Un debate que aparece cíclicamente en economía es el de si
la tecnología destruye empleo y genera paro. En lo que llevamos de siglo, los avances de la automatización y
la digitalización, acelerados por el desembarco de la inteligencia artificial (IA),
elevan su importancia y nos llevan a hablar más de transformación social que de mero cambio tecnológico que influye en el empleo tal y como lo conocemos.
"La digitalización está redefiniendo qué tipo de empleo es estable y qué tipo de empleo sigue siendo precario"
En España, los datos indican que
no estamos viviendo una sustitución masiva de trabajadores por máquinas al estilo de las predicciones más alarmistas. Pero eso no significa que no estén cambiando las características del empleo. Lo que muestran los datos es un proceso más silencioso, pero potencialmente de más calado. La digitalización está redefiniendo qué tipo de empleo es estable y qué tipo de empleo sigue siendo precario. Y esa diferencia puede ser en el futuro
más importante que la propia cantidad de empleo.
Si algo caracteriza la evolución reciente de la economía española es
la mejora en el nivel de empleo tras la pandemia. Las tasas de paro han descendido y el mercado laboral ha mostrado una resiliencia inesperada. Sin embargo, como ya se ha señalado en otros análisis,
reducir el paro no implica automáticamente una mayor solidez duradera.
La clave está en
cómo se está generando ese empleo y si nos otorga posibilidades de mantener las mejoras. Aquí es donde entra el papel de la digitalización.
No como una fuerza que sustituye directamente a trabajadores, sino como
un factor que reconfigura la forma en que se organiza la economía y el empleo. El impacto agita pilares de nuestra sociedad que trascienden el ámbito de la economía y promueve fenómenos contemporáneos únicos como el incremento del absentismo, el teletrabajo, el nomadismo laboral o la economía
gig (precaria para algunos) de marcas como Glovo, Uber o Fiverr.
Con las posibilidades que ofrece
el incremento de la productividad propiciada por la IA, se prevé que en un par de décadas (si no antes) podamos estar debatiendo sobre la voluntariedad del trabajo remunerado. Llegaríamos así a poder cuestionar
la creencia histórica en el trabajo como predestinación humana del "ganarás el pan con el sudor de tu frente".
El impacto de la digitalización en España: temporalidad y jornada semanal
Uno de los resultados más claros es que
la digitalización no explica de forma significativa la evolución del empleo o del paro. Al tener en cuenta el ciclo económico, medido a través del crecimiento del PIB, el impacto de la intensidad digital sobre el empleo total no se muestra determinante:
no hay evidencia de que, globalmente, asistamos a una reducción del empleo en España. Esto sitúa el caso español más cerca de la evidencia europea que de los resultados observados en Estados Unidos con la robotización industrial en zonas urbanas que puso de manifiesto el premio Nobel Daron Acemoglu.
"Los sectores con mayor intensidad digital presentan una menor proporción de empleo temporal, y el efecto es especialmente intenso en el caso español"
Donde sí se perciben cambios es en
la estabilidad del empleo y el tipo de contrato. Los sectores con mayor intensidad digital presentan una menor proporción de empleo temporal, y el efecto es especialmente intenso en el caso español cuando lo comparamos con lo que pasa en Europa.
Esto es relevante por dos motivos. En primer lugar, porque
España es uno de los países con mayor dualidad laboral de Europa, con una clara diferencia entre las condiciones de los trabajadores indefinidos y temporales. En segundo lugar, porque sugiere que la digitalización
no está asociada a una mayor precariedad, sino más bien a lo contrario: en los años pos-COVID los sectores más digitales tienden a generar empleos más estables.
La digitalización también afecta
a la jornada laboral. Una vez controladas las diferencias sectoriales, los sectores más digitalizados tienden ligeramente a registrar
más horas trabajadas a la semana.
Este resultado también cuestiona
la idea de que la tecnología reduce el tiempo de trabajo. En realidad, lo que parece haber ocurrido en la última década es un cambio en la composición del empleo, con
menos trabajos temporales, más trabajos estables y una mayor intensidad del trabajo en algunos sectores.
Un mercado laboral dual también en lo digital: implicaciones en política económica
Sin embargo, estos efectos no son homogéneos. España presenta
una estructura claramente dual,
con sectores digitales (información y comunicaciones, servicios profesionales) con mayor estabilidad y menos temporalidad, que conviven con sectores menos digitalizados (hostelería, construcción) con
mayor temporalidad y jornadas más largas.
Esto implica que
la digitalización no está transformando todo el mercado laboral por igual, sino que puede estar reforzando una división ya existente. Si la digitalización genera empleo más estable, pero solo en determinados sectores, el resultado pasa de ser una mejora general a una suerte de
reconfiguración de la desigualdad laboral.
Este cambio de enfoque es muy importante. Si
la tecnología no destruye empleo, pero sí transforma su calidad, entonces las políticas públicas deberían centrarse en facilitar la transición hacia sectores digitales, mejorar la formación y las competencias, y
reducir la segmentación entre sectores.
Es importante cuántos empleos se crean, pero también quién accede a los mejores.
"Los efectos de la automatización sobre el empleo son heterogéneos y dependen del tipo de tecnología, el contexto institucional y el marco temporal considerado"
La relación entre digitalización y mercado laboral debe interpretarse como
un retrato pospandemia, y no como tendencias permanentes. Las propias estadísticas de Eurostat, de las que parte el análisis, tienen una periodicidad limitada. En esa incertidumbre reside uno de los grandes desafíos de la investigación en este campo. Junto con los profesores Iñaki Aliende y Lluís Franco, en nuestra revisión sistemática de treinta años de debate sobre el "fin del trabajo", constatábamos que los efectos de la automatización sobre el empleo son heterogéneos y dependen del tipo de tecnología, el contexto institucional y el marco temporal considerado.
Es necesario construir
sistemas de seguimiento que incorporen indicadores de calidad del empleo, distribución salarial, ritmo de adopción tecnológica y composición sectorial del trabajo, con el fin de detectar a tiempo si la digitalización comienza a operar de forma distinta a como lo ha hecho hasta ahora. El patrón identificado en este análisis,
la transformación de la calidad del empleo más que la destrucción neta de puestos de trabajo, puede reforzarse, moderarse o revertirse a medida que la inteligencia artificial amplíe su alcance hacia tareas cognitivas que, hasta la fecha, son desconocidas.
El contenido de este artículo es fruto del estudio realizado por los profesores
Iñaki Aliende (Universidad Complutense de Madrid), Lluís Franco Sala (Universidad de Barcelona) y Víctor Martín Cerdeño (Universidad Complutense de Madrid) y que será presentado en las
VII Jornadas de Política Económica 2026 que se celebrarán en la Universidad de Alicante el 4 y 5 de junio de 2026.
El contenido de este artículo es fruto del estudio realizado por los profesores Iñaki Aliende (Universidad Complutense de Madrid), Lluís Franco Sala (Universidad de Barcelona) y Víctor Martín Cerdeño (Universidad Complutense de Madrid) y que será presentado en las VII Jornadas de Política Económica 2026 que se celebrarán en la Universidad de Alicante el 4 y 5 de junio de 2026.