Miércoles, 5 de agosto de 2026
INFLUENCIA ELECTORAL

Moldavia, el pequeño país que desafió la injerencia rusa

La victoria proeuropea en Moldavia desafía el mito del poder ilimitado de las injerencias del Kremlin. "Las democracias empiezan a entender que la batalla no se libra solo en la información, sino en la integridad de las instituciones". Así lo argumenta el investigador Alberto Fernández Gibaja en este análisis.

Alberto Fernández Gibaja Alberto Fernández Gibaja 23 de octubre de 2025
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Una misión de observación electoral de la UE en un colegio electoral moldavo durante las elecciones de 2019. | © Consejo de Europa / Sandro Weltin
Una misión de observación electoral de la UE en un colegio electoral moldavo durante las elecciones de 2019. | © Consejo de Europa / Sandro Weltin
Moldavia rara vez aparece en el radar internacional. Sin embargo, sus elecciones parlamentarias han puesto al país en el centro de la geopolítica europea: allí, la guerra híbrida e informativa rusa es una realidad, no una hipótesis. La victoria del partido proeuropeo de Maia Sandu, la actual presidenta, ofrece una lección clara: la injerencia extranjera es real, pero manipular elecciones es más difícil de lo que parece.
 
Sobre el papel, Moldavia es un lugar perfecto para la injerencia rusa. El 10% de la población de Moldavia es rusoparlante, con un porcentaje mucho mayor si contamos a los que hablan ruso de manera fluida, aunque su lengua materna sea el rumano. El consumo de producción cultural, televisiva e información rusa es aún importante, aunque decreciente. El país tiene una economía que avanza a trompicones y una percepción de corrupción generalizada. Una parte del país —Transnistria— está independizada de facto gracias al apoyo de Rusia, que incluye al menos a 1500 soldados en el territorio.

Moldavia como ejemplo de fracaso en la intromisión electoral

Para las elecciones parlamentarias de hace un par de semanas y las presidenciales del año pasado —que incluían un referéndum sobre la adhesión a la UE— el Kremlin ha utilizado todo el arsenal de su manual de injerencia. Esto ha incluido, entre otros, campañas de influencia informativa online, sobre todo en Telegram, Facebook y TikTok; compra de activistas para amplificar narrativas; usos novedosos, pero de dudoso éxito, de inteligencia artificial o criptomonedas para comprar votos y financiar campañas ilegalmente. El Gobierno de Moldavia ha acusado a Rusia de invertir cientos de millones de dólares para influir en el voto

¿El resultado? Victoria rotunda del bloque proeuropeo. ¿Significa esto que podemos desestimar la injerencia extranjera en nuestras elecciones? Rotundamente no, pero debemos entender cómo se combate de manera más efectiva el fenómeno.
 
"Conseguir influencia política y poder cambiar la intención de voto de la ciudadanía es extremadamente difícil, incluso en las condiciones óptimas"
Conseguir influencia política y poder cambiar la intención de voto de la ciudadanía es extremadamente difícil, incluso en las
condiciones óptimas. Sabemos poco sobre la manera en la que influyen en el voto las operaciones de influencia lideradas por potencias extranjeras. En general existe la percepción de que refuerzan a los ya convencidos y que se apoyan en la desconfianza y la polarización. También sabemos que cuanto más sostenidos son los esfuerzos, más influencia se consigue. Con todo ello, la falta de acceso a datos por parte de las grandes plataformas digitales y el hecho de que estas operaciones se hacen de manera clandestina dificultan nuestro entendimiento del fenómeno.

Lo que sí hemos podido observar es de qué manera Rusia teje una compleja red de influencia en los países en los que busca interferir. Esta red se hilvana en la realidad doméstica, utiliza actores nacionales, explota las debilidades de los sistemas democráticos y se aprovecha de la manera en la que funcionan los algoritmos de las plataformas digitales para amplificar su mensaje. En la mayoría de los casos, la injerencia extranjera busca avivar las llamas que se han creado a través de las dinámicas internas de los países. El objetivo no suele ser tanto un cambio político en concreto, sino sembrar desconcierto, desconfianza y polarización.

Sin embargo, es un error operar con la lógica de que los intentos de injerencia de países como Rusia son siempre exitosos. Como se ha demostrado, inundar el ambiente informativo con narrativas manipuladoras no se traduce directamente en influencia. Muchas veces el éxito de Moscú no es influenciar a los votantes, sino crear la sensación de vulnerabilidad: proyectar la idea puede cambiar elecciones a voluntad. Esto genera cierto pánico, amplifica la supuesta capacidad de Rusia para influir, diluyendo las responsabilidades de los actores domésticos, y atrofia la capacidad de respuesta de las democracias.

Cómo reforzar el país frente a influencias extranjeras 

Un factor clave para atajar el problema es desmantelar la infraestructura que hace posible la injerencia. Esta infraestructura se compone de granjas de cuentas falsas en plataformas digitales, medios de comunicación artificiales creados para dar un velo de credibilidad a ciertas narrativas, compañías que ofrecen desinformación como un servicio o mecanismos de financiación ilícita para actores domésticos. Todo ello se apoya en problemas ya conocidos del ecosistema digital: algoritmos que priorizan la polarización, la monetización de la desinformación y la ausencia de transparencia real.

"El caso moldavo ejemplifica que atacar todo este entramado requiere de una coordinación entre entidades gubernamentales, sociedad civil y la sociedad en general"
Lo que Moldavia también nos ha enseñado es que atacar todo este entramado requiere de una coordinación entre entidades gubernamentales, sociedad civil y la sociedad en general. En España las responsabilidades recaen sobre el Departamento de Seguridad Nacional, que cuenta con la Unidad de Análisis de Riesgos Asociados al Espacio Digital —de
reciente creación—, que alinea a España con la tendencia global. Esta unidad aún debe definir su alcance operativo, los límites de sus actuaciones, qué capacidades tendrá internamente, cuáles tomará de otras agencias del Estado y qué mecanismos de rendición de cuentas planteará.

Su puesta en marcha, sin embargo, revela una tendencia clara: las democracias empiezan a entender que la lucha contra la injerencia extranjera no se gana solo en el terreno informativo, sino desmontando las estructuras que la sostienen y reforzando, a la vez, la integridad de nuestras instituciones y procesos electorales. 

"Las opiniones expresadas en esta tribuna son únicamente las del autor y no representan necesariamente la posición institucional de IDEA Internacional, su Consejo de Estados Miembros ni su Consejo Asesor"
Alberto Fernández Gibaja
Alberto Fernández Gibaja
Director del programa de digitalización y democracia en IDEA Internacional
En bsky: @gibajaalberto.bsky.social
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