro de un marco de diálogo que permita que sean ambiciosos, pero también realistas. La transformación debe conducir a una mayor competitividad; de lo contrario, existe el riesgo de debilitar la industria.

Y la industria es esencial. Si la perdemos, avanzamos hacia un modelo excesivamente basado en servicios, con todo lo que eso implica en términos de riqueza, empleo y sostenimiento de los servicios públicos.

Por eso, este es un momento clave para aprovechar la oportunidad. Se puede hacer, pero con objetivos claros, compartidos, medibles y planteados a largo plazo, para que las empresas puedan desarrollar estrategias competitivas y sostenibles.
 

El diálogo entra en la medición de las políticas públicas, la trazabilidad de los datos y la necesidad de objetivos claros para la industria. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira.


¿Dónde debería estar España dentro de cinco años en términos de competitividad y economía circular?

T. P. N.: España puede convertirse en un país líder. No es solo una cuestión de optimismo, sino de que contamos con numerosos elementos que lo hacen posible.

No en todos los sectores, pero sí en varios especialmente relevantes en los que podemos situarnos entre los países líderes y competir a alto nivel.

Existen ejemplos claros: la automoción, donde ya somos fuertes; el sector textil; el farmacéutico. Además, contamos con una energía renovable muy competitiva, que debe convertirse en una verdadera palanca de competitividad para la industria.

Si a ello sumamos otros activos estratégicos del país, existen oportunidades reales para que, en un horizonte de cinco años y dentro del modelo europeo de descarbonización y transición hacia una economía sostenible —donde la economía circular será un elemento clave—, España pueda consolidarse como una economía potente y competitiva.

"Podemos aspirar a liderar varios sectores estratégicos con un modelo basado en la sostenibilidad y la competitividad"
Teresa Parejo Navajas
Para ello será necesario activar las palancas adecuadas desde las políticas públicas y reforzar la colaboración con el sector privado. Con ese enfoque, podemos aspirar a liderar varios sectores estratégicos con un modelo basado en la sostenibilidad y la competitividad.

B. B.: En el ámbito concreto de la economía circular y la sostenibilidad, estamos en un momento especialmente adecuado para subirnos a un tren que nos permita hacer las cosas bien.

En el caso de los envases, llevamos más de treinta años trabajando en el concepto de responsabilidad ampliada del productor. Pero ahora están entrando nuevos flujos que representan una oportunidad enorme: textiles, calzado, muebles y enseres, filtros de tabaco, toallitas o plásticos agrícolas.

Todo ello nos sitúa en un momento clave para replantear el modelo de gestión de residuos municipales.

Durante décadas se ha trabajado de una determinada manera, con infraestructuras diseñadas para responder a las necesidades de aquel momento. Sin embargo, hoy los objetivos son mucho más ambiciosos y requieren nuevas capacidades y, sobre todo, escala; sin escala será muy difícil alcanzar esos objetivos.

Al mismo tiempo, existe una gran oportunidad, porque muchas de las infraestructuras actuales pueden adaptarse. No es lo mismo seleccionar envases que seleccionar textiles, pero ya existe una base —espacios, licencias, maquinaria o experiencia operativa— sobre la que se puede construir.

Por eso, replantear las infraestructuras actuales —como las 97 plantas de envases— para analizar cómo pueden adaptarse, abrirse a nuevos flujos de residuos y ganar eficiencia constituye una gran oportunidad de país.

Es el momento adecuado para impulsar una verdadera política de Estado en materia de infraestructuras de gestión de residuos. Será fundamental para alcanzar los objetivos de circularidad.

Además, en un horizonte de cinco años, deberíamos haber resuelto también los debates relacionados con los datos. Es imprescindible saber dónde estamos, porque sin ese diagnóstico resulta muy difícil definir políticas y estrategias: saber a dónde queremos llegar, cuándo y cómo hacerlo.

"Si no avanzamos simultáneamente en estos tres elementos —infraestructuras, datos y apoyo efectivo a las empresas— será difícil alcanzar los objetivos de economía circular"
Begoña de Benito
Y, por último, las políticas públicas deben acompañar a la regulación. La regulación es necesaria y debe ser ambiciosa, pero no basta por sí sola. Hay muchas empresas —especialmente pymes— que necesitan recursos, formación, acompañamiento y comprensión del marco en el que operan. Si no avanzamos simultáneamente en estos tres elementos —infraestructuras, datos y apoyo efectivo a las empresas— será difícil alcanzar los objetivos de economía circular. Pero estamos en un momento de oportunidad y existe una visión clara de hacia dónde avanzar. Ahora el reto es convertir esa visión en realidad.

Muchas gracias.
En alianza con
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Agenda Pública Corp
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