Que
la sociedad global habita un mundo en desorden ya es una constatación en La Toja. El título de esta nueva edición del Foro La Toja sirvió como punto de partida para la ponencia inaugural del presidente del Gobierno,
Pedro Sánchez. En un escenario internacional definido por la
aceleración de las transformaciones y la
erosión de las instituciones tradicionales, el jefe del Ejecutivo abrió su intervención preguntándose
a quién beneficia realmente un mundo en desorden, antes de abordar algunos asuntos candentes de la agenda nacional, como
Ceuta o la
crisis de vivienda.
"Cuando la voluntad y el deseo de concertación internacional pierden fuerza normativa, el espacio público queda a merced de la fuerza bruta y de las armas"
Cuando la voluntad y el deseo de concertación internacional pierden fuerza normativa, el espacio público queda a merced de la fuerza bruta y de las armas, vino a decir el presidente. En ese ecosistema desregulado, la victoria recae invariablemente en
quien posee mayor capacidad material para imponer sus condiciones de manera unilateral. Asimismo, la erosión de las normas internacionales impacta directamente sobre la esfera socioeconómica: cuando se debilitan las reglas compartidas y los derechos laborales,
"quien gana es quien más poder tiene para imponer sus condiciones", lamentó.
Frente a esta deriva, Sánchez planteó disputar de forma explícita el
marco semántico del concepto de orden, adscrito, según señaló, tradicionalmente al pensamiento conservador. En su lectura, reivindicar el orden no equivale a sacralizar las normas vigentes ni a idealizar un pasado remoto desde la nostalgia. Por el contrario, articular
un orden democrático consiste en "establecer reglas que sean justas" para evitar que los actores más poderosos decidan por los demás apoyándose en su asimetría de poder. En este sentido, la protección de los
derechos laborales, la consolidación del
Estado del bienestar y la
regulación pública de los mercados constituyen para Sánchez la traducción práctica de esa noción progresista del orden.
Rebelo de Sousa, Felipe VI y Pedro Sánchez. Foto: Foro La Toja
La quiebra del derecho internacional y el principio de humanidad
El presidente sugirió que la quiebra del orden internacional responde a una
estrategia interesada. Tras referirse a conflictos actuales como la
invasión de Ucrania, el
genocidio en Gaza o la
guerra en Irán, amplió la mira y señaló que las guerras se han cobrado más de
150.000 vidas en el último año, mientras que el número de
personas desplazadas de manera forzada en todo el planeta escala ya hasta los
117.000.000 de personas.
"Ningún muro o barrera, por alta e infranqueable que se pretenda erigir, logrará contener la desesperación de la gente por alcanzar una vida mejor"
Ante el rey Felipe VI y el presidente de la Xunta,
Alfonso Rueda, Sánchez hizo una referencia explícita a la frontera de Ceuta para ilustrar los límites de las respuestas punitivas frente a las dinámicas globales. "Ningún muro o barrera, por alta e infranqueable que se pretenda erigir, logrará contener la desesperación de la gente por alcanzar una vida mejor", apuntó. Defender la
dignidad humana por encima de las barreras físicas constituye, en palabras del presidente, la sustancia misma sobre la que debe cimentarse el orden internacional.
Geopolítica, emergencia climática y el marco de la UE
En el plano internacional, la intervención se centró en la
posición de Europa ante las grandes potencias y las transformaciones globales. Las relaciones comerciales con China ocuparon buena parte de este diagnóstico, marcado por el desequilibrio actual de los intercambios económicos. Sánchez defendió la apertura al comercio y a las inversiones exteriores, pero también la necesidad de reequilibrar la balanza y revisar la relación con el gigante asiático para
reducir dependencias estratégicas. Esta mayor autonomía europea requeriría, a su juicio, un
presupuesto comunitario mucho más ambicioso y el fortalecimiento de alianzas bilaterales como el
Tratado de Amistad con Francia, cuya falta de ratificación en el Senado español también estuvo presente en su intervención.
En otro plano, la
emergencia climática apareció como una amenaza de primer orden ante la que Sánchez rechazó cualquier retroceso. El cambio climático, señaló, no solo tiene consecuencias medioambientales, sino que
"mata y empobrece". El presidente defendió la necesidad de
mantener el rumbo de la transición ecológica ante una Europa que no está preparada para asumir los costes económicos y sociales de la inacción.
"Sánchez defendió la apertura al comercio y a las inversiones exteriores, pero también la necesidad de reequilibrar la balanza"
La volatilidad en enclaves estratégicos para el suministro de hidrocarburos, como el
estrecho de Ormuz, reafirma para el jefe del Ejecutivo la urgencia de acelerar el despliegue de las energías limpias, que contrapuso a la dependencia de estos puntos críticos bajo la fórmula
"frente a Ormuz, sol, agua y viento".
Crecimiento económico, escudos sociales y el reto de la vivienda
Al trasladar el análisis a la coyuntura macroeconómica nacional, el presidente puso de relieve la "resiliencia encomiable" demostrada por la economía española en un contexto internacional adverso. En un entorno de incertidumbre europea, las cifras ilustran un modelo de éxito capaz de mantener el crecimiento. España ha concentrado la creación del
85% del empleo asalariado de toda la zona euro, logrando situar el volumen de ocupación en máximos históricos al tiempo que se genera un
empleo de mejor calidad.
"El presidente puso de relieve la «resiliencia encomiable» demostrada por la economía española en un contexto internacional adverso"
La premisa política del
"no a la guerra, sí a los escudos sociales" es en realidad un resumen de la idea del presidente de mantener el esfuerzo inversor del Estado para
proteger a las capas medias y trabajadoras frente a los shocks externos. Dentro de este marco de protección pública, se habló de la vivienda. El presidente del Gobierno hizo un llamamiento directo a las fuerzas políticas para dejar a un lado la ideología y las confrontaciones partidistas en la gestión habitacional, definiendo el derecho a un hogar accesible como
"una cuestión de pura humanidad" sobre la que debe articularse la cohesión social.
La gobernanza democrática de la IA frente a los tecnoligarcas
El último bloque del discurso estuvo dedicado al
despliegue responsable de la inteligencia artificial y a la necesidad de establecer
contrapesos públicos ante la aceleración tecnológica. Frente a quienes defienden la neutralidad de la tecnología, Pedro Sánchez sostuvo que esta no es ajena a los valores e intereses de quienes la desarrollan y utilizan. En esta línea, defendió la necesidad de establecer
reglas justas y gobernar la transformación digital de acuerdo con los
principios democráticos.
"Responder a esta revolución industrial desde la parálisis o el miedo constituiría un error absurdo, pero igual de absurdo resulta abstenerse de regular sus impactos"
El presidente advirtió contra la
tentación de ceder la autorregulación tecnológica a las propias corporaciones del sector. Responder a esta revolución industrial desde la parálisis o el miedo constituiría un error absurdo, pero igual de absurdo resulta abstenerse de regular sus impactos.
"No podemos esperar a que cada límite sea traspasado", advirtió.
Para garantizar que la innovación se subordine al bien común, el esquema de gobernanza propuesto por el Ejecutivo se articula sobre
tres pilares normativos: un
escrutinio público permanente, una
supervisión gubernamental estrecha y la exigencia de
responsabilidades penales cuando la actuación de las herramientas tecnológicas vulnere los derechos de la ciudadanía. La defensa de unas
reglas del juego justas atravesó así una intervención en la que Sánchez vinculó la
estabilidad económica y la justicia social con la capacidad de las instituciones democráticas para gobernar las
grandes transformaciones de nuestro tiempo.