La relación entre México y EE. UU. se ha vuelto a tensar en la víspera de la celebración del Mundial de fútbol de la FIFA. A poco más de un mes del inicio de la cita mundialista, en la que ambos países son sede, el vínculo bilateral vuelve a estar bajo la lupa:
"narcoestado", "corrupción institucional" y "crimen organizado" son los términos que la han llevado hasta ese pantanoso terreno.
"Esta nueva tensión diplomática versa sobre una frontera invisible que separa lo que un país puede decidir de lo que otro puede (o no) imponer"
La acusación lanzada desde Washington contra Rubén Rocha Moya (exgobernador de Sinaloa y aliado incondicional de Andrés Manuel López Obrador) no representa solo un expediente judicial más: es, a grandes rasgos,
un relato que se impone sobre otra narrativa. EE. UU. habla de corrupción y narcotráfico; México "se defiende" argumentando que se trata de una (otra) intromisión en su política doméstica.
Y, en el medio, está Claudia Sheinbaum, tan serena, tan centrada en sus asuntos económicos internos que se ve obligada a decidir: o investiga y castiga a
un gobernador fiel a su proyecto político de la Cuarta Transformación —motivada, por supuesto, por las imposiciones de la Casa Blanca—, o,
apelando a su escudo infranqueable, el de la soberanía nacional, hace oídos sordos a la petición judicial de la Administración de Trump y deja abiertas las sospechas sobre los nexos de un aliado político con el hampa. En pocas palabras, esta nueva tensión diplomática versa sobre una frontera invisible que separa lo que un país puede decidir de lo que otro puede (o no) imponer.
Sheinbaum sabe que
el eco de cada palabra suya retumba en el Despacho Oval. Cada declaración espetada desde la Ciudad de México nace con la legitimidad de sus instituciones. No obstante,
las dudas y las demoras llegan hasta Washington, donde la paciencia se agota frente a lo que allí consideran una
complicidad con el crimen organizado. Por eso, la presidenta mexicana sostiene que su Gobierno no cubrirá ni solapará a nadie, pero tampoco aceptará presiones externas. Lo cierto es que, al margen de las palabras fáciles y de las voluntades parcas, esta situación es un equilibrio muy forzado:
mostrar firmeza sin caer en el encubrimiento (defender la soberanía sin convertirse en protector de sospechosos de gravísimos delitos) o ceder ante un caso de muy difícil solución.
¿Y la relación bilateral?
EE. UU. exige acciones legales inmediatas y contundentes, y castigo a un político que gobernó uno de los puntos más calientes del narcotráfico global;
México responde con las bondades que (irónicamente) siempre brinda la anquilosada burocracia judicial, es decir, con retórica y demora. Y, ante esa situación, el choque es inevitable, porque las urgencias no coinciden. Tampoco los intereses de ambas naciones. Lo cierto es que, hoy,
el caso de Rocha Moya se ha convertido en un símbolo de la desconfianza que sigue teniendo EE. UU. ante su vecino del sur, una que vertebra el sistema de poder entre ambos, aunque en el aire sigan los ecos de tantos discursos de cooperación.
"El caso pone el foco sobre una narrativa que se resiste a expirar: la de que, para Washington, México sigue siendo tierra de bandidos"
Rocha Moya es, en cierta medida, solo un nombre, uno de tantos sospechosos que navegan en las turbias aguas que disipan las fronteras entre el crimen y la política. Pero este caso pone el foco sobre una narrativa que se resiste a expirar: la de que, para Washington, México sigue siendo tierra de bandidos donde el hampa compadrea con la política. No obstante, para Sheinbaum resulta una oportunidad de demostrar que
su Gobierno no se arrodilla ante las exigencias de Trump. Para ella, la defensa de lo aparentemente indefendible es motivo para sostener su soberanía, aun cuando parece imposible, insostenible, inmoral.
Por lo pronto, Rocha Moya ya no gobierna en Sinaloa (ha pedido licencia), y
Sheinbaum investiga el caso para tomar una decisión. Mientras tanto, en EE. UU., el reloj avanza.
¿Quién es Rocha Moya? Las claves de su caso
Rubén Rocha Moya nació en Badiraguato, Sinaloa, en 1949 y, desde entonces, su biografía quedó marcada por el destino de esa tierra:
una cuna de maestros rurales y de capos, de universidades públicas y de cárteles. Su carrera política comenzó en la izquierda socialista de los años ochenta, cuando el Partido Socialista Unificado de México lo llevó al Congreso local. Después, fue rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa; ese cargo le dio prestigio académico y lo acercó a las redes de poder local. Sin embargo,
su verdadero salto llegó cuando Andrés Manuel López Obrador lo integró a su movimiento, a su sistema, a su clan: Morena. Y, en 2018, lo convirtió en senador; tres años después, en gobernador.
