El pasado 27 de febrero tuve oportunidad de participar en el
Consejo Asesor de Economía Circular en representación del
Grupo Español de Crecimiento Verde. El Consejo Asesor es un órgano consultivo de la Administración General del Estado, creado bajo la
Estrategia Española de Economía Circular, en el que actores de distinta índole tienen la oportunidad de formular propuestas para el impulso de la circularidad en España. La reunión permitió comprobar el interés que suscita el reto de ir despegándose del modelo económico lineal y avanzar hacia esquemas más sostenibles basados en el ecodiseño, la eficiencia, la prevención de residuos, la reutilización o el aprovechamiento de materias primas secundarias. El encuentro constituyó, en particular, el punto de partida para el
Tercer Plan de Acción de Economía Circular, que se elaborará a lo largo de los próximos meses.
De modo un tanto análogo,
Ecoembes, sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor para envases, organizó el pasado año una serie de
foros de debate con agentes públicos y privados para discutir medidas que permitieran avanzar en el desarrollo de la circularidad y que cristalizaron en una
hoja de ruta para que la economía circular se convierta en un proyecto de país. Este documento concibe la transición hacia un modelo circular como una apuesta que no solo tiene una evidente dimensión ambiental, sino que constituye una
oportunidad para la competitividad de la industria y para la autonomía estratégica de España.
"Hay un ámbito en el que, no solo no se aprecia una tensión entre competitividad y sostenibilidad, sino que se reconoce expresamente la existencia de importantes sinergias: la economía circular"
No podemos desconocer que estas iniciativas se plantean en
momentos críticos para las políticas de sostenibilidad. Quienes seguimos de cerca la regulación y las estrategias de la Unión Europea en este ámbito hemos visto cómo, a lo largo de 2025, la Comisión lanzaba diversas propuestas dirigidas a reducir el nivel de exigencia de la normativa ambiental en aras de impulsar la competitividad de la industria europea. Con la comunicación
Una brújula de la Competitividad, con la que la Comisión abrió su actual mandato, este término, competitividad, ha pasado a ser el nuevo mantra de las políticas comunitarias: se trata de
facilitar al tejido empresarial un entorno que les permita competir en mejores condiciones a nivel global. En este contexto, hay un ámbito en el que, no solo no se aprecia una tensión entre competitividad y sostenibilidad, sino que se reconoce expresamente la existencia de importantes sinergias: la economía circular. Así lo ha subrayado la Comisión en sus documentos estratégicos y así lo pone de manifiesto el hecho de que uno de sus proyectos normativos estrella para este 2026 sea la propuesta de una
Circular Economy Act.
La continuidad en la apuesta por la economía circular a nivel europeo y nacional entronca, además, con las
crecientes preocupaciones geoestratégicas. En el actual contexto, reducir la dependencia del exterior se ha convertido en una prioridad. La
eficiencia en el uso de los recursos, el
aprovechamiento de materias primas críticas y el
impulso al acceso y empleo de materiales recuperados se han convertido en ejes relevantes de esa autonomía estratégica que resulta crítica en estos tiempos convulsos e inciertos.
La economía circular parece disfrutar, por tanto, de buena salud, al menos a nivel de narrativa y de posicionamiento en la agenda pública. Sin embargo, los datos no son buenos. Según el INE,
la economía española generó 112,7 millones de toneladas de residuos en 2023 (el último año con datos), un
3,5% más que en el año anterior. La
tasa de circularidad de la economía española se sitúa en el 8,5%, según un informe reciente de la
Fundación Fórum Ambiental, lo que significa que menos de una décima parte de los materiales utilizados vuelven al sistema productivo tras su uso.
Tenemos, por tanto, el reto de pasar del dicho al hecho.
Hay que respaldar el discurso con acciones encaminadas a avanzar, de manera real y efectiva, en el despliegue de la circularidad.
"Es imprescindible adoptar medidas que desplacen el foco de la gestión de residuos hacia la fase de diseño de los productos, exigiendo que prevención, durabilidad, reparabilidad y reciclabilidad se tomen en consideración desde el inicio del ciclo de vida"
Es imprescindible, en primer término, adoptar medidas que desplacen el foco de la gestión de residuos hacia la fase de diseño de los productos, exigiendo que
prevención, durabilidad, reparabilidad y reciclabilidad se tomen en consideración desde el inicio del ciclo de vida. A este respecto, los próximos requisitos de sostenibilidad bajo el
Reglamento de Ecodiseño y otras normas sectoriales obligarán a fabricantes y otros agentes a facilitar la reparación, reutilización y reciclaje de sus productos. Unos
sistemas de responsabilidad ampliada del productor bien orientados, sea desde la regulación o sea desde la propia iniciativa de los sistemas de RAP, pueden jugar también un papel central, a través de la
ecomodulación, a la hora de impulsar estos cambios.
Pero es necesario también
reforzar el mercado de materias primas secundarias. Ello pasa por facilitar y agilizar los procedimientos para que los residuos debidamente gestionados puedan dejar de ser considerados como tales y ser
aprovechados en nuevos procesos productivos, salvaguardando siempre la protección de la salud y el medio ambiente. Pero es necesario también que esos materiales recuperados puedan competir con materia prima virgen cuya obtención y producción tiene, a menudo, menores costes a corto plazo. Se pueden adoptar distintos tipos de medidas para abordar este reto, desde
impulsar con mayor ambición la compra pública verde, a
revisar la fiscalidad para incentivar el empleo de materiales recuperados o a
extender las exigencias regulatorias de contenido mínimo de material reciclado en productos diversos.
Pero esta transformación pasa también, en particular en España, por una
política industrial coherente con estos objetivos. La industria española se enfrenta al reto de reforzar su competitividad en un contexto internacional complejo al tiempo que aborda su descarbonización de cara a
alcanzar la neutralidad climática en 2050, a la que se ha comprometido la UE. La circularidad ha de ser un aliado crítico en esta transición,
aportando eficiencia, innovación, reducción en el consumo de recursos (incluidas agua y energía) y
menores emisiones en el ciclo de vida de los productos.
Estamos, pues, en un momento crítico, un momento de transformación de nuestra economía marcado por
desafíos ambientales, geopolíticos y de competitividad, un momento de necesario cambio en el que
la circularidad está llamada a jugar un papel central. Hacer realidad esa transformación pasa por una
acción decidida y compartida de agentes del sector público y privado, y por la configuración de un
marco facilitador que lo haga posible. Es el momento de traducir el discurso en hechos.