Finalmente cayó el Mencho, el líder de una de las organizaciones criminales mexicanas más poderosas: el Cártel Jalisco Nueva Generación. Pocos, muy pocos, lo sabían; todos lo esperaban. Pero, como siempre en México, no es la potencia de las balas la que decide ni el cómo ni el cuándo, sino la voluntad de las esferas más altas de la política.
El que estaba considerado por la Administración de Donald Trump como el capo más peligroso del mundo —y por el que ofrecía hasta quince millones de dólares por informaciones que llevaran a su captura— cayó abatido el 22 de febrero durante un operativo del Ejército mexicano. Por el momento, muchos de los detalles permanecen en papeles altamente custodiados y en secretos de Estado. El asalto fue ejecutado como si se tratara de un guion escrito tiempo atrás, una suerte de crónica de suspense con un desenlace que no llegó hasta que fuera el momento más conveniente. ¿Para quién? Pues para las dos principales administraciones a las que tenía en jaque el CJNG: la de Claudia Sheinbaum y, por supuesto, la de Donald Trump.
"Los criminales de alto calibre no caen cuando se agotan (o cuando dan un paso en falso ante sus rivales); lo hacen cuando alguien «de arriba» decide cuándo deben caer"
Porque los criminales de alto calibre no caen cuando se agotan (o cuando dan un paso en falso ante sus rivales); lo hacen cuando alguien "de arriba" —en esos despachos donde el poder se mide con silencios, gestos y acuerdos previos— decide cuándo deben caer. Ya lo dice un viejo refrán: "En política no existen las casualidades; todo es parte de una estrategia, propia o ajena".
En primera instancia, este hecho supone un hito en la hoja de ruta de seguridad de Claudia Sheinbaum y del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch (conocido popularmente como "super Harfuch", ya que ha sido el único político que ha librado exitosas batallas contra el crimen organizado). Desde la última captura de el Chapo Guzmán, este representa el gran golpe al hampa de México. Sobre todo, porque Trump ha presionado hasta el hartazgo a su vecino del sur, definiendo el combate a la inseguridad y al narcotráfico como el elemento vertebrador de las relaciones diplomáticas (y comerciales) entre ambos países.
Ahora bien, una vez que el Mencho ha quedado fuera de la ecuación criminal, ¿quién tomará el mando del CJNG? Cuando la cabeza de un cártel cae, no es como cuando se gana un trofeo que se alza, se presume y se exhibe en una vitrina de palmarés. Lo que sucede es todo lo contrario. La paz solo queda en el terreno idílico, y se esperan oleadas de violencia por la recomposición interna de la organización criminal. Cuando un líder de esta envergadura es abatido o apresado, la consecuencia inmediata es el caos, en espera de que el sucesor lo ordene todo para continuar con los negocios (el trasiego de estupefacientes, blanqueo de capitales, tráfico de armas y personas, etc.).
El abatimiento de el Mencho llega en un momento en el que distintas entidades mexicanas viven bajo el miedo y la ley del plomo: las herramientas predilectas del hampa para imponer su autoridad. Algunos de los lugares donde se vive con mayor impacto la caída de este capo son, por ejemplo, Michoacán —el estado donde el 80% del aguacate mexicano se planta; siendo este uno de los tantos y rentables negocios completamente controlados por el narcotráfico—. Por supuesto, Jalisco, la casa del Cártel Jalisco Nueva Generación; una de las localidades con mayor tradición en la narcocultura y que ha sido el búnker de históricos líderes del narcotráfico mexicano. Guanajuato, una de las entidades que más ha repuntado en violencia descontrolada, debido a que se encuentra en uno de los principales corredores criminales, es parte del triángulo del huachicol, una zona donde se ordeña el gasoil robado de los ductos del Estado, se vende y se controla su tráfico clandestino. Y, no podía faltar, Colima, una pequeña localidad que en los últimos años se consolidó como la más violenta del país.
"¿Es realmente la caída de 'el Mencho' un golpe certero al crimen organizado, o, cuando su sucesor tome el mando, el cártel regresará con más fuerza?"
Esos lugares, tras la muerte de el Mencho, están siendo escenarios de balaceras, bloqueos de carreteras, cierres de negocios, caos en aeropuertos, quema de vehículos, etcétera. Y es que, como así lo describió el periodista Pablo Ferri en una pieza de El País: "Su salida del terreno de juego criminal coloca a México en terreno desconocido". Como no podía suceder de otra manera, este hecho deja a los mexicanos con muchas más preguntas que respuestas.
¿Es realmente la caída de el Mencho un golpe certero al crimen organizado, o, cuando su sucesor tome el mando, el cártel regresará con más fuerza? Es una de las tantas interrogantes. Por lo pronto, Sheinbaum, como es costumbre, se manifestó serena y prudente,
felicitó a las fuerzas del orden e invitó a mantener la calma ante las manifestaciones violentas que se han extendido a lo largo del país.
El problema es que es precisamente en Jalisco —lugar en el que fue abatido el famoso narcotraficante— donde se llevarán a cabo cuatro de los partidos del próximo mundial de fútbol de la FIFA (uno de ellos es el de España contra Uruguay, previsto para jugarse en el estadio Akron, en Zapopan). Cabe destacar que, durante los últimos meses, las fuerzas de seguridad mexicanas reportaron la aparición de cadáveres (narcocadáveres, es decir, ejecutados por el crimen organizado) en localidades muy cercanas a Guadalajara —la capital de Jalisco—, lo cual encendió las alarmas sobre los retos de seguridad que aún tiene el país en la víspera de la gran cita mundialista —que, dicho sea de paso, espera la recepción de 5,5 millones de turistas solo para ese evento.