Esa relación es parte del quid de este asunto:
es mucho más que política, es de confianza.
"Amigo… compañero de lucha… mi hermano" es como el expresidente de México se ha referido al exgobernador. Lo presentó como el candidato ideal para Sinaloa, una entidad en la que su movimiento político necesitaba de un hombre afín a sus intereses. Rocha Moya fue, en palabras del presidente, "un hombre honesto, comprometido con el pueblo", y esa bendición bastó para que Morena cerrara filas con él. Su carrera política no se entiende sin ese respaldo:
fue el mismo López Obrador quien lo empujó, quien lo legitimó y quien lo convirtió en el representante de su proyecto en el territorio más conflictivo del país.
"Gobernar Sinaloa significa convivir con esa sombra, administrar un territorio donde los límites de lo legal y lo ilegal suelen ser inexistentes"
Porque Sinaloa no es un lugar que pase desapercibido. Ni para la cultura popular ni para la justicia. Se trata, nada más y nada menos, que
del epicentro del narcotráfico mexicano desde los años ochenta, cuando Joaquín "el Chapo" Guzmán e Ismael "el Mayo" Zambada vivieron un ascenso meteórico en la jerarquía criminal. Allí mismo se fundó el cártel de Sinaloa:
la organización más poderosa del hemisferio (y una de las más poderosas del mundo). Allí, sin duda alguna, se mezclan la política, la economía y el crimen organizado como en ningún otro lugar de México. Gobernar Sinaloa significa convivir con esa sombra, administrar un territorio donde los límites de lo legal y lo ilegal suelen ser inexistentes,
donde el poder del Estado compite con el poder oscuro. Un claro ejemplo actual es que en puertos de Sinaloa es donde las mafias chinas operan en una red de tráfico de estupefacientes, mientras se llevan (desde esos mismos puertos) toneladas de totoaba, un pescado endémico del Pacífico mexicano y altamente valorado, según lo revelan varias investigaciones
del diario El País.
Es por eso que la figura de Rocha Moya resulta tan significativa: no solo es un gobernador acusado por EE. UU., sino que es
el representante de López Obrador —el hombre que transformó a un país y cuyo movimiento político se convirtió en el sistema político de México—, precisamente, en la cuna del crimen organizado. Su vínculo con el expresidente lo convierte en una referencia de los tiempos que corren:
la fuerte apuesta de Morena por gobernar hasta en los territorios más conflictivos. Entonces, cada roce, cada sospecha que nace en Washington alimenta el argumento de que la línea que divide el poder legítimo del poder
de facto siempre se difumina bajo los intereses más opacos.
El Chapo Guzmán y su petición de extradición
Sinaloa es conocida en México por muchas cosas (cultura, gastronomía), pero en el resto del mundo hay un nombre que le dio dimensión global:
Joaquín Guzmán Loera, conocido como "el Chapo" Guzmán, y el cártel que lleva el nombre del lugar en el que nació.
Resulta que un par de días después de la acusación de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York contra Rocha Moya y de que este pidiera licencia para el cargo, el famoso narcotraficante "el Chapo" Guzmán
envió una carta a la Corte Federal de Brooklyn solicitándole al juez Brian Cogan
ser extraditado a México después de haber sido condenado a cadena perpetua en EE. UU.
Según lo cuenta el diario
ABC, el capo mexicano hace esa solicitud argumentando que
el proceso judicial al que fue sometido no fue del todo claro y que, apelando a la ley, ambas administraciones podrían gestionar el regreso a su país. Dicha cabecera, sin dar más detalles, sostiene que esas acciones serían una suerte de "canje" por Rocha Moya.
Ahora bien, recordemos que, por lo menos,
el Chapo fue protagonista de dos fugas históricas desde presidios mexicanos considerados de alta seguridad. Pero no solo eso, sino que
el líder del cártel de Sinaloa también es conocido por haber sobornado a toda autoridad que lo detuvo, así como a políticos que lo utilizaron como pieza clave en el sistema de poder oscuro.
¿Cuál será el destino del que fuera considerado
el capo criminal más poderoso del mundo durante las dos primeras décadas de este siglo?
¿Cuál será el destino de Rocha Moya?
"Sheinbaum tendrá que armar una respuesta contundente ante la exigencia y denuncia de EE. UU., independientemente de lo que decida"
Por lo pronto, Sheinbaum tendrá que armar una respuesta contundente ante la exigencia y denuncia de EE. UU., independientemente de lo que decida:
apostar por la soberanía o cooperar con la Casa Blanca en su furibunda (y cuestionable) lucha contra el crimen organizado global.