Por lo tanto, la otra pregunta, tan incómoda como obligada, es: ¿Este golpe al narcotráfico supone que México ya está preparado en materia de seguridad para ser una de las sedes del mundial de fútbol?
¿Quién era 'el Mencho'?
La suya es una (otra) historia de los capos mexicanos, de esos mitos que nacen de la sangre del pueblo y mueren en esa misma sangre que los vio nacer.
En el humilde municipio de Aguililla (Michoacán), vio su primera luz en 1966. Nació en una familia de origen campesino y, de niño, se dedicaba a recoger aguacates; después fue migrante indocumentado en Estados Unidos (donde estuvo preso por narcotráfico en varias ocasiones). Más tarde fue policía y, posteriormente, comenzó su carrera criminal como sicario. Finalmente, se consolidó como el capo más poderoso de México —claro, una vez que ya había caído el Chapo Guzmán—, y su organización se convirtió en una empresa criminal con tentáculos por todo el mundo.
"Nemesio Oseguera, alias 'el Mencho', creó un grupo de sicarios, que funcionó como brazo armado del Cártel de Sinaloa para aniquilar al grupo criminal más sanguinario y despiadado en la historia de México, Los Zetas"
En 2007, un año después de que el entonces presidente mexicano, Felipe Calderón, declarara abiertamente una guerra contra el narcotráfico, Nemesio Oseguera, alias el Mencho, creó un grupo de sicarios, que funcionó como brazo armado del Cártel de Sinaloa (entonces dirigido por el Chapo Guzmán) para aniquilar al grupo criminal más sanguinario y despiadado en la historia de México, Los Zetas. Y así, precisamente, se hicieron llamar Los Mata Zetas. Tres años después, ya independizado el Mencho del Cártel del Milenio, fue que rebautizó a su grupo y le dio el nombre de Cártel Jalisco Nueva Generación.
En pocas palabras, ese cártel nació desde las entrañas más profundas de la violencia: se alimentó de sangre, de pólvora, de dólares, así como de la impunidad que permitía todo lo demás. Y ese origen explica mucho de su esencia: el CJNG no nació como un negocio (como tantos otros cárteles), sino como una guerra. Con la justificación de borrar del mapa a Los Zetas, se expandieron como un ejército que jamás pidió permiso para imponer su ley y hacerse de los negocios que quedaban sin cabeza. Tomaron ciudades y rutas, zonas comerciales, y terminó convirtiéndose en el grupo criminal más temido del país. ¿La paradoja? Que nació diciendo que combatía a los sanguinarios sin códigos, y terminó siendo el más aterrador de todos.
Como ya lo hemos publicado en este medio, el CJNG se ha expandido más allá de las fronteras mexicanas.
Tiene presencia en España, en Italia, en Estados Unidos, en Asia. No estamos hablando de un grupo de sicarios, que hacen de los bosques sus fortalezas, sino de empresarios criminales transnacionales, que controlan complejísimos procesos de logística y transporte internacionales en más de treinta países, según la DEA. Muchas de sus operaciones, como lo han demostrado las últimas incautaciones de cocaína en España, se efectúan desde Ecuador.
Pero, ¿quién es el hombre que creó este emporio criminal? Lo cierto es que, más allá de su lugar de nacimiento y el año, un par de fotos antiguas y un récord criminal que es de dominio público, poco más se sabe. Su caso no es como el de el Chapo, que tuvo una repercusión mediática importante vía las series de Netflix, y todo lo que la narcocultura (música, expresiones, moda) le pudo atribuir.
El Mencho fue el fantasma que el Gobierno mexicano persiguió y nunca atrapó (hasta ahora). Se trataba de un hombre "invisible", cuyas huellas de fuego marcaban cada localidad donde su cártel se imponía. Era sabido que padecía de una patología renal, lo que lo tenía muy a la sombra de los medios. Incluso, esa información se podía encontrar en el portal de informaciones sobre los principales grupos criminales de índole global, InSight Crime.
"De acuerdo con los datos oficiales, el CJNG puede llegar a ganar hasta 20.000 millones de dólares anualmente. El portal 'El Censal' aumenta esa cifra hasta los 32.000 millones"
Sin embargo, respecto a esta historia, cabe hacerse la misma pregunta que tanto se ha hecho sobre el líder del Cártel de Sinaloa: ¿cómo puede ser que un hombre que no terminó los estudios más elementales, que nació con tal nivel de precariedad, lograra poner en jaque a la seguridad de los países más poderosos del mundo y crear una red transnacional multimillonaria? De acuerdo con los datos oficiales, el CJNG puede llegar a ganar hasta 20.000 millones de dólares anualmente. El portal El Censal aumenta esa cifra hasta los 32.000 millones de dólares (sin embargo, no cita a fuentes directas sobre la extracción de esas cifras).
Por lo pronto, el Mencho ha caído. Lo único que queda por saber es: ¿cómo se recompondrá el cártel y quién quedará al frente de la multimillonaria organización? Y, por supuesto, si este golpe al hampa mexicana supone un acercamiento entre los gobiernos de Claudia Sheinbaum y de Donald Trump. Lo dicho, como siempre que cae un capo de gran calado, en el aire quedan muchas más preguntas que respuestas.